Perspectivas

Un adiós a palmas batientes para Aquiles Báez

Aquiles Báez retratado por Andrés Kerese | RMTF

12/09/2022

Nunca hubiera querido tener que escribir este texto. No porque cada detalle que diga será para honrar una vida, sino porque es una ocasión para despedir al amigo y al valioso músico y compositor que fue Aquiles Báez. Siempre le decía que yo era su fan #1, e incluso me llegó a dedicar un disco que decía así: Para Inger, mi fan #1. Un beso.

Lo admiraba desde nuestra época de estudiantes en la Universidad Central de Venezuela, él en Artes y yo en Comunicación Social, donde compartía aulas con su hermano Gustavo. Aquiles llegaba con su guitarra y se sentaba en los banquitos a conversar con muchos de nosotros, de allí que entre esas generaciones de periodistas sean muchos los que nos sentimos compenetrados con él y su música.

Aunque lucía siempre serio, un día me invitó a que improvisáramos juntos alguna canción, porque yo tenía mi guitarra para los ensayos de la Estudiantina Universitaria. No me atreví, porque desde ya, Aquiles era un virtuoso y con mucha vergüenza le dije que prefería que él tocara y yo cantara algo, y así lo hicimos.

Pasaron los años, en esa pausa fuera del país, Aquiles Báez se fue a estudiar a Berklee College of Music, y cuando presentó la prueba de admisión, el jurado consideró que era Aquiles quien debía enseñar a los alumnos. No duró dos semestres de estudios, como tampoco continuó en el Conservatorio de Nueva Inglaterra porque “estaba aprendiendo lo que ya sabía, sólo que en otro idioma”.

Un día, después de larga pausa, leí que se iba a presentar en la Cancillería y hasta allá fui a verlo. Pensé que no me recordaría, pero cuando lo saludé, la familiaridad brotó de forma natural. Cada vez que se presentaba en Pdvsa La Estancia no me perdía sus conciertos, acompañado de sus grandes amigos y hermanos Adolfo Herrera y Roberto Koch. En una de esas oportunidades presentó a la saxofonista israelí Anat Cohén, quien es actualmente directora de orquestas, y a quien Báez le compuso el tema Zayin, que es la séptima letra del alfabeto hebreo, pero que tiene un vínculo mágico con otras culturas.

Ella no fue la única que compartió escenarios con el músico y compositor venezolano. La lista se quedará corta cuando mencione a quienes contaron con su apoyo para emerger: Fabby Olano, C4 Trío, Betsayda Machado, Gustavo (Gustavito) Márquez (quien también falleció muy joven), Linda Briceño, Gustavo Mora, Hanna Kobayashi, César Gómez, Zeneida Rodríguez, César Muñoz, Constanza Liz, e incluso su esposa Ana Isabel Domínguez, quien lo acompañó en sus conciertos en el coro y como solista. Aquiles fue amigo de muchas personas y espero que no se ofenda nadie si lo he omitido.

El pasado 11 de junio vi por última vez a Aquiles, cuando la Orquesta Sinfónica Municipal, bajo la batuta de Daniel Gil, estrenaba en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño su obra Las Siete Palabras, con Marina Bravo como solista, además de Sabana con lluvia, con él ejecutando el cuatro. Fue un concierto de una gran sensibilidad, de donde salí conmovida y nos dimos un abrazo profundo. Las Siete Palabras son las últimas frases de Jesús en su crucifixión, como son recogidas en el Evangelio. La obra para cuarteto de cuerdas, guitarra y voz la compuso para sacerdote en la Arquidiócesis de Nueva York, Alexis Bastidas, y si bien existe una grabación de 2016, se consideró que este concierto fue su estreno mundial.

Teniendo todas las oportunidades en los escenarios internacionales, Aquiles Báez regresó a Venezuela con una maleta de proyectos. Su esperanza en el país era tan grande como la confianza en sí mismo y las ganas de hacer. Escribía con un verbo tan prodigioso como su virtuosismo en la guitarra y de esas letras podemos saber en este mismo portal Prodavinci. Vale la pena leer el texto que le escribió a Soledad Bravo, a quien le pidió consejo cuando decidió ser músico profesional alrededor de los 12 o 13 años.

Aquiles era un ser generoso y en sus actuales proyectos estaba rescatar aquella casa colonial que inspiró uno de sus primeros temas y de los más recordados, La Casa Azul. Un incendio destruyó gran parte de la que fuera la residencia de su madre y de su tatarabuelo en el casco colonial de Coro. Y él estuvo trabajando para recuperarla, cuando debería ser una tarea de Estado rescatar el patrimonio arquitectónico de la ciudad. Siguiendo las noticias leí que con este tema Aquiles abrió su concierto reciente en Madrid, cuando generalmente lo hacía con A mis hermanos, ambos de mis temas preferidos.

De su discografía, es un gran referente La Canción de Venezuela, volumen I (2005) y volumen II (2009), junto a Alexis Cárdenas en el violín y Aquiles Machado en la voz. Pero en esa generosidad a la que hago referencia está el haber fundado Guataca Producciones para darle espacios de grabación a tantos músicos venezolanos y escenarios propios que también se extendieron por el mundo, entre ellos San Miguel, con Betsayda Machado. Pero quedo corta al hablar de sus discos.

En los tiempos de cautiverio en los sótanos de la policía política, su amigo Ernesto Rangel encontró en la música el consuelo necesario para sobrellevar los días. Héctor Molina, Edward Ramírez de C4Trío y el propio Aquiles Báez fueron sus maestros para mejorar su ejecución en el cuatro. De aquella experiencia surgió el tema Sueños de Libertad, compuesta por Rangel con el arreglo musical de Báez. Y de esa amistad también surgieron otros proyectos como los cuatro años consecutivos en que ambos organizaron Caracas en Contratiempo, donde se presentaban todos los músicos venezolanos en distintas plazas de la ciudad.

Como gestor cultural, tuvimos la dicha en Venezuela de escuchar al pianista Benjamin Taubkin, en el auditorio de la Corporación Andina de Fomento. También nos quedamos con unas sesiones inconclusas de los ritmos musicales que iban de la música brasilera al tango y también la música venezolana (con Henry Martínez acompañándolo) cuando llegó la pandemia en el año 2020 y La Poeteca tuvo que interrumpir el ciclo.

Es así que Aquiles Báez no sólo fue un virtuoso de la guitarra y gran compositor, sino que creó plataformas para todos los músicos jóvenes venezolanos y para deleite de todos nosotros. Desde aquellos primeros años en los que acompañaba a Esperanza Márquez, Lilia Vera, Cecilia Todd y Soledad Bravo, hasta meses recientes, cuando a pesar de su reconocimiento, podía tocar con nuevos cantantes, como Nella Rojas, para hacer de su guitarra una amistad.

Y por esa camaradería se unió al maestro Miguel Delgado Estévez para organizar en el año 2017 un evento que permitiera unir a las familias en la música, en un año tan complicad0 para Venezuela caracterizado por las protestas y la represión. Dos guitarras por la paz, se realizó en el Teatro del Centro Cultural Chacao por primera vez, y tuvo sus réplicas en años posteriores.

Su humor era particular, por eso, en Navidades no dejaba de ponerse su peluca para parrandear con la Señora Parra Anda, o convertir su guitarra en una tambora, o hacer que de sus cuerdas surgiera la lluvia, ¡Cómo voy a extrañar tus improvisaciones, amigo!

A falta de palabras que enmudecen por esta repentina pérdida, dejo parte de una entrevista que le hice en el año 2013 para mi blog personal, un día después de una clausura de Caracas en Contratiempo.

Aquiles en dos tiempos

Llega levemente demorado, se disculpa, “la verdad es que me quedé dormido”. Lo entiendo, el calor de la tarde casi que me deja a mí también en brazos de Morfeo. “No te imaginas cómo queda uno agotado después de un concierto, y además tenía el cansancio acumulado de otro concierto la noche anterior…”. La siesta lo encontró chequeando la grabación del evento del viernes 5 de abril.

Voy a comenzar con una pregunta que no sé cómo la vas a tomar. Recuerdo que una vez le escuché a un músico decir que el público tiene como un inconsciente musical que le permite anticipar lo que viene en una melodía, trata de adivinar la nota siguiente. Pero en tu caso, el sonido es inesperado. ¿Muchos bemoles o sostenidos?

(Se ríe). Estamos acostumbrados a líneas rectas, cuando alguien te sale con curvas, y te saca de esa horizontalidad te desconciertas.

¿Y eso es lo que buscas, el desconcierto?

No sé si eso es lo que busco, cada vez más trato de hacer la música que siento. Quizás el mundo interior mío es complejo y por eso sale esa música compleja. Uno va planteando un camino, pero no el directo, que es el lugar común. Me parece importante salir de ese lugar común.

Fotografía de Andrés Kerese | RMTF

No es un recurso.

Cuando tú haces cosas rebuscadas por ser rebuscado, suena rebuscado. Es un planteamiento similar en la palabra. Cuando lees a Cortázar, por ejemplo, él te sorprende en cada frase y no es rebuscado. Imagínate, Rayuela, un libro que puedes leer de atrás para adelante, puedes empezar en cualquier capítulo sin perder el hilo conductor de la novela.

Es como divertirse con las notas, pero además tiene algo de geometría, bueno, más bien la música es matemática.

La música tiene una base matemática que es fundamental y el músico como tal tiene que ser un gran intelectual y tiene que proponer ideas, por un lado. Pero por otro, cuando la música se aleja de la emoción, va hacia un lugar que es demasiado cómodo, que es casi vacío. Y hay mucha música que es muy cerebral, que carece de emoción. Cómo hacer un balance entre la emoción y el cerebro, es complejo, pero es fundamental.

¿Cómo compones?

Tengo varias formas de componer, no es una sola, tengo algo más empírico, algo que es…

¿Como si te lo soplaran al oído? (interrumpo)

Exacto… Y tengo una forma de trabajar un poco más formal, de estructura de pensamiento que uno estudia y llega a ese lugar producto de la preparación. Es bien arrecho, porque esa preparación salta a la parte empírica también. Lo académico comienza a formar parte del empirismo. Es como cuando tienes un recurso de vocabulario y la palabra empieza a formar parte de esa dinámica natural del lenguaje.

Cuéntame de esa búsqueda que hiciste para componer la canción Zayin, dedicada a Anat Cohen, que está relacionada con la séptima letra del alfabeto hebreo.

Hay un ritmo árabe, hebreo, de toda esa zona, que es un siete por ocho, suena así (golpeando en la mesa) tacatá ta ca tácata ta ca tátaca taca tá. Yo he tocado mucha música judía, he tocado con uno de los más famosos músicos judíos que se llama Giora Feidman, con él aprendí mucho de la música judía, manejé muchos ritmos. Esta pieza la hice en ese formato, en siete, para Anat. Empecé una voladera más intelectual, ¿qué puedo hacer en siete?, y busqué el significado del siete en hebreo. Y me pareció muy bonito tomar la letra del alfabeto hebreo, zayin, y me puse a jugar con ese siete a nivel de creación.

Es como hacer un verso en décima, y escribes un poema de diez versos, hice una estructura en siete, empecé a tomar fórmulas que fueran en compases de siete, lo normal son doce y dieciséis, cuando haces patrones con siete compases es como raro, después las melodías son puros siete, catorce y veintiuno, una escala tiene muchos sonidos, es cómo llegar a siete sonidos en una escala, y a veces usaba catorce sonidos, doce escalas de catorce notas. Me metí una lumpia loca ahí. Pero lo interesante es que suena orgánica, como cuando tú oyes una fuga de Bach, es un ejercicio matemático impresionante y suena orgánico, matemática perfecta.

¿Cuando te refieres a orgánico, quieres decir que suena natural?

Suena natural, ahí es donde tú vas. Hay músicos que se ponen a tocar cosas muy complicadas que no suenan natural.

J.S. Bach fue un músico incomprendido en su época…

Yo creo que yo tampoco soy comprendido… Y más aún en esta época de tanto vacío. Estamos viviendo una época muy vacía.

¿Espiritualmente?

Hay mucho vacío en el ambiente a nivel espiritual.

¿Y sientes que no eres entendido?

Últimamente soy respetado. Ha sido duro conseguir ese puesto. No siempre me han respetado, quizás por mi forma de ser, irreverente. La gente que maneja los espacios culturales siempre me ha tomado como un anárquico, como un loquito… Una vez, yo estaba almorzando con un grupo de artistas y una persona de mucho poder de la cultura, de las que dicen lo que es bueno y lo que es malo, me dice: “La verdad es que yo no entiendo a los músicos, porque ellos dicen que lo que tú haces es maravilloso, y a mí me parece que esa música que tú haces es horrible”. Entonces yo le respondí, lo que pasa es que yo hago música para gente inteligente…

Pero creo que no he perdido mi sencillez. Me considero alguien accesible, no se me ha subido la cosa de maestro, de ver a todo el mundo por encima, eso me parece patético. Luego no ando en líneas de poses.

¿Y cómo has trabajado el ego?, porque el ego es tentador.

Todos tenemos ego y yo creo que tengo un ego grande, la cosa es que busco controlarlo a través de la espiritualidad, primero uno debe darse cuenta de que siempre va a haber algo superior a ti. Por ejemplo, Nueva York es una ciudad que te llama mucho a bajar ese nivel de ego, porque la competencia es dura y muy grande. Aquí estamos en pañales en cuanto a competencia. Yo recuerdo que trabajé con una coreógrafa que se llama Margo Sappington, y me dijo que lo bueno de Nueva York es que tú nunca vas a ser más grande que la ciudad.

Y viviendo en NY, ¿cómo te sentías siendo latino?

Yo creo que comencé a ser parte de un universo subterráneo que tiene la ciudad. Son una suerte de guetos en donde, por un lado, está la música de calidad y, por otro lado, la cultura latinoamericana. Las dos cosas. Empecé a andar en el mundo de los jazzistas y la gente que hace música latinoamericana, que es impresionante. Hay distintos espacios muy diversos y multiculturales y uno empieza a formar parte de un mundo que te ayuda a aprender de la cultura, pero no dejas de ser un numerito de la seguridad social. Al final es una ciudad impersonal y Nueva York te hace un ser solitario. Uno viene acá y hay un cariño de la gente, a pesar de todo, aquí hay una espontaneidad que creo que en los países de primer mundo se ha perdido.

Pero el tema que hiciste sobre Venezuela y volviendo a la complejidad, es… (suspiro).

Esa pieza la incorporé en un disco que aún no ha salido que se llama En Cantado.  Espero que salga pronto, son puras composiciones mías con 20 cantantes diferentes. Mi amiga Lucía Pulido que es colombiana, cuando escuchó ese tema dijo: “Esto es Colombia, es México, es Argentina, es Estados Unidos, es todo”. Hay como muchas mentiras de las cuales todos terminamos siendo cómplices.

La pieza dice:

Esta tierra necesita otra ilusión

un trasplante de emoción

otra sentencia.

Hoy sus hijos se pelean entre sí

hoy su corazón está sangrando

esta tierra olvidada

por pecados ignorados

que dejamos en silencio sin nombrar

Allí todo es muy complejo, pero muy real. Todos somos cómplices de muchas cosas, no hay un solo lado. Del deterioro del país todos somos responsables, y no aceptamos eso. Pero es también una realidad que nos negamos a ver. Esto va más allá de un pensamiento político. Yo creo que también es necesario poner a reflexionar a la gente.

¿Cuándo sentiste la necesidad de hacer esa canción?

Eso fue como hace seis años, después de una de esas venidas a Venezuela, y simplemente llegó. Porque eso es otra parte de lo que yo soy, mucha gente cree que yo lo que hago es tocar guitarra y nada más. Yo soy un creador en todo sentido de la palabra y para mi hacer letras de canciones es importante. Cuando eres creador eres completo. Yo siempre escribí poemas. A los 5 años estaba enamorado de una prima que me llevaba 12 años y le escribía poemas, y yo decía que ella era mi novia.

Por el lado de la emotividad, tengo una conexión especial con la canción A mis hermanos, que no te puedo explicar en este momento… Escucharla anoche con las voces fue muy sentido, impresionante, sorprendente, que no es lo mismo…

Sí, me gusta como suena. La voz para mí siempre ha tenido un efecto muy especial, es el instrumento musical más cálido que hay.

¿Por qué la mayoría de tus canciones no tienen letras?

Creo que eso son cosas circunstanciales. El instrumento que estudié es la guitarra y es natural hacer cosas con la guitarra, pero yo siempre hice canciones y tienen el elemento de la voz. Para mí la voz siempre es importante. Ha habido cualquier cantidad de cantantes que he acompañado, y siempre lo hago. Cada vez trato de hacerlo menos, pero no porque no me guste, sino porque a veces te encasillan como “guitarrista de”. Me costó mucho sacarme el estigma de guitarrista de boleros. No lo soy. Yo soy otra cosa, soy un músico.

Aquiles Báez retratado por Andrés Kerese | RMTF

…de jazz? ¿Cómo te definirías? ¿De música venezolana?

De música, en su amplio sentido, no me gusta andar con etiquetas y esas etiquetas que te estigmatizan, que fastidian. Es importante hacer la música desde lo que uno siente que es, desde esa energía tan contundente que es el hecho de crear y que es muy cercana a lo que puede ser Dios, y que a veces no sabes ni de dónde viene. Y de repente, plum, hiciste una creación. Por ejemplo, A mis hermanos, que gusta a mucha gente, no es una pieza fácil, pero suena fácil.

Y quién puede interpretar la música de Aquiles… Por ejemplo, C4 Trío tiene una versión de A mis hermanos. Pero tu obra no es fácil de ejecutar.

A mis hermanos, ahorita la está tocando un gentío, la están tocando en Japón, en Brasil, en España, en muchas partes. Es la que más se ha difundido, y La casa azul, es una pieza de guitarra que también se ha difundido mucho.

La música es, en principio, del creador. Tiene esa cualidad, es tuya. Luego deja de ser tuya para ser del intérprete, la gente que expone esa música. A mí me parece hermosísimo, por ejemplo, que una pareja haya seleccionado A mis hermanos como tema para casarse. Llegas a ser parte de la gente…

Cuando yo escucho esa pieza, siento que la música no entra a mis oídos, sino que viene desde dentro de mí, como una energía… ¿Tú logras sentir eso del público cuando estás en el escenario?

Es muy arrecho, hacer eso sin tener la palabra de por medio. Yo creo que dejé de componer canciones con letras por mucho tiempo, porque quería lograr ese efecto de llegar sin necesidad de la palabra, y era algo más universal.

¿Le pondrías letra a A mis hermanos?

Para nada, ni a La casa azul… De hecho, yo tengo una pieza que se llama Sabrosito, y le pusieron una letra que a mí me parece horrible…

Hemos hablado de lo desagradable que son para ti las etiquetas, pero hay músicos emblemáticos de los cuales me gustaría que hablaras:

Aldemaro Romero

Una referencia obligada. Uno es consecuencia de lo que ellos fueron. Aldemaro fue amigo mío, y quise mucho al maestro, de hecho, en el disco la Platabanda, él escribió la presentación.

Alirio Díaz

Otro maestro que quise mucho. La otra vez me pasó algo muy bonito con él, yo estaba tocando en Barquisimeto y él fue al concierto. Antes de que yo terminara, el señor se ha montado en la tarima, y tomó el micrófono y dijo, “hoy estoy escuchando una guitarra que yo no conocía”. Eso me pareció hermoso.

Henry Martínez

Una referencia obligada para quien haga canciones, no sólo en Venezuela, sino en todo el mundo de habla hispana. La poesía de Henry es impresionante, él es una generación anterior a mí, me encanta tocarlo.

Otilio Galíndez

Es otro maestro.

Cecilia Todd

Grande, una de las primeras cantantes con las que yo toqué. Mi amiga. Cecilia es amiga de mi mamá, así como Soledad Bravo que es como tía mía. Es familia.

Ali Agüero

Un maestro. Lo que hizo con Los Cuñaos, lo que hizo como cuatrista, lo marcó a uno como músico.

Y de las nuevas generaciones, quién podría ser un referente…

Hay muchos que tienen el potencial, pero todavía no veo el músico que sea un referente obligado. Están en desarrollo, el tiempo y la constancia es lo que te va a decir eso. No es solamente crear, sino ser consecuente con lo que estás haciendo.

¿Qué te depara ahora como productor, y lo que vienes realizando con Guataca Producciones?

Estoy construyendo un espacio, no es un trabajo fácil para nada, lo he hecho con muy pocos recursos económicos, y no es nada lucrativo, pero creo que es algo necesario. Debería haber más esfuerzo a nivel de infraestructura, de políticas culturales, a nivel privado, crear más espacios.

¿Cómo llegas a encontrar a esos talentos?

Investigo, voy a verlos, a veces me llaman, yo los contacto. Me entero por otros músicos… Hay un grupo que se llama Quintillo Ensamble y son muy buenos. ¿Por qué no apoyar a esos chicos que vienen después de uno? ¿Por qué no hacerles la vida más grata? O un camino más ligero del que uno tuvo. Este camino no es nada fácil, ha sido muy duro, y sigue siendo duro. Y uno continúa y cree que ha tomado cierta reputación… A pesar de todo eso, yo creo que hace falta más respeto por lo que uno hace.


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