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Perspectivas

David desnuda a Goliat.com

por Alejandro Padrón

24/11/2019

Jorge Carrión retratado por Beto Gutiérrez

Desde que abrimos no dejan de venir a Las Verdaderas Riquezas numerosos clientes para llevarse prestado o comprar algún libro. Nunca tienen prisa, les gusta opinar de todo: sobre los escritores, sobre el color de la sobrecubierta, el tamaño de la letra…

Kaouther Adimi. Nuestras riquezas. Una librería en Argel

 

Jorge Carrión se enfrenta al gigante. No para derrotarlo. Sí para desnudarlo. Que de alguna manera, es una lucha moral y ética a favor del lector. Carrión sabe que una golondrina no hace verano, pero lo anuncia. Quedarse al desnudo es dejar al descubierto los secretos del monstruo. Ante la desnudez se notan las arrugas, la flacidez de la piel, las tumefacciones y se pone en evidencia lo que se esconde o trata de ocultarse con el traje.

Carrión es un romántico del Siglo XXI –no un ingenuo–, que llama la atención para cuidarse del espionaje que lo escruta todo: quien maneja información controla el poder. Es algo inherente al gigante comercial, y, contra él, es complejo lidiar. Sin embargo, lo que sí es posible salvar de sus garras es la idea de felicidad o del placer que, por descuido, a veces pierden los seres humanos frente a la pereza y el ocio. Carrión nos conmina a caminar hasta nuestra librería favorita, a estirar las piernas, a oler la tinta del libro recién adquirido; a no perder el amor por nuestros hábitos que nos permitan regresar al placer extraviado. El mundo de la tecnología y la comodidad pueden hacernos olvidar el regusto por las cosas más sencillas. Carrión no pretende oponerse a los grandes adelantos tecnológicos y, en consecuencia, a su impacto inevitable en la vida cotidiana capitalista. Su lucha está más bien orientada hacia la humanización de nuestra especie literaria –menuda tarea–, para advertirnos que actuemos, que nos pongamos en guardia para no ser abrumados por el poder, estar atentos de no aparearnos con el facilismo; tener derecho a alzar la voz y decir, ¡basta!, e impedir que nuestra libre elección sea manipulada por un poder que se nos vende con impunidad y descaro. Contra Amazon es uno de los excelentes textos de esta temporada. Porque es un grito desesperado contra una masa deshumanizada que intenta apabullarnos. En su libro, Carrión lo advierte:

Amazon ha eliminado progresivamente el factor humano. Durante los primeros años contó con redactores que escribían reseñas de los libros en venta: ahora ni siquiera hay mediación en el procedimiento de maquetear y subir a la red un libro autoeditado. Ha robotizado la cadena de distribución y pretende que los consumidores actuemos del mismo modo.

Pero no.

Porque para nosotros un libro es un libro es un libro.

Y su lectura –atención y regalo– es un rito, el eco del eco del eco de lo que fue sagrado.

La escritura de Carrión constata y corrobora ese huracán que trata de engullirnos.  Pero el ensayo, la crítica o las crónicas, que componen su pertinente texto, no son solo un acto de coraje y valentía contra el gigante Goliat.com. Son mucho más que eso: constituyen un gozoso y entusiasta viaje –La literatura tiene algo de baile de máscaras, como el viaje, dice Carrión–, que nos permite pasear por parajes hermosos y, a veces, desconocidos, por las distintas expresiones literarias: las librerías icónicas y bibliotecas reales o imaginarias, las conversaciones amenas con escritores y libreros (Alberto Manguel, Luigi Amara, Pedro Medina, Lee Kiseob, entre otros), las anécdotas sobre algunos autores y sus moradas, como la casa Selfi, de Curzio Malaparte, la casa donde habitó Pablo Neruda o Margarite Youcenar o la casa inventada por el cineasta Godard  o la de Borges, que es su propia tumba:

La lápida de Jorge Luis Borges en el Cimetière des Rois de Ginebra, con su inscripción en inglés antiguo y a la sombra de un árbol que sólo florece en años impares, se encuentra al lado de la tumba de una puta (…) La hierba crece frondosa en el rectángulo que en 1986 enmarcó el cadáver de Borges, entonces reciente. No hay mensajes ni flores ni piedras…

Intensa y reconfortante es la caminata que hace el autor con la septuagenaria, Iain Sinclair, por el barrio londinense de Hackney descubriendo librerías, recordando escritores y personajes de la calle:

La luz magnética de la tarde se filtra entre la maraña arbórea. Un hombre duerme en un banco y cinco muchachos bromean con los monopatines apoyados en el muro y en el suelo.

Y es que Jorge Carrión entiende que las caminatas son necesarias y vitales para la literatura, como las realizadas por uno de sus autores admirados, W. G. Sebald (Los anillos de Saturno, 2008, Vértigo, 1990), porque conllevan a sabias experiencias y comportan reflexiones necesarias. Igual sucede con Robert Waltser (El paseo 1917), con sus paseos físicos, imaginarios o espirituales. O como diserta Enrique Vila-Matas refiriéndose a Sergio Chejfec:

Por los motivos que sean, caminar cada día me parece algo más útil, ayuda a pensar a avanzar en las cosas que planteamos para el futuro (…) Sergio Chejfec dice que caminar es una manera de viajar (…) Parte de la historia de la literatura, desde sus comienzos, se ha nutrido de viajes (…) Todos conocemos a los maestros de los viajes andados: Rousseau, Borges, Kafka, Benjamin, Stern, Walser, Sebald. Eso en cuanto a la literatura. Pero es que Chejfec considera que la caminata es casi la única actividad no colonizada por la economía capitalista… (Impón tu suerte 2018)

El libro de Jorge Carrión es también un viaje a la conciencia, una incursión en el mundo de la literatura íntima acompañado por escritores, libreros, personas comunes y, mitos, porque Carrión sabe, que en ellos radica la fuente de la vida literaria, que es la poesía, pero también la sorpresa, la causalidad y el misterio.

Contra Amazon representa el testimonio de un narrador que asume el riesgo de atreverse: el del escritor que está comprometido con su tiempo.


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