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Perspectivas

Del asesinato inoportuno al ocaso de los dioses

por Wolfgang Gil

18/10/2018

“Si no esperas, no hallarás lo inesperado.”

Heráclito de Éfeso

Pedro Joaquín Chamorro / Fotografía de La Prensa

Thomas de Quincey escribió un libro de título sugestivo: El asesinato considerado como una de las bellas artes(1827). En su obra, el autor inglés ironiza sobre el homicidio. No es un texto político. Por ello se ha dicho que perdió la oportunidad de satirizar sobre el crimen cuando lo ejercen los amos del poder. Tal vez se haya debido a que, infiriendo en su óptica, matar desde una posición tan ventajosa no representa ningún riesgo.

Los gobiernos autoritarios parecen reconocer tácitamente que no necesitan de un arte para la supresión del adversario. Esta es una consideración estética, y la estética no es algo que se cuente entre sus preocupaciones. Más bien lo consideran una labor práctica, algo así como sacar la basura.No obstante, los dictadores aceptan la ejecución de manera paradójica. Por un lado, necesitan dar a conocer la destrucción de sus contrarios para generar miedo, y a la vez se ven obligados a negarla para evitar las consecuencias que el asesinato trae. Más allá de eso, para ellos es una actividad más bien rutinaria, vulgar.

Las dictaduras necesitan revitalizarse con el sacrificio de sus opositores. En la medida en que pierden popularidad, es necesario asegurar el poder por medio del terror. En este caso siguen al pie de la letra la recomendación de Hitler: “Desmoralizar al enemigo desde dentro, por sorpresa, terror, sabotaje, asesinato. Esta es la guerra del futuro”.

De todas formas, hay algo que no toman en cuenta.Aunque con cada muerte las dictaduras aseguren un poco más su posición, cada homicidio es una apuesta. Puede que alguno de estos crímenes sea la causa misma de su caída.

El asesinato de Chamorro

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (1924 – 1978) fue un periodista, escritor, empresario y político nicaragüense opositor a la tradición dictatorial de los Somoza. Chamorro fue el director del diario La Prensa de Nicaragua, durante la dictadura del presidente Anastasio Somoza Debayle. Por su condición de crítico del régimen, fue asesinado el 10 de enero de 1978.Su muerte fue el detonante que echó por tierra la larga dictadura de los Somoza, la familia que dirigió los destinos de Nicaragua por más de cuarenta años bajo la tiranía y la represión.

Antes del asesinato de Chamorro, el país centroamericano no tenía muchas posibilidades de liberarse de la dictadura somocista. La muerte de este demócrat alogra despertar el rechazo generalizado contra la dictadura por parte de grupos que ni siquiera habían pensado en protestar. La oposición se expresaba de manera tímida, sin organización ni capacidad política para hacer realidad el derrocamiento del régimen. La muerte del director de La Prensa fue la campanada que despertó la conciencia colectiva del país.

Por esas razones, desde 2012, Pedro Joaquín Chamorro fue nombrado de manera oficial Héroe Nacional de Nicaragua, con el título de «Mártir de las libertades públicas». Alrededor de su memoria ha habido un claro consenso sobre su estatura moral, su patriotismo y, sobre todo, su vocación democrática. Dicho consenso trasciende las diferencias políticas e ideológicas. Violeta Barrios de Chamorro, su viuda,ganó la presidencia de Nicaragua (1990-1996) por elecciones libres.

Ante la recaída de ese país en un gobierno corrupto y represivo, la figura de Pedro Joaquín Chamorro aparece como un ejemplo inspirador para las nuevas generaciones de nicaragüenses, quienes se encuentran ante el desafío de restituir la democracia. Tienen ante sí la misión histórica de reconstruir una república fundada en la justicia, la pluralidad y el respeto, por encima de las tentaciones populistas y totalitarias, así como de toda ideología basada en el odio político.

Autoinmolación en Túnez

Túnez padeció a un dictador por 23 años. Zine Abidine Ben Ali: desde 1989 hasta 2011. La población sentía una gran indignación por la actitud arrogante tanto del propio dictador como de su familia, los Ben Ali. El déspota y su camarilla, de forma descarada, instalaron una grosera cleptocracia. No solo saquearon al patrimonio nacional, también se apoderaron fraudulentamente de la propiedad privada: concesiones de telefonía, grandes superficies comerciales, concesionarios de automóviles, compañías aéreas, canales de radio y televisión, bancos. D todo cuanto tuviera valor.

Como en todo autoritarismo, la corrupción campeaba. Si hubiesen tenido alguna forma de premonición, los policías de la localidad de Sidi Bouzid, quizás no habrían tratado de extorsionar al joven Mohamed Bouazizi,y mucho menos confiscar su puesto de frutas y verduras, la única fuente de subsistencia para mantener a su familia. Los policías no se abstuvieron de actuar de forma abusiva. Le quitaron sus posesiones, lo golpearon y humillaron.

Ese acto vil y habitual tuvo consecuencias. La primera fue que Bouazizi, como una reacción desesperada contra los maltratos, se inmoló,a lo bonzo, ante el Ayuntamiento de su pueblo. Segundo, este hecho heroico conmovió al país hasta sus cimientos. El vendedor informal se convirtió en un símbolo entre los jóvenes y comerciantes tunecinos.Tercero, el hecho desató una cadena de protestas a nivel nacional. Ante tal ola de descontento nacional, el dictador tuvo que huir del país.

Bouazizi tenía la edad de 26 años cuando se sacrificó. Se había graduado en informática. Estaba desempleado, como buena parte de la población tunecina y la mitad de los jóvenes de los países árabes. Atormentado por la imposibilidad de encontrar trabajo mientras el precio de los alimentos se elevaba constantemente,la confiscación ilegal de su puesto de verduras le llenó de una profunda frustración.

Bouazizi no murió inmediatamente. Estuvo hospitalizado, sufriendo por las graves quemaduras, por casi un mes. Falleció el 5 de enero. Ya se le consideraba héroe nacional antes de morir. Pocas veces en la historia, el sacrificio de un hombre humilde,anónimo, ha terminado con un gobierno autocrático que había usurpado el poder durante más de veinte años.

Bouazizino es el único mártir en ese país en la lucha contra la opresión, pero la simbólica inmolación de ese pobre vendedor ambulante quedó impresa en el imaginario como el detonante que derribó una cruel y corrupta dictadura. De esta forma, comenzó una nueva época democrática para Túnez, país que destaca entre sus vecinos árabes por su régimen de libertades.

Del terror al punto de quiebre

Durante la década de los setenta y ochenta, varios países latinoamericanos estuvieron gobernados por dictaduras militares donde se violaron sistemáticamente los derechos humanos. En dicho período tuvo lugar la llamada “guerra sucia”, en la que intervinieron agentes de Estado y grupos paraestatales manejados desde el poder. Esto se engloba dentro del concepto de “terrorismo de Estado”.

Los legisladores han tenido problemas para definir el terrorismo de Estado. No es un concepto jurídico ni se encuentra claramente definido por algún instrumento internacional. Es una evidencia empírica e histórica que a través del Estado se pueden cometer delitos e infundir terror profundo en la población, con el propósito de imponer la autoridad tiránica.

El terror puede hacer parecer a las tiranías como dioses invencibles. Pero la soberbia de los tiranos, en ocasiones, se encuentra con una forma de ‘efecto mariposa’, el pequeño cambio que puede producir catástrofes. Un dicho popular lo traduce como la gota que rebasa al vaso. Puede que algún crimen político incida en un punto de quiebre y dé como resultado un giro sorpresivo. El rayo que derriba la torre en la que se refugian los falsos ídolos.


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