Perspectivas

Kapuściński: Un día más con vida

06/01/2019

Fotograma de Un día más con vida (2018). Raúl De La Fuente, Damian Nenow

Un día más con vida es una frase que evoca, desde la peligrosa cotidianidad en una ciudad como Caracas, el nombre de un congreso internacional de la supervivencia, hasta una plegaria de agradecimiento por continuar jugando un papel en la tierra. Hay situaciones en que la muerte se siente mucho más cercana, como cuando se cumple la labor de reportero de guerra, aquel que tiene que sortear las alcabalas de bandos encontrados de un conflicto armado.

Un día más con vida en Caracas en 2018 (acaba de recibir la distinción como la ciudad más peligrosa del planeta con 23.047 asesinatos en un año) o Luanda en 1975. Se puede respirar, caminar, pensar, correr, gritar en voz alta contra una opresión o expresar la intensidad de un ideal. Mientras se tiene vida se tiene todo, se puede uno inventar caminos, tomar decisiones erradas o certeras, seguir dando pasos en un planeta convulso desde siempre.

Un día más con vida es también una poderosa película animada, un viaje emocional de alta intensidad ganadora del Premio del Público del pasado Festival de San Sebastián y presentada en el Festival de Cannes. Dirigida por el español Raúl de la Fuente y por el polaco Damian Nenow, se trata de una película que deja una conmoción, un estremecimiento de los sentidos. Es, a la vez, un filme sobre el escritor considerado como uno de los grandes maestros en la literatura basada en la realidad:

“Me llamo Ryszard Kapuściński. Trabajo para la agencia de prensa polaca. Soy su único corresponsal en el extranjero y cubro 50 países en todo el mundo”.

Panfletos caen del cielo

Al llegar a Luanda en septiembre de 1975, Kapuściński enciende un cigarrillo en el balcón de la habitación de una ciudad sumergida en el caos y la paranoia, como pensando en la labor que tiene por delante. Físicamente, tal vez por los rigores de la estética cinematográfica, nos muestran a un Kapuściński en mejor forma y mejor parecido de lo que pudo haber sido en la vida real.

Un año antes de su llegada a Luanda ocurre la Revolución de los Claveles en Portugal, un levantamiento militar que produjo el fin de la dictadura salazarista. Como consecuencia de este cambio de paradigmas, el 15 de enero de 1975 se fija la concesión de la independencia de Angola para el 11 de noviembre de 1975, firmada por las principales agrupaciones políticas de la nación africana. Sin embargo, una de las primeras escenas de la película es la de un avión que lanza panfletos desde el aire y que llegan a las manos del reportero polaco: “Muerte a los comunistas. Muerte al MPLA”.

En la víspera de la independencia existía el enfrentamiento entre el movimiento derechista Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), apoyado por Estados Unidos y Sudáfrica, y el izquierdista Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), apoyado por Rusia y Cuba, a lo que se sumaría un tercer pilar, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA). El reportero polaco piensa: “Sentimos una angustia especial. Es una lección aprendida a través de la historia. Correrá la sangre.  África está despertando”.

Carmen llora en el cine

La segunda vez que vi la película, pensando ya que iba a escribir esta crónica, me encontré, por sorpresa, con la versión en inglés con subtítulos en español. La primera vez la había visto en castellano con acento español, y me pareció, paradójicamente, que tenía más fuerza en castellano que en inglés. Siempre suelo pensar lo contrario y me entra una pesadumbre cuando veo una película traducida de su idioma original, creo que es preferible leer subtítulos, si es que no se entiende el idioma, y dejar que la música del lenguaje original arrope a los espectadores.

A Carmen la conocí en Barcelona y, como corresponsal internacional, se interesó en ver la película animada. Al final del filme veo que Ana, que está sentada en el medio, la consuela. Carmen Andrea Rengifo nació en Cali y fue corresponsal de RCN durante ocho años en Venezuela. La imagen de su rostro ensangrentado aparece en un video difundido en el momento en que reina una confusão frente al Hospital Militar luego del anuncio oficial de la muerte de Hugo Chávez, una turba violenta, una entropía bolivariana, y en medio del huracán de gritos, carreras, golpes, de esa confusão, la que el reportero polaco insiste que “puede adueñarse de una multitud, ejerciendo su poder sobre ingentes masas humanas, y entonces se producirán luchas, muertes, incendios”.

Carmen está en Barcelona para superar su luto, Carmen se siente venezolana, ella dice que descubrió en Venezuela el trato de la gente sin importar la condición social. Al dejar el país, El Estímulo publicó un texto suyo, un compendio de frases cortas que refleja su experiencia y su estado de ánimo y que concluye así: “Y sí; Yo soy venezolana y también lamento mi partida. Duele la patria encadenada y oscura”. Me imagino que Carmen se habrá levantado tantas veces de su cama en suelo venezolano y sin saberlo se habrá dicho a sí misma: Un día más con vida. Estamos en el cine y a Carmen no solo le viene lo vivido en su país adoptivo sino el conflicto armado de su natal Colombia y, ella, que está deseosa de abrirse nuevos caminos, encuentra tantas situaciones parecidas a las que hace sentir la intensa y bien lograda narrativa del filme, rememora lo que vivió los años que estuvo destacada en Venezuela y no puede dejar de echar unas lágrimas, esmorecida de cariño, nostalgia y pérdida.

Literatura a partir del periodismo

Un día más con vida (ficción o no ficción o ficción de la no ficción) está escrita empleando los recursos de la gran literatura: cargado de imágenes evocadoras, descripciones tanto de personas como de lugares que se complementan con metáforas, administración del momento narrativo de los acontecimientos, la propia estructura de la obra, la incorporación de momentos supuestamente más triviales, como para aligerar la carga pesada del conflicto, como cuando habla de fútbol o la escena en la que el pueblo se congrega a ver la película erótica Emmanuel, la orfebrería para describir los ambientes que se vivían a las que se agregan, ni más ni menos, reflexiones sobre el sentido de la vida, como cuando habla de la “cajolojóia” o de su natal Polonia. Reflexiones que en el filme son segundos en que la animación parece una pesadilla o un delirio surrealista:

“Aquella gente estaba hecha de tal manera que sus energías vitales actuaban de lunes a viernes, tras la cual, a medianoche, se sumergía en un estado de nirvana, de invencible sopor, petrificándose en la misma posición en que la había sorprendido la hora cero. Empezaba a reinar un silencio apático, que actuaba sobre las cosas como un somnífero. Incluso parecía que la propia naturaleza se dormía. El viento dejaba de soplar, las palmeras se volvían rígidas y a los animales también se los tragaba la tierra”.

Un buen periodista debe ser una buena persona

En estos tiempos de distracción celular una película puede trascender los confines de las páginas de un libro para hacer una historia mucho más conocida. Y de allí, como un bumerán, los espectadores del filme acuden a los libros. Esa pareciera haber sido ser la intención del director Raúl de la Fuente cuando declara:

“Yo viví en África y América Latina filmando mis documentales a partir de la lectura de los libros de Kapuściński. Sus libros son muy visuales. Yo conocía las locaciones y más que leerle empecé a ver películas en sus libros. Muy pocas películas fusionan animación con documental de esta manera, de forma que no teníamos referentes. Otra parte importante del proceso fue buscar a los protagonistas claves vivos: Artur Queiroz, el Comandante Farrusco, y Luis Alberto Ferreira. Entonces viajamos a Angola en el 2011, cuarenta años más tarde que Kapuściński para hacer su recorrido. Está clara nuestra intención de crear un héroe”.

Damian Nenow, por su parte, encargado de dirigir la animación 3D, afirma:

“Nunca tuvimos la intención de ilustrar el libro. La idea era hacer una película sobre Kapuściński. En cierto sentido hemos utilizado su propio método: Concentrarse en un individuo, retratar al personaje y, a la vez, contar una historia más amplia a través de él. Nosotros nos centramos en Kapuściński, pero queremos creer que hemos contado algo más universal”.

De la Fuente considera que Kapuściński era un traductor de culturas, que le interesaba ponerse en el lugar del otro y dar voz a los más desfavorecidos. Cabe la pena destacar que en su libro Los cínicos no sirven para este oficio, el escritor polaco afirma: “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas… Nuestra profesión no puede ser ejercida correctamente por nadie que sea un cínico. El cinismo es una actitud inhumana”.

Si para ser un buen periodista se deber ser una buena persona, el camino estaba despejado para convertir a Kapuściński en un héroe porque se supone que los héroes son todos buenas personas.

Licencias cinematográficas, unas más que otras.

Al comparar el libro con la película notamos algunas licencias cinematográficas importantes:

1-El propio sentido de la historia es alterado. Amaia Ramírez, productora, admite: “A nivel narrativo la referencia fílmica ha sido El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, esa búsqueda hacia el coronel Kurtz (Farrusco), ese viaje suicida”. Cuando leemos el libro nos percatamos de que Farrusco, el comandante portugués que resiste con pocos hombres en un lugar del sur de Angola del bando del MPLA, al que se describe como una encarnación entre la impotencia y el abandono, aparece a la mitad del libro, sin que Kapuściński supiera de su existencia previa, solo como resultado de dirigirse al sur como se había propuesto. En la película, por el contrario, vemos al escritor polaco desde el inicio, en una escena en un bar con Artur, un periodista angoleño, obsesionado con su decisión de ir a conocer a Farrusco.

2-La entrevista a Farrusco, un paracaidista portugués que llegó como parte de la milicia pero que luego se cambió de bando y se unió a la guerrilla, es uno de los momentos climáticos de la película. En este sentido existe un problema de fondo con lo que insistentemente alegaba Kapuściński de que nunca hacía entrevistas.  Al transformar el sentido de la película en un viaje exploratorio hacia un personaje mítico, propone como fin último lograr la entrevista con Farrusco. Kapuściński pone en peligro su vida en alcabalas en el que un saludo en clave incorrecta podía costar la vida: “camarada” si son del MPLA, “hermano” si son del FNLA. Consecuentemente, la segunda licencia cinematográfica sustancial que identificamos contradice el espíritu de lo que enunciaba Kapuściński como un género despreciable (la entrevista). 

 En el libro Lacrónica de Martín Caparrós encontramos un texto sobre el encuentro con el maestro polaco y que inicia así:

“Lo segundo que me dijo (Kapuściński) fue que él nunca en su vida había hecho una entrevista. Primero me había dicho buenas tardes encantado como está con esa cortesía un poco fría que afectan los polacos: un taconeo perceptible, como si se cuadraran para saludarte. Y después de eso: -No, yo jamás entrevisté a nadie”.  Caparrós le pregunta de una manera distinta, a ver si caía en la trampa:

-¿Usted tienen alguna táctica, algún truco para empezar una entrevista?

-Yo nunca en mi vida hice una sola entrevista. Nunca. A mí me hacen entrevistas, pero yo nunca hice ni una sola.

Valga aquí una salvedad que pone todo en duda, una omisión no sé si atribuible a la traducción al español, habrá que examinar la versión en polaco. Hacia el final de Un día más con vida Kapuściński se dispone a visitar al presidente autoproclamado de Angola de la facción del MPLA, António Agostinho Neto, para despedirse y textualmente afirma en el libro: “Lo visité varias veces cuando iba en busca de una entrevista”.

3) Una tercera licencia significativa, aunque no distorsiona el sentido del libro, es la muy citada y precisa frase en portugués para definir a la Angola que se aprestaba a ser una nación independiente, sumida en los albores de una guerra civil que duraría casi un cuarto de siglo y que convertía en un despropósito los ideales de cualquiera de los bandos, en medio del caos, la palabra que brotaba de dona Cartagena, que atiende el hotel donde se hospeda Kapuściński: Confusão: “Una situación creada por las personas pero que, sin embargo, acaba por escaparse al control de esas personas, las cuales, finalmente, se convierten en sus víctimas”. Una confusão parecida a la que sentía Carmen cuando salía a cubrir la conmoción venezolana. En el libro la palabra confusão aparece casi al final mientras que en la película lo marca desde el inicio.

Direcciones opuestas en torno al mito.

Según afirma el director de Un día más con vida, a la viuda del escritor polaco, Alicja Kapuściński, le gustó mucho el resultado de la película animada. Pudiera uno pensar que no podía ser de otra manera dado que, como lo han admitido, la idea era presentar un perfil del periodista, crear una leyenda, un mito, para que así, además, fuese leído por más personas. Ante la pregunta hipotética sobre si a su marido le hubiera gustado, la viuda respondió que seguramente. Hay, por cierto, un tráiler de una versión previa de la película del mes de febrero de este año en el que Kapuściński es dibujado menos glamoroso, menos bien parecido, tal vez un poco más cercano al verdadero hombre.

La idea de crear un héroe o una leyenda sobre el maestro polaco es completamente lo opuesto a la publicación de una obra que pone en tela de juicio que Kapuściński haya dicho la verdad sobre distintos temas clasificados como literatura de no ficción, como si se hubiera dado permiso para inventar.  Alicja Kapuściński solicitó en el 2010 ante un tribunal civil de Varsovia que impidiera la divulgación del libro Kapuscinski non-fiction (sin los acentos) de Artur Domoslawsk, tal vez la persona más cercana al maestro. En una entrevista de ese mismo año, Julio Villanueva-Chang le pregunta a Domoslawsk:

P: Cuando Kapuściński murió, aparecieron textos que oscilaban entre la hagiografía y la denuncia póstuma. ¿Cómo escribió la biografía de un personaje que fue su mentor y amigo?

R: Intenté resolver una serie de preguntas claves para entender a Kapuściński. Uno: ¿Cómo hizo su carrera de gran reportero en un sistema que no era democrático?… ¿Nos dijo siempre toda la verdad de lo que había sucedido y de lo que había sido testigo? ¿O cruzó las fronteras de la ficción vendiendo lo que hacía como periodismo? Había varios temas polémicos por investigar: durante décadas, Kapuściński creyó en el Partido Comunista de Polonia y construyó su carrera de escritor utilizando su posición privilegiada, no de un modo cínico sino como un creyente de verdad. También colaboró con el espionaje polaco mientras era corresponsal en América Latina y África.

El libro Kapuscinski non-fiction y la película Un día más con vida van en sentidos contrapuestos: uno pretende desmitificar un mito y la otra aspira a crear una leyenda. ¿Quién tiene la razón? ¿Importa realmente eso? Lawrence Weschler, escritor por muchos años de The New Yorker y que tiene a su cargo la cátedra La ficción de la no ficción en la escuela de periodismo de la Universidad de Nueva York, ha dicho: «¿qué más da en qué estante tengamos que colocar El emperador y El Sha, en ficción o no ficción? Siempre seguirán siendo unos libros magníficos».

Sobre El Emperador se dicen dos cosas que parecen ser ciertas: la primera es que Kapuściński no estuvo tiempo suficiente en Etiopía para contar todo lo sucedido (solo una semana) y que el uso de iniciales en los nombres de los personajes supuestamente para proteger a los informantes es porque realmente no conversó o conversó poco con ellos. Regresando al punto de Weschler: ¿realmente importa si se trata de libros magníficos? Punto de polémica y debate. En añadidura, los lectores polacos leyeron El emperador, en su momento, en parte como una alegoría de la propia situación de Polonia.

En un célebre taller de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, en la que Kapuściński era la figura central, nada menos y nada más que el propio García Márquez se dirigió al polaco, en medio del fragor de un debate sobre la manera de contar la realidad, Gabo se volteó hacia Kapuściński y le preguntó con una sonrisa:

-Tú también mientes a veces, ¿verdad, Ryszard?

Kapuściński se rio y no dijo ni una sola palabra y los asistentes al taller adivinaron cuál era la respuesta.

No culpes a Cartagena

Hacia el final de Un día más con vida cuando está casi a punto de marcharse de Angola, llega al hotel y se da cuenta de que todas sus notas de tres meses habían desaparecido: “Entro a mi habitación como un vendaval, constato que dona Cartagena ha hecho mi maleta. ¿Y dónde están los recortes de periódicos que he ido guardando celosamente a lo largo de tres meses, mi más preciado tesoro? ¿Dónde están los recortes? Los ha echado al váter y ha tirado la cadena (¿quiso la mala suerte que ese día Ribeiro hubiera arreglado las bombas y había agua?)”.

¿Le creemos a Kapuściński?

Si fuese cierto, entonces escribió el libro solo asido en parte a su memoria y ya sabemos cómo le gusta inventar a la memoria de cualquier persona (archivero deshonesto). Si esto fuese cierto, ¿no es demasiada casualidad que tras meses de no tener agua justo ese día funcionara? ¿Por qué dona Cartagena se toma la libertad de hacer su maleta y de botar sus recortes sabiendo que era periodista? ¿Cómo puede tener el agua tanta potencia como para que se vayan por el váter innumerables recortes de prensa sin que se tape la cañería?

John Lee Anderson ha afirmado: “El Sha, El Emperador y Un día más con vida, nunca definí esos libros como obras de no ficción, sino como una mezcla de géneros, incluyendo la ficción, o sea faction supongo, y era algo en lo que Kapu era un maestro de verdad».

¿Es ético que un periodista decida una guerra?

Uno de los puntos que deja claro el director del filme animado, y que también es implícito en el libro, no de manera tan directa, pero sí de manera conclusiva, es que Kapuściński manipuló la información que tenía para decidir el resultado de la guerra. Luego del encuentro con Farrusco y al saber que se aproximaban las tropas sudafricanas, respaldas por los Estados Unidos, en asociación con el FNLA, informa primero a la inteligencia cubana sobre lo que está ocurriendo, a pesar de como el mismo admite, tenía una primicia mundial. Le cuenta primero a Mauricio el negro, y a Pablo el blanco, los cubanos, lo que vio y supo luego de su encuentro con Farrusco:

“Sobre aquel territorio marcha un poderoso ejército regular. Con carros blindados y piezas de artillería a discreción…El destacamento de Farrusco solo tenía dos morteros y algunos fusiles viejos… Me dijeron que la próxima vez nos encontraríamos en su alojamiento, porque les resulta incómodo acudir al hotel, donde había personas de toda calaña. Enviarían un coche a buscarme”.

Kapuściński sacrifica la primicia mundial por favorecer a uno de los bandos, por el que siente simpatía, el del MPLA. Dilata informar a la propia agencia polaca y esto dio tiempo para que ocurriera un desplazamiento masivo de las tropas cubanas a suelo angoleño y, como resultado final, se revirtió el destino de algo que parecía inevitable con el avance de las tropas sudafricanas. Kapuściński decidió el destino de la guerra con el uso que le dio a su información privilegiada.

De la Fuente ha dicho al respecto que le “parece algo memorable que va en contra de las reglas básicas del periodismo, pero el mejor periodista así lo hizo y dio una lección de vida: cuando hay vidas en juego, somos ante todo personas. Kapuściński demostró que, ante esa posibilidad, prevalece el hombre sobre el periodista».

Pura ficción

Imaginemos una pregunta de De la Fuente y una respuesta de Kapuściński que tomaremos como cita del libro El mundo de hoy:

De la Fuente: Maestro, usted sabe que he sido un admirador suyo, he seguido su rastro por los lugares en los que usted ha estado y, al fin, he logrado plasmar mi sueño de hacer una película sobre usted, luego de muchos años de esfuerzo y tomando como punto de partida Un día más con vida. Hay algo, sin embargo, que me ha quitado las noches de sueño y que me propuse retratar en la película. Claro, usted se dará cuenta de que hemos hecho uso de la ficción sobre su vida, la estética y la trama cinematográfica así lo requería. Ahora bien, su abierta simpatía por una de las partes del conflicto, el MPLA, apoyado por los cubanos y los rusos, siempre me inquietó. ¿No pudo usted mantener la imparcialidad? ¿Por qué se guardó usted la primicia mundial?

Kapuściński: El reportaje de guerra tiene su especificidad. Uno de sus rasgos más característicos es que exige de su autor un enorme grado de implicación personal. Para poder escribir sobre la guerra, el reportero tiene que hallarse en el centro de esta, por consiguiente, exponerse a todas sus consecuencias. A las situaciones de gran tensión, al fragor de las batallas, etc., se añade la incuestionable necesidad de “escoger bando”, con lo cual la objetividad queda excluida por definición. Es cuestión de vida o muerte… Todo periodista que regresa a casa de “aventura” semejante no solo trae un bloc lleno de notas sino a menudo también secuelas y cicatrices de heridas físicas y psíquicas. Pues sin querer o queriéndolo, ha sido un combatiente. Hay veces en que no tiene más remedio que ser un combatiente en el sentido literal de la palabra. No porque pegue tiros (cosa que no debe hacer) sino porque apoya a los que lucha por salvar sus vidas, las propias y las del reportero (El mundo de hoy, página 32).

¿De qué sirvió todo esto?

Luego de lograr su independencia, Angola quedó sumida en una guerra que duró un cuarto de siglo, uno de los conflictos armados más largos del mundo moderno. La película muestra parte del discurso de proclamación de independencia de Angola de parte de Agostinho Neto, en el que se deja colar un “Patria o Muerte”. Artur Queiroz, al final de la película animada, recorre los caminos en los que acompañó a Kapuściński. Siente angustia al atravesar lugares que fueron un sembradío de cadáveres, casi unos cincuenta kilómetros minados de cuerpos, dice haber perdido la paz para siempre en esa carretera. Artur era un ferviente defensor del MPLA, entregado a la causa que apoyaron cubanos y rusos. La entrevista sigue a pedazos en el filme animado, aparece varias veces, así como aparece también varias veces Farrusco y el camarógrafo Luis Alberto. Pero no es sino hacia el final que cae la reflexión. Una escena se intercala con la imagen de un niño angoleño que corre al lado de una playa, se queda mirando, como desamparado, al lente que lo enfoca. A su lado entonces aparece la imagen (ya no sabemos si es animada o real) de un barco encallado y en ruinas. El nombre del barco: Karl Marx. Entonces, a la luz de la matanza de más de un millón de angoleños durante el conflicto armado que sucedió a la declaración de independencia, Artur reflexiona en voz alta:

“En el camino, tras lograr la independencia, quedaron destruidos todos mis ideales. Yo soy el gran perdedor. ¿Dónde está la sociedad igualitaria? ¿Dónde están mis hermanos sin hambre? ¿Dónde está el socialismo? ¿Dónde está la revolución?”

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