Perspectivas

El 18 de octubre

18/10/2019

Miembros del Junta Revolucionaria de Gobierno, de la izquierda a la derecha: Mario Ricardo Vargas, Raúl Leoni, Valmore Rodríguez, Rómulo Betancourt, Carlos Delgado Chalbaud, Edmundo Fernández y Gonzalo Barrios. Palacio de Miraflores, 1945. | Fotografía de los archivos de la Fundación Rómulo Betancourt.

Eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa.

Miguel de Cervantes: Don Quijote, I, Capítulo XXV.

Rómulo Betancourt admite que el origen del golpe de Estado del 18 de octubre de 1945 es “materia controvertible”[1]. Y esa controversia encuentra dos posiciones radicalmente opuestas. En primer lugar, quienes consideran que fue un golpe de Estado justificado porque el gobierno no avanzaba en la consagración del voto universal, directo y secreto, y que esto justificaba una “revolución”. Y, en segundo lugar, quienes estiman que fue un golpe militar clásico que interrumpió la apertura hacia la democracia y que colocó a los militares como los verdaderos árbitros del juego político, tal como se evidenció el 24 de noviembre de 1948, con el golpe que derrocó al gran novelista Rómulo Gallegos. Entre los primeros destacan, entre otros, Germán Carrera Damas, Simón Alberto Consalvi, Marco Tulio Bruni-Celli; y, entre los segundos, se pueden mencionar a Arturo Uslar Pietri -su principal exponente-, Manuel Caballero, Jorge Olavarria, y otros.

Más allá de la polémica sin fin de este fundamental acontecimiento de nuestra historia política, hay dos hechos sobre los cuales puede haber consenso: el 18 de octubre puso fin al predominio del sistema político de inspiración positivista y le abrió las puertas a la democracia liberal (o a la socialdemocracia, según la visión de cada cual).

La cita de Don Quijote que sirve de epígrafe a este ensayo se refiere al principio de relatividad de la verdad de los juicios de valor en la interpretación de los hechos. Con este pasaje Miguel de Cervantes, a través del Caballero de la Triste Figura, explica que la realidad es como cada cual la percibe. Así ocurre con la interpretación del 18 de octubre, como veremos en el desarrollo que se sigue a continuación.

El 18 de octubre: ¿Golpe de Estado o revolución?

Manuel Caballero señala que tanto “revolución” como “cuartelazo” son un falso dilema porque “una cosa es el suceso del 18 de octubre, y otra el proceso, el trienio, que arrancó en esa fecha”[2]. Es decir, el gobierno nace de un golpe militar y luego desarrolla unas políticas que, si bien pretendieron echar las bases de la futura democracia, se mantuvieron mientras los militares apoyaron a los civiles. Esta opinión de Caballero queda evidenciada con lo que ocurrió el 24 de noviembre de 1948.

El antecedente remoto del 18 de octubre de 1945 fue el 24 de enero de 1848, cuando el general José Tadeo Monagas asalta al Congreso, y de esa manera se establece la regla de que la fuerza de las bayonetas está por encima de la legalidad, lo que queda plasmado en su frase: “La constitución sirve para todo”.

Una de las primeras y más cuestionadas medidas de la junta “revolucionaria”, presidida por Rómulo Betancourt, fue la creación de un Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa, supuestamente diseñado para combatir la corrupción, pero que se usó, más bien, para perseguir a los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina, y demás rivales políticos, como Arturo Uslar Pietri, por ejemplo. Este período quedó signado por el sectarismo de AD, lo cual fue una de las excusas que usaron los militares que derrocaron al presidente Rómulo Gallegos. La figura del “cabillero” es una referencia de la violencia de la época.

Las acciones contra el general López Contreras no encuentran justificación histórica, porque fue él quien aflojó las amarras del gomecismo, permitió progresivamente la discrepancia política y luego de la multitudinaria marcha del 14 de febrero de 1936, encabezada por el Rector de la Universidad Central de Venezuela, Francisco Antonio Rísquez y por Jóvito Villaba, dio muestras de amplitud. El general de “tres soles” atendió a los manifestantes, sustituyó a los gomecistas e inicio un inapelable proceso de apertura política, al amparo de su lema “calma y cordura”. López Contreras sucedió a Gómez de acuerdo con la Constitución gomecista de 1931, reformada en 1936, la cual rebajó el período presidencial de 7 a 5 años, y López se sometió al más corto.

A lo anterior se añade su gesto histórico y moral de haber recibido en el año 1939 a los 251 judíos que llegaron a Venezuela -huyendo del nazismo- en los buques Caribia y Königstein. Aquí cabe preguntar: ¿cómo se puede justificar que un hombre de ese reconocimiento internacional pueda haber sido expulsado y perseguido en su país? Esto queda como una acusación  -nunca explicada satisfactoriamente- contra el llamado “trienio”. Tal vez por esto, y a título de desagravio, luego de la Constitución de 1961 que consagró la figura del senador vitalicio, se incorporó al general de “tres soles” al senado, en la señalada condición.

Los militares que se alzaron contra el presidente Isaias Medina encontraban su justificación en el conflicto que mantenían con los viejos generales gomecistas, sin formación académica sino curtidos en el fragor de las escaramuzas y montoneras en el sometimiento de los caudillos. Habían luchado en la restauradora y en la libertadora. Se les conocía como los “chopo de piedra” que no querían ceder sus beneficios adquiridos a través de las batallas y de la lealtad a Gómez.

Había otro grupo de militares, los jóvenes que se formaron en reconocidas academias militares, como Chorrillos en Perú y West Point en los Estados Unidos. Este grupo de militares estaba integrado por los llamados “plumarios”, entre ellos: Marcos Pérez Jiménez, Luis Felipe Llovera Páez, los hermanos Julio César y Mario Vargas y Carlos Delgado Chalbaud, este último educado en Francia e hijo del elegante general Román Delgado Chalbaud, líder del Falke. El objetivo de este grupo de militares era arrebatarle a los “chopos de piedra” el control del ejército y obtener mejores condiciones económicas.

A lo anterior hay que agregar el malestar que produjo el acercamiento sorpresivo del presidente Medina con el partido comunista. Los cabilleros liderados por Luis Miquilena popularizaron el lema “con Medina y contra la reacción”, frase de clara estirpe leninista. Esto generó inquietud en círculos nacionales e internacionales, como en los Estados Unidos, cuyo gobierno -que había manifestado su respaldo a Medina en su gira a ese país meses antes- reconoció de inmediato al gobierno surgido del golpe de Estado.

Los conspiradores de Acción Democrática son Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios y Luis Beltrán Prieto Figueroa. La dirigencia del partido había mantenido en secreto sus contactos con el grupo militar. El enlace entre los adecos y los “plumarios”, lo hizo el doctor Edmundo Fernández, quien luego integró la junta de gobierno. Ningún otro adeco estaba al tanto de la conspiración que se tramaba. En este sentido, según un testimonio de primera mano, luego del golpe militar, Octavio Lepage -líder de la juventud adeca en ese momento- pretendió organizar un grupo para defender al gobierno de Medina hasta que fue informado de que su partido era parte del golpe: ni la propia dirigencia de AD estaba informada de la alianza de sus líderes con el grupo de militares golpistas.

De esa manera, el grupo militar buscaba controlar al ejército; y el grupo civil buscaba convertir a AD en un partido hegemónico, impulsar el voto universal, hacer una revolución socialista y, se debe reconocer, echar las bases de la futura democracia. Los militares a lo suyo; los civiles a construir un gran partido de masas y a introducir los cambios revolucionarios ofrecidos básicamente en el Plan de Barranquilla. Comenzó así lo que los militantes y simpatizantes de AD llaman “la revolución de octubre”. Los defensores de esta revolución[3] sostienen que ella echó las bases de la democracia al implantar el voto universal directo y secreto. Sin embargo, es discutible que un régimen democrático pueda surgir de un golpe de Estado, al ser las bayonetas y no el voto popular su base de sustentación.

El sectarismo, entre otras cosas, sirvió de acicate para el fracaso de esa alianza, lo cual quedó evidenciado con el golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948 contra el presidente Rómulo Gallegos y AD. De esa manera el “partido del pueblo” se le hizo incómodo al sector militar. En este segundo golpe, el jefe del Estado Mayor General, teniente coronel Marcos Pérez Jiménez, impartió las órdenes a las guarniciones desde un teléfono. Por eso se ha dicho que fue “un acto telefónico” que demostró que ya los jóvenes militares tenían el control del ejército. El grupo civil había sido utilizado y los lanzaron al destierro y a la persecución ¡Buena reflexión para la historia!

Desde luego que puede decirse que durante el “trienio adeco” hubo avances en materia petrolera (inspirados en Juan Pablo Pérez Alfonso), el plan de alfabetización, posiciones encomiables en materia de política exterior, como el voto a favor de la creación del Estado de Israel, el impulso y consagración de la reforma electoral para establecer el voto universal. Pero todo esto se habría podido hacer más adelante si no se hubiera derrocado al general Isaias Medina, porque había indicios de que su gobierno iba en la dirección de establecer el sufragio universal e implantar las reformas sociales (aunque esto queda en el campo de las especulaciones). Asimismo, Isaías Medina impulsaba la transición hacia un gobierno civil, como se evidencia de la frustrada candidatura de Diógenes Escalante, que había sido aceptada por Rómulo Betancourt.

El 18 de octubre no es la fecha en la que se inicia el poder civil en Venezuela, sino la fecha en la que se ratifica el tutelaje militar y en la que se interrumpe la transición pacífica hacia el poder civil. Ese proceso nació de un golpe y terminó de la misma manera: el 24 de noviembre de 1948. Apelar a los militares para cambiar el rumbo de la política fue el error de lo ocurrido el 18 de octubre (y esto sigue y seguirá siendo materia para la discusión).

Por fortuna, los errores cometidos, así como la amplia actividad intelectual y partidista de Rómulo Betancourt, lo hicieron madurar y afinar su intuición política, la cual mostró a partir de 1958, hasta convertirse en uno de los Estadistas (así, con mayúscula) más relevantes de nuestra historia contemporánea.

Igualmente, hay que destacar el talante de Estadista que luego mostró el presidente Raúl Leoni, al dirigir un gobierno que inicia el proceso de pacificación y la consolidación de la democracia. Lo mismo se puede decir de Jovito Villalba, Rafael Caldera, Gonzalo Barrios, Luis Beltran Prieto Figueroa, Augusto Malavé Villalba y Ramón J. Velasquez, figuras estelares de la época de los gobiernos civiles.

La lección del 18 de octubre de 1945 es clara: la alianza entre el sector civil y militar debe ser solo para apuntalar los principios de la democracia y para defender la libertad. Se trata de una fecha para la reflexión.

El 24 de noviembre de 1948

El 24 de noviembre de 1948 “fue uno de los días más tristes en la vida de Rómulo Betancourt”, según afirma el historiador Robert J. Alexander[4]. Ese día el gobierno de Rómulo Gallegos fue derrocado por los mismos militares -sigue afirmando Alexander- que habían llevado al poder a Acción Democrática para gobernar desde el 18 de octubre de 1945 hasta la entrega del poder al gobierno del presidente Gallegos[5].

El gobierno del presidente Gallegos fue seguido -en orden sucesivo- por la “dictablanda” de Carlos Delgado Chalbaud (24.11.1948 a 13.11.1950), el gobierno de Germán Suárez Flamerich (27.11.1950 a 2.12.1952) y por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952 a 1958), caracterizada por la represión y la eliminación de las libertades ciudadanas.

Razones que llevaron a las fuerzas armadas a dar el golpe del 24 de noviembre de 1948

En relación con las razones del golpe de Estado del 24 de noviembre, se pueden señalar tres fundamentales: la primera, es el ambiente de la Guerra Fría. Este zarpazo militar de 1948 cuando la Guerra Fría marca una confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que se extendió hasta la caída del “Muro de Berlín”. La segunda razón[6], fue el mencionado sectarismo que caracterizó al trienio; aunque esta segunda razón la discuten quienes consideran al trienio como una etapa fundamental en la historia de Venezuela. La tercera fue la tensa relación entre Rómulo Gallegos y Rómulo Betancourt, lo que ha sido llamado “el pleito entre los dos Rómulos”[7].

El gran novelista, convertido en político, encontró un movimiento opositor “estridente y cerrero”[8], que integraba, además de la Iglesia Católica, a todos los sectores políticos y profesionales: Copei, URD, los lopecistas y medinistas, los empresarios, los propietarios de tierra grandes y pequeños y los sectores profesionales[9]. Por eso, el día del golpe, no hubo resistencia.

El  gobierno que surge el 24 de noviembre fue el primero de nuestra historia que ejerce el poder en nombre de las fuerzas armadas[10]. El poder militar fue consolidándose en el periodo 1948 a 1958, conocido como la “década militar”, al extremo que después del asesinato de Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez logra imponer un gobierno corporativo, que formó parte de la denominada “internacional de los sables”. Esta internacional estuvo integrada por una ristra de dictadores, entre quienes destacaban Juan Domingo Perón, Manuel Odría (profesor de Pérez Jiménez en la Escuela Militar de Chorrillos), Gustavo Rojas Pinilla, Anastasio Somoza, Alfredo Stroessnner, Carlos Castillo Armas, Paul Magloire, Fulgencio Batista y Rafael Leónidas Trujillo; lista a la cual se debe agregar a Getulio Vargas, quien era un líder civil, pero llegó al poder por medio de un golpe militar.

La tercera razón se refiere a los desacuerdos entre el presidente Gallegos y Rómulo Betancourt en relación con algunas intrigas políticas y el manejo del asunto militar. En efecto, alrededor del presidente surge un grupo que le sopla al oído la conseja según la cual él sería “una marioneta” de Betancourt, “quien en verdad gobierna”[11]. Rómulo Gallegos lo resiente[12]. El segundo motivo de la desavenencia fue el manejo de la presión militar. Al poco tiempo de la juramentación de Gallegos como presidente, los militares le plantearon un cúmulo de pedimentos, entre los cuales estaba la salida de Acción Democrática del gobierno y la expulsión de Rómulo Betancourt del país. El presidente no aceptó ni cedió, porque confiaba en la influencia de su “amigo” Carlos Delgado Chalbaud, y esto aceleró la conspiración que, por debajo y por detrás, estaba en marcha. Al contrario de Gallegos, Betancourt era partidario de negociar y hacer concesiones a los militares[13]. Todo culminó con el zarpazo final que dio la logia militar, cuyos máximos líderes eran Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez. Quedó evidenciado que Gallegos no tenía vocación de político, pese a haber sido un gran escritor.

Con este segundo golpe, el jefe del Estado Mayor General, demostró que ya los jóvenes militares tenían el control del ejército, y que ya no necesitaban a los líderes civiles.

Conclusiones

La lección aprendida del 18 de octubre y del 24 de noviembre revela que la democracia constituye un sistema de conciliación de intereses[14], que requiere del diálogo y la tolerancia. La democracia solo puede sostenerse sobre la base de “un consenso mínimo de aspiraciones comunes”[15], para que el poder civil tenga la suficiente fuerza que le permita controlar al poder militar.

Gracias a los errores cometidos con la revolución de octubre, la dirigencia civil puedo confeccionar un esquema de alianzas y acuerdos que le permitió su predominio sobre el sector militar. En todo esto, el Pacto de Puntofijo, constituye la mejor referencia del acuerdo político de largo aliento, determinante en la estabilización de la democracia.

***

[1] BETANCOURT, Rómulo: Venezuela, política y petróleo. Caracas, Editorial Senderos, 1967, p.243. Así lo dice: “Falta por decir que si el origen mismo de ese golpe de Estado es materia controvertible, tal debate resultaría escarceo académico, y hasta teológico, ante el hecho cumplido de la democratización institucional, del saneamiento inexorable de las prácticas administrativas y de la política petrolera enérgicamente nacionalista, realizados por el Gobierno que de aquél nació”.

[2] CABALLERO, Manuel: Rómulo Betancourt, político de nación. Caracas, Alfadil, 2004, p.225.

[3] Véase, CARRERA DAMAS, German: Continuidad y ruptura en la historia contemporánea de Venezuela. Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, 2016, p. 22; CONSALVI; Simón Alberto: La Revolución de octubre 1945-1948. La primera República liberal democrática. Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, 2010, pp. 9-75; BRUNI CELLI, Marco Tulio: El 18 de octubre de 1945. Caracas, La hoja del norte, 2014.

[4] ALEXANDER, Robert J. Rómulo Betancourt and the transformation of Venezuela. Transaction Books, New Brunswick, (USA)- London (UK), 1982, p.293.

[5] Ibid.

[6] Véase, Voz 24 de noviembre de 1948. En: Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar, 2da Edición, 2010, Vol.  4, p.207.

[7] JIMÉNEZ, Rafael Simón: El pleito entre los dos Rómulos. Caracas, Editorial Libros Marcados, 2014.

[8] URBANEJA, Diego Bautista: La política venezolana desde 1899 hasta 1958. Caracas, Centro Gumilla, Abecediciones UCAB, 12017, Temas de formación Sociopolítica N° 39, p. 87.

[9] Ibíd.

[10] MAYOBRE, Eduardo: Venezuela 1948-1958. La Dictadura Militar. Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, 2013, p.20.

[11] URBANEJA, Diego Bautista: Historia Portátil. Caracas, Fundación Bancaribe, 2016, p.268. En esto, Urbaneja se hace eco del libro de Rafael Simón Jiménez, tal como lo afirma en el texto (Ibíd).

[12] Ibíd.

[13] Véase JIMÉNEZ. Ob, cit, pp. 114-150.

[14] “Sistema populista de conciliación de intereses” fue la expresión acuñada por Juan Carlos Rey (Véase, “La democracia venezolana y la crisis populista de conciliación”. En: Revista de Estudios Políticos, 1991, n° 4, pp. 533-578.

[15] ESCOVAR SALOM, Ramón: Memorias de ida y vuelta. Caracas. Caracas, Los libros de El Nacional, 2007, p.159.


ARTÍCULOS MÁS RECIENTES DEL AUTOR

Suscríbete al boletín

No te pierdas la información más importante de PRODAVINCI en tu buzón de correo