#CCS450Arquitectura

Paola Posani: Caracas, una relación heroica

por Cheo Carvajal

Fotografías de Mauricio López

31/01/2018

Desde este mes de enero trabaja en la filial de Ingeniería y Construcción de PDVSA. Un mundo muy diferente al que había vivido estos últimos años. Un nuevo reto, así lo asume.

Paola Posani ha estado vinculada a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela desde hace mucho tiempo: allí se graduó de arquitecta, allí fue profesora de diseño, allí se hizo doctora en Arquitectura, allí fue directora de la Escuela de Arquitectura. Allí fue presidenta de TEXNE, empresa de servicios de la escuela. De la Facultad salió a trabajar en la Alcaldía de Libertador, a petición de Jorge Rodríguez, en el 2009. Primero estuvo en la Oficina de Planificación Urbana, después en la de Infraestructura, y luego, desde diciembre de 2010, hasta diciembre de 2017, como presidenta de FundaCaracas.

—¿Saliste con el reciente cambio de gestión?

—Realmente Erika Farías me pidió que me quedara. De corazón le dije que ya era suficiente, yo ya no quería saber más nada sobre eso.

—¿Por qué no querías saber más nada?

—Cuando estás en estas instituciones te agotas. Te sabes todas las historias, todos los procesos. Estás como en automático. En mi caso llega un momento en el que empiezo a aburrirme. Yo pensaba que ese era el momento de regresar a la Facultad, pero cuando ya estaba preparada me llamó el ministro Quevedo, quien ya me había pedido varias veces que fuera a trabajar con él.

—¿Cómo ves a Caracas en este momento, en materia de infraestructura, prestación de servicios y de dinámicas sociales, de integración o desintegración social?

—¿Caracas completa?

—Sí, claro.

—No el pedacito en el que estoy viviendo.

—No Libertador, Caracas completa, metropolitana, inclusive regional, diría yo.

—Yo creo que ha llegado el momento, hablando como Paola Posani, en que todos los caraqueños dejemos aparte nuestros trocitos de realidad y nuestras formas de ver la vida para que nos pongamos de acuerdo, para construir una sola realidad. Y discutamos sobre los planes de la ciudad. Sé que hay muchas heridas abiertas, desde el punto de vista político. Da la coincidencia que ahora trabajo de este lado de la ciudad (La Castellana), y estoy en una torre que no es de PDVSA, tenemos un solo piso. Cada vez que me monto en el ascensor me miran como si fuera extraterrestre. Al principio decía: “¿por qué no me dan los buenos días?, yo no les he hecho nada a ellos”. Hacía tiempo que no tenía esa percepción.

—¿Estabas en tu pedacito de realidad?

—Estaba en mi pedacito de realidad. La ciudad de Caracas, vista de punta a punta nadie la va a poder resolver desde su trocito de realidad. Nosotros los caraqueños tenemos que tomar la dirección de esa historia. No me importa cómo se llame, pero somos los caraqueños los que la sufrimos todos los días. Tengo la suerte de estar en esta oficina con vista al Ávila. Esta es una ciudad espectacular, podríamos haber hecho maravillas y lo que hemos hecho es ir autodestruyéndonos. Los temas realmente importantes están bañados por la discusión política. Podemos estar en lados políticos diferentes, pero nos podemos sentar a hablar. Deberíamos hacer ese esfuerzo, nunca una alcaldía sola va a resolver el problema de la ciudad.

—Muchas veces se convocó a la Alcaldía de Libertador a reuniones, sobre todo en la Alcaldía Metropolitana, que es o era el ente que debería coordinar los esfuerzos…

—Era, “el ente” ya no existe.

—…sin embargo la Alcaldía de Libertador no participaba de esos encuentros.

—Creo que fue un error. Independientemente de mi formación ideológica y de mí, te estoy hablando como caraqueña. Como caraqueños debemos discutir conjuntamente el tema de la ciudad, más en este momento de crisis en el que estamos. Que si “tú no recoges la basura, que si “yo recojo la basura”, “tu municipio está más sucio que el mío”. El tema de la basura deberíamos discutirlo conjuntamente, porque aquí convivimos todos. Yo creo que se nos fue de las manos entender que esta es la ciudad donde vamos a vivir siempre. Yo no tengo planes de irme del país, sospecho que tú tampoco.

—No, no quisiera.

—Por lo tanto deberíamos estar todos pensando en cómo recuperar la ciudad. Yo leí en alguna parte que cuando tumbaron el muro de Berlín, y se tuvieron que fusionar dos visiones absolutamente diferentes, empezaron a darse foros sobre su unificación. Se tomó un teatro donde se hacían las discusiones, que se grababan y se fotografiaban. Ellos han sido capaces de unificar las dos Berlín. Y es espectacular Berlín como ciudad. Claro, son alemanes, tenemos mentalidades diferentes. Pero creo que hay que conseguir el punto donde todos juntos podamos discutir la ciudad.

—Arranqué preguntándote sobre el estatus de la ciudad y asumo que, desde tu perspectiva, no estamos bien.

—No, evidentemente. Si te dijera que esta ciudad es una maravilla, sería un error espantoso. Claro, hay realidades diferentes en la ciudad, cuando tú estás en Libertador la percepción es otra. Cuando tú estás en Chacao la percepción es otra. Cuando vas a Baruta es otra. Nos hemos convertido en trozos de realidades.

—De alguna manera eso se planteó desde la ideología: esto es esto y aquello es aquello.

—Este pedazo es mío y este pedazo es tuyo.

—Bueno que traes el ejemplo de Berlín, porque ese muro se construyó de manera ficticia. Quienes controlaban del poder dijeron: “Vamos a lanzar este muro, de este lado es una ciudad con una ideología…”

—…y el otro…

—“…y el otro tiene otra ideología”. El gobierno planteó la idea de una “ciudad socialista”, no solamente para Caracas. Siendo Libertador parte de ese proyecto político la asume en su discurso. No hay un muro, pero desde el discurso se plantea esa separación. Hablando de retazos de ciudad, ¿cómo caracterizarías, hoy, esa ciudad socialista?

—Te voy a echar para atrás la película. En el primer período que ganó como alcalde Jorge Rodríguez, el equipo que estábamos con él en ese momento, discutimos algo que llamamos Plan Caracas Socialista. Éramos como 15 personas que pasábamos horas discutiendo sobre cuáles serían los programas. Teníamos los gobiernos parroquiales y en las parroquias se discutía el tema de la ciudad, y se recogió toda esa información.

Un tema fundamental era el espacio público, cómo se articulaba en una malla, y no en una placita o un bulevar. De ese programa yo trabajé con el bulevar César Rengifo de El Cementerio, yo estaba en Planificación Urbana y ese proyecto lo manejamos directamente. Ese era un espacio de buhoneros, durante años nadie caminaba por ahí. Yo nunca olvidaré la primera vez que fui un día “de parada”, que eran los lunes, donde no estaba la gente. Era un trozo de ciudad que desaparecía durante los otros días de la semana. No había una plaza, no había una calle. Yo vi cómo le cambió la vida a la gente, los niños andaban en bicicleta. No la sacaban de su apartamento, ni de su casa, ni del barrio, no había manera.

—Es lo que hizo, en su momento, el Metro, con los bulevares de Catia y Sabana Grande.

—Nosotros recuperamos parte del bulevar de Catia, terminamos un pedazo con PDVSA La Estancia, también toda la recuperación del de Sabana Grande. El Plan Caracas Socialista tenía programas de espacios públicos, como la Diego Ibarra y otra cantidad de plazas, que se convirtieron en una malla dentro de la ciudad, donde puedes hacer un recorrido peatonalmente, en teoría por toda la ciudad. Tu oyes al presidente Maduro y el retoma ese tema con la alcaldesa Erika Farías. Poder caminar la ciudad, desde Chacaíto hasta la avenida Sucre.

—Desde Petare, diría yo.

—Ahí viene el punto: eso era un trocito, planificando el municipio Libertador. Pero esa malla del espacio público debería convertirse en un tema de toda la ciudad. El tema del transporte también estaba en el Plan Caracas Socialista.

—El bulevar César Rengifo me encanta, me parece que es una ganancia importantísima de la ciudad. Claro, quedan muchas cosas pendientes por hacer, entre ellas recuperar el propio Cementerio General del Sur como un gran espacio público, que ahora no lo es.

—No lo es.

—Es todo lo contrario, territorio de vandalismo y pillaje.

—De pillaje horrendo. De lo peor que hay, que puede ser.

—Fue una ganancia sacar los vehículos y darle espacio a la gente. Pero, ¿por qué si la idea era una malla, no hubo ni un centímetro de ese nuevo espacio que entrara hacia los barrios que justamente están a partir de allí?

—Uno de los programas, quizás el más interesante de todos, es el de Transformación Integral de Barrios. Es importante porque después FundaCaracas asume ese programa. Y de ahí partió también el nuevo Barrio Nuevo Tricolor, que no es el mismo de la carpa, el anterior. Nosotros trabajamos directamente en los barrios y por ejemplo el bulevar Los Eucaliptos, que está en San Juan, abajo en la autopista, es la idea de conectarnos hacia el barrio. Nosotros hicimos, durante el tiempo que estuvimos en Libertador, intervenciones directamente en los barrios, de plazas.

—Claro, pero me refiero a los barrios que están allí, conectados al bulevar César Rengifo, no a los otros.

—Esa conexión nos quedó pendiente. Igual que nos quedó pendiente el Cementerio General del Sur.

—¿Por qué quedó pendiente, si se entiende que debe ser una malla? Entendiendo además ese divorcio, entre esos conceptos que a mí me chocan.

—Entre “formal” e “informal”, que es horrible.

—Hicieron esa operación de espacio público y no entraron ni un metro hacia las callecitas que conectan con los barrios.

—Sí, fue error.

—Ese bulevar ya tiene como seis años, y todavía no ha pasado nada. Es como si con esa operación se hubiese remarcado la diferencia entre lo que está abajo y lo que está arriba.

—Yo creo que somos espasmódicos, hablo del carácter del venezolano, de la planificación. Es decir, arrancamos un proyecto y lo dejamos así. Nunca lo terminamos. ¿Háblame de algo que hemos terminado?

—En su momento el Metro de Caracas terminó muchas cosas.

—Vayamos a uno de nuestros mejores ejemplos, la Ciudad Universitaria, que se hizo completa. Yo leí una ficha sobre el Hospital Clínico, después que el Clínico terminó tardaron como un año en equipar completamente los quirófanos. Algo pasó a lo largo de nuestra historia, que por algún motivo extraño la planificación es espasmódica. Antes era por aquí y volteamos para el lado de allá. Yo quisiera pensar que es un tema de personalidad. Lo ideal sería que yo me siento aquí como alcalde y alguien debería decirme: “Mira, estos son los planes de la ciudad, esto fue lo que se hizo y esto es lo que falta”, debería haber continuidad.

Cuando nosotros hicimos las primeras etapas del bulevar de El Cementerio y pusimos la luz, que no había, me acuerdo que era como si hubieran llegado los extraterrestres. Porque era una ciudad que estaba oscura y repentinamente apareció una luz, y la percepción de la gente era impresionante. Nunca olvidaré eso de la luz, cuando sembramos los árboles, los niños en las bicicletas. Sacar a los buhoneros de allí fue un esfuerzo titánico, pero no terminamos de hacerlo completo. ¿Entiendes lo que te quiero decir?

—Claro.

—Era la comunicación con el Cementerio, un lugar histórico espectacular que deberíamos controlarlo de alguna manera. El Cementerio dependió un tiempo de FundaCaracas, afortunadamente el alcalde me hizo caso y constituyó una fundación que se llevó el Cementerio. El trabajo más triste que uno puede tener era ese. Hay barrios que entran por el Cementerio, no hay manera de controlarlo. No puedes ponerle un muro y decir bueno este el Campo Santo, ¿cómo hacen los que viven en los barrios que entran diariamente por ahí?

—Se tendría que reconocer la existencia de los barrios relacionados con el Cementerio, y que sus accesos por los otros lados fuesen dignos.

—Eso debería ser. Esto no es como los cementerios históricos franceses que están acotados dentro de la ciudad, que son parte.

—Vayamos otra vez con la Ciudad Socialista, que no terminamos de caracterizarla.

—Yo creo que fue un error nuestro, del chavismo, cuando empezamos a calificar de socialistas las cosas. Es decir el zapato socialista, la arepa socialista, cuando socialistas son los medios de producción. Tú no puedes pensar que haciendo un bulevar hiciste una ciudad socialista, porque si es por eso todas las ciudades serían socialistas.

—Toda la propaganda que se hizo ya hace años, que decía “solo en socialismo”…

—Vamos a aclarar eso. Tú vas a Viena, que no es socialista, y el transporte público funciona, la basura la recogen y los parques están preciosos y la gente baila vals en los parques y el agua sale de las fuentes.

—Inclusive en nuestra propia historia, el Metro transformó la ciudad. Hizo bulevares, dio esa felicidad, y no había socialismo. Cuando yo era pequeño existían los autobuses articulados, los Íkarus y los Leiland. Y no estábamos en el socialismo.

—Cuando hablamos del Plan Caracas Socialista era un programa que articulaba la ciudad, solamente para Libertador. Ahora, tú no puedes calificarla de socialista si entrara en un proceso de discusión real de qué es el socialismo. Por otra parte, calificar de socialismo el tema de los zapatos. Si el zapato es socialista, su producción tiene que ser diferente a la de la Adidas. Para realmente llegar a calificar una ciudad de socialista tendríamos que entrar en un proceso de discusión real, de lo que es el socialismo y de cómo se traduce en la forma de vivir.

En FundaCaracas nosotros hicimos vivienda con Misión Vivienda. Nosotros tomamos muchos terrenos, especialmente en Catia. Mi mamá era de Catia y tengo una relación afectiva con esa parroquia. Estábamos en plan de emergencia y teníamos que tomar los terrenos para las viviendas, y había un terreno que era un depósito pequeñito de la Polar, con un vigilante sentado en una silla. Ahí no había ni una lata de cerveza. Entonces hicimos el análisis de la situación del terreno, pero para hacer el estudio de suelos teníamos que tener una ocupación temporal. La moraleja es que entramos con una máquina, tumbamos el galpón y actualmente hay tres edificios en ese punto.

—¿En la calle Maury?

—No, esos también son nuestros, que por cierto es buena arquitectura. Son esas cosas que hacemos, que eran actos…

—¿“Sólo en socialismo”?

—Exactamente. Fuimos capaces de agarrar un terreno baldío, lo convertimos en vivienda. En la zona los comerciantes no me querían mucho. La Polar menos, que me demandó por eso. Después los mismos tribunales dijeron que yo no estaba tomando el terreno para hacer un edificio para mí. Esa demanda no funcionó. Lo que te quiero decir: uno es capaz, cuando estás de este lado del mundo, de hacer actos que son como de fe, que casi son actos heroicos, igual que el del bulevar del Cementerio. Cuando nosotros tomamos ese terreno nos cayeron a tiros. Uno en estos casos hace actos heroicos en función de sus principios. En función de lo que uno piensa que debe ser la ciudad. Pero seguro para los señores de la Polar yo soy casi una “pran”, un ser maléfico que les quitó un terreno que no estaban usando.

—En todas las ciudades del mundo se hacen expropiaciones por fines de interés público y se hace vivienda social buscando mezcla. Al principio, cuando Chávez habla de la “ciudad socialista” habla de zonas periféricas, como Ciudad Caribia, la misma política de tiempos anteriores: expulsar de la ciudad, hacer viviendas con escuelita, canchita, vialidad para que lleguen, pero sabemos que allá no tienen nada más. Afortunadamente hay un quiebre y aparece la idea que “dentro de Caracas cabe otra Caracas”. Eso tiene que ver con lo que estaba haciendo el Movimiento de Pobladores en ese momento. Y arranca la idea de densificar. Eso me parece una política interesante, que no sé si tildarla de socialista porque en otros países también existe.

—No la califiquemos de socialista, sino de progresista.

—Pero no todo es igual a la arquitectura de la calle Maury. En su mayoría es la gran caja de zapatos. Nefasta como arquitectura. Se implanta la vivienda sin hacer ciudad. Pero las experiencias de viviendas que se hacen desde la Alcaldía de Libertador tienen otro signo. ¿Estás de acuerdo con que la política de la Gran Misión Vivienda Venezuela dentro de Caracas, tiene esa diferencia? Una de las grandes críticas que se le hace es que se implantó a trocha y mocha, en distintos lugares, pero a la vez respetó demasiado espacios que permitirían mayor densidad.

—No se tocaron. Cuando arrancó la Gran Misión Vivienda Venezuela nosotros teníamos en el programa Plan Caracas Socialista lo que llamamos Nuevas Comunidades Socialistas, que se mantenían a partir de proyectos de arquitectura de vivienda, con otros parámetros de esa relación con la ciudad, y hasta de la misma producción del edificio. Cuando yo llego a FundaCaracas teníamos proyectos que luego absorbe la Gran Misión Vivienda Venezuela, pero el tema fundamental era la emergencia cuando las lluvias. Teníamos nuestras oficinas llenas de refugiados, y había que darles vivienda.

Lo pongo en contexto, porque si nosotros lo hubiéramos hecho de forma ortodoxa, todavía estuviéramos planificando para hacer las viviendas. Cuando el comandante Chávez decreta la emergencia y nos dice “todos van a construir viviendas”, repentinamente nosotros tenemos la capacidad, como Estado, de construir y de proyectar, que con el tiempo la habíamos perdido. En los tiempos anteriores, del Banco Obrero, se hacían proyectos del Estado. Veníamos de hacer maravillas. Tuvimos luego un período oscuro donde lo que hacían era contratar y lo que había era un negocio con una contratista que hacía edificios. El comandante Chávez nos devuelve la capacidad de proyectar y construir. Nos dice: “Ustedes alcaldías, ustedes gobernaciones, tienen que construir parte de la ciudad”. FundaCaracas, una fundación que tiene 50 años, que fue hecha para construir viviendas, no había construido viviendas hasta ese momento, y repentinamente se convierte en proyectista y constructora. Empezamos a tener nuestra sala de proyectos pero había que hacerla fast-track: tomar terrenos, hacer estudios de suelo, montarnos en el proyecto, todo simultáneo. Después de mucha discusión, que si son millones o no son, allí están las viviendas.

En ese momento, quiero subrayarlo, hay un problema con la calidad de la vivienda. Nosotros hicimos, desde nuestra oficina de proyectos, Santa Rosa, que viene de un proyecto del maestro Fruto Vivas, que además vive ahí. Originalmente era un pedacito y no solo agarramos toda la esquina, el plano completo, hicimos la plaza y el proyecto para el barrio de Santa Rosa. Ahí empezamos a mezclar, sacamos el barrio hasta el borde de la Libertador, toda esa gente que estaba metida ahí y son los que viven en Santa Rosa.

—Ahí estaban los terrenos de las chiveras y de los talleres.

—Pero el barrio llegaba hasta el borde y estaba la quebrada. Nosotros sacamos un edificio por mes en esa época, fue un acto heroico en el tema de la ciudad. Pero hacer ciudad, en algunos casos quedó relegado a un segundo plano, en función de la emergencia para hacer vivienda. La historia nos juzgará si hicimos bien o mal. El tema grave es que muchas veces hicimos edificios que no responden a la calidad de hacer buena arquitectura. Yo fui muy criticada, y todavía hoy en día lo soy, porque dicen que veo la cosa con actitud pequeño burguesa. Yo le decía a los muchachos y a los arquitectos que trabajaban conmigo: “Cuando hagamos un proyecto pensemos, ¿yo soy capaz de vivir aquí?”. Yo viviría en la calle Maury feliz, yo viviría en El Socorro feliz. Nuestros proyectos se basan en que todos somos iguales.

—La belleza es un derecho de todos.

—Exactamente. Hace como cuatro años hubo un encuentro de vivienda social en Ciudad de México. Ellos trabajaban mucho con el Laboratorio Internacional para el Hábitat Popular, que es francés. Me invitaron y llevé una ponencia. Cuando proyecté las imágenes de calle Maury, de Santa Rosa, de Gato Negro, de El Socorro, de La Vega, la pregunta que ellos hacían era “¿y ustedes trabajan con el gobierno o trabajan por su cuenta?”. Y respondía: nosotros somos parte del gobierno, soy un ente constructor de la Alcaldía. Por ese tema de la política también la buena arquitectura queda por fuera. Nadie conoce las cosas buenas que hacemos.

—El peso mayoritario no está en lo que ustedes hicieron desde la Alcaldía.

—Cuando el ministro Quevedo era ministro de Vivienda, yo iba al órgano superior, y les decía que había llegado el momento de sentarnos y decir qué hicimos bien y que hicimos mal.

—Ciudad Tiuna a mí me parece una aberración, por su densidad. ¿Cómo la ves tú?

—Yo conocía el proyecto original, que era mucho más alto. Hubo un cambio del proyecto importante. Yo tenía tiempo que no iba a Ciudad Tiuna, fui al principio cuando lo estaban construyendo y tenía tiempo que no iba.

A mí el viceministro de Vivienda me llamó a una reunión allá. La hora era excelente, a las seis de la tarde. Primero me impresionó lo bien mantenidos que están los edificios. La vida que tienen es impresionante, los niños jugando pelota. Fui a la nueva etapa, que entregaron ahorita, y la construcción es impecable. Tengo entendido que han modificado los proyectos y van a hacer un edificio de estacionamiento, nos pidieron que hiciéramos el cálculo estructural. Yo creo que Ciudad Tiuna es un muy buen ejemplo. Yo fui a Ciudad Caribia y me impresionó también que hay ciertas estructuras que son muy buenas, que los edificios son buenos.

—El asunto no es la infraestructura.

—El tema es de planificación urbana, cómo se cose Ciudad Tiuna dentro de la ciudad. Coser suena muy doméstico, pero es verdad, quedó como aislado. ¡Ni hablar de Los Valles del Tuy! Apartando el tema de la buena y mala arquitectura, es un tema de planificación urbana. Hay que superar el tema del número para pasar a otro nivel. A estas alturas, oposición y chavismo, estamos claros que las viviendas las hicimos. Si uno sale a la calle las cuenta. Yo puedo entender que nosotros en la planificación urbana a lo mejor hemos fallado, no estoy segura. Pero tú ves la minuciosidad con que el Ministerio chequea la entrega de viviendas. Me acuerdo perfecto que en una entrega me dijeron: “cuidado si el ministro está entregando viviendas y descubrimos que esto es una fachada”. Había controles que no te permitían entregar una caja vacía.

—Está clarísimo que se han hecho muchísimas viviendas. Particularmente no me importa en este momento si son más o menos de las que dicen. El tema es la planificación y la posibilidad de integrar.

—Realmente Ciudad Tiuna me molesta menos, me molesta el que está en el puente de Los Leones, tejido a la trama urbana. Son miles de viviendas montadas unas sobre otras. Hay mucha tela que cortar.

—Esa realidad está allí y hay que ver cómo superar lo que es déficit, integrar lo que ahora está desintegrado. Esta política comenzó, y se entiende que durante un tiempo se haya asumido, como una emergencia. Pero pasó hace rato y esa falta de planificación o de integración, de coordinación para pensar la ciudad, permanece.

—Una pregunta que yo te hago a ti. ¿Será posible que nosotros, superando las diferencias políticas, seamos capaces de planificar conjuntamente?

—No veo de qué otra manera la ciudad puede transformarse armónicamente. Eso es lo que ha estado planteado desde hace mucho tiempo, pero de alguna manera se insistió en la división, así funcionó la lógica de la polarización.

—Si nosotros queremos construir una ciudad para todos y hablar del espacio público desde Petare hasta Antímano, ver la ciudad como un todo, la única manera es que nos sentemos todos a hablar.

—Por muchas “fallas de origen” que tuviese, a la Alcaldía Metropolitana le restaron competencias por temas políticos. Recientemente la eliminaron. Para discutir sobre toda la ciudad necesitas un ente capaz de coordinarlos a todos.

—Lo que necesitaríamos es un ente de planificación urbana de toda la Gran Caracas, que nos aglutine a nivel de planificación urbana. Yo no sé si es la Alcaldía Metropolitana, porque yo también tengo mis diferencias con la Alcaldía Metropolitana.

—Pero era el ente que teníamos.

—Era el que teníamos, pero ha llegado el momento en que nos reinventemos.

—Hay maneras de reinventarse, dentro del respeto a las normas.

—Exactamente. En estos enfrentamientos nos hemos hecho heridas profundas, mutuamente. Todo el tema de la “guarimba”, vivíamos como una ciudad en guerra donde no podías cruzar por la autopista. Yo tenía tiempo que no cruzaba para este lado de la ciudad. La ciudad se convirtió en zona de guerra. Nos hemos destruido. La pregunta que me hago, tanto a nosotros como a la oposición, ¿ somos capaces de pensar que si queremos desarrollar una ciudad armónica, desde tu punto de vista ideológico y desde el mío, tenemos que sentarnos todos? ¿No somos capaces por un momento de bajar las armas y sentarnos a discutir?

—Responde tu propia pregunta.

—Yo creo que sí.

—¿A través de qué?

—A partir de nosotros los ciudadanos.

—¿Desde cero? Yo elegí una Alcaldía Metropolitana, pero ya no la tengo.

—No la tienes. A todos nosotros nos está afectando esta guerra económica. Yo no soy economista, soy arquitecto, mi tema es la ciudad. Yo sí creo que nosotros tenemos la capacidad, como ciudadanos, de discutir la ciudad de Caracas. Eliminaron la Alcaldía Metropolitana, pero en este país existe gente sensata y coherente que ama la ciudad, de lado y lado. Yo sigo yendo a la Facultad de Arquitectura y con mis amigos hablamos de arquitectura y discutimos. Hay profesores de la Facultad, de oposición, que cuando estábamos construyendo Santa Rosa, me decían “invítame a la construcción”. Me decían que el trabajo que estábamos haciendo era impecable. Somos capaces de valorar lo que hacemos y creo que lo único que nos puede ayudar es discutir conjuntamente nuestra ciudad. Cuando te hablé lo de Berlín es un ejemplo. ¿Por qué no nos sentamos todos a discutir?

—Es importantísimo avanzar hacia una visión compartida de ciudad, que se pueda generar un plan, que esté quien esté en el poder, atienda no a su perspectiva sino a una de conjunto. Más allá de decir “este es mi territorio”, socialista o no. De repente en San Martín aparece un elevado frente a la plaza Italia, y otro en La Yaguara. El Ministerio de Transporte Terrestre pareciera que gobernara más que todas las alcaldías, y sigue perfilando la ciudad del vehículo particular.

—Si nos descuidamos nos hacen otro piso a la autopista.

—Antes hablamos de factores contrarios, política e ideológicamente, pero aquí estamos hablando de factores del mismo lado, que están llevando la ciudad para donde no es. En vez de crear un vigoroso sistema de transporte público, introducir seriamente a la bicicleta, crear una verdadera malla peatonal para los caraqueños, eso empieza a verse comprometido por una cantidad de puentes militares y ocupaciones como el elevado en la San Martín, una de las peores cosas que he visto en esta ciudad.

—Además es uno de los lugares decentes que había ahí, con esa placita, con esa iglesia. El puente no sirve para mucho y es feo.

—Si no tenemos estructuras para llegar a acuerdos, los ciudadanos seguiremos padeciéndola. ¿Estamos esperando que los ciudadanos, desde abajo, nos pongamos de acuerdo, mientras el gobierno, a través de un ministerio, hace y deshace?

—Ahí se tomaron decisiones en un momento determinado, unas felices y otras no muy felices. La del elevado de San Martín da una tristeza profunda. Ahí sí creo que hay una falla de planificación, de toma de decisiones, que afecta a las alcaldías y que afectó al ciudadano. La verdad es que no te sabría decir quién la toma, ni cómo, pero en efecto no fue muy feliz.

—Eres benevolente.

—Soy benevolente porque parto de la buena fe. Debe haber sido por tratar de resolver las cosas sin mucha planificación.

—En relación con la Misión Vivienda y la emergencia, apareció la posibilidad de ir desconcentrando y frenando el crecimiento orgánico del barrio.

—Como hicimos en Santa Rosa: sacamos gente de los barrios y los metimos ahí.

—El barrio, en algunos casos, sigue creciendo. Hay nuevas invasiones. Pero además sigue siendo “otra cosa”. El plan de habilitación física de barrios, en el que participó muchísima gente y tuvo una relación intensa con las comunidades, se desmanteló. Luego aparece Barrio Nuevo Barrio Tricolor, primero con entrega de materiales y tiempo después con la idea de los corredores. No pareciera distanciarse mucho del Plan de Emergencia de Larrazábal. Sigue siendo: resolvamos los problemas del barrio, el muro de contención, la escalera, un equipamiento aquí y allá, pero no un discurso de integración, ni de reconocer al barrio como parte de la ciudad, ¿por qué?

—Yo creo que hay una articulación social. Los que viven en los barrios están más organizados de lo que imaginamos, mucho más que la clase media, que ni soñamos organizarnos como las comunidades en los barrios. Desde el punto de vista alimenticio, el Clap ha servido para organizarlos. Voy a compartir contigo una de las mejores experiencias que tuve, en Lomas de Urdaneta. Ahí hicimos el polideportivo Carbonell. La comunidad tenía un terrenito mínimo, del tamaño de esta oficina, que era una cancha, y le habían prometido que íbamos a hacer un polideportivo. La comunidad tomó FundaCaracas, yo no era su presidenta en esa época. La comunidad es capaz de tomar una institución. Después yo entré a FundaCaracas y se hizo el proyecto con Alejandro Haiek, lo hicimos con la comunidad. Se sentó con ellos, hicieron el proyecto e iniciamos la obra.

Yo iba por lo menos dos veces a la semana. La comunidad se ha convertido en una familia que tengo en ese barrio. Ahí no se perdió ni una tuerca durante todo el proceso de construcción. Podíamos estar hasta las once de la noche trabajando en la obra y aquello era una tacita de plata. A lo mejor todavía no hemos terminado de unir la trama horizontal de la ciudad, con la del barrio. A lo mejor nos quedan muchas cosas pendientes en eso. Pero la diferencia en nuestra relación con la comunidad no tiene nada que ver con Larrazabal, ni con la Cuarta. Porque la relación, ahí es un tema ideológico, es absolutamente horizontal con la comunidad, los consejos comunales, las comunas.

En la Comuna de La Silsa tenemos un urbanismo, una plaza que es el remate del bulevar, y el proyecto de un ascensor como transporte hacia el barrio. Tenía un albergue lleno de gente que se muda al urbanismo. Nuestra gran fortaleza es el vínculo con las comunidades, que es de igual a igual. Al principio yo me veía muy rara, porque venía de la universidad, soy blanca, tengo los ojos verdes, soy arquitecto, pero al final ellos te aceptan, te absorben y eres parte de ellos. A lo mejor son cosas menores, desde el punto de vista de los proyectos de arquitectura.

—¿Eso es una política o una experiencia?

—Sí hay una política, que es la organización de la comunidad. Las comunidades están muy bien organizadas. Yo sé que Barrio Nuevo Tricolor al principio eran las carpas que daban materiales. Pero a partir del presidente Maduro, hicimos 11 barrios pilotos, y después pasamos a la Fundación Barrio Nuevo Barrio Tricolor, para trabajar en los corredores. Los corredores son una forma de empezar a vincularse con el barrio. Porque ese corredor tiene una sala técnica en cada barrio y una sala mayor en cada corredor.

Eso permite hacer los proyectos con la gente en el barrio. Las salas técnicas son equipos de arquitectos, ingenieros, trabajando con la comunidad. Tú sabes la maravilla que es entender que la prioridad no son las viviendas. La prioridad son los servicios, los espacios públicos. Hay unas experiencias, que tú dices que son puntuales, pero te puedo hacer una lista larga, donde con Barrio Nuevo Tricolor recuperamos la caminería haciendo las famosas escaleras integrales, donde todos los servicios van dentro. Y después Barrio Nuevo Tricolor recuperaba las casas. ¿Qué decía la gente de la comunidad? Lo importante son las escaleras integrales, lo importante son los servicios, no la vivienda, no yo, sino el colectivo. Esa visión es completamente diferente.

Es una visión absolutamente socialista. A lo mejor hay momentos en que nuestra arquitectura no es tan buena, pero nuestra relación con la comunidad es heroica. Yo tomaba café en todas las casas, te vuelves parte de ellos. Cuando dicen “ellos” suena feo, parece que es una gente como extraterrestre, pero no son extraterrestres, es una comunidad organizada, que te adopta. Es una comunidad organizada que es capaz de tomarte el Ministerio de la Vivienda, que es capaz de tomar el Ministerio de la Alimentación y decir: “tú estarás en ese cargo en este momento, pero nosotros estamos organizados y somos los que realmente movemos esto”. Eso es un cambio fundamental, que no es arquitectónico. Yo entiendo que saques lo de Josefina Baldó y Federico Villanueva, que fue una parte importante, pero no desconocer lo que se ha hecho hasta ahora.

—No estoy hablando de desconocer lo hecho.

—A lo mejor no puede salir en una revista de arquitectura.

—Lo del programa de habilitación física de barrios tampoco era de revista. Igual se hizo en relación con la comunidad.

—Se ha hecho. Yo pasé mucho tiempo en el municipio Libertador, vivo en el municipio Libertador, trabajaba en el municipio Libertador, por lo tanto la quebrada de Chacaíto era como mi frontera. Ahora que trabajo en este otro lado de la ciudad, cada vez que vengo en el carro, digo “increíble que esto esté aquí”. Hay cosas que no conocía. Hablando de zonas de la ciudad que uno desconoce, tenía mucho tiempo que no iba a El Hatillo y fui hace dos meses: ¡la especulación inmobiliaria que hay en esa zona es como para caerle a pescozones a quien sea! Hay alguien que está haciendo negocios modificando.

—Negocios hay por muchas partes.

—Lo que te quiero decir con eso es que si realmente queremos hablar de la ciudad, deberíamos ser capaces de aceptar las muchas cosas buenas que hace la oposición y que ustedes acepten las muchas cosas buenas que hacemos.

—Me dices “ustedes”, yo no estoy en un lado.

—Pero entiendes lo que te quiero decir.

—Entiendo que estás remarcando una diferencia.

—No. Haces el análisis, “Josefina, Federico, se desmanteló”, no sé por qué.

—Estoy constatando un hecho.

—Desapareció, pero hay que constatar el hecho de que nosotros hemos hecho estructuras nuevas.

—No estoy desvalorizando lo que han hecho. No he emitido ningún tipo de opinión en relación con eso. Solamente en relación con la arquitectura. Que me parece que hay cosas nefastas.

—Pero también tengo cosas muy buenas.

—Empecé diciendo que desde la Alcaldía de Libertador se desarrollaron proyectos de arquitectura, enmarcadas en la Gran Misión Vivienda Venezuela, que eran absolutamente diferentes del resto. Mencioné también al Movimiento de Pobladores, porque me parece que tienen una forma de trabajar maravillosa, y fueron muy críticos, ellos criticaban la idea de que una vez más estuvieran beneficiándose a las grandes contratistas.

—Exacto.

—Eso se sigue haciendo.

—Exacto.

—Ellos estaban promoviendo otro tipo de operaciones de construcción, donde la gente participaba. Y construir su vivienda era una forma también de pagarla.

—Sí, exacto. Hablando de autogestión, hay un proyecto que se llama Jorge Rodríguez Padre, en La Yaguara. Nosotros tomamos un terreno junto con la comunidad, en Antímano, que era cualquier cosa menos productivo. El proyecto lo hicimos conjuntamente, FundaCaracas les baja los recursos y ellos iniciaron el proceso de construcción. Pero además inventamos una gerencia técnica delegada, de un equipo de arquitectos que trabajan conjuntamente con ellos para apoyarlos en el desarrollo. En muchas zonas del país vas a conseguir esa institucionalización de la autogestión, que nosotros hemos ido acompañando. Eso los hacemos tanto en Barrio Nuevo Barrio Tricolor como en la Gran Misión Vivienda Venezuela, y se han hecho experiencias excelentes.

—Esta ciudad no se podrá transformar si no se termina de integrar. Sigo percibiendo políticas para el barrio que no son gestos de integración, sino operaciones para mejorar las condiciones de vida de las comunidades, pero el barrio sigue sin ser reconocido como parte de la ciudad. El Metrocable, desocupó y creó vivienda de sustitución para la gente afectada, pero no hubo una transformación real del espacio. Esas oportunidades para crear espacio público no se aprovecharon y se volvieron a llenar de viviendas. Las estaciones son acorazados dentro del barrio. No se integran, sino que le temen. No hay política para borrar la frontera entre lo que está abajo y lo que está arriba. Se hacen gestos interesantes de desarrollo y de cohesión comunitaria, pero el barrio sigue sin pertenecer a la ciudad.

—El caraqueño hasta hace unos años pensaba que el barrio había que eliminarlo. Tú lo has oído.

—Lo sigo oyendo, desde polos distintos.

—La gente dice: “no entiendo por qué no recogen a toda esa gente de los barrios”. Las pocas veces que ha habido intenciones, cuando hay un deslave, que se los llevan a otro lugar de la ciudad, han sido unos fracasos espantosos, aunque ellos son igual de caraqueños. ¿Que vinieron a Caracas? Yo también. Todos vinimos de afuera. Pero han pasado tantos años que este es mi lugar. Es nuestro lugar de origen. Yo creo que en ese proceso de discusión, reflexión y planificación se tiene que borrar esa frontera. Si seguimos hablando de la ciudad, la horizontal y la vertical, y las separamos en dos elementos diferentes, siempre va a pasar. La única manera es terminar de absorberlo como un solo elemento. Y volvemos al tema de cómo tejerlo, porque el barrio es un tejido más fino, hay un tema con los servicios, que es fundamental que entren en todo el sistema del barrio.

—¿Donde mejor se teje no es en la frontera?

—Exactamente. Hay que borrar la frontera.

—Pero no lo hemos hecho.

—No lo hemos hecho y cuesta mucho terminar. Nosotros hicimos un conjunto de edificios con FundaCaracas, en Antímano. Hay un barrio de un lado y otro barrio del otro, y hay una antigua chivera en el medio. No me acuerdo cuántos edificios eran, con unas plazas y una propuesta de vialidad que al equipo de arquitectura nos pareció una maravilla. ¿Qué dijo la gente? “Olvídalo, no queremos esa vía”. Yo les decía “pero es una maravilla, porque el transporte…”. Nunca aceptaron la vialidad, porque ellos decían que la gente de allá no tenía nada que ver con ellos y que yo estaba forzando una relación imposible.

—Ahí hace falta un tercero.

—Eso pasa también con el tema de la planificación, desde el principio debiste trabajar con la comunidad. A lo mejor trabajamos con un lado de la comunidad y no con el otro, porque estábamos en la frontera. Eso de terminar de planificar el barrio, como parte de la ciudad, no.

—Es una deuda importante.

—Una deuda que debería ser parte de las tareas de todos. Cuando ves el barrio, yo doy el ejemplo de los católicos, es una cosa de “yo te ayudo”. Yo te regalo la ropa que no uso. Eso no es lo que tenemos que hacer. Ellos son ciudadanos igual que nosotros, tienen los mismos derechos y los mismos deberes. Insisto en que tiene una carga ideológica, que somos todos, la discusión es de planificación conjunta. No verla como un trozo de realidad que no tiene nada que ver con el mío.

—Verla con sentido metropolitano.

—Con sentido metropolitano, es de todos, desde Petare hasta Antímano.

—Tu papá, Juan Pedro Posani, siempre ha sido crítico de la arquitectura del espectáculo y del star system. En el parque Hugo Chávez se contrata a Richard Rogers para que proyecte los estadios. A mí me parece que es importante que en el sur de la ciudad haya un polo, con condiciones para tener espacio público y entretenimiento de calidad, pero contrasta mucho la idea de dos grandes estadios, cuando todavía hay barrios y sectores donde faltan equipamientos deportivos básicos. ¿Te parece congruente?

—Yo creo que esta crisis económica nos está cambiando el panorama sustancialmente. Los recursos que tenemos debemos administrarlos lo mejor posible para beneficiar a la mayor cantidad de personas. En relación con el parque Hugo Chávez, creo que primero está el tema urbano: no podemos seguir con una ciudad con un solo centro, tiene que ser policéntrica. Si vivo en Antímano no tengo por qué ir a Chacaíto, sino que ahí tengo todos los servicios, además de parques donde llevar a mis hijos.

En ese lado de la ciudad estaba de anteojito que esa zona se convirtiera en un parque. Yo tenía tiempo que no iba y fui hace como mes y algo. Fui cuando inauguraron la primera parte del parquecito que tiene agua, y me dejó sorprendida. Y el otro día fui porque la alcaldesa iba a inaugurar la zona donde está la escuela de remo. Yo lo que creo es que hay que ajustar el tema del discurso, es cierto que están haciendo dos estadios que irán a la velocidad del tema económico. Pero frente a eso hay una intervención de una escala muy vinculada al barrio, a la gente de la zona. La escala de los parquecitos, de los chorros de agua, del laguito, es impresionante el vínculo que tiene con el barrio y de la gente que va en Metro a disfrutar del parque. La escala no es la del proyecto de Richard Rogers, a quien respeto profundamente, y que además es excelente arquitecto.

—No lo pongo en dudas.

—Hay estrellas del firmamento arquitectónico que los veo con distancia, en cambio a Richard Rogers no, es un tipo de una calidad increíble y creo que el proyecto que él está haciendo es el del terminal de pasajeros, que es otra necesidad fundamental, con excelente arquitectura. Pero eso irá a la velocidad que la economía nos permita. Mientras que el parque de esa otra escala, sí es una necesidad. Desde arriba se ve preciosa la intervención, cómo la gente se ha apropiado del espacio. Que se apropia porque es tuyo, porque discutiste sobre ese espacio, y porque es donde llevas a tus hijos. A veces en la Misión Vivienda hay una falla en la apropiación del espacio. Te apropias del apartamento, pero no del urbanismo y del vínculo con la ciudad, porque te cuesta mucho tener una relación afectiva.

—Y porque a lo mejor tampoco se han creado las condiciones para que eso suceda.

—En el parque Hugo Chávez el sentimiento de apropiación de la gente es impresionante. Podemos criticar, ¿para qué vas a hacer un estadio en la situación económica en la que estamos? Eso es válido.

—Para que esos estadios tengan sentido, toda la ciudad debería estar llena de espacios que garanticen la práctica deportiva.

—En eso estoy de acuerdo, deberíamos tener polideportivos en los barrios.

—Deberíamos tener muchos polideportivos. Hay prioridades.

—En la Alcaldía se hizo el de Santa Ana, tenemos una larga lista de polideportivos dentro de los barrios, aparte de canchas que recuperamos. Creo que el discurso ahora debería ir más hacia obras de una escala menor, pero que el impacto sea mayor. Y las mayores densidades están en los barrios, por lo tanto, aunque sean cosas pequeñas modifican sustancialmente la vida en el barrio.

—Hablaste del sentido de apropiación del espacio, y dices que en muchas edificaciones de Gran Misión Vivienda Venezuela no se creó el vínculo. Uno aspiraba a que en muchos casos hubiese una relación más permeable, y uno encuentra edificios con el muro por delante, manteniendo el discurso del encierro.

—Muy clase media.

—Esto lo vínculo con el discurso de la “ciudad socialista”. En unos folletos del Museo Nacional de Arquitectura me llamó la atención que la palabra comercio había desaparecido. En su lugar aparecía la idea de espacios socio-productivos. La idea de esa ciudad de edificios de planta baja con comercio, de usos mixtos, no solo residenciales, que le terminan dando vida a la ciudad, se sustituye, y muchos de esos locales no tienen relación con la calle. Otros han derivado, inevitablemente, en espacios comerciales. ¿No será que desde la ideología se ha intentado transformar a la fuerza una realidad histórica de la ciudad, donde el intercambio comercial es una de sus razones de ser? Crear condiciones para que muchos más puedan producir e intercambiar me parece fundamental, para crear oportunidades y equidad. Pero suplantar el comercio no termina de encajar en la realidad.

— Yo no cuestiono el comercio. ¿Cómo está planteada la idea de los espacios socio-productivos? Hacemos el urbanismo, donde la mayoría viene de refugios, o de barrios. La idea no es alquilar un local para montar una panadería o un Excelsior Gama. La idea, que es hermosa, es que la comunidad del urbanismo se organice y convierta el espacio en lugar productivo, que permita mantener el urbanismo. Claro, también lo puedo alquilar y me mantengo. Pero no es para que la señora ponga una peluquería, es para que juntos como comunidad nos organicemos, seamos productivos y podamos mantener el urbanismo. Como idea es una maravilla.

—¿Y cómo realidad?

—Como realidad no se dio, el problema es haber planteado la idea y no saber cómo hacerla operativa. La carrera y la emergencia no nos permitió, realmente, entenderlo y apoyarlo como debimos. El tema no es meter un Pdval, o una arepera socialista, sino darle la vuelta. Si ves el edificio al lado de Parque Carabobo, donde hicieron todas las amenidades urbanas, donde hay una frutería, una cosa de jugos, se dio perfectamente. Hay momentos, instantes, donde esa articulación funcionó, porque creo que es un tema de planificación. No se dio el apoyo real a cada uno de los urbanismos para que se hicieran socio-productivos.

El de la Andrés Bello, frente al parque Arístides Rojas, que tiene una densidad muy alta, que son tres edificios más un cuarto que está abajo, es de la Alcaldía. A nosotros nos gustó mucho el tema de lo socio-productivo, pero fíjate que los espacios están cerrados con bloques. Además empezó el tema de los estacionamientos, porque el primer grupo se hicieron sin estacionamientos, porque la prioridad era la vivienda, pero el estacionamiento de motos se volvió un temazo. Muchos de los depósitos se convirtieron en estacionamientos de motos.

Siempre se lo digo a todo el mundo: ¿por qué no nos sentamos para ver las cosas malas y las buenas que hicimos? Eso nos va a permitir crecer como proyectistas, como arquitectos, como planificadores. Creo que es un proyecto hermoso, que al ejecutarlo no debería estar al lado el Ministerio de la Vivienda. El Estado debió armar desde otras instituciones los soportes reales para asentar a la comunidad, para desarrollar con ellos los proyectos, capacitarlos. Al final, los pocos que se han abierto son peluquerías o fruterías y tal.

—Panaderías.

—El otro día pasé frente a Santa Rosa. Para mí era un karma todos esos locales, que se ven montados, porque además está la plaza. Yo estoy viendo que la misma comunidad perfora la pared y empiezan a aparecer unas bodegas. La vida normal de los seres humanos. También era una visión un poco inocente, pensar que tú se los va a soltar y ellos van a ver cómo lo resuelven, cuando debimos tener un cierto control conjunto en ese espacio. Además, no basta tener un local para hacer un abasto o una bodega, se necesita equipamiento.

—Una de mis peleas en esta ciudad ha sido por los derechos del peatón. Hay un caso particular sobre el que llamamos mucho la atención, que es frente al Hospital Ortopédico Infantil y sus alrededores, en la avenida Andrés Bello. Están reconocidos muchos espacios para cruzar, pero no se crearon las condiciones para que los peatones lo hagan de manera segura. Paso por allí todos los días y me toca ver señoras, viejitas, niñitos cruzando, sin condiciones para cruzar de manera segura. Ni se diga frente al Ortopédico.

—Donde los niños tienen ciertas condiciones de movilidad. Y también adultos. Cruzan en sillas de ruedas.

—Además hay un brocal atravesado, que deja espacio para que milagrosamente pase una silla de ruedas, por donde también pasan motos. Eso tiene años así. Este es un lugar emblemático de lo que sucede en toda Caracas. A pesar de que en Libertador se han hecho trabajos de peatonalización, en el centro, en Antímano, en El Cementerio…

—Con rampas.

—… en realidad la gran mayoría de los espacios no prestan debida atención al peatón. Una auténtica revolución pasaría por reconocer el espacio de los peatones dentro de la ciudad y darles la prioridad.

—Nosotros hicimos un catálogo de normas.

—Ustedes hicieron uno, y la gente de la Alcaldía de Sucre hizo otro. Pero son como gestos al vacío, porque la ciudad sigue sin darle prioridad a la gente.

—Eso es correcto.

—Tú que estuviste allí adentro, ¿por qué pasa eso?

— FundaCaracas queda en La Candelaria y trabajé ahí mucho tiempo. Trata de caminar por La Candelaria, es patética. Cuando veo a las mamás con un cochecito me dan ganas de ponerme a llorar. Porque las rampas, todas la aceras, están hechas para los carros. Realmente deberías tener una misma cota, donde tú te muevas, bajes, subas, y puedas llevar tu carrito. Sobre todo hoy en día que todo el mundo carga una bolsa o un carrito de mercado. Es una cosa terrible para los viejitos.

—Sí, es doloroso.

—¿Por qué pasa? Me agarraste como fuera de base. Hay muchos proyectos.

—¿No lo hemos tomado en serio?

—Cuando fui a México, un profesor chileno me regaló una cantidad de libros sobre espacio público. Yo hice mi tesis de doctorado sobre espacio público, y había una feminista chilena que decía que si las mujeres no somos capaces de estar tranquilas en el espacio público, no sirve para nada. ¿Por qué las mujeres?, porque son las más afectadas. Yo siempre me hago esa pregunta, cada vez que cruzo una calle. Me da terror cruzar la calle, el semáforo. Me da la impresión que no hemos aterrizado en ese punto tan vital.

—Que no te dé “la impresión”: no hemos aterrizado. La pregunta es ¿por qué?

—Sospecho que no hemos hablado seriamente sobre el tema de la peatonalidad. Porque a mí me parece que hacer una ciclovía es una maravilla, pero como que antes de la ciclovía deberíamos pensar cómo hace la gente para caminar por las calles.

—Por eso la gente camina por la ciclovía.

—Es más cómoda la ciclovía, todo está en la misma cota. La bicicleta no va a brincar un brocal. La ciclovía se convierte en un espacio más cómodo que caminar por la calle. Las aceras nuestras cambian de escala, pasa de ancho a delgado. Creo que es un problema que no nos hemos planteado. Suena muy feo.

—Suena horrible. Pero es una realidad, que me parece bien que reconozcas.

—Creo que no nos lo hemos planteado, como no hemos planteado otras cosas que son de escala mayor, como el Metrocable de San Agustín. El mismo sistema de aceras debería estar desde Catia hasta Petare. Cada quien le está dando su impronta: unos las hacen con moldes, estampadas, que son espantosas y envejecen muy mal, otros con baldosas. En el casco de la ciudad consigues aceras que son de mármol, y cuando llueve aterrizas en la esquina de más allá.


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