Telón de fondo

Rómulo Betancourt fue comunista

por Elías Pino Iturrieta

26/08/2019

Rómulo Betancourt. Fotografía tomada en Barranquilla, 1930. Autor desconocido

En el país de la polarización, saber que Rómulo Betancourt fue en su juventud dirigente de un partido comunista puede ser una especie de baldón eterno. Los extremismos que campean no admiten matices en el entendimiento de la política, ni aprecian con normalidad la evolución de las conductas personales. Tampoco observan con el imprescindible equilibrio   los pasos que se dan debido a la influencia de unos acontecimientos nacidos al calor de un tiempo que deja de existir para dar paso a otros. Lo más probable es que predominen las sospechas en el caso de uno de los artífices esenciales de nuestra democracia, después de descubrir su pecado juvenil de marxismo leninismo. La descripción somera que ahora se ofrecerá partiendo de las investigaciones del colega Luis León – Rómulo Betancourt y el Partido Comunista de Costa Rica: 1931-1935, Ediciones de la Facultad de Humanidades de la UCV,1985- pretende luchar contra esos prejuicios.

Después de su salida del país, concluida la primera etapa de la gesta llevada a cabo por los estudiantes ucevistas de 1928 contra la dictadura de Gómez, el joven Betancourt se entusiasma con las ideas del dirigente peruano Víctor Raúl Haya de la Torre y con el trabajo del APRA, el gran partido de masas que funda. Lleva en la maleta esos antecedentes, que son apenas un vínculo carente de profundidad, cuando resuelve labrar fama y ganarse la vida en Costa Rica. Su llegada coincide con la creación de una sucursal costarricense del APRA, ante cuyos promotores se presenta con folletos del partido y con referencias de su relación con el fundador. Los animadores de la sucursal de San José –Carmen Lira, José María Zeledón y Luisa González- lo reciben sin prevenciones y lo ponen en contacto con Joaquín García Monge, editor de Repertorio Americano, quien lo incluye en la lista de sus colaboradores. Empieza entonces a ganar lectores. El buen viento hace que también conozca a una educadora a quien animan las ideas progresistas, Carmen Valverde, quien  se convierte en su esposa y en madre de su única hija. Unas opiniones de Haya de la Torre sobre los sucesos del Falke, invasión armada contra el gomecismo que termina en fracaso, hacen que el joven se distancie del proyecto ¨indoamericano¨ y se acerque a un grupo de muchachos solazados en los rudimentos marxistas.

Topa con ellos cuando se inscribe como oyente en la Escuela de Derecho para   proseguir sus truncados estudios, pero es mayor el tiempo que dedica a las faenas políticas que a la visita de las bibliotecas. De allí que comience a destacar como un adelantado de las ideas revolucionarias, debido a cuya divulgación se envuelve en una trifulca que pone a correr su nombre en los periódicos. Ocurre una pelea con estudiantes conservadores, en la cual destaca por un fervor que es descrito por los reporteros como testimonio de un fanatismo peligroso. Los comentarios del episodio y las aclaratorias que hace para no aparecer como un agitador, comienzan a darle una celebridad que refuerzan sus escritos en Trabajo, órgano de un bloque obrero y campesino. Sus compañeros de la época afirman que su pluma es la más desenfrenada del movimiento. Dedica entonces varios textos a atacar los intereses de la empresa estadounidense Electric Bond and Share Company, en los cuales acomete contra las tropelías imperialistas. El Partido Comunista de Costa Rica se funda el 16 de junio de 1931, con Betancourt en el elenco directivo. Testimonios de sus contemporáneos señalan que mueve los hilos desde la trastienda para evitar críticas por su origen extranjero, pero otros aseguran que está desde el principio en primera fila.

En las elecciones municipales de 1932 los comunistas obtienen un caudal inesperado de votos, que les ofrece oportunidades de administración en varias localidades. Betancourt plantea que todos los candidatos de la organización deben pertenecer a la clase trabajadora, para que la revolución del futuro comience con buen pie, pero los comités consideran que no conviene una propuesta tan excesiva. Uno de las figuras más radicales de la directiva, Arnaldo Ferreto, quien es elegido regidor en Heredia, asegura después que el venezolano fue su consejero más extremista. En mayo del año siguiente, cuando se reúne en San José el Segundo Congreso de la Confederación Ibero-Americana de Estudiantes, el venezolano critica las medias tintas de Vicente Lombardo Toledano, célebre sindicalista mexicano. En 1934 anima a los campesinos en la célebre huelga bananera del Atlántico contra la United Fruit Company, a través de una serie de textos dirigidos especialmente a ellos en sus columnas del semanario Trabajo. En mayo de 1935, debido a  actividades contra la seguridad del estado, el gobierno de Jiménez Oreamuno ordena su expulsión de Costa Rica. El perseguido se las arregla para permanecer en el país sin ser objeto de persecuciones efectivas, después de que ha respondido a la disposición oficial con una afirmación lapidaria: ¨soy y seré comunista¨. Deja el país por voluntad propia en 1936, cuando las posibilidades de una transición política parecen posibles en Venezuela.

El Plan de Barranquilla, que ayuda a redactar en 1931 para la liberación de su patria y que es un documento fundamental de nuestra contemporaneidad, incluye planteamientos de cuño marxista sin llegar a las propuestas drásticas que maneja en Costa Rica. Contemporiza con factores de los cuales abominaba, para sugerir una propuesta tragable por   agrupaciones y líderes contrarios al gomecismo que no están dispuestos a embarcarse en una aventura bolchevique. Sus ideas para Costa Rica son distintas a sus ideas para Venezuela, quizá porque se esté alejando a conciencia de la primera insurgencia o porque considere que conviene dejarla para mejor ocasión. Más lo primero que lo segundo, si juzgamos por las campañas del posgomecismo, destinadas a la creación del partido Acción Democrática, y por su conducta cuando llega al poder en 1945 y en 1958. Estamos ante una  evolución  que no pueden apreciar las miradas que solo se  regodean en un tramo   de  carreras ajustadas a los desafíos que los lugares y los tiempos  proponen,  sin cuya atención los políticos están condenados al fracaso y a la estupidez.


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