Perspectivas

El sentido de la coexistencia, según Espacio Anna Frank

06/06/2023

La meta es el perfeccionamiento humano que consiste en alcanzar una cierta sabiduría encaminada al reconocimiento de la práctica de una conducta honesta de respeto mutuo y de responsabilidad por el destino del prójimo… Es fácil abogar por la práctica de un comportamiento dirigido a encontrar la mejor forma de convivencia posible cuando se cometen injusticias contra uno. Difícil es seguir teniendo la disposición de ponerse en el lugar del otro cuando se ha dejado de ser víctima”.

Marianne Kohn Beker

La profesora Erin Gruwell traza con adhesivo una línea en mitad del salón. Propone a sus alumnos un juego: deben acercarse a esa franja si se sienten aludidos ante la pregunta que ella les formule. A medida que confluyen en esa zona céntrica del aula de clases, los chicos, envueltos en rivalidades por conflictos donde prevalece la ley de la calle, lucha de poder entre pandillas, odios raciales y resentimientos personales, comienzan a reconocer los aspectos que tienen en común con sus pares. Ya no se ven tan diferentes unos de los otros.

Mientras ellos libran sus luchas internas, familiares y sociales, también la maestra debe confrontar sus propias batallas entre celos profesionales, competitividad y el distanciamiento de su pareja. Aún bajo ese contexto ella defiende su propósito:

Cuando ayudo a esos chicos a tomarle sentido a su vida, todo en mi vida cobra sentido para mi.

Esas escenas son de Freedom Writers (2007) o Diarios de la calle, como se tituló en español, escrita y dirigida por Richard LaGravenese y basada en hechos reales. Esta película inauguró el programa CINEtertulia de Espacio Anna Frank y reflexiona sobre temas que son inherentes a los derechos sociales. Al encenderse las luces se abre el debate, no para hablar de calidad cinematográfica o artística sino más bien para aterrizar, con empatía, en los desafíos que se conectan con la vida misma de los participantes, con la certeza de que una conciencia crítica permite construir una sociedad mejor.

Quién diría que las mismas premisas de aquella película serían llevadas a la realidad por esta organización sin fines de lucro. Bajo su propio modelo, tocan las puertas de centros educativos, visitan los barrios de Caracas y establecen alianzas con otros entes para divulgar sus valores de responsabilidad individual y colectiva, solidaridad, respeto al diferente y la valentía moral.

Actualmente, sus voluntarios, universitarios y activistas egresados del programa de formación Embajadores de Coexistencia, se encuentran en el Distrito Capital y en el interior del país, especialmente en Mérida, Carabobo y Zulia. Para desarrollar iniciativas de impacto social en su entorno, ellos ofrecen recorridos guiados en las exposiciones, crean dinámicas formativas; se relacionan con niños y jóvenes ávidos de expresar su creatividad. La organización cuenta además con el apoyo de universidades, empresas, ONGs, organismos multilaterales y embajadas.

Jóvenes de los barrios José Félix Ribas y San Blas de Petare, de San Agustín del Sur y El Calvario de El Hatillo han sido estimulados a crear su propio mundo. En 2017, por ejemplo, las fotografías de niños de Petare, pertenecientes a un club de boxeo fueron reunidas en la exposición itinerante Coexistencia 38 Miradas (2017), que contó con el apoyo de la organización internacional 100Cameras, esfuerzo que posteriormente se consolidó en la publicación de un libro.

CINEtertulias, exposiciones itinerantes, coloquios, conferencias, talleres de formación y convivencia, presentaciones en redes sociales, publicaciones… Todo esto junto al programa estrella de la organización, que se ha celebrado durante 14 años sin interrupción: el Salón Nacional de la Coexistencia, que este año cuenta con el apoyo de la CAF Banco de Desarrollo de América Latina. A través de este encuentro de creadores, Espacio Anna Frank le ha dado colores, formas e imagen a una palabra que podría parecer intangible y abstracta, pero que permite la reflexión de lo que es el individuo a partir de su relación con los demás. Es entender el arte como herramienta para visibilizar los valores.

En escuelas, liceos y universidades, la organización ha encontrado el mejor escenario para ofrecer sus postulados. “Al principio nos costó entrar, porque nuestros programas no se conocían. La necesidad de incluir programas de valores de forma gratuita nos abrió las puertas, y fuimos muy flexibles en las propuestas, porque no queríamos enfocarnos solamente en los niños, sin antes llegarle a los maestros, porque ellos son los multiplicadores del mensaje. Nos podía tomar tres semanas, porque ya en la segunda trabajábamos con los niños y en la tercera, si nos autorizaban, incluíamos a los padres. Sentimos una gran satisfacción cuando esas escuelas nos volvieron a llamar”, comenta la arquitecta Ilana Beker, fundadora, vicepresidente y curadora de las exposiciones de Espacio Anna Frank desde 2006, quien además refiere que en algunos casos han recibido solicitudes de escuelas o liceos para abordar el problema del bullying.

Reflexión cotidiana

Cuando la profesora e investigadora en filosofía Marianne Kohn Beker (1932-2017) fundó Espacio Anna Frank (2006), junto a su hermana Dita Cohen y un grupo de intelectuales venezolanos, ya se encontraba inmersa en sus estudios y reflexiones con propósitos incluyentes, basados en la ética (teoría de la buena vida), filosofía moral (la responsabilidad) y filosofía política (orientada a la justicia). Pero fundamentalmente, Kohn Beker sabía que el proceso de cambio tenía su origen en la escuela y así lo expresó en sus ensayos:

“Si bien por una parte, todo el progreso científico del hombre se ha llevado a cabo a través del proceso educativo, también es cierto que sus creencias y prejuicios, sus mitos y sus conceptos del bien y del mal, del deber y del derecho, han sido inculcados por el hombre gracias a la educación”. (publicado en el libro El arte de vivir y el oficio de escribir).

La proyección de películas y las exposiciones itinerantes en el marco del programa In Memoriam, con el que se conmemora cada 27 de enero el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, siguen vigentes. No sólo se lleva a las escuelas, sino también a museos, galerías, universidades y centros comerciales.

“Nuestras exposiciones históricas itinerantes son contundentes desde el punto de vista emocional. Por ejemplo, mostramos el Holocausto a través de una exposición que se llama La guerra contra los judíos; en otra mostramos los Genocidios RRR, que es Recuerda, Reflexiona, Reacciona, y la exposición Anna Frank, una historia vigente (que la Embajada de El Reino de Los Países Bajos nos la otorgó en comodato para su difusión en Venezuela). Siempre culminamos con la exposición de Coexistencia, porque realmente es la única manera de oponerse al horror. La coexistencia es una palabra que puede transformar nuestra realidad si la empezamos a utilizar en nuestros hogares y aulas de clase, engranarla en la sociedad como modo de vida, así no volveremos caer en agresiones, en violencia, en el irrespeto, en la xenofobia, el antisemitismo o cualquiera de estas manifestaciones que agreden al ser humano”, sostiene Ilana Beker.

De los campos de concentración de Auschwitz surgió la consigna “Nunca más”, tratando de inculcar valores como la responsabilidad individual y colectiva y la defensa e integridad de los seres humanos. Sin embargo, recuerda Ilana Beker, después del Holocausto se han perpetrado ocho genocidios. Una prueba de que el verdadero monstruo de la historia es el hombre.

El origen

En la búsqueda de modelos que le permitiera a Espacio Anna Frank ampliar sus posibilidades de acción, una misión liderada por Ilana Beker visitó el Museo de la Coexistencia que se encuentra en la zona limítrofe entre Israel y Jordania. La idea de un concurso surgió de allí: en las vallas de las autopistas se podía ver el emblema del museo y las imágenes que mostraban los efectos más cruentos de la guerra. Espacio Anna Frank pensó en invitar a los organizadores a Venezuela, pero pronto comprendieron que la intolerancia tenía un matiz diferente en el país. Aunque el tema no es ajeno, Venezuela quedaba muy lejos de las guerras que aquejaban al otro continente. Aquellas imágenes bélicas no conectaban con la cotidianidad de este lado del trópico. Entonces, prefirieron adaptar la propuesta a los asuntos que nacionalmente eran inherentes. “Fue una inspiración”, afirma Beker.

Comenzaron con un proyecto piloto en la Universidad Católica Andrés Bello, con los estudiantes que cursaban tercer semestre de Comunicación Social. Luego se fue profesionalizando para convocar a diseñadores gráficos. Para el séptimo salón (2016) la convocatoria incluyó a fotógrafos, y es cuando Elizabeth Schummer se incorpora al equipo para poner a disposición su experiencia labrada en el Centro de Investigaciones y Estudios Fotográficos (CIEF). Ella es quien ha liderado las iniciativas fotográficas como la exposición Coexistencia 38 Miradas, y los talleres en los barrios. En 2019 se incluye la categoría de ilustración, y con motivo de celebrarse el décimo aniversario del salón, se realizó una convocatoria especial de narrativa, que no ha vuelto a repetirse, al igual que en 2017 realizaron un especial sobre arte urbano.

Este año la convocatoria está abierta a estudiantes y profesionales venezolanos en tres categorías: diseño gráfico, fotografía e ilustración, y cierra el 16 de julio de 2023.  En cada encuentro se explora una ruta diferente, una nueva mirada sobre el tema, una manera de refrescar y generar innovadoras propuestas creativas.

“Una de las cosas que me llamó la atención, cuando comencé a trabajar en 2016, era la definición que se hacía de un tema para despertar inspiración: por ejemplo, coexistencia e infancia; coexistencia y naturaleza… En mi visualización fotográfica, encontraba que esa asignación era un poco limitante, en el sentido de que ya conceptualizar la coexistencia es un ejercicio complejo que requiere reflexión. Entonces, lejos de encasillar la convocatoria, lo que buscamos es darle un contexto. Son diferentes vías para entender la coexistencia, ¿y cómo lo hacemos? Buscando ejemplos prácticos de la vida cotidiana”, comenta Elizabeth Schummer, directora de Cultura y coordinadora de Proyectos Fotográficos.

El reconocimiento de las diferencias y el respeto al otro son valores que no pueden ser permeados, si no existe la observación de situaciones en lo micro, en lo local. En el quehacer diario se encuentran eventos que permiten comprender conceptos complejos difíciles de visualizar. Tal como lo explica Elizabeth Schummer: “¿Cómo definimos ese contexto necesario? Lo conversamos, hablamos de la actualidad, nos ceñimos a la realidad. Por ejemplo, en el año 2022 el tema de las migraciones nos hizo pensar en Caminos para la coexistencia; en el año de la Covid fueron las fake news y la desinformación. Entonces, tratábamos de entender a qué nos enfrentábamos. Este año elegimos la diversidad, porque existe cierto conflicto respecto a la perspectiva de una diversidad de género y por los retos tecnológicos que plantea la inteligencia artificial. Tratamos de que el público entienda que nos movemos en realidades universales y que debemos adaptarnos, mutar en la manera como coexistimos”.

Este planteamiento lo refrenda la vicepresidente de Espacio Anna Frank: “El Salón tiene el atractivo de que las personas lo asumen como un reto personal, manifiestan la coexistencia desde sus entornos, con quienes conviven y trabajan”.

Para Marianne Kohn Beker, cuyo legado sigue vigente, el arte y las comunicaciones eran ejes fundamentales para ejercer las libertades individuales. De la experiencia estética, se estimula la reflexión sobre los valores humanos y hay un sentido de pertenencia. “Un creador a través de su obra se explica a sí mismo y después explica a los demás”, escribía la autora.

Ilana Beker, por su parte, afirma que el Salón Nacional de Coexistencia les permite explorar los significados que pueden alcanzar conceptos morales difíciles de interpretar en símbolos. “No sólo se trata de abrir un abanico de posibilidades para el proceso creativo, sino también despertar el interés y sensibilizar al público, dejar en sus recuerdos una impresión”.

Recorrer el país con la exposición del Salón Nacional de Coexistencia es toda una experiencia visual. «Estamos llegando a distintas ciudades con imágenes que surgen del propio colectivo, para reflexionar sobre estos temas sociales y comprobar que la gente se interesa en ver, saber y reflexionar», explica Beker.

Las palabras, así como las imágenes, son cuidadosamente estudiadas en Espacio Anna Frank: “Mucha gente usa equivocadamente el término tolerancia porque no se dan cuenta que la tolerancia alude al poder, es decir, uno tiene el poder de tolerar al otro hasta que no lo tolere mas y alli comienza el conflicto. Espacio Anna Frank en cambio, apunta a la coexistencia  que implica respetarnos en un mismo espacio y en un mismo tiempo, con nuestras diferencias y solo utilizamos el término intolerar cuando nos referimos no tolerar que le hagan daño a alguien por ser diferente”.

En las paredes de las oficinas de esta organización se exhiben las obras que le han dado imagen y realidad a la coexistencia. No solamente son jóvenes, estudiantes o creadores que se atreven a mostrar su metáfora visual, sino varios artistas invitados para que los acompañen en esta misión. Así, entre esas piezas, como en sus publicaciones, se aprecia el trabajo de fotógrafos, diseñadores, ilustradores y artistas visuales como Angela Bonadies, Juan Toro Diez, Arnaldo Utrera, Ana Arévalo, Lourdes Domínguez, Beto Gutiérrez, Fabiola Ferrero; Santiago Pol, Alvaro Sotillo, Héctor DoNascimento, Carlos Rodríguez; Rosana Faría, Alexander Morey, Jesús Caviglia, Domingo Villalba, Jessica Silvio, Eduardo Sanabria (Edo),  Eduardo Capuano, Anastasia Carpio y Alejandra Panza, entre otros.

“Resaltamos la resiliencia, lo positivo; mostramos las situaciones que vivimos como colectividad y la necesidad de salir adelante con nuestros propios recursos, pero para eso es necesario que haya conciencia, y en este caso también talento. Nosotros promovemos el potencial de los creadores visuales como agentes de cambio. Al mostrar sus imágenes estamos poniendo ciertos temas sobre la mesa y enviando un mensaje de esperanza, de optimismo”, explica Ana García Julio, coordinadora de Comunicaciones de la organización.

Desde 2019, la organización también diseña una agenda que se nutre de esas ideas creativas. Es una manera de mantener presente sus valores. “Nos propusimos con la agenda difundir la coexistencia de manera cotidiana, porque en esas páginas tenemos una memorabilia, y entre mes y mes, estás leyendo un pensamiento, y también el diseño de un cartel o una ilustración. Es algo que puedes ver a diario”, dice Schummer.

Las Agendas de Coexistencia 2023, 2022 y 2021,  diseñadas respectivamente por Waleska Belisario, Gabriela Fontanillas y Gisela Viloria, fueron seleccionadas para representar a Venezuela en la Bienal Iberoamericana de Diseño BID23, que se realiza en Madrid.

Permear en la conciencia

La constancia que ha mantenido Espacio Anna Frank en sus iniciativas le ha permitido construir una red de colaboradores y un público que se mantiene a la expectativa de sus eventos. Entre los aliados, Ilana Beker hace énfasis en el entusiasmo de quienes han sido jurados en el Salón.

“Año tras año hemos hablado con profesionales de altísimo nivel en el campo de la fotografía, de la gestión cultural y del diseño gráfico. Podrían decirnos que no tienen tiempo, pero jamás nos han negado su apoyo. Algunos repiten como jurados e incluso participan con sus propias propuestas artísticas en nuevas convocatorias. Esa es la bondad de tantos profesionales, sobre todo venezolanos, porque creo que solamente en nuestra tierra encontramos algo así, gente capaz de dar sin esperar una remuneración”, agradece Beker.

Los proyectos siguen multiplicándose. Actualmente se encuentran en conversaciones para establecer alianzas con institutos de diseño y de publicidad, que les permitan hacer sinergias y alcanzar nuevos espacios y una mayor difusión. “Queremos retomar la grandeza de lo que fue el diseño gráfico en Venezuela”, dice Schummer. Y en ese contexto, ya se encuentran calentando motores para lo que podría ser la exposición retrospectiva de los 15 años de la coexistencia en Venezuela. “Tenemos 114 carteles que han resultado ganadores en nuestro Salón. Estamos hablando no solamente de una línea de tiempo de un concepto, sino de una gráfica, de una tipografía, de la evolución del estilo”.

El 14° Salón Nacional de Coexistencia abriga muchas expectativas, tanto en cantidad de postulaciones como en la diversidad de propuestas. Como dice la investigadora Lorena Rojas Parma en el texto de invitación: “Si estamos reconociendo, con el paso lento de lo que aún se resiste, que no somos la especie que debe ocupar el centro de todo; que entre nosotros mismos hay inscrita una diversidad que nos caracteriza, porque somos plurales, distintos y embellecidos precisamente por esa pluralidad; si estamos conscientes de que la tecnología abre aún más horizontes de diversidad en la existencia, podremos dar cuenta de las diferencias como cualidades que nos distinguen y no como carencias frente a lo que deberíamos ser”.

En total, hasta la 13° edición han concursado 1.722 propuestas, provenientes de diversos estados de Venezuela y de creadores venezolanos radicados en Estados Unidos, Israel, Chile, México, Perú, Uruguay, Colombia, Argentina, Alemania y Francia. Solamente el año pasado se recibieron 102 postulaciones.

Entre tanto, el equipo de Espacio Anna Frank (comenzaron siendo tres personas en una oficina, y ahora son catorce) sigue sumando voluntades. “Cada vez que un programa como In Memoriam se va al interior del país, basta con hacer una llamada. Tenemos siempre a alguien que va a responder y voluntariamente apoya nuestros programas”, dice Ilana Beker.

Espacio Anna Frank no deja de alimentar sus sueños: “Nuestra intención es que las obras de los salones puedan ser mostradas en las vallas de las autopistas, que se encuentran temporalmente disponibles. Tendríamos que ganarnos a las empresas publicitarias que administran esas vallas y que les interese hacer esa inversión”.

“Mientras exista la coexistencia, existe la esperanza. Hay que luchar para que esto se entienda y se aplique, sin obligarte, sino a través de la enseñanza. Si alguna vez este mundo va a ser feliz, va a ser cuando la generación de esa época pueda coexistir. Estoy segura de eso”.

Dita Cohen


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