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Actualidad

Una conversación con Anne Applebaum en Caracas

por Ángel Alayón

Anne Applebaum retratada por Andrés Kerese | RMTF

12/02/2020

Anne Applebaum es una historiadora y periodista norteamericana dedicada a la historia del comunismo, Rusia, el auge del populismo, la desinformación y la propaganda. Ganó el Premio Pulitzer en 2004 por su libro Gulag y el Premio Nacional del Libro de Estados Unidos en 2012 por El telón de acero. Su libro más reciente es Hambruna roja: La guerra de Stalin contra Ucrania. Applebaum visitó Venezuela por iniciativa de la Universidad Central de Venezuela y otras organizaciones sociales del país. 

Los doscientos noventa y ocho pasajeros del vuelo MH17 de Malaysia Airlines nunca se enteraron de qué fue lo que les pasó la noche del 17 de julio de 2014. Eran los tiempos de la guerra en Donbass, en la que rebeldes prorrusos se habían levantado en armas contra el nuevo gobierno de Ucrania. Un misil tierra-aire derribó el avión que volaba desde Ámsterdam a Kuala Lumpur. Mientras el mundo lamentaba a los civiles caídos, desde Rusia se puso en marcha una operación comunicacional sin precedentes: saturaron la opinión pública con hipótesis sobre la causa de la catástrofe.

Las tesis tenían un amplio rango de verosimilitud. Las versiones oscilaban desde lo posible hasta lo fantástico. “Fue el ejército de Ucrania”. “La CIA derribó el avión”. “El avión cayó por una bomba previamente instalada en Ámsterdam”. “Al avión lo impactó un meteorito”. “Los 298 pasajeros ya estaban muertos y sus cadáveres fueron utilizados para montar una escena para desacreditar a Rusia”. 

Anne Applebaum utiliza el caso del avión de Malaysia Airlines como ejemplo de la teoría rusa del control de la información: inundar el ecosistema informativo con cientos de teorías, con el objetivo de que, al final, nadie crea nada y nadie sepa a quién creer. El objetivo es el descrédito. Luego de que fueran divulgadas todas las versiones, la responsabilidad del ejército ruso en la muerte de los pasajeros del avión de Malaysia Airlines es solo una idea más que circula en la marea de falsedades. Misión cumplida: se ha instalado el escepticismo. 

Estamos al frente de El Ávila, sentados al borde de la piscina del hotel donde se hospeda Applebaum y cumple una apretada agenda. Nos traen café y agua. Toma la botella entre sus manos pero no la abre. Advierte que la otra teoría del control de información es la china. A medida que la tecnología cambia, las tácticas de resistencia también lo hacen. Internet es ahora el centro de atención de los gobiernos autoritarios. “En China emplean a decenas de miles de personas para monitorear lo que se está publicando en Internet. Crear sistemas de control social en los que un gobierno es capaz de seguir a la gente y saber qué está haciendo esa gente”. 

La epidemia de coronavirus en China es una prueba reciente y en curso. El doctor Li Wenliang publicó un post el pasado diciembre advirtiendo sobre la presencia de unos casos misteriosos en su hospital con síntomas similares al SARS, una epidemia que mató a más de ochocientas personas en 2002. Sugería actuar rápido, tomar previsiones y usar equipos de protección para evitar que el personal médico se infectara. Cuatro días después del mensaje, fuerzas de seguridad irrumpieron en su casa y posteriormente fue acusado de “hacer comentarios falsos” y promover disturbios sociales. Firmó un acuerdo donde se obligaba a no discutir más sobre la enfermedad en público.

A Applebaum, la epidemia en China le recuerda a Chernobyl. “Ellos trataron de ocultar algo que era inocultable, porque eventualmente todo el mundo se iba a enterar. Estos regímenes tratan de tener una imagen de que son buenos en la tecnología y parte de su legitimidad proviene de una imagen de eficiencia y de que logran que se hagan las cosas. No decir nada sobre el coronavirus es una manera de proteger esa imagen. Para el gobierno chino es muy importante dar una imagen de modernidad. No a todos los regímenes les importa eso, pero a ellos sí. Suprimir noticias es una manera clásica de tratar de mantener la legitimidad del régimen”. 

Li Wenliang fue diagnosticado con coronavirus semanas después de haber firmado la declaración. Ya convaleciente, se dedicó a informar a medios internacionales sobre la situación de la epidemia. Murió la semana pasada y se sumó a las más de mil víctimas fatales que ha cobrado la epidemia sobre la que advirtió y que continúa propagándose exponencialmente.

Applebaum se pregunta: “¿Cuál de las dos teorías de control de información aplica para Venezuela? No lo sé. Quizás ambas”, se responde a sí misma. 

Son tiempos difíciles para el periodismo. Hay una crisis de los modelos de negocios, y además, las estrategias de desinformación y de manipulación presentan desafíos importantes a las tareas tradicionales de los reporteros. “Es difícil lograr que la gente confíe en lo que escribes”. Cualquiera podría pensar que la verificación de datos es un instrumento que ayuda a contrarrestar la desinformación, pero hay otra capa del problema que no se puede desatender: “La verificación de los hechos solo es exitosa en la gente a la que le interesan los hechos”. 

La información no es la única fuente de control de los gobiernos autoritarios. En el más reciente libro de Applebaum, Red Famine: Stalin’s war on Ukraine, se cuenta con detalle cómo Stalin utilizó el acceso a los alimentos para eliminar a una parte de la población que le resultaba incómoda. El uso político del hambre tiene una larga tradición. “La gente ha controlado el acceso a la comida probablemente desde siempre. Una manera de acabar con tu enemigo es hacer que pase hambre para que se someta”. Y la combinación de pobreza con acceso a los alimentos hace aún más eficaz la capacidad de control. “Cuando la gente es muy pobre, no tiene tiempo para la política. Se sabe que muchas de las revoluciones importantes ocurren cuando la economía está mejorando, como la Revolución Francesa, o la Rusa, que vino luego de un período de crecimiento. Si eres pobre y dependes del Estado, es menos probable que protestes”. 

Applebaum afirma que los países se convierten en símbolos en la escena internacional. Hoy Venezuela se utiliza en muchas partes como una representación del socialismo fallido. “Pero eso no cuenta toda la historia. El problema en Venezuela es también el asalto a las instituciones, a los tribunales y al sistema electoral”.  Más allá del uso instrumental del caso venezolano en la política internacional, Applebaum alerta sobre las consecuencias de ciertas doctrinas: “estar orgulloso de ser marxista o ponerte a ti mismo en la tradición de la Unión Soviética, implica que eres muy ignorante o sabes que se trata de una tradición sangrienta y apruebas la muerte de millones de personas a manos de estos regímenes”. 

La historiadora norteamericana fue testigo de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del comunismo. Eran tiempos optimistas. Treinta años después reconoce que las pulsiones antidemocráticas se mantienen presentes. “Siempre ha habido y siempre habrá regímenes que aspiren y traten de llevar a cabo el sueño totalitario. Quizás en 1989 pensé que todo había terminado. Ahora pienso que siempre vamos a tener que luchar contra eso, contra el deseo de alguien a controlarlo todo”.


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