PolíticaEntrevista

Fernando Spiritto: “Esta es la hora del liderazgo”

por Hugo Prieto

Fernando Spiritto retratado por Roberto Mata

26/11/2017

Después de la aplastante derrota del 15-O, muchos venezolanos de oposición decidieron pasarse un swiche. Unos le dieron vacaciones sin retorno a la política, otros se metieron en su carpa hindú y hubo quien hizo suya la conseja no juego más y boto tierrita. De ahí que las elecciones municipales del próximo 10-D, sean tan parecidas a las del pasado 30-J. Es decir, una fiesta del chavismo a la que se invitó a los opositores que sólo conciben la política como un mero hecho electoral.

Pero los grandes temas —el perfeccionamiento de la dictadura, el apabullante control social y la institucionalidad al servicio del Ejecutivo— siguen allí, basculando entre un gobierno autoritario y una oposición fracasada. Son temas tan importantes que no sólo se pueden dejar en manos de los políticos. Fernando Spiritto, politólogo (UCV) con maestría en Políticas Públicas (Universidad de Georgetown, EE.UU) y doctorado en Competitividad Empresarial y Desarrollo Económico (Universidad de Deusto, país Vasco), dice que la línea de defensa que puede detener la deriva totalitaria del chavismo es una tarea que no puede eludir la sociedad venezolana. “Esta es la hora del liderazgo”, agrega el también profesor de la UCAB, en clara referencia a la ventana muy pequeña, pero ventana al fin, a través de la cual pudiera producirse el cambio político, siempre y cuando sea pacífico, constitucional y electoral. De esta posibilidad, por remota que sea, no se salva nadie.

¿Cómo caracterizaría el momento político actual de Venezuela?

Básicamente es la construcción de un régimen autoritario, que cada día se perfecciona más. De Hugo Chávez podrás decir muchas cosas, pero su directriz esencial era acumular el poder y esa directriz estuvo presente en todo su mandato. En cambio, la de Nicolás Maduro es la permanencia en el poder a cualquier precio. A Maduro no le importa el costo, no le importan las consecuencias, por un problema de sobrevivencia. El chavismo madurismo no se ve en la oposición, no sabe ni puede. El conjunto de facturas que tiene la sociedad venezolana con el chavismo, prácticamente hace inviable que ellos pasen a la oposición. Además, política y culturalmente, diría que no tienen una formación democrática, no saben lo que es el estado de derecho ni respetan los lineamientos liberales que guían a la democracia desde hace 200 años. Por consiguiente, al chavismo madurismo no le queda otra alternativa que huir hacia adelante, en una carrera desordenada en la que ellos están dispuestos a hacer cualquier daño, con tal de permanecer en el poder.

En esa huida hacia adelante, hay una visión del poder desde el Estado que le impone a la sociedad esos costos, cuyas dimensiones son inconmensurables y trágicas. ¿Cuál sería la tonalidad de la crisis si esa visión del poder se mantiene?

Esto, llevado al extremo, termina en una guerra civil. No tengo la menor duda. Ojalá que no lleguemos a eso. Ahí todo dependerá de que la oposición, y no digo la política sino en términos generales la de todo el país, logre construir una valla efectiva que detenga ese poder. Espero que no lleguemos al extremo último, a la bomba atómica que es la guerra civil. La idea es muy clara construir esa valla política, que en este momento está destruida, que es la oposición y evitar que esta dictadura en construcción y en perfeccionamiento logre su objetivo. Yo pienso que el chavismo está en la etapa superior del populismo, que es el llamado Estado predatorio. Es decir, un sistema político construido alrededor de unos pocos individuos, cuyo objetivo es sacar, sacar y sacar… sacar y redistribuir para mantenerse en el poder. Lo que pasa, en el caso de Venezuela, es que lo que hay para sacar, prácticamente, se agotó, por tanto la base de sustento clientelar se ha reducido considerablemente y el gobierno echa mano de la única opción que queda: la represión.

No quiero dejar pesar el tema de la guerra civil, porque cíclicamente se ha hablado de ese asunto. “Ojalá no pase, estamos cerca, puede ser, no lo sé”, esas son, digamos, algunas de las cosas que se han dicho. Había rendija, ciertamente precaria y contaminada, para la política…

… la política entendida como reconocimiento a la pluralidad, a la negociación y a la legitimidad del adversario.

Sí, a esa idea me refiero, el punto es el siguiente. ¿A estas alturas hay posibilidades de hacer política?

En la medida en que la oposición plantee una demanda seria ante el gobierno, siempre habrá espacio para la política, entendida como negociación y reconocimiento del otro. El problema es que los factores de oposición, hablemos de la MUD, están inmersos en una crisis severa, no digo nada nuevo al respecto, yo diría que prácticamente están destruidos. ¿Cómo tienen que reconstituirse? Algunos plantean que sea por arriba. Es decir, organizando unas primarias, nombrando a un líder, que es el que va a representar a toda la oposición y va a plantar cara frente al gobierno. Eso puede ser válido, pero yo pienso que la reconstrucción tiene que ser desde abajo. Eso significa que la MUD tiene que reconstruir su maquinaria, maquinaria que alguna vez fue muy eficiente, garantizó el triunfo del 15-D (elecciones parlamentarias), pero que hoy está destruida. La maquinara es la que va a evitar que nos confisquen los votos. Esa es la única manera que se tiene de demostrar que efectivamente se ganó en las mesas, para que eventualmente el gobierno se siente a negociar y comience una transición.

Fernando Spiritto retratado por Roberto Mata

Andrés Velázquez tenía las actas en la mano y el CNE desconoció su triunfo en las elecciones regionales y no ha pasado nada. La MUD, más allá de lamentarlo, ni siquiera ha hecho demostraciones, acciones políticas, alrededor de ese punto. Esto, de alguna manera, contradice lo que acaba de expresar. ¿Cuál sería la razón que me lleve a pensar que se pueden contar los votos, si tenemos este antecedente?

La demostración en Bolívar estuvo focalizada, yo no sé si Velázquez tenía o no una maquinara poderosa. No lo sé, pero de lo que sí estoy seguro es que en el resto del país, esa maquinaria no existe. La idea de tener una maquinaria poderosa es que no solamente esté concentrada en un estado, en un área, en un municipio, es que sea nacional, como la que se tuvo en 2015. Y es ahí, precisamente, el problema que yo veo actualmente; esa unión por debajo, ese ejército electoral, esa coordinación logística, esa comunicación constante de la maquinaria, ya se perdió. Y si se quiere demostrar fraude, por ejemplo, se necesita esa maquinaria. Así de sencillo.

La oposición ni siquiera tenía esa maquinaria en el estado Miranda.

Ese es el temor. Es lo que yo creo, pero no lo puedo demostrar con cifras. Mi impresión es que, sencillamente, esa maquinaria no existía o estaba disminuida, en comparación a la que se tenía en diciembre de 2015. Claro, además de la maquinaria, se requieren otras cosas, la unidad política en el terreno, la motivación de los militantes a que estén en las mesas, mucha gente se ha ido del país, por poner un ejemplo.

Yo tengo la impresión de que los políticos siempre toman el camino más corto, entre otras cosas, porque es el más fácil. Eso no sería censurable en términos pragmáticos, en este caso, se acuerda la elección primaria, el nombramiento del líder, y los partidos políticos se ahorran tiempo, esfuerzo, a la vez que sortean amenazas, dificultades y ruido a lo interno.

Ese es mi temor, eso no va a funcionar.

¿Por qué lo dice?

Porque la unión tiene que ser desde abajo. Además, hay que ir un paso adelante. No solamente es la construcción de una maquinaria para asuntos electorales, sino también es la motivación de la gente. El liderazgo en el pleno sentido de la palabra. Hasta 2015, la MUD tenía una vocería que lucía unidad y la gente, por lo tanto, estaba motivada. Después del fiasco de las protestas del primer semestre, esa motivación se perdió y, además, no existe el liderazgo que entusiasme nuevamente a esa gente. Allí son como dos capas. Una, la capa electoral, de la maquinaria y la organización y dos, la capa de la motivación que es responsabilidad directa del liderazgo. Eso yo no lo veo en este momento. ¿Eso significa que no se va a cobrar en el futuro? No necesariamente es así. Vendrán unas primarias y con ellas un líder legitimado y fuerte. Pero en este momento no lo veo, si primero no hay una unión por debajo.

Todos los procesos políticos requieren tiempo y son lentos. Las elecciones presidenciales son en 2018, pero la Constitución no señala el mes, pueden ser en marzo o en febrero. Si se realizan en febrero, no hay tiempo para la maquinaria y mucho menos para la motivación, porque la gente, literalmente, está arrecha.

El tiempo juega a favor del gobierno, sin lugar a dudas. Ahora, yo creo que los factores de la oposición están perfectamente claros. Sería muy decepcionante, si ellos no estarían planificando en función de eso. Están contra reloj y, por lo tanto, ellos saben que en cuestión de semanas tienen que tener la salida de las primarias, si es necesario, deben tener un programa común y una estrategia de comunicación. Esos tres elementos tienen que construirse sobre la marcha. Si no lo hacen ahora, aquí puede amanecer con otros seis años de chavismo.

¿No hay tiempo para las Navidades?

No hay tiempo. Al menos el liderazgo no lo tiene. El liderazgo tiene los días contados. La ventana de oportunidad es muy pequeña. Esas decisiones tienen que tomarse ahora, en diciembre. Las elecciones podrían ser inmediatas, así es como el gobierno está jugando ahora. No darle tiempo al adversario para que se reorganice.

Este bateador de la oposición se ha ponchado varias veces, ¿Por qué ahora va a meter un jonrón?

No lo sé, realmente no lo sé. En la política hay mucho azar, en política hay sorpresas. A veces son maniobras osadas. Bueno, esperemos una sorpresa.

Insisto. La oposición ha cometido errores muy gruesos, ¿por qué vamos a esperar otra cosa distinta?

Porque lo que está en juego es muy grande, la esperanza es lo último que se pierde. Y lo que está en juego en Venezuela es la consolidación de una dictadura. No me cabe la menor duda. Ante esa perspectiva tan grave, tan seria, lo que queda es confiar en el liderazgo y que tome medidas inmediatas. Yo no veo otra cosa. O el escenario de la guerra civil, que sería peor. Indeseable, extremo.

Fernando Spiritto retratado por Roberto Mata

La guerra civil está en la psiquis del venezolano. En el Decreto de Guerra a Muerte, en la Guerra Federal. De eso habló Mariano Picón Salas. No subestimemos ese sustrato cultural.

Yo hablo de guerra civil porque cuando se cierran todos los canales de participación, la política busca otro cauce, digamos, un canal distinto, adicional. Venezuela, en ese sentido, no es distinta a otros países, donde han ocurrido estas cosas Se cierran los canales y el agua estalla o sale por otras vías.

Vamos a hacernos una pregunta, ¿aquí no podrían aplicar el modelo sirio? Un gobierno aislado, pero que tiene el apoyo de países muy importantes. Una sociedad decepcionada, sin opciones políticas y desesperada. Ese es el caldo de cultivo donde prospera la guerra civil.

Claro, modelo sirio o modelo centroamericano de los años 80. Ahora, estas cosas son más fácil decirlas que hacerlas. Estamos en otros tiempos. Ya terminó la guerra fría. Venezuela es un país más diverso. La comunidad internacional no responde a polos de poder. No hay la disciplina que daba la guerra fría. Por lo tanto, pensar que podemos llegar a un escenario tipo sirio o centroamericano, me parece lejano, sería terrible. No lo veo en el horizonte. Lo que si veo es que, progresivamente, habrá una mayor intervención internacional, ahora con la crisis económica y el posible default entran nuevos actores en la liza política y el escenario se puede complicar al máximo. Un default puede hacernos mucho daño, tanto al gobierno como al país en general. Pero de allí a llegar a un escenario sirio, no lo veo en el corto plazo.

¿No incurre en una contradicción cuando dice que podemos llegar a una guerra civil?

Lo digo como una posibilidad lógica, cuando se cierran los canales, la política busca otros cauces.

Avanza el diálogo en República Dominicana, pero la pregunta que uno se hace es la siguiente: ¿La oposición tiene una agenda?

Tal vez tengan una agenda, un plan coordinado, pero la oposición no va a llegar a ninguna parte. Yo de eso estoy convencido. Y lo digo porque la prioridad absoluta del gobierno es permanecer en el poder. Negociar es dar y recibir y el gobierno no va a dar absolutamente nada. Esto, simplemente, es ganar tiempo y vadear la tormenta. Pero el gobierno no tiene ningún incentivo, al menos en este momento, para ceder en cosas específicas. Cualquier punto en que el gobierno ofrezca algo es disminuir su poder.

Usted dice que Venezuela es un país vulnerable al tema del default. ¿No necesita el gobierno resolver, aunque sea parcialmente, la crisis económica para impedir que esa amenaza se concrete? Ese no sería un incentivo para negociar. Por otro lado, tenemos a una oposición derrotada, que no tiene capacidad para imponerle nada al chavismo. Si a ver vamos, el gobierno tendría más interés en el diálogo que la propia oposición.

Partamos de lo que se le está pidiendo al gobierno. Son cosas muy sencillas, pero que son su talón de Aquiles. ¿Cuáles son esas cosas? Transparencia electoral, cambios en el CNE, reglas mucho más claras, que los venezolanos que viven en el extranjero puedan votar. Es decir, una serie de demandas que garanticen que el voto sea una expresión libre. Pero esas demandas, como un todo, equivalen a la pérdida de poder y ellos no van a aceptar bajo ninguna circunstancia. Lo que se pide es muy sencillo, muy justo, pero para ellos es mortal.

Lo que vimos el 15 de octubre fue una demostración muy poderosa de control social que, entre otras cosas, sirve para ganar elecciones, para perfeccionar una dictadura o para imponerle un proyecto político a una sociedad. Si no se discute el tema electoral, si no se discute el tema del control social, creo que no se va a conseguir absolutamente nada. ¿Usted que cree?

Estoy de acuerdo. Es un gobierno autoritario y con un poder represivo como pocos en la historia reciente de este país. Pero yo insisto, ¿Cuál es el límite de ese poder? Es el límite electoral. En algún momento ellos tienen que hacer elecciones libres por presión internacional; en algún momento, la ANC, por ejemplo, tiene que disolverse; en algún momento ellos tienen que reconocer las demandas electorales que se le están haciendo y ese será, digamos, el momento de la verdad para ellos.

Fernando Spiritto retratado por Roberto Mata

Tenemos una oposición que no tiene tiempo y que viene de una derrota muy significativa, ¿Por qué no se concentran en la demanda electoral? ¿No sería esa la tarea, tomando en cuenta que el señor Maduro y no el CNE, es quien fija la fecha de las elecciones presidenciales?

No debemos descartar que la oposición se concentre en esas demandas. Espero que sea así cuando empiecen las negociaciones en República Dominicana. De lo contrario, sería un disparate histórico. El tema electoral es vital por muchas razones. Si en Venezuela va a haber un cambio político, tiene que ser electoral. Obligatoriamente. ¿Por qué? Por muchas razones, entre otras, porque el ajuste económico que está planteado va a requerir el apoyo de países amigos y de todas las instituciones internacionales. Sólo un gobierno legitimado podrá sacar provecho de toda la institucionalidad internacional.

Un vocero de la oposición dijo en República Dominicana que estarían dispuestos a apoyar medidas económicas que pudiera tomar el gobierno. ¿Antes de las elecciones presidenciales? Si son capaces de hacer eso, que digan de una vez que van a ser oposición de aquí a la eternidad.

Si lo dijo así fue un gran error, porque ese es un costo que tiene que pagar el que causó este desastre. Ciertamente, si la oposición intenta asumir, ayudar o meter el hombro allí, bien tonta es, ¿no? La otra pregunta es: ¿A cambio de qué? ¿Qué le va a dar el gobierno a los factores democráticos a cambio? Si estamos hablando de plena transparencia electoral, cambios en el CNE, observación internacional, el voto de los venezolanos en el exterior, valdría la pena escuchar lo que ellos tienen que decir. Lo otro es la estrategia económica. Pero este gobierno no tiene propuestas de cambio. Está casado, irremisiblemente, con el estatus quo económico. Mientras este gobierno esté en el poder, ésta será la situación económica. Ya estamos en medio de una hiperinflación. Hay demasiado sufrimiento acumulado. La gente está pasando penurias en límites que uno nunca pensó. Por lo tanto, eso debería ser tomado en cuenta en las reflexiones de la oposición. Pero la salida tiene que ser electoral, no veo otra.

Sí, aunque uno piense, cada vez más, que está más lejos.

Electoral o político negociada, no lo sé. Allí hay un espectro muy grande de posibilidades. Pero tiene que ser una transición ordenada, relativamente pacífica, que le dé al nuevo gobierno legitimidad para negociar el programa severo de ajuste estructural que debe aplicarse de manera inmediata.

Digamos, y me pongo de ejemplo, que yo soy un ciudadano consciente de la hora que estamos viviendo. No encuentro ninguna razón para el entusiasmo. Ir a votar ya se convirtió en una conducta pavloviana. Y como yo está mucha gente.

A mí me preocupa, pero cómo diríamos, esta es la hora del liderazgo. No sé cuál liderazgo ni quien, pero precisamente, la idea de motivar es responsabilidad del liderazgo. Si ellos no son capaces de motivar a la gente, entonces, no lo merecen. Y más, liderazgo que tiene poco tiempo. Tiene que caer y correr, porque las elecciones ya vienen y el riesgo es seis años más de lo mismo.

¿Qué cree que pasaría si esa posibilidad —seis años más de chavismo— se concreta?

Seis años más de chavismo implicaría o un cambio radical en su política, en su ADN político, o un colapso en los próximos meses. Esta situación, sencillamente, es inaguantable. En hiperinflación no se sabe qué va a pasar. Lo único que yo sé es que quien lleva las de perder es el gobierno. Eso me lo dice la historia.


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