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A propósito del Boca-River: ¿cuál es la responsabilidad de los medios?

por Jován Pulgarín

25/11/2018

Una cuenta rápida: los periódicos deportivos en Venezuela tienen dos ediciones, como mínimo. Esto significa que los directores deben escoger dos portadas diarias. Cada portada lleva un titular corto con letras que destacan por encima del resto. En total: 720 títulos al año.

¿Cómo se llega a la portada? Regularmente se toma el evento más popular, un Leones-Navegantes por ejemplo o un Caracas-Táchira, y a partir de allí se hace una tormenta de ideas hasta llegar al encabezado. Todo título, por antonomasia, busca llamar la atención para invitar a la compra.

Métase en la piel de un director. Suponga que los Leones le están dando zapatero a los Navegantes y queda un solo juego en el calendario. ¿Qué se le ocurre para la portada? Algunas ideas: “Magallanes por el honor”, “Caracas a liquidar”, “La nave a evitar el ridículo” o “Leones a bombardear”. ¿Alguna otra?

¿Por qué conozco este ejercicio? Porque por casi 10 años esa fue mi labor. Para nuestra fortuna, el béisbol no tiene esa carga violenta que se ve en el fútbol. Aunque sí se han presentado problemas en las gradas, trifulcas y los típicos enfrentamientos en el campo. El fanático ortodoxo del balompié siente esa diferencia con orgullo, el seguidor de la pelota como la demostración de una superioridad evolutiva.

A pesar de que el fútbol sigue muy lejos de arrastrar masas en Venezuela, algo que solo consigue la Vinotinto, el torneo local está lleno de hechos de violencia. Los Caracas-Táchira requieren de un tratamiento especial, en el que se involucra el Estado y a las gerencias de los equipos.

La pregunta es: ¿motiva un titular a los delincuentes? Sicólogos y sociólogos podrán responder mejor esta pregunta. Mi experiencia me dice que no. Hasta ahora, no he visto a un malhechor mencionar a una portada como el combustible de sus actos.

A lo anterior, se suma que cada vez se lee menos prensa. De allí los graves problemas que está enfrentando este negocio. Argentina, donde se mide regularmente el comportamiento de los jóvenes, no es diferente al resto de Latinoamérica: la televisión e Internet dominan el mercado.

Los medios impresos son consultados en sus plataformas digitalesY ese dato debe ser visto con lupa porque las desigualdades hacen de las suyas. Entre más pobreza, menos lectura. El hábito de leer está asociado a la educación. Es bastante obvio: se lee mientras se estudia y el acceso a la educación es para privilegiados.

Dicho de otro modo, es poco probable que el ciudadano que está dispuesto a delinquir consulte la portada de un medio para sustentar su acción. Causa y efecto no entra aquí. Pero, y este pero tiene un peso enorme, sí es cierto que la prensa puede haberse visto devorada por la vorágine de los debates televisivos y como respuesta, se ha convertido en un eco de diatribas fútiles y exacerbadas.

Desde hace bastante tiempo los medios audiovisuales encontraron un nicho para explotar la beligerancia de los hinchas. En Argentina hay miles de programas bajo el mismo formato. Se trata de una vieja treta, renovada. Un panelista representa lo que piensa un fanático de un equipo otro invitado lo refuta y un presentador azuza las diferencias.

Lo importante es el choque y no el análisis. Es la preponderancia del show por encima del contenido. Entonces se lanzan juicios al azar, se responsabiliza de la victoria o la derrota, o demoniza si se quiere, a una figura (técnico, jugador, gerente) y esa expresión de odio-admiración se convierte en un mutiplicador del rating.

¿Son estos programas caldo de cultivo para los violentos? Lo desconozco. Como he dicho más arriba, son temas que requieren de un análisis más profundo y no de un simple “a mí me parece”. Pero lo que sí creo es que se hace necesario un debate sobre cómo los grandes medios cubren el fútbol y en general, cualquier actividad deportiva.

Hace poco se realizaron los Juegos Olímpicos de la Juventud en Argetina. No hubo medallero. La idea era que se reconociera el esfuerzo de cada atleta por encima del éxito conseguido. La iniciativa fue objeto de críticas y burlas. Incluso los medios empezaron a sacar sus propias cuentas, haciendo caso omiso de la brillante propuesta.

Esa incapacidad para devolverle al deporte su carácter más humano es el gran reto de todos. Y los medios de comunicación, desde cualquier plataforma, deberían trabajar en ese camino. Hoy luce utópico. Porque ¿qué otra solución hay ante hechos tan bochornosos como los de este Boca-River?

El castigo, vía penal, ya fue utilizado. Se han jugado partidos a puerta vacía, se ha sancionado a clubes y jugadores, económica y deportivamente. Sin embargo, los hechos de violencia se repiten una y otra vez. Y no solo en Argentina. Entre 2016 y 2018 en la Champions League se ha hecho visible que no es un asunto de un continente o de un equipo o de una hinchada.

Urge pues un examen de conciencia. Debemos aceptar los errores que hemos cometido en el deseo de la compra de contenidos deportivos. Sin ese acto de conciencia es hipócrita exigirle un cambio de comportamiento al fanático.


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