Entrevista

Srdja Popovic: “En la política y el fútbol, si quieres ganar, tienes que tomar la ofensiva”

por José Ignacio Hernández G.

Fotografía tomada del Oslo Freedom Forum

24/06/2018

En octubre de 1998, Srdja Popovic participó en la fundación de Otpor! (¡Resistencia!, en español), en el marco de las protestas contra el régimen de Slobodan Milosevic en Serbia. Inspirados en las ideas sobre protestas no violentas de Gene Sharp, el movimiento tuvo un importante rol en la derrota de Milosevic en 2000.

Posteriormente, Popovic fundó el Centro para la Aplicación de Acciones y Estrategias No Violentas (CANVAS), dedicado a difundir el estudio de los mecanismos no-violentos para enfrentar autocracias y promover cambios hacia la democracia.

En apretada síntesis, la tesis de la cual parte CANVAS es que los mecanismos no violentos de protestas tienen mayor probabilidad de lograr cambios democráticos en la medida en que incidan sobre los pilares que soportan a los regímenes autoritarios. Asimismo, insisten en la necesidad de enfocar protestas proactivas, no meramente reactivas. De allí la importancia de diseñar estrategias basadas en narrativas que expliquen cuál es la visión del futuro, vale decir, cuál es el cambio que desea promoverse a través de la protesta no violenta.

En 2017, junto con Slobodan Djinovic, publicó un artículo en el cual daba una serie de recomendaciones para reorientar las protestas que entonces se realizaban en Venezuela. El país, escribía, podía ser salvado de una catástrofe, pero bajo determinadas condiciones.

Desde entonces muchas cosas han cambiado en Venezuela. La instalación de la Asamblea Nacional Constituyente llevó a la elección presidencial, en mayo de 2018, la cual fue desconocida. La crisis económica y social ha empeorado, generando una inédita diáspora. Hoy no queda tan claro cuál es la ruta para salvar al país de una catástrofe, ni por qué las protestas de 2017 no lograron promover un cambio político en Venezuela.  

De allí la importancia de entrevistar a Popovic, a los fines de conocer sus impresiones sobre la situación venezolana, en perspectiva con otras experiencias similares.

¿Por qué estima usted que las protestas de 2017 no pudieron promover un cambio democrático en el país?

Un punto importante en las protestas de 2017 es que la oposición estaba unida en torno a un objetivo común. Sin embargo, para promover un cambio político, en casos como el venezolano, es necesario lograr la coordinación de cuatro actores claves. El primero, por supuesto, son los partidos políticos en la unidad. Sin embargo, sin un apoyo popular claro, las acciones de los partidos políticos pueden ser valoradas como decisiones adoptadas por élites, lo que reducirá su efectividad y fracturará la unidad. El segundo actor es la sociedad civil organizada, en especial, a través de ONG, sindicatos y organizaciones, quienes deben estar alineados en la estrategia para promover el cambio. El tercero es la comunidad internacional, y en especial Latinoamérica, que debe estar igualmente coordinada en una estrategia para lograr el cambio político. Finalmente, el cuarto actor debe ser la diáspora, que ha incrementado por la migración forzosa de venezolanos que huyen de la crisis venezolana. Por ello, las protestas masivas no son suficientes para promover el cambio político en Venezuela, pues se requiere la acción conjunta de otros actores. Las protestas masivas pueden degenerar en actuaciones violentas y desordenadas, lo que puede promover el incremento de la represión y de las medidas autoritarias, todo lo cual puede terminar “desestimulando” las protestas. De allí la importancia de tener una visión a largo plazo que logre la acción coordinada de estos cuatro actores. Además, no basta con promover la movilización de las personas que apoyan el cambio político: también es necesario influenciar a quienes se oponen a ese cambio, y en especial a los funcionarios que son el soporte del Gobierno, como por ejemplo, funcionarios del Poder Judicial y del propio Gobierno.

Luego de la cuestionada elección presidencial del 20 de mayo, ¿cuál, a su manera de ver, debería ser la estrategia de la oposición venezolana?

Hay distintos ejemplos históricos que permiten comprender mejor cómo elecciones que no son reconocidas pueden promover el cambio político. Cuando no hay condiciones electorales, la oposición puede optar entre abstenerse de participar en la elección o presionar por el cambio del sistema electoral. Pero si la oposición no tiene una estrategia unitaria –con algunos actores participando y otros absteniéndose– es difícil que se produzca algún cambio. Otra opción es organizar elecciones paralelas, que aun cuando no serán reconocidas por el Gobierno, pueden ayudar a organizar movilizaciones no violentas. Esto puede ser más efectivo que el boicot electoral, que requiere un alto grado de organización y coordinación. Además, promover elecciones paralelas como mecanismo de movilización resulta siempre mucho más efectivo que esperar sentado a que el cambio político se produzca. En todo caso, también es necesario documentar los abusos cometidos en la elección. No es lo mismo denunciar un fraude electoral que probar el fraude de manera objetiva. Ello puede ayudar a organizar protestas en torno a las elecciones fraudulentas. En resumen, cuando las elecciones son fraudulentas, las estrategias más efectivas son participar en la elección exigiendo condiciones más justas o promover elecciones paralelas como herramienta de protesta ante las pruebas de fraude. Pero como en el fútbol, si quieres ganar, tienes que tomar la ofensiva. No se puede ganar solo en una posición defensiva.

¿En qué medida la crisis económica y social puede ser relevante para el cambio político?

Las protestas de 2017 fueron principalmente políticas. Y en Venezuela no solo la política debe ser reformada. La crisis económica, marcada por la hiperinflación, es un componente que puede movilizar a las personas con mayor facilidad que las motivaciones puramente políticas. Pero ello requiere un plan que, con claridad, explique cómo puede solucionarse la crisis económica. No basta con proponer salir del Gobierno porque es malo. Es necesario explicar cuál es el plan para solucionar la crisis. Venezuela es, probablemente, un lamentable caso de estudio de cómo un país con grandes recursos naturales puede sumergirse en una crisis devastadora por erradas políticas públicas. Pero ello requiere explicar cuál es el modelo económico alternativo que Venezuela necesita. Y para construir ese modelo se requiere un amplio consenso político y social. Otra estrategia, por ejemplo, es que la oposición junto con las ONG’s organice mecanismos para proveer bienes y servicios que el Estado no puede suministrar por la crisis. Esto permitiría ampliar la estrategia política a la estrategia económica y social.  

¿Por qué las estrategias no violentas de protesta suelen funcionar mejor que las estrategias violentas de protesta?

Hay pruebas científicas que señalan que las estrategias políticas no violentas son mucho más efectivas que las estrategias violentas, como lo han demostrado Erica Chenoweth y Maria J. Stephan. Pero hay también razones de sentido común. Si quieres luchar contra un régimen autoritario, no es razonable tratar de luchar con mecanismos violentos, pues en ese terreno el régimen es más fuerte. Por el contrario, es necesario implementar estrategias en las que el régimen sea débil, como es el caso precisamente de las protestas no violentas. Si quieres retar a Mike Tyson no es razonable que lo hagas en un ring de boxeo: intenta más bien hacerlo jugando ajedrez. El problema en Venezuela es que las personas están desesperadas, y la desesperación lleva a la rabia, y ello puede incentivar acciones violentas, todo lo cual puede complicar la implementación de mecanismos de protesta. Por eso es importante diseñar estrategias que generen esperanza en los venezolanos, pues ello incrementa la probabilidad de ejecutar efectivamente mecanismos no violentos de protesta que puedan promover el cambio político, disminuyendo los riesgos que atentan contra la vida y la integridad personal de los venezolanos. Por todo lo anterior, lo importante es diseñar una estrategia unitaria basada no solo en protestas, también en mecanismos inteligentes de no cooperación que disminuyan riesgos personales. Esa estrategia debe ser capaz de transmitir cuál es el cambio que se quiere producir.

¿Cuál es el rol de la justicia en procesos de transición democrática?

El rol dependerá de cada situación. Desde un punto de vista es fundamental defender la justicia, especialmente en casos de violaciones de derechos humanos. Pero también es necesario promover mecanismos de reconciliación, y allí la justicia transicional podría funcionar. En este sentido, podría además alinear los intereses de quienes apoyan al Gobierno, quienes podrían estar dispuestos a colaborar en un proceso de transición para beneficiarse de los incentivos de dicha justicia. La justicia transicional debería formar parte de una estrategia clara, que defina cómo puede promoverse la transición, como sucedió, por ejemplo, en Filipinas o Túnez. Lo importante, por ello, no es tanto la justicia transicional en sí, sino la estrategia para promover la transición democrática.


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