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Valentina Quintero: “No voy a dejar que me quiten la posibilidad de viajar por Venezuela”

por Luisa Salomón

Fotografía de Iñaki Zugasti | RMTF

22/12/2018

Valentina Quintero tenía 10 años la primera vez que se montó en un avión para viajar a la tierra más antigua del planeta: el parque nacional Canaima, hogar del pueblo pemón. Esa vez viajó con sus padres y sus cuatro hermanos. Era 1964.

Volvió muchas veces. Más de diez. No recuerda cuántas. Sabe que fue después del nacimiento de su hija Ariana, para que conociera Canaima desde pequeña. Sabe que fue varias veces en las décadas de 1990 y 2000, como presentadora de Bitácora, la serie documental que transmitió RCTV entre 1994 y 2007. “De verdaíta les digo, amanecer en la Gran Sabana es la evaporación de todas las mortificaciones del cuerpo y el alma”, decía con los tepuyes de fondo en uno de esos episodios grabado en Kavanayén.

Bitácora era un programa que promovía el turismo nacional, informaba cómo llegar y en qué sitios hospedarse para conocer Venezuela. Sus camionetas blancas rotuladas eran reconocidas en todo el país. “Podíamos andar por un páramo dentro del parque nacional Sierra Nevada o metidos llano adentro en una finca por Apure y la gente sabía quiénes éramos nosotros. La Guardia Nacional casi que nos ponía alfombra roja para que pasáramos”, recuerda. Así se convirtió en la referencia del periodismo turístico en Venezuela.

Cincuenta años después de su primera visita, en 2014, volvió a Canaima con dos de sus amigas. Celebró su cumpleaños 60 acampando y recorriendo toda la Gran Sabana. Ese año comenzaron sus denuncias. El parque no estaba bien. Aunque es una zona protegida, había agua contaminada y minería. El gobierno negó sus acusaciones, pero ella insistió. Tiene una visión muy clara de cómo deberían manejarse las cosas: acabar con la leyenda del Dorado, la riqueza de Canaima no está bajo su superficie sino en su diversidad natural.

Regresó en octubre de este año. Sus mortificaciones ya no se evaporaron como antes. Retomó la denuncia contra la minería, esa vez con videos. Vio curiaras llenas de gasolina para las minas. “Había más balsas que nunca”, recuerda. Están minando en el macizo del Auyantepui, advirtió. Ya están cerca del Salto Ángel.

Tres semanas después de que la BBC la incluyera en la lista de las 100 mujeres más influyentes del mundo, un consejo de caciques pemones la declaró persona non grata en el parque. Una parte de los indígenas practica la minería y reclama que Valentina, con toda su influencia, no se pronunciara por el asesinato de un pemón a manos del gobierno en una operación militar. Por ahora no puede volver.

Su carrera se ha transformado. Sigue promoviendo el turismo, pero también reclama por lo que encuentra. Ya no tiene la misma libertad para llegar a todas partes, pero insiste en recorrer el país. Se adapta y defiende la agenda del turismo de una nación en la peor de sus crisis.

 

La situación del país te ha llevado a hacer un periodismo de denuncia.

Durante todos los años que hemos estado trabajando en esto hemos denunciado cuando hay problemas en los sitios. Ahorita cuando estuvimos en Paria, y desde que vamos, hay una denuncia que nosotros hemos hecho muy firme sobre el narcotráfico en la península.

En San Juan de las Galdonas.

En San Juan de las Galdonas. Eso es muchísimo más reciente. Hace cinco o seis años viajamos en peñero hasta Uquire, San Francisco, Pargo, Mejillones, toda esa costa. Fuimos este año y no pudimos ir más allá de Querepare. No pudimos entrar a San Juan. El narcotráfico no lo permite. Punto. Son la ley. Con armas largas no te dejan entrar. Le pregunté a un amigo nuestro de allá si no podíamos verlo ni siquiera en Querepare y me dijo “nadie puede saber que yo te veo, porque tú eres periodista”.

Fíjate que el gobernador de Sucre [Luis Acuña], el profesor este, pobrecito, no había hecho nada y lo único de verdad juicioso que hizo fue decir que la península de Paria estaba tomada por el narcotráfico. Al día siguiente no era gobernador.

En relación con la minería en Canaima nosotros hemos hecho denuncias desde hace años. Si haces un sobrevuelo al Salto Ángel ves las minas, las balsas. Antes no las veías porque salían de noche. Los day tours salen a las cinco de la mañana, pasan todo el día allá y regresan en la tarde. Ellos no salían mientras sabían que estaban pasando las curiaras (de turistas). Salían después.

En octubre estábamos allá y vimos una curiara llena de gasolina entrando en Ahonda, donde nunca había habido mina. ¿Cómo no íbamos a hacer esa denuncia? A mí de verdad me preocupó muchísimo.

¿Esa denuncia fue la que llevó a que este consejo de caciques pemones te declarara persona non grata en el parque?

Eso fue ahora. Todas las otras veces que habíamos denunciado la mina allá, no. Pero hubo ese operativo militar que el gobierno reconoce dos días después, justo el mismo día que nosotros hacemos la denuncia en Instagram, con imágenes. Eran una manera de decir “discútelas pues, ahí las tienes. Esa es la mina de Campo Carrao”.

Toda la opinión (pública) estaba atenta a lo que había ocurrido allí. Claro, se volcó hacia el «este gobierno que se mete allí, que mata a un indígena, que se mete de esta forma». El primer día no salió nada acerca de que aquello tenía que ver con la mina. Los pemones sacan un primer comunicado diciendo que mataron a un indígena, que no ha debido ocurrir, pero en ningún momento dicen que eso tiene que ver con la mina.

La primera información que sale diciendo que lo que hay detrás de todo este zafarrancho es la mina es la que nosotros publicamos. La persona non grata soy yo porque hablo de la mina. Yo digo allí que de acuerdo con sus creencias eso está totalmente prohibido. No necesariamente porque sea parque nacional, no necesariamente porque sea Patrimonio de la Humanidad, es porque de acuerdo con sus creencias ancestrales, todos sus antepasados, sus dioses, los tepuyes son sagrados. No se pueden profanar. Durante muchísimos años ni siquiera se pudo entrar. Muchísimos pemones han estado en contra de que se escalen siquiera. Las aguas son de las cosas más sagradas. Corresponde a las mujeres su protección. Algunos de ellos están acabando sus propias aguas, las están llenando de mercurio.

Además, de acuerdo con la ley, con la Constitución, le corresponde a las Fuerzas Armadas velar por el territorio. Está dentro de la Constitución la protección del medio ambiente.

Los pemones, es verdad, son los habitantes originarios del parque nacional Canaima, los primeros que lo tienen que proteger. Pero el parque nacional Canaima no es propiedad del pueblo pemón. El parque nacional Canaima es de todos los venezolanos por igual. Y ellos tienen una mayor responsabilidad como habitantes originarios para la protección de ese parque. Es como que nosotros nos fuésemos al Ávila a talarlo porque somos caraqueños y eso es de nosotros. ¿Cuál es la diferencia? Los apureños con el [parque nacional] Aguaro Guariquito o los falconianos con los Médanos. Me saco la arena de los Médanos y me la traigo porque esa vaina es mía. Eso no puede ser.

Lo que ellos me reclaman es que no tuve ningún pronunciamiento de solidaridad y de pésame por el indígena que habían asesinado. Te confieso que es verdad. Yo he debido decir eso, he debido solidarizarme con ellos en ese caso y no lo hice. Se me pasó. Pero eso no justifica que ellos tengan esa cantidad de años trabajando la minería ahí.

A mí me consta que cuando estuvimos en octubre allí estuvieron el ministro de Minas, el ministro de Ambiente, el día anterior había ido la ministra de Turismo. Después se hicieron unas mesas de trabajo. Ellos, los pemones, aseguran que desde hace muchísimos años están tratando de llegar a acuerdos, buscando la manera de que no se trabaje la mina. Pero ahora creo que se le fue de las manos porque lo permitieron. Entre los mismos pemones hay un grupo que no está de acuerdo.

 

Hay un Consejo de Caciques pemones que de alguna manera defienden o reivindican su derecho a minar, pero por otro lado comentas que hay capitanes de los pemones que no están de acuerdo con la minería.

El capitán de la comunidad de Canaima no está de acuerdo, el capitán de la comunidad de Kamarata tampoco está de acuerdo. Hay montones de pemones que no están de acuerdo.

Pero en este momento, si matan a un indígena, entonces todos los pemones se unen hasta que se haga justicia por ese pemón que fue asesinado en el operativo. Hay muchísimos pemones, muchos que son básicamente mineros -los de Paúl, los de Urimán- que ahora están en Canaima. Se fue todo el mundo para allá a defenderse de un ataque.

La vida en estas comunidades se ha hecho muy difícil. Es verdad que ancestralmente ellos vivieron del conuco, pero eso es totalmente utópico ahora. Hay una nueva generación que ha tenido cerca un proceso de transculturización. Ellos saben que existen los teléfonos inteligentes que tienen internet, la música. Todo eso ha entrado dentro de la comunidad. ¿Cómo acceden ellos a eso? Cuando llega la mina, llega esa convicción de que en un momento te puedes convertir en millonario. Eso pasa en todas partes del mundo.

¿Qué efecto más allá del impacto ambiental, que es evidente, ha dejado la mina en el parque?

La economía de la mina. La mina fija los precios. Un tambor de gasolina, que tiene 200 litros, se puede vender en varios gramos de oro. Si la mina está dispuesta a pagar 40 gramas, 50 gramas, ese va a ser el precio. Lo que se pague en oro va a ser el precio de la harina, del aceite, de todo.

Si no trabajas en la mina, ¿cómo lo pagas? Además el turismo bajó considerablemente. Allí había varios campamentos operados por pemones. Esos campamentos fueron cerrando y ellos se fueron a las minas. Cuando empieza a bajar el turismo, la gente va a los campamentos que tienen allí una cantidad de años, que tienen más comodidades, que te dan más certeza.

Los pemones estaban acostumbrados a vivir del turismo y era básicamente eso lo que los mantenía. Fíjate que en Kamarata el capitán de la comunidad nos dijo cuando fuimos en octubre: “Aquí en Kamarata nunca hemos visto un bolívar soberano. En todas partes, donde tú preguntes, el precio va a estar fijado en gramas. Tuve que dejar que abrieran una mina. La comunidad en las dos primeras reuniones no estuvo de acuerdo, a la tercera reunión hubo que aceptarlo, porque no tenían otra manera de pagar”.

Abrir esa mina implica aumentar los riesgos asociados a la minería, como la violencia, la inseguridad.

En Kamarata es una cosa controlada, es una comunidad más pequeña y hubo un acuerdo colectivo para hacerlo. Pero la mina de Campo Carrao ya es muy grande. En las otras minas dentro del parque ya se ha metido más gente.

Nosotros tenemos un ejemplo reciente en el Caura. Ese es uno de los ríos más importantes, afluente del Orinoco, ahí empezaron los indígenas Yekuana a trabajar con el turismo. Llegabas al Playón, acampabas allá. Se metió la mina y ahora ahí no puede entrar nadie. Ese es un pueblo minero donde desplazaron a los Yekuana. Quedaron los Saname. Allí hay prostitución, violencia, destrucción del medio ambiente. ¿Vamos a dejar que eso mismo pase en Canaima?

Los pemones pueden ser como treinta mil. Hay una minoría del pueblo pemón que de verdad está metido en la mina. También puedo decir que los aliados son grupos mafiosos que son los que pasan el combustible y los pemones les pagan en oro. También hay que ir contra eso.

Comentabas que cuando hacías Bitácora eran recibidos en todas partes. Ahora cuando fuiste a San Juan de las Galdonas no pudiste llegar. ¿Es la primera vez que te cierran las puertas de un destino en Venezuela?

No. Nosotros hemos tenido problemas en esta temporada, desde que hacemos Dos de viaje, para grabar en los parques nacionales. Durante los 15 años que hicimos Bitácora tuvimos un acuerdo con el Instituto Nacional de Parques. Para grabar en un parque nacional tienes que tener permiso y pagar. Teníamos un acuerdo donde nosotros hacíamos una precompra de parques a principio de año. Eso no ha habido manera de tenerlo ahora con Inparques. Sin embargo, hemos grabado en los parques nacionales. En Canaima nos dieron permiso los capitanes pemones.

Quisimos grabar en Isla Larga, en el parque nacional San Esteban en Carabobo, y nos dijeron que si llegábamos a entrar nos quitaban la lancha y los equipos. No pudimos hacerlo. En otras partes hemos entrado, los programas han salido y no ha habido ningún tipo de sanción ni nada. Pero es de esa forma como funcionan las cosas. Siempre estás como en el filo de la navaja. No solamente nosotros tuvimos siempre el apoyo de Inparques, tuvimos un apoyo inmenso de la Guardia Nacional mientras hacíamos Bitácora. Nosotros fuimos al Alto Orinoco, donde ahora no se puede entrar casi. Nos llevó un avión de la Guardia Nacional, desde Puerto Ayacucho a La Esmeralda, y nos buscó un avión de la Guardia Nacional en San Carlos de Río Negro.

Hace poco quisimos entrar al Castillo Libertadores en Puerto Cabello. Esa es una base militar. Nos recibió el almirante de la base y nos sirvió de guía. Eso fue el año pasado. El trabajo que nosotros hemos hecho durante más de veinte años lo reconoce el gobierno y lo reconocen los militares. Lo respetan. Eso ha sido un apoyo en bastantes circunstancias. Antes era mucho más abierto, ahorita es más solapado, pero lo sigue habiendo.

¿Alguna vez has sentido miedo en tus viajes?

Yo te confieso que no. Probablemente antes yo agarraba mi camioneta y me iba sola para Apure, a Zulia. Ahorita puede ser que lo piense un poco, sobre todo irme sola.

Cuando cumplí 60 años me fui a la Gran Sabana con dos amigas. Atravesamos todo eso. Nos fuimos para allá y acampamos en todas partes. Solas de toda soledad, en puros sitios donde no había nadie. En ningún momento sentí miedo.

En julio me fui a Río Caribe con una amiga mía, manejando. Atravesamos todo el Oriente del país y llegamos como a las cuatro de la tarde. Nos paramos en Carúpano a comprar unos delantales porque íbamos a hacer un curso de chocolates. Nos quedamos en Pui Puy y no había nadie. Estábamos nosotras en una cabañita y el señor que atendía la posada. Yo te juro que en ningún momento sentí miedo allí.

Pienso que con todo lo que nos han quitado no voy a dejar que además me quiten la posibilidad de viajar por Venezuela, de mostrarla y compartirla. Estamos grabando la tercera temporada de Dos de viaje y viajamos todos en un carro. Vamos para todos lados y no viajamos con carro blindado, no viajamos protegidos, no viajamos armados. Sí tenemos como norma, desde que hacíamos Bitácora, el no viajar de noche por seguridad y también porque lo que queremos es ver. Pero claro, ahorita hay mucha más aprensión. Le pasa cualquier cosa a mi carro y tengo que parir para conseguir un repuesto. Hay una cosa evidente de logística que lo hace más complicado, pero eso no significa que vamos a dejar de viajar.

Acabas de lanzar la app de la guía, dejaste tu programa de radio y te vas a dedicar a viajar definitivamente. ¿De verdad crees posible hacer turismo en la Venezuela actual?

Es más complicado, pero claro que se puede hacer. Probablemente si vives en Ciudad Bolívar, coger para Margarita es un rollo, o irte para Mérida. ¿Cuánta gente vive en Maturín que probablemente nunca haya ido a la Cueva del Guácharo? ¿Cuánta gente vive en Cumaná que a lo mejor nunca se le ha ocurrido ir a Paria? En este momento parte de nuestra resistencia activa es convertirnos en los mejores guías de nuestra región.

Nosotros estuvimos en Yaracuy, fuimos a Aroa, y ahí hay un grupo que son los «caminantes del cobre». Resolvieron empezar a conocer todas las cascadas y los ríos. Llevan grupos a visitar. Cojedes siempre ha sido un estado como que… ¿quién va a coger para Cojedes como pa’qué? Allá hay unos chamos, fuimos con ellos a un río por el que caminas como dos horas en un parque nacional y llegas a un salto, una cosa impresionante que parece que estuvieras en el Auyantepui. La gente se ha dedicado a conocer su zona, por esas mismas condiciones.

Por primera vez en la historia de Venezuela el turismo hace falta. Este gobierno destruyó la industria petrolera, estamos produciendo cada vez menos petróleo, el precio del petróleo se va cada vez más para abajo, cada vez habrá más energías alternativas. Nosotros tenemos el turismo y nunca se le ha hecho caso. Es mucho más complicado, tiene más competencia posicionarse como un destino turístico que como un país petrolero, que es lo que hemos sido desde principios del siglo XX.

Yo estoy totalmente convencida de que cuando finalmente podamos empezar a abrirnos al mundo, todo el mundo nos va a querer visitar. Tenemos que estar preparados para recibir a esa gente y para vivir del turismo por primera vez en la historia.

Nosotros no queremos ser Curazao, no queremos ser Aruba. Eso ya existe, ya está, ya se conoce. Nosotros queremos ser ese destino experiencial, cálido, novedoso. Que cuando llegues a Margarita puedas ir a ver a los grupos musicales locales en taguaras en cada pueblo. Tenemos un valor que no hemos trabajado nunca. Si vas a Lara, que puedas ver un Tamunangue, que se organicen grupos para ir a El Tocuyo el 13 de junio a ver cómo salen; que vayan el 28 de diciembre a ver los Zaragozas en Sanare, que vayan a la Vela de Coro. Nada de eso se ha hecho. Imagínate cuando eso se empiece a hacer. En lo que nosotros nos podemos convertir en América.

Tenemos una infraestructura de carreteras que ahorita puede ser que tenga problemas, pero aquí llegas por carretera a cualquier parte. Eso lo pudimos hacer porque teníamos el petróleo. Estamos entre los diez países con mayor biodiversidad. Somos el sexto país con mayor cantidad de aves. En Estados Unidos, solamente en Estados Unidos, hay 45 millones de locos que lo único que quieren es ver pajaritos. ¿Qué hicimos nosotros? Le pedimos visa a los gringos.

No es el país el del problema, son las pésimas decisiones, las pésimas políticas. ¿Qué pasa cuando cambias todo eso? Claro que tenemos que creer.

¿Hay algún lugar de Venezuela al que siempre quieras volver?

Siempre quiero volver a Paria. A mí me parece lo más exuberante y genuino que tenemos como trópico. Siempre quiero volver a la Gran Sabana. Ahorita tengo que parar un poco, pero yo tengo plena confianza de que lo vamos a resolver. Siempre hemos sido super amigos con los pemones.

El llano es la libertad. Cuando yo me siento de verdad con desolación, con desesperanza, voy al llano. Me hace falta. ¿Y Margarita? Siempre pienso que en algún momento es allá donde voy a vivir. Es el mar. Lo que me enrolla es que sea una isla, que para salir necesito un avión o un barco. Eso me descontrola. Si yo estoy aquí en Caracas, agarro un carro y salgo.

La línea blanca de la carretera es determinante en mi vida. Necesito eso. Cuando estoy así, que tengo una idea y no sé por dónde me la voy a llevar, agarro carretera y ahí lo empiezo a entender.

Te consigues en el camino.

Sí, siempre.


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