EntrevistaEl siglo XX en Venezuela

María Magdalena Ziegler: “Han pretendido con alevosía que olvidemos el siglo XX”

por Marielba Núñez

Fotografía del Archivo Fotografía Urbana. Ilustración de Paula Mercado

17/04/2018

La historiadora de arte María Magdalena Ziegler se propone rescatar, en el marco de un proyecto de la Fundación para la Cultura Urbana, el significado todavía no evaluado del aporte de las artes plásticas en una centuria que considera un momento inédito de creatividad e innovación en Venezuela, cuya memoria está en riesgo

María Magdalena Ziegler retratada por Lennin Ruiz (@lennyruizc)

La investigadora e historiadora del arte María Magdalena Ziegler se enfrenta al reto de buscar el significado de las artes plásticas para la configuración de esa centuria que abandonamos hace menos de dos décadas pero que a ratos parece tan lejana. Sabe que, para el proyecto El siglo XX en Venezuela, se adentra en un terreno todavía poco explorado pero prometedor, poblado por algunas de las imágenes más innovadoras de nuestro pasado reciente, pero también por las promesas de un proyecto de país que a ratos parecimos rozar pero nunca alcanzamos.

No es la primera vez que asume la tarea de prestar su mirada para ofrecer detalles sobre ese periodo, pues lo hizo ya en una entrañable publicación de la Universidad Metropolitana, titulada El siglo XX en sus propias palabras, un texto que recoge documentos tan emblemáticos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Manifiesto del Mayo Francés, y voces tan disímeles como las de Albert Einstein, John Lennon o Nelson Mandela. “Podemos mirar el siglo como el de la opresión política, pero también es el siglo de la Libertad. Así pues, donde quiera que surja una voz condenatoria del siglo XX, surgirá también una voz benéfica, no para absolver sino para recordarnos que allí donde el ser humano puede llegar a ser terriblemente destructivo, termina alzando la bandera de la construcción”, escribió en el prólogo de ese texto.

Hacer un panorama desde cualquier disciplina es muy ambicioso. ¿Cómo afrontarlo en el caso de las artes plásticas?

El reto más grande es deshacerse de la historiografía que hasta ahora ha prevalecido, de ese discurso presente en libros muy hermosos, que han sido editados desde aproximadamente los años sesenta en Venezuela, textos que tienen unas fotografías extraordinarias y a los cuales se les debe mucho porque hay un registro que hoy en día sería imposible hacer. En términos del estudio de las artes plásticas, de sus elementos innovadores, de sus proyectos, planes, propósitos, de la función que cumplieron las artes plásticas en momentos determinados en la historia del siglo XX, se ha hecho bastante poco. Si revisáramos las tesis de grado universitarias seguramente encontraríamos material muy valioso, pero nada de eso ha sido utilizado para dar una visión significativa al papel de las artes plásticas en el siglo XX. Ese es el desafío fundamental de este proyecto: crear un discurso que le dé significado y verdadera importancia a ese aporte, algo muy distinto a hacer un recorrido cronológico.

¿Habría entonces que prescindir de referencias que se han hecho un lugar en el imaginario del venezolano?

En lugar de depender de grandes nombres, como Armando Reverón, como Jesús Soto, como Carlos Cruz-Diez, que tienen todo el mérito y no se les debe quitar, la gran pregunta es ¿cuál es el aporte que hacen las artes plásticas a nuestro siglo XX? ¿Qué elementos son distintos? Hemos propuesto, por ejemplo, incluir la proyección internacional de nuestras artes plásticas, porque fue algo que no ocurrió en el siglo XIX, excepto por la Medalla de Oro en el Salón de Artistas Franceses de 1887 que ganó Arturo Michelena. ¿Quiénes son los nombres que nos dan a conocer? Son los cinéticos, artistas que trabajaron para proyectarse más allá de las fronteras.

Hay una vinculación clara entre el poder político y económico y el desarrollo del cinetismo.

No puedes ver las manifestaciones artísticas fuera de su contexto. Reverón, por ejemplo, fue un pintor muy íntimo, pintó para un público muy pequeñito, era un artista muy ajeno al mundo del mercado del arte. En el caso del arte cinético es imposible pensar en las grandes obras de Soto, Cruz-Diez o Alejandro Otero, sin pensar en ese gran salto que intentó dar Venezuela en los 60 y los 70 como un país muy dado al progreso, a la modernización, que además comenzó a tener grandes fortunas para gastar en obras públicas. Toma por ejemplo la represa del Guri, que es una obra multimillonaria pero en la que además se imprimió el sello de estos grandes artistas, o el complejo cultural ya muy deteriorado en estos últimos 20 años que incluye las Torres de Parque Central, el Teatro Teresa Carreño, la nueva sede de la Galería de Arte Nacional que todavía sigue en construcción, el Museo de Arte Contemporáneo. Hablar de Soto y Cruz-Diez es hablar de aquel gran salto que quisimos dar y nos quedamos a medio camino.

Miradas en el espejo

La re-visita que Ziegler propone hacer al siglo XX venezolano huye de cualquier reconstrucción cronológica y se plantea revisar aspectos como las contradicciones entre lo moderno y lo contemporáneo en las artes plásticas, “dos términos que parecieran a ratos sinónimos y a ratos antónimos”, señala. “Ser ‘moderno’ implica, desde el siglo XIX en adelante, compartir y ser parte del proyecto de la Modernidad. Lo contemporáneo, en cambio, se refiere a nuestro propio tiempo, a lo que va hacia adelante, relevando los conceptos de la Modernidad inclusive. Sin embargo, rechazar el pasado, negándolo, es una actitud moderna. Cuando en la década de 1970 se crea el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas casi la totalidad de su colección es de arte moderno, pero no contemporáneo. Y esa es una contradicción enorme en la colección permanente del MACC”.

La creación y consolidación de instituciones museísticas es otro de los hechos que considera definitorio de la época. Si bien las pioneras datan del siglo XIX, es con la aparición en escena del Museo de Bellas Artes, en 1917, recuerda, cuando comienza a consolidarse una institucionalidad hasta entonces inédita, que luego se afianzará con la fundación de centros como la Galería de Arte Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo Alejandro Otero, el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez y el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, para mencionar algunos.

Otra de sus propuestas es evaluar el impacto de la educación artística.

Se trata de un punto que no puedes ver aisladamente, sino en el marco de otras asignaturas y de cómo se procuró que se integrara para que cumpliera la función que debería tener en todo currículo educativo, que es el de potenciar la creatividad y estimular la innovación. La educación artística, bien proporcionada, bien impartida, contribuye al estímulo de la creatividad y de la innovación. Si no estimulamos la sana curiosidad, y la creatividad para ir tras ella, entonces no digamos que no vamos a tener artistas, no vamos a tener científicos.

¿Cuáles otros aspectos considera fundamentales?

También es importante el surgimiento de espacios alternativos e independientes para las artes, las galerías privadas, los espacios que nacen espontáneamente, que pueden ser sitios públicos, en los que los artistas se reúnen o hacen exposiciones. Los salones de arte, que fueron muy polémicos: el salón Pirelli, el salón Aragua, el salón Arturo Michelena. Es propio del siglo el desarrollo de las artes del fuego, las artes experimentales, las artes gráficas, la aparición del crítico de arte y de la historiografía en el área, que contribuyeron a que las artes plásticas se miraran distinto a cómo lo hacían en el siglo XIX. Con esto creo que podemos tener, al final del camino, un rescate de información enorme, que probablemente va a ser mayor de la que nos estamos imaginando.

¿En este terreno Venezuela es distinta a sus vecinos latinoamericanos?

Venezuela tuvo un momento con una gran bolsa de dinero para gastar en las artes plásticas. Entonces pudimos desprendernos de esa tendencia a que las artes plásticas se ocuparan fundamentalmente de problemas sociales. En la primera mitad del siglo tuvimos una serie de artistas, como César Rengifo o Héctor Poleo, que se llegaron a ocupar mucho de esa problemática social que hoy está más vigente que nunca. Pero tuvimos la particularidad de que siendo un país petrolero el Estado tenía un presupuesto mucho mayor que los de otros países de América Latina para financiar la ejecución de obras de arte público y evidentemente el Estado no iba a financiar una obra que hablara del lamento social de la gente. Cuando hubo mayor cantidad de dinero para invertir en el arte, el cinetismo estaba en primera fila. Eso no quiere decir que las artes plásticas dejaron de preocuparse de la problemática social, pero no es lo que recordamos del siglo XX. Esa también es una grieta por la cual hay que meterse.

Memoria en riesgo

Los desvelos de Ziegler, quien durante quince años formó parte del personal de la Unimet, y ahora, radicada en Estados Unidos, asesora instituciones y proyectos artísticos independientes, también han sido habitados por un personaje de épocas precedentes. Se trata de Juan Lovera, a quien le dedicó su tesis para obtener el grado de doctora en Historia en la Universidad Católica Andrés Bello. Estudiar la vida y la obra del autor de obras fundamentales para la memoria del país fue una experiencia que describe como agridulce. “Me encontré con una generación de venezolanos que tenía una idea de república muy distinta a lo que terminó siendo, una idea muy civilista de Venezuela que lamentablemente fue avasallada por el fuero militar”. El fantasma de una historia que se repite ahora, reconoce, está presente en el reto que se le presenta ahora.

¿Puede anticipar cuál será la conclusión de esa revisión de esa mirada retrospectiva de las artes plásticas en el siglo XX?

Creo que fue un momento sumamente creativo para los venezolanos, un momento de gran innovación, un momento de ponernos al día con el mundo. No lo hicimos todo el tiempo pero sí a ratos dejamos de mirarnos el ombligo y eso es importante. No podemos crecer si constantemente nos quedamos regodeándonos en nosotros mismos, tenemos que pararnos erguidos y caminar. Creo que logramos hacerlo en el siglo XX y no se le ha dado el valor que corresponde.

Es un ejercicio de reconciliación con esa memoria.

Cuando hagamos toda esta revisión vamos a tener una gran sorpresa, con todo lo que hemos logrado. Lo que llevamos en la maleta como aporte del siglo XX es tremendo. Y nos vamos a encontrar con una gran calamidad y un gran problema, nos vamos a encontrar con un hiato de 20 años que nos va a separar del siglo XX, nos vamos a sentir tan ajenos al siglo XX como si fuera el siglo XVIII. Esta revisión pudiera servir para hacer más estrecha esa grieta, para acercarnos a todo lo que logramos en ese siglo y que por alguna razón un grupo ha pretendido que olvidemos, que perdamos, con premeditación y alevosía, como es el caso del prestigio de nuestras instituciones museísticas, que se ha intentado destruir hasta con ahínco. Eso va desde despojarlas de sus logotipos hasta difuminar la posesión de sus colecciones.

¿Los venezolanos estamos dándole la espalda a la herencia del siglo XX?

Estamos viviendo en el siglo XXI una realidad en la que procurarnos lo más básico es prioridad, nos quita todas las horas del día. Poco nos puede importar qué hicimos o qué dejamos de hacer ayer. En el siglo XXI estamos en un momento de sobrevivencia. La memoria es un rasgo humano muy sensible, trabaja con la dinámica del recuerdo y del olvido. Cuando hay cosas que no nos parece necesario recordar la memoria actúa en consecuencia. ¿Para el venezolano de hoy es necesario recordar el siglo XX? No, es necesario saber dónde están vendiendo comida, dónde consigo la medicina para el hijo que tengo con fiebre de cuarenta. En ese contexto, cada vez tenemos menos ánimo, menos energía para hacer historia.

Páginas imprescindibles

Ante el reto de seleccionar aquellos textos que serían fundamentales para comprender el siglo XX en Venezuela desde la perspectiva de la historia de las artes plásticas, María Magdalena Ziegler propone una reflexión: “El mayor contratiempo para esta selección es que la historia de las artes plásticas venezolanas (o en Venezuela) en el siglo XX escrita en el propio siglo XX no existe. Lo que nuestros artistas sí emprendieron, no lo emprendió la Historia del Arte como disciplina en un plano profundo de conocimiento y divulgación que permitiera actitudes teóricas críticas, generación de posturas enriquecedoras y elaboración de interpretaciones del mundo creativo nacional”.

Una consulta obligada es la obra Fuentes Documentales y Críticas de las Artes Plásticas Venezolanas: Siglos XIX y XX, editada por la Universidad Central de Venezuela, en el año 2001. “Sin embargo, esto no es la historia de las artes plásticas en Venezuela, ni siquiera es una historia de nuestras artes plásticas”, acota.

También es posible, señala, encontrar “a lo largo del siglo XX hermosos catálogos de exposiciones relevantes que incluyen reflexiones interesantes sobre la creación plástica nacional”. Pero adolecen de una propuesta “de interpretación histórica que asuma posturas de comprensión de la realidad artística”. También ha habido incontable cantidad de artículos, tesis de grado u de ascenso que califica de sobresalientes pero que no saldaron la deuda de escribir la historia de las artes plásticas venezolanas del siglo XX.

Entre los textos que menciona está Historia de la Pintura en Venezuela: época colonial, de Alfredo Boulton, publicada en 1964 en Caracas por la Editorial Arte. “Esta es la primera real historia del arte escrita sobre arte venezolano y aunque evidentemente su interés no estaba centrado en las manifestaciones artísticas del siglo XX, su autor es el primero en hacer un esfuerzo crítico, con empleo de fuentes primarias, para analizar e interpretar el pasado artístico venezolano”.

Considera que la historia de las artes plásticas del siglo XX se escribirá realmente en el siglo XXI, “como de hecho ha sucedido”. Destaca la obra de Juan Carlos Palenzuela como la más notable: Arte en Venezuela: de La Firma del Acta de Independencia de Juan Lovera, 1838, al Premio a Los Coloritmos de Alejandro Otero, 1958 (Caracas: Fundación Banco Industrial de Venezuela, 2011); Arte en Venezuela: 1959-1979 de El Techo de la Ballena a 11 Tipos (Caracas : Mercantil, 2005) y Arte en Venezuela: 1980-2005 (Caracas, 2015)”.

Para Ziegler, sin duda Palenzuela puede servir de guía. “Sin embargo, los textos fundamentales han de ser siempre -y en primer lugar- las propias obras y los autores más relevantes, los artistas”.


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