Entrevista

María Yanes Herrera: “La crisis de la salud está totalmente visibilizada”

por Hugo Prieto

María Yanes retratada por Ernesto Costante | RMTF

29/09/2019

De esta historia, la doctora María Yanes Herrera, médico internista y nefrólogo, tiene perfecto conocimiento. La crisis de los hospitales ya era un hecho en 2007 y pese a los ingentes recursos que recibió el país producto del boom petrolero (con un barril a 140 dólares) no se invirtieron los recursos necesarios para garantizarle a los venezolanos un acceso oportuno y de calidad en los centros de salud.

Yanes Herrera presidió la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas y la Sociedad Médica del Hospital José Ignacio Baldó (mejor conocido como el Algodonal). En Venezuela nunca se ha invertido en salud lo que recomienda Naciones Unidas (el 5 por ciento del producto PIB). La emigración forzosa, producto de la emergencia humanitaria compleja, se traduce en un déficit alarmante de personal en los centros hospitalarios, desde médicos hasta enfermeras, pasando por laboratoristas. El drama que viven los pacientes de enfermedades crónicas es una tragedia que se mide en muertes que pudieron prevenirse.

Las cifras son extraoficiales debido al apagón estadístico que impera en Venezuela.

Más de 16 millones de venezolanos acuden al servicio público de salud, cuyas condiciones, en 2018, eran las siguientes: 53 por ciento de pabellones o quirófanos inoperativos; 88 por ciento de escasez de medicamentos; 94 por ciento de fallas en los servicios de rayos x y 100 por ciento de fallas en los servicios de laboratorio. ¿Qué significa esto?

Lo primero que quisiera decir es que Venezuela atraviesa por la peor crisis de su historia republicana. No solamente en el contexto de la salud, porque la crisis sanitaria que tenemos ya llegó a un punto de quiebre. Pasamos de crisis humanitaria, en 2013, a emergencia humanitaria compleja, que es lo que estamos viviendo actualmente. Esta emergencia abarca todas las variables que intervienen en la vida de los venezolanos y uno de los factores que más incide en el derecho a la vida es, fundamentalmente, el derecho a la salud, como lo establece los artículos 83 y 84 de nuestra Constitución. Eso es lo que más ha afectado la vida de los venezolanos.

Usted ha trabajado en distintos hospitales del sistema de salud público. ¿Cuál es el drama que viven los enfermos? ¿Cuál es el drama que se vive en los hospitales?

La crisis hospitalaria comenzó en 2007. Yo conozco esa historia, porque era la presidenta de la Sociedad Médica del Algodonal. Actualmente, ningún hospital se salva a escala nacional. No sólo estoy hablando de los nueve centros hospitalarios, los más importantes, del Distrito Capital. Me refiero a todos los hospitales en sus diferentes clasificaciones, desde el tipo 1 hasta el tipo 4, esa clasificación depende del número de camas. Los hospitales de mayor envergadura, es decir los que tienen más de 300 camas —el Clínico Universitario, El Algodonal, el Pérez Carreño—, no las tienen todas operativas y el paciente, pese al esfuerzo de los médicos y del personal de salud en general, no recibe una atención oportuna y de calidad. ¿Por qué?, porque no hay los instrumentos, no hay herramientas y las fallas, prácticamente, son a nivel general.

¿Cómo se puede planificar las llamadas operaciones electivas, digamos, una hernia inguinal, una operación de cataratas? ¿Dónde entra el paciente?

Usted entra a lo que llamamos la mora quirúrgica a escala nacional (alrededor de 300.000 casos). El paciente tiene que esperar hasta seis meses para que pueda ser operado en una cirugía electiva. Venezuela, de acuerdo a lo que establece la Constitución, debería tener un sistema de salud intersectorial, con principios de gratuidad y equidad, pero eso no existe, porque el sistema de salud se pulverizó, se desintegró. El paciente tiene que traer todos los insumos —desde gasa hasta algodón, pasando por el catéter que le van a poner, cualquiera que sea—, tiene que llevar un kit de cirugía y, en muchos casos, no tiene la capacidad para comprarlos. Es decir, no hay la dotación que tiene que tener un hospital para atender al paciente.

¿Si a un paciente le detectan una hernia umbilical en un módulo de salud de Barrio Adentro, digamos, si tiene un diagnóstico temprano, ¿qué sigue?

No tiene la capacidad de resolverlo. ¿A dónde lo vas a enviar? ¿A un hospital? ¿A un centro de salud tipo 3 que tenga esa especialidad? Ahí se va a topar con la falta de dotación y de insumos. Todos sabemos que Barrio Adentro es un sistema de salud paralelo que comenzó en 2003, donde se iba a impartir la atención primaria. Pero la medicina preventiva no sólo es la prevención de la enfermedad, también es la educación y la promoción de salud. Eso es lo que debería prevalecer. A Barrio Adentro se dirigió la atención, los recursos, en desmedro del sistema tradicional.

María Yanes retratada por Ernesto Costante | RMTF

¿Diría que Barrio Adentro fracasó?

En mi opinión es un sistema fracasado, donde no se ven los resultados para lo cual fue establecido. Es decir, un sistema de atención primario y de prevención. Eso fracasó. De hecho, la mayoría de los famosos módulos hexagonales están abandonados.

El país se ha vaciado de profesionales de la más variada índole. Otros países de América Latina han fortalecido su sistema de salud con la participación de médicos venezolanos. ¿No resulta paradójico?

Ese es uno de los contextos que entra en la emergencia humanitaria compleja en lo que se refiere a la salud. No sólo hablo de los médicos. Hablo, inclusive, del personal de enfermería, del personal de bioanálisis. Hay un déficit de recursos humanos impresionante en los hospitales. Más de 25.000 médicos se han ido del país. Esa es la cifra que manejamos. Todos formados en las universidades tradicionales y reconocidas. Porque así como tenemos un sistema de salud paralelo, lamentablemente también tenemos una educación paralela en la medicina, como lo es el médico comunitario integral. Hay un pénsum de estudio que no cumple con las horas académicas para que un estudiante opte por un título de médico. De la emigración forzosa que sale del país por el puente Simón Bolívar —más de 5.000 venezolanos cada día—, no se escapan los profesionales y el personal de la medicina.

¿Cuáles son las especialidades más afectadas?

Yo diría que ninguna especialidad se salva. Pero son más los recién graduados e inclusive los que terminan su residencia de posgrado. Aquí no se salva ninguno. Afortunadamente, en otras latitudes, esos médicos han demostrado lo bien que han sido formados. Pero no hay garantías de que siga siendo así. Recientemente se quiso implementar un instructivo en el Hospital Clínico Universitario, que no sólo atentaba contra su autonomía, sino contra la formación académica de los estudiantes. Una cosa muy grave, porque ese hospital es el brazo derecho de la Escuela de Medicina Luis Razetti. La reacción inmediata de la comunidad hospitalaria en general lo impidió. Pero esa amenaza sigue latente.

La gente que emigra se va quedando, se va quedando… hasta que un día no vuelve. Eso le va a pasar a muchos médicos. Esa idea de que la gente va a regresar, no la veo tan factible. ¿Qué daño se ha producido? ¿Cuánto tiempo va a tomar, por ejemplo, volver al nivel que teníamos en 2013, año en que empezó la crisis humanitaria?

Hay gente que está trabajando en un plan para recuperar el sistema de salud en términos generales. Un factor importante de ese plan es la recuperación del personal que se perdió debido a la migración forzosa que produjo la emergencia humanitaria. Se perdieron todas las condiciones de trabajo. Se perdieron todas las condiciones de seguridad social. No hay una contratación colectiva. Todo eso se perdió. No será de un día para otro. El grupo Médicos Unidos del estado Aragua, por ejemplo, presentó un plan para esa entidad, que pudiera extrapolarse a escala nacional. Ese plan establece metas y objetivos a alcanzar en un plazo de 90 días, seis meses, un año y dos años. Ese plan lo debemos tener para cuando se produzca el cambio que todos queremos y que sabemos cuál es. Me estoy refiriendo —para no hablar de otras cosas—, al sistema que prácticamente ha destruido la salud en Venezuela. Yo tengo esperanza, tengo fe, de que cuando se produzca el cambio muchos médicos van a regresar.

Los recursos que se invierten en salud han caído en forma sostenida. En 2015 representaban el 3,1 por ciento del PIB y en 2018, apenas el 1,9 por ciento —data de la Organización Mundial de la Salud—. No sólo es un sistema fracasado sino inviable financieramente.

Eso no es nada. Antes de la debacle económica del 2013, a Venezuela le entraron recursos muy importantes por exportaciones petroleras. El precio del barril llegó a 140 dólares. Incluso entonces, el gasto en salud era ínfimo. Nunca llegó a los niveles que recomienda la OMS (5 por ciento del PIB). Aquí lo que está impactando es el caos y la crisis económica que hay en Venezuela. Lo primero que tiene que haber es una recuperación económica para poder aportar en salud los recursos que se necesitan. El gobierno no previó, para nada, el impacto que el desastre económico tuvo y tiene en el sector salud.

El otro tema tiene que ver con las enfermedades crónicas y los pacientes oncológicos. Uno de cada 10 venezolanos, por ejemplo, puede comprar los medicamentos para tratar el dolor que produce el cáncer. Más de seis mil venezolanos se han ido del país para poder comprar las medicinas que hacen falta para tratar el VIH. Dentro de la realidad sombría que estamos viviendo, ¿qué les queda a estos enfermos?

Es muy triste, porque uno como médico vive el día a día de estos pacientes y conoce la realidad. En Venezuela hay alrededor de 300.000 personas que padecen enfermedades crónicas de diversa índole. No solamente son los pacientes oncológicos, también son los pacientes que no tienen ni los recursos para adquirir las medicinas, o sencillamente no las hay o no llegan al país. En ambos casos, simplemente, son pacientes que corren el riesgo de morir. Es una cruda, una trágica realidad la que se vive en Venezuela con los pacientes de enfermedades crónicas.

Se puede decir, sin menoscabo a la verdad, que el Estado está condenando a estos pacientes a una muerte anticipada.

A una muerte que pudo haber sido prevenible, porque no es solamente el paciente oncológico o el paciente con VIH, es el paciente hipertenso que puede morir por causa de un infarto o un ACV, es el paciente diabético que puede morir porque no tiene la insulina, es el paciente con esclerosis múltiple que tiene tres años sin recibir los medicamentos de alto costo para todas esas enfermedades. Si bien estamos viendo más medicinas por vía de la Cruz Roja Internacional, no son suficientes. El drama de los pacientes trasplantados que han fallecido porque no hay inmunosupresores. Y los pacientes en diálisis, más de cinco mil han fallecido en los dos últimos años, de acuerdo a las declaraciones del expresidente del IVSS, porque no hay los insumos en diálisis. O porque el paciente no tiene los medicamentos para atenderse y muere por complicaciones de su enfermedad renal crónica. Es un drama terrible.

¿Por qué el gobierno niega la existencia de una emergencia humanitaria? ¿Por qué el representante del gobierno va a Bruselas y dice tal cosa?

Eso tiene su lógica, ¿qué se puede esperar de una persona que forma parte de este sistema? Eso es lo que tiene que decir y reiterar, que aquí no hay ninguna emergencia humanitaria compleja. Pero afortunadamente, el sol no se puede tapar con un dedo. Y así lo demostró el informe de la doctora Michelle Bachelet (alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU). Un informe que se presentó por primera vez el pasado 5 de julio y al que se le hizo una actualización el pasado 9 de septiembre. Ahí se demostró la violación a los derechos humanos en Venezuela, incluido el derecho a la salud y a la vida. Ya está totalmente visibilizada la crisis de salud que hay en el país. Me preocupa que no haya habido una respuesta ni del gobierno del señor Maduro ni de la comunidad internacional. La ayuda que llega a través de la Cruz Roja Internacional es insuficiente, tampoco está llegando al número de personas que realmente la necesitan. ¿Qué se importen medicamentos? Muy bien, pero que sean de calidad y debidamente registrados en el país, cosa que no está ocurriendo.

Vivimos una secuencia de enfermedades transmisibles —sarampión, difteria, hepatitis A, y de malaria, donde Venezuela ha retrocedido más de 40 años.

Para este año los expertos pronostican un millón de casos nuevos de malaria. Yo creo que la malaria es el reflejo del fracaso de las políticas sanitarias desde el punto de vista epidemiológico. Desde 1936 salía el Boletín Epidemiológico y es bajo este régimen que dejó de publicarse, creo que en 2008 se publicaron varios boletines, luego en 2016, hasta que se publicaron las cifras de mortalidad materna y mortalidad infantil que son los indicadores más fehacientes de que un país está o no saludable. Tenemos una crisis epidemiológica en falta de políticas y de controles para poder erradicar esas enfermedades. La erradicación del vector que propaga la malaria no está funcionando, así como las políticas de prevención y control de riesgos. Lo que ha habido es un gran retroceso. En la difteria, por ejemplo, el último caso fue en 1992 y en octubre de 2016 regresa, ¿por qué? Porque la cobertura en vacunación no llegó al 50 por ciento cuando debía ser del 95 por ciento, al menos en niños. Eso te dice que aquí no hay, en lo absoluto, políticas sanitarias para controlar esas enfermedades. Sarampión, en lo que va de año, ya van más de 5.000 casos.

Esas enfermedades, no sé si con la espada de Bolívar, van recorriendo toda América Latina.

Esa tragedia de enfermedades emergentes y reemergentes —sobre todo estás últimas— nos muestran como un país en franco atraso y retroceso. Nos hemos convertido en un país exportador de enfermedades a otros países. Ya Venezuela implica un problema regional en salud.


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