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ArteDiseño

Greetings From Caracas: en búsqueda de la ciudad perdida

por Diego Alejandro Torres

Manuel Lara retratado por Diego Alejandro Torres.

28/11/2019

Manuel Lara se encontraba trabajando en un inmueble invadido cerca de la principal de Maripérez. Realizaba el esbozo de una ilustración sobre un edificio en cuya pared externa había un mural de Ennio Tamiazzo, pintor italiano que migró a Venezuela durante los años 50. De repente, dos hombres se asomaron por sus ventanas y en menos de cinco minutos se le acercaron. Manuel tembló.

¿Qué haces, hermano? le preguntó uno de ellos.

Manuel les explicó que estaba trabajando en su proyecto, Greetings From Caracas, un conjunto de postales que reinterpretan de forma minimalista los íconos arquitectónicos de la ciudad. “Se fija en las líneas e ignora los alrededores de cada edificación. Busca lo indispensable”. Les contó que su propuesta no solo tiene un componente gráfico; también educativo: con cada publicación que realiza en sus redes sociales, difunde la historia de cada obra. Tuvo que explicarles que él pretende que el caraqueño conozca su cultura patrimonial. Estaba allí, específicamente, porque le interesaba el mural de Ennio Tamiazzo.

Ambos se sorprendieron. Inmediatamente, uno de ellos le respondió:

Chamo, ¿no quieres ir al apartamento? ¡Para que lo conozcas!

La construcción de Greetings From Caracas

En Greetings From Caracas, Manuel trabaja casi exclusivamente con edificios del siglo XX. Vive por y para su proyecto. En Instagram tiene 11.000 seguidores. Jamás hubiera pensado que ése se convertiría en su estilo de vida.

Con 32 años, es egresado de Diseño Gráfico, por la Universidad José María Vargas. Aunque durante su etapa universitaria asistía como oyente a las clases de otras instituciones dedicadas a su área en la ciudad. Sabe cómo es la vida en Buenos Aires y en Madrid, ha vivido en ambas urbes, pero para él, no hay mayor pasión que la capital de Venezuela, aquella ciudad que, según afirma, “tiene un pasado glorioso que debe convertirse en presente”. Por eso ha ilustrado las torres de Parque Central, la UCV, El Recreo, Altamira, y varios de los íconos arquitectónicos caraqueños. Cree que la nostalgia del venezolano ha sido el motivo de la aceptación de su trabajo.

“Las personas, al ver las ilustraciones, recuerdan sus experiencias. Mucha gente que está afuera me ha escrito. Esa añoranza se produce porque el venezolano es un ser familiar, no concibe su vida sin su familia”.

Greetings From Caracas empezó en 2015, cuando Manuel estaba trabajando para una agencia publicitaria. Pese a tener una ”remuneración decente”, el aburrimiento le afligía. No se consideraba esa clase de diseñador. “Era como un operario en una máquina”.

Cierto día de febrero, mientras corría hacia el metro porque se le había hecho tarde, se detuvo por un momento a contemplar el Pasaje Zingg, edificio representativo de los años 50. No le importó llegar tarde a la oficina.

«Recordé cuando iba de niño con mi mamá. Entré, vi el mosaico, las escaleras mecánicas de madera y el tragaluz. Así que saqué la libreta y empecé a dibujar. Llegué a la oficina y me calé el regaño. Lo que estaba hecho a mano, después lo pasé a digital a través de Illustrator. Pero no me gustó. Esa Caracas sucia y destruida no era la que yo conocía. Cuando lo googleé y vi cómo era originalmente, con el mármol y todo reluciente, reflexioné por un momento. Se inauguró en 1953. No ha pasado tanto tiempo. ¿Cómo podía estar tan maltratado? Yo no me vi reflejado en eso, así que lo dibujé guiándome por las fotos. Creo que era marzo, así que me propuse hacer ilustraciones de cinco íconos de Caracas antes de que llegara el 25 de julio, el aniversario de la ciudad».

Al principio, Manuel no tenía ningún tipo de finalidad artística o económica. El gusto era su única motivación. Los compañeros de la oficina le preguntaban que por qué tanto esfuerzo en esa tarea. Él mismo no lo tenía claro. Cuando colocó sus cinco primeras ilustraciones en Behance y Facebook, la respuesta fue masiva: cientos de personas habían reaccionado a sus primeros trabajos. Recibió una enorme cantidad de mensajes, y además, quedó sorprendido al ver el contenido de muchos de ellos: “Todos decían que esa era la Caracas que ellos querían”.

Manuel Lara Fotografía de Diego Alejandro Torres

Manuel Lara sostiene una de sus postales inspirada en la escultura Pastor de Nubes, del artista Jean Arp, en la Universidad Central de Venezuela. Fotografía de Diego Alejandro Torres.

Entre las respuestas recibidas, la más emotiva vino de lejos. Cuando Manuel vio un número extranjero en su celular, pensó que quien llamaba se estaba equivocando. “¿Tú eres el de las ilustraciones de Caracas?”, le preguntó una voz femenina. La mujer, egresada de arquitectura en la UCV, llamaba desde Australia. Debido al trabajo de su esposo, ella tenía 20 años sin pisar Venezuela. A poco de comenzar la conversación, la señora entró en llanto. Él tampoco fue capaz de contener las lágrimas. En medio de la conmoción, ella le pidió comprarle unas ilustraciones, cosa que lo dejó desconcertado (de hecho, llegó a ofrecerle una gratis). Tras investigar sobre las posibilidades para realizar el trato, descubrió a Society6, una plataforma para subir, imprimir y enviar imágenes a cualquier parte del mundo. Así fue como se realizó su primera venta.

De repente, la manera de concebir el proyecto cambió para Manuel. Al ver el poder emocional que tenían sus ilustraciones, comprendió la profundidad de la tarea que había iniciado. Su siguiente paso fue buscar referencias de postales de la ciudad del ayer, la que él quería rescatar. Investigó en almanaques, tiendas de antigüedades e internet: debía nutrirse de la forma en la cual los caraqueños de antaño representaban su hogar. De ahí surgió el nombre: Greetings From Caracas.

Otra influencia decisiva en su trabajo ha sido la obra de Andy Warhol. Así como la serie de gráficas de Marilyn Monroe que realizó el rey del Pop Art es famosa porque en cada impresión hay un color distinto, cada una de las postales de Manuel es única en cuanto a su paleta cromática. Con Illustrator, él hace lo mismo: en el programa de computadora superpone capas de diferentes colores, las cuales cambia de impresión en impresión. Una vez realizado el dibujo en su libreta, lo utiliza de guía para colocarlo en el plano digital. Pero esa influencia va más allá de la técnica, también es un asunto ideológico: el artista estadounidense tenía la intención de acercar el arte a todas las personas representando las imágenes protagónicas del imaginario cultural en el que se encontraba. Manuel también busca lograr ese contacto, pero en su caso, a través de los íconos de la arquitectura, en lugar de la publicidad, el cine y los ídolos.

Manuel comprendió que sus ilustraciones no solo le permitían redescubrir su ciudad; también podían ser una fuente de ingresos. Empezó a vender sus piezas por Society6. Primero, él les envía un diseño de gran formato; después, hace un montaje en unas plantillas de previsualización, eligiendo la forma para la impresión. Pueden ser objetos de varios tipos. Cuando se realiza una compra, el personal lo imprime desde Santa Mónica, California, y lo envía a la dirección correspondiente, esté donde esté. En consecuencia, su tienda online no se limita a las postales; también ofrece tazas, agendas, sábanas, pantalones, y hasta forros de celulares. Dependiendo de cuán complicado sea el producto, se imprime en Caracas o afuera. Inclusive tiene chocolates. Diariamente, se vende al menos un producto. En enero del 2016 pudo renunciar a su empleo en la empresa de publicidad.

«Hay una frontera interesante entre ser diseñador gráfico y ser artista plástico. Yo creo que soy artista gráfico. Lo que hago es crear a través de la gráfica. Siento que el diseño es una disciplina que viene de las artes plásticas, pero con su propio lenguaje, se fundamenta por sí sola. Creo que las ilustraciones que hago responden a un fin gráfico, pero lo que marca la diferencia es la tendencia plástica de los elementos arquitectónicos, los cuales hablan por sí mismos».

Lo que no se quiere, no se cuida

A lo largo de los cuatro años que lleva el proyecto, Manuel ha ido desarrollando un método de trabajo que incluye un proceso investigativo, creativo y educativo. Piensa que el rescate de la identidad no se encuentra únicamente en la transmisión de la nostalgia a través de la imagen, sino también en la transmisión del conocimiento. Su eslogan personal es la frase de Simón Rodríguez: “Lo que no se conoce, no se quiere. Lo que no se quiere, no se cuida”.

Antes de comenzar una ilustración, lo primero que hace es dirigirse al lugar. Saca su celular siempre con el sentido arácnido activado, como diría Spiderman, y empieza a dibujar. Ese es el inicio del proceso técnico, que va tomado de la mano con el investigativo. Además de buscar información en internet y en las bibliotecas, también acostumbra a tocar puertas. Entrevista a los residentes, indaga en las historias que cada uno tiene con su respectivo edificio. Es lo que llama “investigación etnográfica”.

Manuel Lara. Fotografía de Diego Alejandro Torres.

Una de las partes más gratificantes del trabajo de Manuel se desprende del encuentro con los circunstantes. Le llueven anécdotas de la vida de sus habitantes, tanto del presente, como del pasado. “Mi mamá trabajaba en ese hospital”. “Viví allí durante mi infancia”. “Mi abuelo fue el arquitecto de ese sitio”. Inclusive, venezolanos que viven en el extranjero le han escrito pidiéndole que ilustre un edificio en específico. Hasta le han mandado números de contacto para que lo haga. Las historias de los caraqueños son un elemento indispensable para Greetings From Caracas, porque como él mismo dice, el proyecto comenzó como una pregunta que no se planteó: “¿Qué es la identidad?”. La respuesta está en su gente.

«Conversando esto con mi abuela, que es andina, me contó que su hermano le mandó una postal del Centro Simón Bolívar, y que fue por eso que se vino a Caracas. Qué hermoso ver cómo una gráfica que hablaba del crecimiento de una ciudad le cambió la vida a una persona. Las postales que estoy creando hablan de un progreso que se estancó por este gobierno, pero la vida sigue, y si queremos sacar adelante nuestra cultura, podemos hacer una remembranza. Si en el pasado se hizo algo tan bonito, ¿por qué no podemos hacerlo también en el presente? Estos edificios hablan de una identidad visual que nos caracteriza como ciudad y ciudadanos».

Siendo su principal motivación el rescate de una identidad que peligra, algunas de las respuestas más gratas han venido de personas que le agradecen el haberlas motivado a conocer partes de la ciudad, gracias a algunas de sus ilustraciones. En el fondo reconoce que “busca un cambio en la percepción de los caraqueños respecto a su hogar”. Más allá de mensajes con remembranzas o halagos, si tiene que destacar una de las reacciones que más felicidad le ha traído, es la que ocurrió en Maripérez.

El día que ese joven lo invitó a pasar, Manuel se asustó por un momento. Pero aun así lo siguió hasta su apartamento. Al entrar, una mujer lo miró extrañada. “Dile pues, cuéntale lo que estabas haciendo”, le indicó el muchacho. Tras explicarle su proyecto, la mujer se enfadó con su marido. “¡Tú si eres flojo! ¿Ahora no vas instalar el aire allí, verdad?”, y se fue hasta su habitación. El joven empezó a reírse a carcajadas, aliviado por el trabajo que ya no iba a realizar. Le explicó a Manuel la situación: el personal del programa “Mi casa bien equipada”, iniciado en 2011 por decreto de Hugo Chávez, les había regalado un aire acondicionado, y por capricho de su mujer, lo iba a instalar específicamente en la sala de su hogar esa misma tarde, después de romper un muro con una mandarria, un mazo diseñado para derrumbar concreto. Ella tenía semanas exigiéndole que lo colocara en ese sitio. En su lado externo, esa pared tenía la obra de Tamiazzo.

No, mi pana. No hagas eso. Eso es parte de nuestro patrimonio ―le respondió Manuel, pidiéndole que buscara a su esposa para explicarle la importancia de esa obra.

Primero les contó de Picasso y del cubismo, antes hablarles de Ennio Tamiazzo, quien introdujo el movimiento en Venezuela y lo mezcló con la iconografía local. Les recalcó que sus murales eran parte de nuestra identidad, y que son un patrimonio que es necesario conservar. Ambos se mostraron sorprendidos. “Vaya, no sabía que ese dibujo era tan valioso”, respondió la mujer.

A Manuel le consta que su mensaje llegó. Cada vez que pasa por Maripérez, observa el edificio con su mural intacto. El aire acondicionado se colocó en otra pared del apartamento. Eso mantiene viva su motivación, porque asegura: “Para rescatar nuestro patrimonio, primero es necesario conocerlo”.


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