Entrevista

Octavio Armand: “La mentalidad de esclavo nos retiene en el siglo XIX”

por Hugo Prieto

Fotografías de Roberto Mata

06/05/2018

No recuerdo la razón por la cual marqué el número telefónico del fotógrafo Vasco Szinetar, pero sí su urgencia por cortar la comunicación… Es que estoy leyendo un ensayo sobre Orlando García. ¿En qué libro? Escribir es cubrir de Octavio Armand.

Voy leyendo sobre la influencia del neo barroco en Cuba. Tiene tanta fuerza que se advierte a simple vista en la arquitectura de La Habana, en las páginas de Lezama Lima y de otros escritores que reforzaron lo español para oponerse a la influencia hollywoodense que desembarcó en la isla en 1898. Y ahí está El acto gratuito. El perfil psicológico de un policía encargado de la seguridad de Carlos Andrés Pérez. Betancourt, Chapita, Pepe Figueras, La Habana, San José de Costa Rica, Puerto Rico, Nueva York. El caso Margold, la flor de Gardenia y Pedro Tinoco. En las líneas que siguen no hay un anticipo, un spoiler que revele el desenlace de este ensayo que tiene mucho de cinematográfico. No podría escribirlo como Armand, ni de lejos.

En cambio está la contraposición de elementos, tan marcada en lo barroco, entre Cuba y Venezuela. Desde el avión cubano hasta las misiones rubricadas en la chequera petrolera, “que le dejó a Cuba réditos constantes y sonantes”. Remember lo que dijo Raúl Castro. Cada vez somos la misma cosa.

Dice en su ensayo, La partida de nacimiento como ficción, “estás en ninguna parte, vivir en la memoria”. Ese es el exilio, el tema de la persona que no tienen en qué asirse, es el exilio de la palabra y de las emociones, ¿no?

La ausencia como geografía y como historia. Si estás en Caracas y eres venezolano estás en tierra firme, a pesar de todo. Estás en lo sucesivo en una historia muy impuntual. Los venezolanos no han llegado a la historia, yo creo que ninguno de nosotros hemos llegado al presente. Estamos reviviendo el pasado, nos remitimos a Bolívar, al siglo XIX; a las ideas bolivarianas, a las ideas martianas. Son formas, giros, para no llegar al presente, no llegar a la presencia. Yo creo que somos ausencia. Los grandes héroes de la Independencia de Venezuela, todos, murieron fuera. Bolívar; Bello, la independencia gramatical; Sucre; Páez. ¿Por qué Martí vive dos tercios de su vida fuera de Cuba? Qué daño nos hace esa extrañeza que siente Martí ante lo cubano, que tiene que soñar a Cuba, no vivirla. Cuando va a Cuba, a los pocos días muere. O sea, el tema del exilio, visto a la distancia, es que somos herederos de una historia dictada desde la nostalgia. Martí sueña a Cuba y esa es la pesadilla de los cubanos. Bolívar sueña a Venezuela y se convierte en la pesadilla de los venezolanos, porque son como utopías. Martí, por ejemplo, pregonó una guerra sin odios. ¿Qué es eso?

Lo más parecido, podría decirse, a una paradoja, a una contradicción, a un sin sentido.

Las dos figuras cubanas, la más importante del siglo XIX y la del siglo XX, que fueron Martí y Fidel Castro, nos guste o no, eran hijos de españoles. En el caso de Fidel debe haber un complejo tremendo, porque el padre llega a Cuba… a luchar contra la independencia de Cuba. El padre de Fidel es soldado español contra Martí. Esta idea de españoles cubanísimos que tienen que probar su cubanía contra su sangre, contra su genética, es un problema enorme.

Algo parecido le pasa a los puertorriqueños y cuando vienes a ver, no hay nada más español que el viejo San Juan y La Habana vieja. ¿Es una idea contra ti mismo?

Fíjate, volvemos a lo viejo. Venezuela tiene un problema adicional. Cuba seguía dependiendo del tabaco, del azúcar, los ejes de la economía cubana. Pero en Venezuela irrumpe la tecnología. No hay una Caracas vieja. Es el sentir, como un deseo de un futuro que nunca se realiza, un futuro a través del petróleo, ¿verdad? Entonces el petróleo es una bendición que se convierte en una maldición. Yo creo que es el tema de la ausencia, la ausencia geográfica, la ausencia histórica, que implica el exilio. Mira, los judíos sefardíes guardan las llaves de sus casas que fueron abandonadas en 1492. Yo me veo en la imagen del judío sefardí. Llevo gran parte de mi vida fuera de Cuba, pero soy cubanísimo. Es una forma ridícula de ser cubano.

En el tema de la oralidad, podría haber una Habana de día, de Martí y una Habana de noche de Fidel. Hay además una mención a la oralidad de los cubanos que bordea incluso la vulgaridad.

Lo coprológico. Yo creo que algún español presenció en Cuba un acto de canibalismo donde vio a un caribe comiéndose a un taino. En su imagen, probablemente, quedó la idea de que Cuba era un lugar donde se comía mierda. Eso es obsesivo en los cubanos. Decirle a alguien comemierda puede ser el elogio más maravilloso, es como decirle a alguien idealista, un “comunista comemierda”, por ejemplo, es el tipo que de verdad cree que vive en el Paraíso, no hay forma de reducirlo. Pero también es el gran insulto. Esa palabra recuerda esa cosa del barroco, la trasposición de oro en mierda. Los discursos de Martí son breves, pero de una gran belleza. Fidel no es breve, por eso lo nocturno, ¿no? Las horas diurnas se viven como el trabajo, Fidel hablaba para poner a soñar a los cubanos, Martí quería despertarlos.

Justamente, escribes en tu ensayo. Es un retrato de cómo el poder trata a la masa.

Absolutamente, con un gran desprecio, ¿verdad?, con una gran hipocresía, ¿no? Me imagino que en conversaciones privadas, Fidel seguramente decía si me hubiera tocado una materia prima mejor, hubiera dominado al mundo. Me lo imagino como a un prusiano alemán con esa materia prima, lo que hubiera logrado, ¿no? Bueno, hay un libro de Elías Canetti sobre eso, Masa y Poder. Sin duda, para poder hacer del pueblo una arcilla, tienes que saber que esa es una materia maleable. Por eso Fidel, si tú eras médico, te nombraba en obras públicas, para que fracasaras, nunca en un cargo donde lo pudieras hacer muy bien, porque le hacías sombra. Si dices, lo que hay que producir es café, que se haga. O guerra al azúcar como lo declaró el Che Guevara. Necesitas un pueblo olvidadizo, que tú lo manejes, cuya memoria sea producto tuyo. Entonces, eso significa un desprecio perverso.

Cuenta Huber Matos en su libro de memorias que, estando en prisión lo sacan de la celda y lo llevan a una sala para que viera en la pantalla del televisor el discurso de Fidel Castro, en el cual denuncia la supuesta traición de Matos y el pueblo delirante vociferando una sola palabra, paredón… paredón… paredón. Un hombre se entera de la condena que le ha impuesto el poder, ratificada por este pueblo bullanguero y sin memoria.

Un pueblo que en su mayoría no hizo nada contra Batista, y al triunfar la revolución, por un sentido de culpa, se hace más revolucionario que los que fueron a la sierra. La mayoría de la gente que estaba ahí iba a los carnavales, a pesar de que la revolución prohíbe los carnavales. Los exiliados de Batista fueron 2.000 o 1.500 y los que lucharon en las ciudades, que era más peligroso que en la sierra, era una ínfima minoría. Cuando se llamaba a huelga, la huelga fracasaba. Los negros decía, y esto lo oí yo, esta es guerra de blancos y tenían razón, porque los negros pelearon por la independencia y después fueron traicionados. Al organizarse el primer ejército cubano, de 2.000 miembros siete eran negros, cuando quizás eran mayoría en el ejército independentista. Entonces, esto es guerra de blancos, ¿para qué nos vamos a sacrificar? Tú mencionas el caso de Huber Matos, pero ahí está el caso del general Ochoa (8-A era el grafiti en las descascaradas paredes de La Habana). Dos hombres recios, que Fidel tenía que reducir.

Como dicen ustedes los cubanos, dos plantados.

¿Sabes lo que hacían en esos juicios? Fidel te mandaba a alguien, a Ramirito Valdez, hombre de confianza de Fidel no de Raúl, te visita y te dice. Mira, Ochoa, tú eres un hombre muerto, tú estás muerto, pero tú tienes dos hijos y tienes tu padre. ¿Quieres hacer algo por ellos? Aquí está la confesión. Esa es la visita del juez. Ahí está.

 El suicidio está muy presente: En “Mea Cuba” de Cabrera Infante y en tu propio ensayo. Incluso, la tasa de suicidios de la comunidad cubana en Miami es superior a la de cualquier otra minoría. Es decir, esto no tiene nada que ver con las ideologías, sino con la propia cubanía.

Un culto a la muerte, ¿no? Tomo dos figuras. Siglo XIX. José Martí. A Martí los cubanos le decían capitán araña, porque era un “cobarde que mandaba a otros hombres a morir”, le decían Pepe ginebrita, porque se tomaba una copa de ginebra en las tardes. Ese era el Martí que vivía en la burla de los que ahora lo han hecho mártir. Por eso él va a Cuba a morir, para probar que no era un capitán araña. El se enfrenta a un pelotón español con su revólver de culatín nácar. No lo disparó. Él fue para que lo mataran, fue un suicidio. El cae y nadie sabía que él era Martí, porque era una batalla insignificante. ¿Quién lo reconoce? Un mulato cubano, práctico del ejército español. Lo ve y le dice: ¿Usted por aquí, Martí? El gran orador muere mordiéndose la lengua literalmente. El mulato lo remata con un tiro en la ingle, que la pierna se le montó hasta el hombro. No fue un español, fue un cubano, el que se burla de él con un octosílabo ¿Usted por aquí, Martí? Siglo XX, el mentor de Fidel Castro. Eddy Chivás, cuyo hermano, Raúl Chivás fue comandante de la revolución.

El neobarroco presente en la arquitectura, en la literatura y en la música cubana es algo omnipresente en su ensayo. Al igual que el juego de palabras, tan magistralmente utilizado por Cabrera Infante en su obra. Cito una frase. “Estamos escribiendo la literatura de la Atlántida. Cuba no existe. ¿O será que existe más que nunca, como nunca, como voluntad y deseo?”.

Así como había una Habana diurna y una Habana nocturna, había una Habana neo barroca y una Habana americanizada. Lezama es La Habana española, es el barroco. Cabrera Infante era un admirador de Hemingway, de Joyce, de las películas de Hollywood. Lezama no, Lezama se oponía a los Estados Unidos a través de la palabra, a través del barroco, afianzaba lo español. La revolución optó por lo otro, que es una paradoja y una contradicción. Ves el juego de palabras en Guillermo, que es propio del cubano, pero en su caso también tiene una raíz en James Joyce, es el gran paradigma. Así como Luis de Góngora y Argote lo fue para Lezama. Entonces, yo estoy como atrapado. Soy un gran admirador de Lezama y también de Guillermo, por supuesto. Creo que la salida de Cuba debió haber sido más alrededor de Lezama, lo cual implicaba un pasado, era optar por un pasado más que por un presente o el futuro que encarnaba gente como Guillermo, que era hollywoodense, era una contradicción evidente con la revolución cubana. Creo que ahí hubo un fracaso en la política cultural.

 Lo barroco a través de un pájaro, el colibrí, a través de una fruta, además muy exótica, la piña; y de la yesca del tabaco que se difumina con cada exhalación. ¿Ahí está Cuba, no?

Fíjate: el aroma y el sabor. El tabaco tiene raíces muy antiguas, vienen de Venezuela, del Barrancoide Valenciode. Son los que llevan la pipa, el tabaco a las islas. El humo es darle visibilidad a lo invisible. El dios más poderoso del Caribe es el dios Huracán. Cuando un chamán fumaba, a través del humo se hacía visible lo invisible. Pero ese chamán, embriagado por un tabaco, que era mucho más fuerte que los que tenemos actualmente, se acostaba en una silla reclinable y fumaba, cuando estaba ya ebrio y se incorporaba a la tribu, hablaba a una velocidad asombrosa, que para la tribu significaba la presencia de Dios. De ahí la oralidad del cubano. Recuerda los discursos de Martí, de Fidel. Detrás de eso está un chamán taíno. A Carlos V le llevaron la piña verde para que se madurara; el aroma inundó la sala y no quiso probarla. Así como no quiso la orfebrería indígena, porque era obra del diablo. Ni el amarillo del oro, ni el amarillo de la piña.

 ¿Cree que hay un paralelismo entre Hugo Chávez y Fidel Castro?

Yo no lo percibo. Tal vez de forma superficial. La oralidad, ¿no? Pero la oralidad tiene sus grados. Fidel, creo, era más coherente. Una oralidad frente a riesgos verdaderos. Cuando Fidel hablaba de una amenaza de invasión de Estados Unidos, efectivamente, ocurrió, así como muchos atentados personales. La palabra de Fidel se empeña en contra de riesgos padecidos y por padecer. Yo creo que a los venezolanos les hizo mucho daño la revolución cubana, porque desvió el camino democrático. Cuando aquí se hacen guerrillas no es contra Pérez Jiménez, propiamente, se hacen guerrillas contra la democracia. En Cuba se hizo guerrillas contra Batista. Aquí, a destiempo, sueñan a la Sierra Maestra en Falcón. Entonces, hay como un soñar a Cuba y Chávez viene a representar una instancia de eso. Y Cuba lo que hizo fue sacar provecho de ese sueño. Sacó petróleo con lo del avión cubano y con Chávez sacó grandes cosas en el terreno económico. Ese sueño le rindió tributo constante y contante a Cuba y desvió a Venezuela de su proceso democrático que, ciertamente, tenía sus problemas.

Críticos del proceso cubano sostienen que las misiones cubanas, destacadas en África y luego en varios países de América Latina, incluida Venezuela, tienen una raíz en el trabajo esclavo, en la Hacienda como unidad de producción y en la zafra de la caña. ¿Usted qué cree?

Es lo que yo llamo la mentalidad del barracón. ¿Qué hacía el dueño de una hacienda? Les construía a sus esclavos un barracón para que las lluvias no los enfermaran, tenían vivienda, no sé si dignas, pero las tenían gratis. La comidita se la daban al esclavo, los querían fuertes para que cortaran caña. Como querían más esclavitos les permitían a negros y negras música y divertirse en los barracones. Esa mentalidad existe en Cuba, en Venezuela, en otros países de América Latina. Si tú eres nieto o tataranieto de un hombre que fue esclavo, hay una memoria genética. A mí me llaman el negrito del batey, porque trabajo... Si tu genética es del trabajo esclavo, no te va a gustar trabajar. Pero necesito vivienda, necesito comida. Yo vi un letrero en Venezuela que decía: Cuca, ron y mondongo. Me pareció una maravilla. Esa es la mentalidad del esclavo. Ese tipo no está buscando trabajo. Dame algo donde vivir, vestirme y estoy satisfecho.

Dame una misión.

Una misión. No aspiro a más, eso es propio de los esclavos. Todavía nos retiene en el siglo XIX. La supervivencia de la revolución cubana se debe a la mentalidad de esclavo. Esa mentalidad existe aquí, existe en México… O sea hay clases que están por debajo de las aspiraciones a las que todos tenemos derecho. Entonces, no están buscando un trabajo, una educación. Es la satisfacción casi a nivel primario. El que logre eso consigue los votos.

El tema del racismo, tan presente en la cotidianidad de los cubanos. El taxista, por ejemplo, que siente alivio porque lleva de pasajero a un blanco y no a un negro. Basta ver la plana mayor del Partido Comunista. Los negros se cuentan con los dedos de una mano.

Estados Unidos, con todo lo que se le critica y con razón, tuvo un presidente negro o mestizo. Venezuela no ha tenido un presidente negro, Cuba tampoco, el presidente nombrado a dedo no es negro. Los romanos tenían una frase muy útil. Las leyes pueden cambiar rápidamente, las costumbres no. Estados Unidos ya tiene todas las leyes contra la discriminación racial. Pero tomará 50 ó 100 más para que el negro norteamericano, que tiene derecho a aspirar porque ha luchado en todas las guerras de Estados Unidos y que además creó la economía de ese país a través de la esclavitud, para que ese negro tenga el estatus de los blancos, debe haber un cambio, y eso no es fácil. La gente que se acostumbró a ver a los negros como esclavos, sus nietos o tataranietos los siguen viendo así.

White trash (basura blanca), casi negros.

Exacto, fíjate que favorecen al inmigrante mexicano, guatemalteco, porque es una forma de dejar al negro americano, que no aceptaría los trabajos que le ofrecen a los inmigrantes hispanos porque les pagan muy poco. Además es una forma de mantener al negro en tercer lugar. En Venezuela hay racismo. Pero el racismo cubano era mayor y más inaceptable, porque nadie en Cuba podía negar el aporte de los negros a la causa cubana. Para mí, desde niño, ese problema ha sido una de las grandes vergüenzas de la historia cubana.

La gente dice que en Venezuela se impuso el modelo cubano, que estamos viviendo lo más parecido a una dictadura de ultraizquierda, la escasez y el empobrecimiento. ¿A usted que le recuerda?

A la Cuba de Batista, la corrupción. De niño le tenía un desprecio profundo a las fuerzas armadas batistianas. Bueno, el papel de las fuerzas armadas en México, en Cuba, en Venezuela, no son precisamente prusianas, ni capaces de resistir en Stalingrado, ¿tú me entiendes? Yo creo que hemos tenido esa madera, pero la hemos perdido. Lo que si veo muy parecido es la dolarización de Venezuela. Hay que tener fe. Cuando un cubano te dice: Hay que tener fe, eso es tener familia en el extranjero, porque te mandan 100 dólares y eres clase aparte en Cuba. Una de las sociedades más clasistas que hay es la cubana. Ya no es a través de la lotería, como antes, que podías cambiar de clase. Existen los pinchos, la gente del partido, jefe de un despacho, jefe de una industria, viceministros, ministros, el generalato, esa es una clase ociosa. Existen los cuentapropistas, los dueños de pequeños restaurantes y prestadores de servicio, los van controlando para que no se vuelvan ricos. Y existen los que tienen familia en el extranjero. Acá está empezando eso, parientes que te mandan 100 dólares, que te convierten casi en Cisneros. Y si no llegas a Cisneros, llegas a cisne.


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