Perspectivas

Star Trek: Kant y los extraterrestres

por Wolfgang Gil Lugo

Fotografía de CBS / Getty Images

11/07/2018
“Si estamos solos en el universo, seguro sería una terrible perdida de espacio”
Carl Sagan

 

Immanuel Kant estaba muy interesado en la vida en otros planetas, especialmente en sus trabajos anteriores a la Crítica de la razón pura. En su Historia natural y teoría general del cielo, de 1755, cuando apenas frisaba los 31 años, presentó la idea de que el universo está lleno de vida. Incluso especuló que las razas alienígenas eran más evolucionadas en la medida en que se alejaban del sol. Infería que los humanos, al habitar en el tercer planeta, éramos de desarrollo intermedio, superiores a los seres de Mercurio y Venus, pero inferiores a los de Júpiter y Saturno, por ejemplo.

Al final de la Antropología en sentido pragmático (1798), desarrolló una idea de cosmopolitismo tan amplia que incluye no solo a todas las razas humanas, sino que llega a considerar de un modo conjetural la existencia de las razas extraterrestres. Kant sugiere que no podemos definir a los humanos como una raza a menos que podamos compararnos y contrastarnos con seres racionales de otros planetas. Hace especulaciones sobre tales criaturas, entre las que destaca que algunos de ellos puedan comunicarse telepáticamente sin ocultar sus pensamientos. Eso los haría incapaces de mentir, pero también les deja menos oportunidad de desarrollar la moral. Los humanos, ante la posibilidad de mentir, desarrollamos la aversión moral a la mentira.

Según Peter Szendy (Kant in the land of extraterrestrials, 2013, p. 149), esto tiene tres consecuencias. Primero, la humanidad se encuentra proyectada hacia el espacio extraterrestre donde encontrará su caracterización definitiva. Segundo, solo puede definirse por medio de la referencia comparativa con la vida racional extraterrestre. Tercero, este movimiento es horizontal más que vertical. No es la caracterización jerárquica, y por tanto vertical, del ser humano como ocupando un lugar intermedio entre las bestias y Dios, sino encontrado su lugar horizontal como especie, entre el género viviente racional. De esta forma, podemos confirmar que el cosmopolitismo de Kant es tan generoso que puede proyectarse hasta las estrellas.

La paz interplanetaria

Kant escribió una inspiradora obra que lleva por título La paz perpetua (1795). La proposición principal de su libro es crear una federación de naciones para resolver los conflictos por medio de la negociación y no de la guerra. En dicha obra, prescribe que la paz mundial ocurrirá cuando se cumplan dos condiciones. Desde el punto de vista externo, los estados deben organizarse voluntariamente en una liga con el propósito de mantener la paz entre ellos, además de respetar los derechos humanos de sus ciudadanos y de los extranjeros. Segundo, desde el punto de vista interno, estos mismos estados deben organizarse de acuerdo a los principios republicanos.

Esos ideales se convirtieron en iniciativas políticas muchos años después. Primero, con la creación de La Liga de las Naciones, la cual no pudo evitar la Segunda Guerra Mundial, y luego con La Organización de las Naciones Unidas, la cual ha podido evitar, con dificultades, la Tercera Guerra Mundial, pero no guerras periféricas como las de Corea, Vietnam, y otros enfrentamientos. Lo más parecido a la visión de Kant es la Unión Europea.

La filosofía alemana después de Kant abandonó el camino del idealismo moral y se extravió en la senda del realismo moral y las pasiones políticas. Hegel culmina su sistema con un mundo de naciones que guerrean entre sí, en el odio nacionalista. Marx coloca la lucha de clases como el motor de la historia, es decir, el odio social. Para rematar, Nietzsche exalta al superhombre, cuyo instinto guerrero se pone al servicio del progreso despiadado, es decir, el odio contra la humanidad común y corriente.

El espíritu moral de Kant se ha visto mejor servido en otras manifestaciones culturales, como la Oda a la alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, quien musicaliza el poema de Schiller, donde se exalta la fraternidad humana, o el discurso final del Gran Dictador de Chaplin, donde se afirman los valores humanistas contra las tiranías, o la serie de ciencia ficción de Star Trek (Viaje a las estrellas, 1966), donde el ideal kantiano de la paz perpetua se ve proyectado a nivel galáctico como una federación de planetas.

¿Un kantiano libretista de televisión?

Gracias a Gene Roddenberry (1920-1991), creador de la serie Star Trek, fue posible la síntesis del humanismo de la Ilustración, la ciencia ficción y los programas de TV. El universo Star Trek profesa el credo en el poder de la razón, en el progreso gradual de la humanidad y en la eventual eliminación de la pobreza, el racismo, el conflicto cultural y la superstición. Roddenberry, filósofo autodidacta, logró llevar a las grandes audiencias los problemas filosóficos y morales de la tradición de pensamiento occidental, así como los nuevos problemas que vienen aparejados con la tecnología y la exploración espacial.

Aunque Roddenberry no hace referencia explícita a grandes pensadores, no es difícil ver en Star Trek la inspiración del célebre ensayo de 1784 de Immanuel Kant, ¿Qué es la Ilustración? La esencia de la Ilustración, según Kant, podría resumirse en una frase simple: Sapere aude (¡ten el valor de utiliza tu propia razón!). Toda persona tiene el deber de aprender y realmente entender quién es, en qué clase de mundo vive y cómo puede vivir mejor en este mundo.

En esa obra, Kant afirma que la humanidad ha llegado a un estadio de desarrollo histórico donde puede confiar en el uso libre de la razón, junto con la facultad de superación personal dada a los humanos por su creador. Kant enfatizó además la necesidad de que los humanos actúen de acuerdo con el sentido del deber inherente a su conciencia. Por lo tanto, no sorprende que uno de los personajes más populares de Star Trek sea el Sr. Spock, el racional vulcano de la serie original.

Roddenberry expandió la visión de Kant al incluir a todos los seres en una gran comunidad universal, sin importar raza, creencia o género.

Donde ningún hombre ha llegado jamás

Esa gran visión de Roddenberry queda materializada en su visión de la Federación Unida de Planetas. De esta ficticia organización política, a nivel galáctico, se deriva la Flota Estelar, como brazo científico y militar. A la flota se adscribe la nave estelar Enterprise, la cual es el vehículo para la exploración espacial.

La misión de la nave estelar Enterprise no es imperialista. Sus tripulantes no son conquistadores, ni son la vanguardia para la posterior colonización de la Federación Unida de Planetas. La “Primera Directiva” de la Flota Estelar establece que no puede haber ninguna interferencia con el desarrollo interno de las civilizaciones alienígenas. Dicha ley muestra semejanzas con el imperativo categórico kantiano. Prohíbe taxativamente la injerencia en los contactos de la nave con otros seres. De todas formas, esa directiva se transgrede, episodio tras episodio. Cuando eso sucede, el objetivo no es la conquista. Si bien es cierto que los miembros de la Enterprise se toman la licencia de entrometerse en otras culturas extraterrestres, y colocan en suspenso la “Primera Directiva”, es para devolver a los pueblos el derecho a la autodeterminación.

Con convicción jeffersoniana, los miembros de la Flota Estelar enfrentan todos los tipos de tiranía. Los más obvios antagonistas son las dos superpotencias militaristas y expansionistas: el Imperio Klingon y el Imperio Romulano, ambos hostiles a la Federación. Como su nombre indica, la Federación es una alianza descentralizada y voluntaria de estados libres, tal como prescribe el modelo kantiano. La Federación Unida de Planetas, a diferencia de las Naciones Unidas, exige una constitución civil republicana como criterio de entrada.

A pesar de haber nacido en los años 60, el componente ideológico de la serie no refleja servilmente a la Guerra Fría. La batalla no es entre capitalismo y comunismo. La gran oposición, según la saga, es entre democracia y dictadura. Klingon y Romulanos representan regímenes autoritarios. Por lo tanto, Star Trek toma en serio el desafío que representa la defensa de las libertades.

El viaje del alma hacia las estrellas

Así como el filme 2001: Odisea del espacio de Kubrick puede leerse a partir de la hipótesis gnóstica, Star Trek puede interpretarse a partir de la hipótesis ilustrada. A diferencia de 2001, Star Trek no vislumbra que el hombre rechace la naturaleza material para poder evolucionar ni necesita coquetear con la idea del superhombre. En referencia a Bernard Shaw, Chesterton desarrolla una muy aguda crítica al superhombre. Dice que nada que se haya basado en este ha tenido éxito. Aquello que tiene éxito se basa en el hombre normal (Herejes, p. 57). También Chesterton, respecto a los dualismos extremos de materia y espíritu, afirma que son negadores de la vida (Santo Tomas, p.76).

Star Trek muestra muchas sospechas contra los superhombres, como Khan, el soldado genéticamente mejorado, pero motivado por la ira y la venganza. Tampoco ve con buenos ojos los especímenes que han evolucionado más allá de la materia, como el inestable Q, un ser omnipotente proveniente de otra dimensión, llamada Continuum Q, pero que posee muy pocas cosas que enseñarnos desde el punto de vista moral.

Los navegantes del Enterprise son personas comunes en situaciones extraordinarias, quienes tampoco muestran rechazo por el universo material, el cual guarda muchas maravillas por descubrir. Ellos nos enseñan, junto con Kant, que el hombre puede capitanear una nave estelar para explorar el espacio, con la condición que antes se haga capitán de su propia alma.


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