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Las noticias falsas despiertan preocupación ante las elecciones de Brasil

por Ernesto Londoño

Fotografía de Vicente Partida / Flickr

23/02/2018

RÍO DE JANEIRO — Brasil se dispone a luchar contra los esfuerzos organizados para desorientar intencionalmente a los electores ante una creciente preocupación de que los brasileños estarán expuestos a un torrente de noticias falsas de cara a una elección presidencial clave.

Los funcionarios que encabezan la iniciativa argumentan que el derecho a la libertad de expresión no puede enaltecerse en esta materia si el precio que conlleva es un resultado electoral ilegítimo, en comicios que podrían alterar de manera drástica el rumbo de Brasil, la cuarta democracia más grande del mundo.

“Es necesario considerar cuál de estos dos principios debe sacrificarse en nombre de una elección que sea neutral y no esté contaminada de noticias engañosas”, dijo Luiz Fux, un juez del Supremo Tribunal Federal que hace poco asumió la presidencia del Tribunal Superior Electoral. “A veces la preocupación excesiva respecto de la libertad de expresión termina violando un principio más importante: el democrático”.

Bajo la dirección del juez Fux, la Policía Federal de Brasil estableció hace poco un grupo operativo de policías y personal de inteligencia que está desarrollando estrategias para prevenir la producción de noticias falsas y para limitar su alcance una vez que el contenido engañoso comience a divulgarse en internet.

“No pretendemos infringir la libertad de expresión de nadie ni su derecho a expresar una opinión”, dijo Eugênio Ricas, el director de la división de crimen organizado de la Policía Federal y quien encabeza el grupo operativo anti noticias falsas. “La gran pregunta es cuándo una opinión personal se convierte en una calumnia acerca de un candidato publicada con la intención específica de dañarlo e interferir en una elección”.

Los funcionarios públicos también han consultado y negociado con empresas estadounidenses de tecnología, entre ellas Google, Twitter, Facebook y WhatsApp con la esperanza de convertirlas en aliadas en la lucha contra las noticias falsas en vez de blancos de multas y acciones por parte de las autoridades.

Si su iniciativa tiene éxito, los funcionarios brasileños dicen que la elección de octubre, que tendrá lugar en una sociedad profundamente polarizada, podría servir de modelo para abordar un problema que ha socavado la fe en la democracia en todo el mundo.

Sin embargo, los funcionarios reconocen que se enfrentan a desconcertantes dilemas legales, tecnológicos y éticos. Al respecto, hay una ley clave de 2014 que otorga a los usuarios brasileños de internet fuertes protecciones de privacidad y libertad de expresión.

Aunque a los funcionarios les preocupa particularmente una estrategia de noticias falsas utilizada por las campañas rivales en el país y no un gobierno extranjero, advierten que ese tipo de tácticas suelen ser planeadas y realizadas desde fuera, lo que dificulta combatirlas.

Los funcionarios judiciales y policiales han hecho un llamado al congreso a aprobar una ley que establece reglas y sanciones claras para las noticias falsas. Un proyecto de ley presentado el año pasado en el senado castigaría la propagación intencional de información falsa acerca de temas que afectan la salud pública, la seguridad, la economía y el proceso electoral con hasta dos años de prisión.

Sin embargo, es poco probable que los legisladores aprueben una legislación controvertida antes de la elección, según políticos y analistas.

Eso significa que los funcionarios deban aplicar leyes y regulaciones que consideran anacrónicas para un problema del siglo XXI.

Estas incluyen códigos penales electorales y de difamación aprobados antes de que existiera el internet, así como una ley de seguridad pública de la era de la dictadura que prohibió la divulgación de rumores con potencial de generar pánico o agitación.

“Esas leyes no son adecuadas para aplicar las tácticas de hoy”, dijo Ricas. “La evolución del internet y la comunicación dificulta que podamos depender de leyes provenientes de las décadas de 1980, 1960 y 1940”, agregó.

La situación legal ha hecho que la consolidación de relaciones constructivas con las empresas tecnológicas sea un pilar del plan.

Empresas de redes sociales como Facebook rechazaron en un principio las acusaciones de que habían sido un vehículo para campañas sofisticadas de desinformación en Estados Unidos en 2016. No obstante, conforme las evidencias se han acumulado, los gigantes de la tecnología han buscado presentarse como participantes proactivos en la lucha contra las noticias falsas.

Tienen un poderoso incentivo para cooperar, pues el tribunal electoral dirigido por el juez Fux está en el proceso de finalizar lineamientos sobre la publicidad en línea. En momentos en que las campañas en Brasil recurren cada vez más a redes sociales que a medios tradicionales para dirigirse a los votantes, eso podía significar una lluvia de ingresos para las empresas de redes.

Pero, con ello, podría involucrarlas en disputas en caso de que surjan noticias falsas. En respuesta, estas compañías se han movilizado y dicen que están haciendo lo que pueden para combatir el problema.

“Las elecciones en Brasil son una prioridad para nosotros y hemos estado tomando una serie de medidas para asegurarnos de que nuestra plataforma le dé voz a la gente, aliente la participación cívica y ayude a reforzar la democracia”, señaló un encargado de prensa de Facebook mediante un comunicado enviado por correo electrónico. “Hemos hecho varias mejoras de producto para reducir el alcance del contenido de baja calidad, eliminar los incentivos económicos detrás de la mayoría de las noticias falsas y darle prioridad al contenido de fuentes confiables e informativas”.

Google, que ha sido objeto de demandas y multas decenas de veces en Brasil como parte de un esfuerzo para eliminar contenido en internet, se ha reunido con funcionarios judiciales para explicar tanto los avances como las limitaciones de sus herramientas de combate a las noticias falsas.

“Aunque hay más que hacer, creemos que las acciones que estamos tomando ayudarán a prevenir la divulgación de información totalmente falsa, engañosa y de baja calidad”, señaló en un comunicado un encargado de prensa de Google.

Los funcionarios de la policía en Brasil han expresado particular interés en WhatsApp, la aplicación de mensajería propiedad de Facebook, que tiene cerca de 120 millones de usuarios activos en Brasil.

Aunque WhatsApp está en medio de una batalla legal ante el tribunal supremo de Brasil por sus prácticas de cifrado, representantes locales de la empresa hace poco les dijeron a los funcionarios judiciales que cumplirían con las órdenes del tribunal que consideren razonables respecto de la suspensión de cuentas que divulguen noticias falsas sistemáticamente.

Aunque los funcionarios del gobierno y los representantes de las empresas tecnológicas dicen que sus intercambios han sido cordiales y productivos hasta ahora, las empresas han dejado claro que no pretenden volverse árbitros de la verdad, sobre todo en una época de profundas divisiones políticas y sociales en el país de América del Sur.

Una encuesta de BBC World Service realizada el año pasado halló que el 92 por ciento de los brasileños expresaron preocupación acerca de poder discernir entre hechos y mentiras en línea, el porcentaje más alto de encuestados en cualquier país analizado.

Sin embargo, sigue siendo materia de debate qué constituye una noticia falsa.

Los dos competidores que van a la delantera —el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, de izquierda, y el congresista Jair Bolsonaro, de derecha— han atacado a los medios de noticias por su cobertura crítica.

Bolsonaro y sus suplentes, por ejemplo, tacharon de “noticia falsa” un artículo en Folha de São Paulo que planteó preguntas acerca de cómo él y su familia podían costear sus propiedades inmobiliarias con salarios de servidores públicos.

Lula es por mucho el principal blanco de noticias falsas negativas en Brasil, de acuerdo con un análisis de Veja, una revista informativa semanal que hace poco publicó un artículo de portada acerca de las campañas de desinformación. Un ejemplo fue un reportaje que afirmó, falsamente, que Lula había dicho que llegaría a la presidencia aunque eso implicara pasar por encima del juez federal que lo condenó por corrupción y lavado de dinero el año pasado.

Bolsonaro es una figura pública poco común en Brasil, pues usualmente es objeto de noticias falsas que lo pintan de manera positiva y no al contrario. Un vocero de Bolsonaro no respondió a la pregunta por correo electrónico acerca de si la campaña considera que el uso de noticias falsas es una táctica electoral legítima.

Marina Silva, una exministra del Medioambiente que está en tercer lugar en las encuestas, hace poco anunció que iba a reclutar a un ejército de voluntarios para desacreditar el tipo de campañas de desinformación que, según ella, frustraron sus dos candidaturas anteriores a la presidencia, en 2010 y 2014. Los artículos falsos divulgados en las redes sociales acerca de Silva antes de esas elecciones incluyeron una afirmación de que, como evangélica, tenía la intención de prohibir los videojuegos, así como una acusación de que sus guardaespaldas una vez mataron a golpes a un hombre homosexual que intentó acercarse a ella.

Aunque hay un acuerdo generalizado entre los brasileños acerca de que las noticias falsas han tenido un efecto corrosivo en la joven democracia del país, algunos se preocupan de las ramificaciones de las severas medidas gubernamentales al respecto. La Coalición Dinámica por los Derechos y Principios de Internet, un grupo de la sociedad civil que se opone a la regulación y la censura de contenido en internet, emitió hace poco una carta pública en la que sonó la alarma acerca de los planes de Brasil.

“Ya hemos visto iniciativas problemáticas y una proliferación de leyes que tienen por objetivo la regulación y el monitoreo activos del discurso en línea, además de delegar la verificación de hechos a las autoridades”, escribió el grupo.

Sin embargo, el juez Fux señaló a la elección estadounidense de 2016 como una advertencia acerca de lo que puede pasar si no hay un esfuerzo por controlar la información falsa.

“En la elección estadounidense, la libertad de expresión fue más importante que las noticias falsas”, comentó. “En nuestro país reconocemos que, aunque puede ejercerse un derecho, también se puede abusar de él”.

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