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Olvidada después de la misión Apolo, la Luna está de regreso

por Kenneth Chang

16/07/2019

El reciente descubrimiento de agua dentro de los cráteres polares de la Luna ha fomentado en parte el renovado interés de visitar el satélite natural de la Tierra. Crédito: JPL/NASA

Al parecer, ahora todos quieren ir a la Luna.

En enero, Chang’e-4, una nave espacial china robotizada que incluye un pequeño explorador, se convirtió en la primera en descender en el extremo lejano de la Luna. India tiene el objetivo de lanzar este mes a Chandrayaan-2, su primer intento por llegar a la superficie lunar. Incluso una pequeña nave israelí sin fines de lucro, SpaceIL, este año intentó enviar un pequeño módulo de aterrizaje robotizado, pero se estrelló.

En las próximas décadas, las botas que usen los visitantes de estos y otros países podrían plasmar sus huellas en el polvo lunar. China está tomando un enfoque lento pero constante y prevé la primera llegada de sus astronautas a la Luna en aproximadamente un cuarto de siglo. La Agencia Espacial Europea ha presentado el concepto de una “aldea lunar” internacional que algunas personas vislumbran para 2050, más o menos. Rusia también ha expuesto planes de enviar astronautas a la Luna para 2030, finalmente, pese a que muchas personas tienen dudas acerca de que pueda costearlo.

En Estados Unidos, que envió a veinticuatro astronautas a la Luna de 1968 a 1972, las prioridades cambian con los caprichos del congreso y de los presidentes. No obstante, en febrero, la NASA de pronto se vio impulsada a retomar su ritmo cuando el vicepresidente Mike Pence anunció la meta de volver a poner a los estadounidenses en la Luna para 2024, cuatro años antes de lo programado con anterioridad.

“La NASA está muy motivada”, comentó en una entrevista Jim Bridenstine, excongresista de Oklahoma y piloto de la Marina elegido por el presidente estadounidense, Donald Trump, para ser el administrador de la agencia. “Ahora tenemos un rumbo muy claro”.

Para India, llegar a la Luna pondría de manifiesto sus avances tecnológicos. China se posicionaría como una potencia mundial fuera del planeta. Para Estados Unidos y la NASA, ahora, la Luna es una escala evidente en el camino a Marte.

La fascinación con la compañera celestial de la Tierra no se limita a los Estados nación. Un grupo de empresas se han puesto en fila con la esperanza de ganar contratos de la NASA para llevar experimentos e instrumentos a la Luna. Blue Origin, la empresa de cohetes creada por Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon, está desarrollando un módulo de aterrizaje grande que espera vender a la NASA para llevar cargamento —y astronautas— a la superficie de la Luna.

Los ojos puestos en otros trofeos

Durante tres décadas después de que terminó el programa Apolo, pocas personas pensaron en la Luna. Estados Unidos había vencido a la Unión Soviética en la carrera a la Luna. Después del Apolo 17, la última visita de los astronautas de la NASA en 1972, los soviéticos enviaron a la Luna unas cuantas naves espaciales robotizadas, pero pronto también perdieron interés en seguir explorando allí.

En esos años, la NASA centró su atención en la construcción de transbordadores espaciales y de la Estación Espacial Internacional. Sus exploradores robotizados se dirigieron más lejos para explorar Marte con mayor profundidad, así como el cinturón de asteroides y los mundos exteriores del sistema solar.

Bridenstine señala que, ahora, una de las primeras razones para acelerar un regreso a la Luna es reducir las posibilidades de que los políticos vuelvan a cambiar de opinión. Habría un alunizaje en 2024 cerca del final del segundo periodo de la presidencia de Trump, si este ganara la reelección el próximo año.

“Creo que es triste que no hayamos regresado a la Luna desde 1972”, mencionó Bridenstine. “Ha habido intentos anteriores. Nunca se han materializado”.

La NASA ha denominado Artemisa al nuevo programa de la Luna, como la hermana de Apolo en la mitología griega. Su primera misión será una prueba sin tripulación del Sistema de Lanzamiento Espacial, un gran cohete que ya se está desarrollando. Está programada para finales de 2020, aunque muchas personas esperan que el lanzamiento se recorra a 2021.

El segundo vuelo —el primero con astronautas a bordo— sería en 2022 alrededor de la Luna pero no alunizaría.

En el tercer vuelo, en 2024, los astronautas primero viajarían a Gateway, un puesto de avanzada que orbita alrededor de la Luna, y de ahí tomarían otra nave espacial a la superficie lunar, en algún lugar cerca de su polo sur.

Bridenstine, junto con otros funcionarios de la NASA, ha dicho en varias ocasiones que Artemisa llevará a la Luna a “la primera mujer y al siguiente hombre”.

¿Y por qué regresar?

¿Ahora hay un impulso priomordial por ir en estampida a la Luna? El descubrimiento de que allí hay agua, en especial hielo en la profundidad de los cráteres polares donde nunca brilla el sol.

Esa es una fuente invaluable de agua potable para los astronautas que en el futuro visiten la Luna, pero también de agua que puede descomponerse en hidrógeno y oxígeno.

El oxígeno podría proporcionar aire que se pueda respirar; el oxígeno y el hidrógeno también podrían emplearse como carburante para los cohetes. De este modo, la Luna o una estación para recargar combustible que la orbite podrían servir de escala para que las naves espaciales llenen sus tanques antes de alejarse más dentro del sistema solar.

“Si podemos hacerlo, la Gateway se convierte en un almacén para combustible”, señaló Bridenstine.

Un momento crítico en el resurgimiento del interés por la Luna se dio en 1998 con la Lunar Prospector, una sonda espacial de la NASA pequeña y poco costosa. Alan Binder, un científico planetario que trabajaba en Lockheed Martin, concibió la Lunar Prospector como una forma de dar seguimiento a los rastros de agua congelada en los cráteres sombreados y de mostrar una forma de llevar a cabo misiones espaciales a precios regalados.

En 2005, la NASA puso en marcha planes para el Proyecto Constelación, una flota de cohetes nuevos y más grandes, cápsulas y módulos de aterrizaje, que planeaba construir. Michael Griffin, el entonces administrador de la NASA, lo describió como “el programa Apolo con esteroides”.

Sin embargo, durante la siguiente década, el entusiasmo por la Luna volvió a decaer.

Los retrasos y los costos excesivos asolaron al Proyecto Constelación. El gobierno de Barack Obama, quien comenzó su administración al inicio de la Gran Recesión, lo canceló en 2010 y en su lugar emprendió un rumbo diferente cuyo objetivo era un asteroide.

Posteriormente, el gobierno de Trump volvió a cambiar el rumbo de la NASA. El siguiente destino de la NASA ya no eran los asteroides, sino de nuevo la Luna.

Cómo obtener dinero de la Luna

Mientras los gobiernos titubeaban, los empresarios habían comenzado a compartir ideas sobre posibles proyectos empresariales relacionados con la Luna.

En 2007, la Fundación X Prize anunció un gran premio de 20 millones de dólares, financiado por Google, que se otorgaría al primer equipo privado que pudiera poner un módulo de aterrizaje robotizado en la Luna.

Para los equipos competidores, el desafío fue financiera y técnicamente mucho más difícil de lo esperado. Incluso después de que se amplió el plazo varias veces, el premio caducó el año pasado sin que hubiera ganador.

Sin embargo, aunque ninguna empresa pudo hacerse acreedora al premio mayor, muchas de ellas no han descartado a la Luna como una oportunidad empresarial.

Los beneficios de la Luna podrían incluir el helio-3 extraído del suelo lunar, que potencialmente es un combustible para los futuros reactores de fusión nuclear, a pesar de que los reactores de fusión nuclear concretos todavía se encuentran a décadas de distancia.

Podría haber una oportunidad para las empresas que envíen las cenizas de seres queridos a la Luna como homenaje. También, algunas empresas privadas podrían llevar cargas útiles para investigaciones científicas. Por ejemplo, el extremo lejano de la Luna podría ser ideal para telescopios ópticos y radiotelescopios debido a que ahí no tendrían interferencia terrestre.

Con estos posibles negocios, el Lunar X Prize podría resultar un éxito, pese a que no hubo ganador.

En otro momento, la NASA hubiera diseñado y lanzado su propia nave especial para llevar a cabo esas tareas. La agencia había comenzado a ir por ese rumbo con Resource Prospector, un explorador que perforaría el suelo a un metro de profundidad para extraer sustancias como hidrógeno, helio, nitrógeno, dióxido de carbono y agua.

Pero la agencia canceló la misión del Resource Prospector y pagará, en cambio, a empresas comerciales para que lleven allá sus cargas útiles. Muchas de las empresas compitieron por el Google Lunar X Prize o son empresas que aprovechan la tecnología desarrollada por esos equipos.

Nuestras estrellas no tienen la culpa

Los intentos de la NASA por llegar a la Luna para 2024 dependerán de que los financie el congreso. La NASA ha solicitado 1600 millones de dólares más para el año fiscal de 2020, y Bridenstine le dijo a CNN el mes pasado que el calendario acelerado podría tener un costo total de 20.000 a 30.000 millones de dólares, lo que provocará temores de que el dinero pueda desviarse de otras partes de la NASA para pagar el proyecto Artemisa.

Ahora, Bridenstine afirma que tal vez el precio no sea tan elevado. “Creo que podría ser bastante menos de 20.000 millones de dólares”, comentó. “Digo eso porque muchos de nuestros socios comerciales están dispuestos a invertir su dinero en esto”.

Sin el apoyo de los republicanos y los demócratas, el programa de la Luna podría volver a tropezar, señaló.

“Mi meta es asegurarnos de que estamos considerando una gama muy equilibrada y que no pisemos ninguna mina terrestre política, cosa que ha sucedido en la historia de la agencia”, afirmó Bridenstine. “En mi opinión, debe ser bipartidista y apolítica”.

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Este texto fue publicado originalmente en The New York Times en español.


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