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España abraza a “La Furia”, un desacertado regreso a sus orígenes // #Rusia2018

por Jován Pulgarín

Fotografía de Pierre-Philippe Marcou / AFP

14/06/2018

Hace pocos meses, Javier Cercas, en una de sus maravillosas columnas, se preguntaba si como sociedad no habíamos menospreciado el poder del aburrimiento. Hilaba, como solo él puede hacerlo, los deseos independentistas de algunos catalanes con la idealización juvenil de la aventura.

Las palabras de Cercas retumbaron en mi cabeza cuando abrí Twitter y leí que habían despedido a Julen Lopetegui, por haber firmado un contrato con el Real Madrid a espaldas de la Real Federación de Futbol de España (RFFE).

No es el objetivo de estas líneas repartir culpas. Soy de los que creen que algunos trenes pasan una sola vez por nuestras narices y también que las formas, cuando hay contratos de por medio, deben cuidarse. Así que volvamos a Cercas.

“George Streiner recuerda que, tras los 110 años de paz y prosperidad relativas que siguieron al fin de las guerras napoleónicas, se incubó en Europa un gran aburrimiento que produjo un anhelo de intensidad colectiva y un secreto deseo de destrucción y muerte, muy visible en el arte de la época”, escribe el autor de “Anatomía de un Instante”, un ensayo fantástico sobre un momento clave en España: el intento de golpe de Estado en 1981.

Cuando España ganó dos veces la Eurocopa (2008, y 2012) y el Mundial (2010) parecía que trascendían de plano. Podíamos imaginar a Luis Aragonés y Vicente del Bosque conversando con los hologramas de Yoda y Obi-Wan Kenobi.

“La Furia”, aquel apodo recibido en los tiempos de Ricardo Zamora, y que remite a la testosterona antes que a la inteligencia, había mutado en “La Roja”, un título nobiliario acorde al talento de sus mediocampistas (Xabi Alonso, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Cesc Fábregas…).

Hasta en los cambios de técnico, España era la envidia de los jefes de recursos humanos. No había necesidad de pedirle la renuncia a nadie. Si hasta Aragonés acordó en plena Eurocopa con el Fenerbahçe y de ese incidente nos vinimos a acordar solo ahora, gracias al caso Lopetegui.

Porque Lopetegui, al principio, heredó el súper poder de la discreción. Se encargó del obligado e ingrato relevo generacional. Odriozola, Iñíguez, Vázquez, Isco y Asensio fueron ganando terreno y nos despedimos de Casillas, Xavi, Xabi Alonso, Fábregas, Pedro Rodríguez, Fernando Torres o David Villa, por nombrar a algunos pesos pesados.

La consecuencia la pudimos ver en una clasificación sin sobresaltos y una preparación envidiable, que incluyó una zarandeada de padre y señor nuestro a Argentina (6-1).

Entonces, ¿qué pasó? O, como diría el filósofo gallego más divertido que conocimos en Venezuela: ¿qué hiciste papaíto?

Lo sucedido me recuerda a aquel viejo chiste del hombre que naufraga con una supermodelo y ya, consumada la relación, aburrido de hacer todas las posiciones posibles,  le pide que se vista de hombre para cumplir una fantasía: confesarle con quién se está acostando.

Un día antes de comenzar Rusia 2018, Gerard Piqué, que es tan divertido como infantil en sus redes sociales, escribió en Twitter un mensaje supuestamente críptico.

La referencia del tuit es al equipo que se tituló en el baloncesto universitario de las manos del asistente, Steve Fisher, una vez que el entrenador, Bill Frieder, fue despedido por acordar con Arizona State.

Apelar a la heroicidad, cuando España tiene un equipo tan exquisito, es un extraño caso de involución; de renuncia a “La Roja” para retomar “La Furia”. Es, como advertía Cercas, la necesidad de “hermanarse a través de la gesta colectiva”.


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