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EntrevistaVisiones de coexistencia

Romain Nadal: “No puede haber coexistencia si no hay respeto a los derechos humanos”

por Johanna Pérez Daza

09/06/2019

Romain Nadal retratado por Elizabeth Schummer

El embajador de Francia en Venezuela se ha involucrado con la cultura nacional desde su designación en el cargo en 2017.  Es licenciado en Derecho y posee un diploma del Instituto de Estudios Políticos de París. Se caracteriza por un trato amable y cercano. Romain Nadal presenta una visión amplia de la coexistencia que parte de su enfoque personal y se extiende a asuntos diplomáticos contemporáneos, sin dejar de lado la historia europea y temas de la agenda global en los que destacan los derechos humanos y la protección ambiental.

Quisiéramos comenzar conociendo su visión de la coexistencia en la sociedad actual.

La coexistencia es un reto permanente para cada sociedad. Cada pueblo, cada sociedad tiene que construir un método de coexistencia pacífica para resolver las dificultades de la vida cotidiana, los retos comunes, por ejemplo, la protección del medio ambiente y el desarrollo económico. ¿Cómo compaginar en el mundo actual el desarrollo de las actividades pesqueras, petroleras o la explotación de las minas con la protección del medio ambiente? Estos retos existen en Venezuela como en cualquier otra parte del mundo. En Francia tenemos este mismo tipo de reto de compaginar el desarrollo económico con la protección del medio ambiente. Hay muchos otros ejemplos. En una sociedad coexisten personas que tienen distinta fe religiosa, pueden ser musulmanes, católicos, budistas, judíos y otros que no tienen fe, que son agnósticos o ateos. Todas esas personas deben convivir y coexistir en la sociedad y respetarse. Debe haber tolerancia. En una escuela, los niños que tienen fe y los que no la tienen deben poder jugar, estudiar, hacer deportes juntos sin que la pertenencia religiosa impacte su amistad y su capacidad de convivir.

Todos estos ejemplos muestran hasta qué punto la coexistencia es un reto permanente, porque nunca estamos seguros de lograr una coexistencia pacífica. Puede haber tensiones, incluso violencia, entre los que quieren proteger la naturaleza y los que consideran que hay que desarrollar una actividad económica que puede dañarla; puede haber violencia entre personas que tienen creencias religiosas y otras que no las tienen, incluso entre quienes tienen distinta fe. En Europa hemos tenido guerras de religiones durante muchos siglos; entonces, este reto ha sido permanente desde el nacimiento de la humanidad. A partir del momento en que somos un grupo, hay que organizarse y darse reglas comunes para poder decidir juntos lo que queremos hacer de nuestra sociedad.

Europa es un modelo de integración –quizás el más exitoso en términos palpables– donde muchos países, a pesar de las diferencias históricas, de idioma y cultura, han logrado llegar a un mínimo de acuerdos. A partir de esta experiencia, ¿es posible aplicar la coexistencia a las relaciones internacionales y la integración regional?

El modelo europeo es un modelo exitoso, es casi un milagro en un continente que ha conocido dos guerras mundiales, los campos de concentración, guerras civiles. Europa fue el continente del horror, de la tragedia, del odio durante muchos siglos. Pero hemos logrado unos Estados que han decidido agruparse después de la Segunda Guerra Mundial y llevamos 70 años de una construcción pacífica, económica, pero que es muy frágil. Hemos visto, después de la caída del muro de Berlín, cómo países que fueron autoritarios en el período soviético se unieron a la construcción europea. Vimos también como la caída del muro de Berlín provocó violencia en Los Balcanes, por ejemplo, y desgraciadamente el continente europeo conoció de nuevo violencia y matanzas vinculadas con el odio, la intolerancia frente a lo desconocido, al otro. Fueron traumas de nuevo en el corazón de Europa y todo esto en los años 90.

La construcción europea es milagrosa aunque siempre frágil, como una tarea pendiente. Tenemos que fortalecer el pacto europeo y la convivencia, ya que hay muchas amenazas: el nacionalismo, la tentación proteccionista, la tentación de volver a las fronteras nacionales, la aparición de partidos que son abiertamente anti europeos o partidos que son nacionalistas y quieren el fin de Europa. El nacionalismo muchas veces conlleva el odio al otro o la superioridad de una nación frente a la otra. Precisamente, esto es contrario al espíritu europeo que, desde hace 70 años, se ha basado en la reconciliación y el entendimiento de que no hay superioridad de una nación sobre otra, no hay valores superiores a otros. Hay un patrimonio común, valores de libertad, democracia, igualdad, fraternidad, que son el patrimonio de todos los europeos y que deben prevalecer sobre todo tipo de sentimiento, para alejar el nacionalismo, el riesgo permanente de guerra entre naciones, para compartir no solamente valores, sino también proyectos económicos, políticas públicas, la protección del medio ambiente, una política agrícola común.

Ante este recuento histórico lleno de conflictos y tensiones, ¿es posible tener una visión optimista o esperanzadora en cuanto a la coexistencia entre países?

Hay que tenerla. Un diplomático solo puede abogar para relaciones pacíficas para soluciones negociadas a las crisis y a los problemas de la humanidad. Tengo la esperanza que la racionalidad de la humanidad prevalecerá sobre el odio. La humanidad vive con el riesgo permanente del enfrentamiento y de la violencia. Esto hay que resolverlo en el marco internacional, por la vía pacífica, por la negociación, por la discusión, dotándose de instituciones y organizaciones internacionales que concreten la solidaridad entre los pueblos en distintas áreas que hay que proteger e incentivar, ya que permiten, en cierto modo, la coexistencia entre los pueblos y naciones.

Se trata de dar otro rumbo a la historia del continente europeo, a lo que fue una historia trágica de enfrentamiento entre pueblos, entre naciones, para lograr un futuro de solidaridad y de cooperación. No digo que no haya conflicto, siempre hay tensiones entre países y es normal, pero son tensiones que se resuelven de forma pacífica en el marco de las instituciones. La coexistencia dentro de una sociedad se fundamenta sobre una Constitución, una ley común que se dan los ciudadanos. Es una construcción compleja, pero que realmente ha cambiado la historia de Europa, porque hemos dejado atrás el tiempo de la violencia, de las guerras, del enfrentamiento para abrir un período de coexistencia (para volver a la magnífica palabra de Espacio Anna Frank). Una coexistencia siempre compleja, a veces con tensiones, pero hasta ahora siempre pacífica.

Deteniéndonos en hechos específicos, quisiera profundizar en el tema de los derechos humanos a partir de la Revolución francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1798. ¿Qué vínculos pueden establecerse entre los derechos humanos y la coexistencia?

Yo creo que no puede haber coexistencia si no hay respeto de los derechos humanos. Cuando se vulneran los derechos humanos se vulnera el pacto social que une a los ciudadanos. Los derechos humanos son absolutamente básicos para la coexistencia y usted menciona 1789, fecha de la adopción de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y quiero subrayar que no se resolvió todo a partir de esa fecha. Para dar un ejemplo, el derecho de voto de la mujer solo llegó en 1945, es decir que tuvimos que esperar muchísimos años más de un siglo para la igualdad ciudadana. La mitad de la sociedad francesa fue excluida del voto hasta que, después de la Segunda Guerra Mundial, se da el derecho de voto a las mujeres, algo que otras naciones lograron mucho antes. Quiero mostrar con esto que Francia no es modélica y que nosotros no presumimos de haber sido el país de la Revolución francesa y la Declaración. No presumimos de ser mejores que los demás o de ser más adelantados. Tuvimos muchos retrasos y me parece importante subrayarlo para mostrar que la sociedad francesa no tiene que dar lecciones, porque ella misma tiene muchas imperfecciones.

Ahora bien, desde el plano individual y en la cotidianidad, ¿cómo materializar la coexistencia?

Cada ciudadano debe demostrar, en su propia vida cotidiana, su respeto a los derechos de los demás, a la convivencia pacífica. La coexistencia empieza por el respeto por cada ciudadano de las reglas comunes y a partir de ahí podemos construir una sociedad armónica, pacífica y respetuosa, donde el que cree respete al que no cree, el que practica la pesca o la caza respete la naturaleza y respete también a los que no tienen ese tipo de prácticas y quieren desarrollar una actividad en medio de la naturaleza, siguiendo una serie de reglas que nos hemos dado en común. Respetarnos en nuestra vida cotidiana para poder formar una sociedad con cierto grado de solidaridad es absolutamente esencial. No hay otra forma de convivir.

Tengo la esperanza que en cada sociedad prevalezca el espíritu común de convivencia, de solidaridad y la voluntad de vivir juntos, a pesar de nuestras diferencias. Yo creo que es el mensaje del diario de Anna Frank, una joven que fue dramáticamente perturbada y acosada por una Europa de la intolerancia, del odio y del antisemitismo. A pesar de su destino trágico, Anna Frank nos dejó un mensaje de amor en el sentido de respeto de las personas, de que lo que nos une es mucho más importante que nuestras diferencias. Para mí, el legado de Anna Frank de su historia personal, con su fe en la vida y en los valores de libertad y de tolerancia es extremadamente importante y me alegro de que en Venezuela, como en muchos países del mundo incluido Francia, haya personas que se involucran en la permanencia de su mensaje y de dar a conocer el recorrido personal de esa joven que hoy tiene mucha vigencia y mucha actualidad. En 2019, el diario de Anna Frank no tiene ninguna arruga, no es un mensaje anticuado; al contrario, es un mensaje de extraordinario modernismo.

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Johanna Pérez Daza es periodista y curadora independiente. Investigadora y docente universitaria (UCV, UCAB).

Elizabeth Schummer es fotógrafa y coordinadora de Proyectos Fotográficos de Espacio Anna Frank.

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Visiones de Coexistencia 

Serie de 10 entrevistas producidas por Espacio Anna Frank, con el propósito de presentar el concepto de coexistencia desde distintos enfoques y facilitar su comprensión, permitiendo el intercambio de ideas y experiencias. Para ello se utilizan analogías, metáforas y relatos de áreas como historia, arte, biología, deportes, comunicación, diplomacia, psicología, educación, entre otras, que permiten un acercamiento amplio y diverso al tema de la coexistencia mediante ejemplos concretos orientados a su entendimiento.


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