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Economía

La alarmante caída de la producción petrolera en Venezuela

por Giorgio Cunto

Fotografía de PDVSA

15/03/2018

La producción de petróleo en Venezuela cayó a 1,586 millones de barriles diarios (mbd) en febrero de 2018 de acuerdo con el reporte mensual de mercado de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Esto representa una caída de 186.000 barriles diarios comparados con los niveles registrados en enero de acuerdo con fuentes oficiales venezolanas. Según el experto en petróleo Francisco Monaldi, la producción de petróleo venezolana se encuentra en niveles no vistos desde 1950.

La producción venezolana registra una tendencia a la baja desde el periodo 2015-2016. Comparando la producción de los inicios de 2012 con el último reporte, se calcula una caída de 1,233 mbd en un periodo de 6 años según los datos que el gobierno venezolano suministra a la OPEP.

Esta brusca caída es observable en la variación interanual de la producción petrolera. Si se comparan los niveles de febrero de 2018 con los de 2017, se evidencia una caída de 450.000 barriles diarios. Ésta a su vez le sigue a un descenso de 329.000 bdb durante el periodo 2016-2017. A efectos prácticos, a partir de 2015, los desplomes en la producción se están volviendo cada año más pronunciados.

La evolución de la producción petrolera venezolana diverge del resto de la OPEP. Si se toman como base los niveles de producción a inicios de 2014, el resto de la OPEP acumula un crecimiento en la producción de 11,39% desde entonces, mientras que Venezuela registra pérdidas de 44,47% según fuentes oficiales (34,13% según fuentes secundarias).

Es importante destacar que la OPEP (junto con Rusia) está llevando a cabo una política de recortes con el objetivo de estimular el alza en los precios del petróleo en el mercado internacional. Para marzo de 2018 la organización registra un excedente de 44% sobre los recortes programados. ¿Cómo puede la OPEP aumentar producción y establecer recortes al mismo tiempo? La respuesta es simple: el colapso de Venezuela (y en menor medida de Angola) es suficientemente significativo para permitirle a los demás miembros elevar su producción y aun así cumplir con la cuota global de recortes.

La estrategia de reducción parece haber tenido cierto éxito y los precios internacionales del petróleo están volviendo a rondar cerca de los 60 dólares por barril, después de acercarse a niveles de 30 dólares en 2016. Sin embargo, el colapso de la capacidad operativa de PDVSA evita que Venezuela pueda beneficiarse de este entorno más favorable.

Si se observa el valor de mercado de la producción venezolana (multiplicando la producción por el precio de la cesta de petróleo), constatamos que la reciente recuperación de precios no es suficiente para volver a los niveles de 2015, mucho menos a los de 2012. En otras palabras, lo que Venezuela ganaría por la elevación el precio del petróleo, lo pierde por caída en la producción.

Es prudente acotar que Venezuela no recibe ingresos en divisas por todos los barriles que produce: se deben descontar aquellos barriles que están destinados al consumo interno, convenios de cooperación energética (como Petrocaribe) y amortizaciones para China. En consecuencia, el número de barriles que generan flujo de caja es mucho menor. El desplome productivo representa un considerable costo de oportunidad para la nación, pues esos barriles perdidos son precisamente los que se traducirían en ingresos.

El último reporte de la OPEP no pinta un panorama halagador para la industria petrolera venezolana. La estadística de la organización difiere mucho de los 1,9 millones de barriles diarios (mbd) indicados por el presidente de PDVSA. En la medida que la tendencia a la baja se mantenga, el mercado petrolero ya no debatirá si la producción venezolana tocará fondo, sino qué tan rápido llegará allí.


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