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Vinotinto Sub-20: ganarle a Colombia es lo único que importa

por Jován Pulgarín

Fotografía de Claudio Reyes | AFP

05/02/2019

Tres golpes certeros de Argentina dejaron a Venezuela en evidencia: si Jan Hurtado naufraga, el equipo no tiene plan B. Se intuía desde el debut contra Colombia, pero la pelota parada y las individualidades habían disimulado tales carencias.

Para bien o para mal, los torneos cortos, como los Sudamericanos, no dan tiempo para lamerse las heridas. La selección de Rafael Dudamel tiene que pararse frente a Colombia sabiendo que ya le derrotó en una oportunidad y con un hombre menos. Ganar este partido abre las puertas al Mundial de la categoría. Tan simple como eso.

Tampoco hay tiempo para experimentos. No se puede probar lo que no se ha trabajado. Si el cuerpo técnico blandía como currículum los casi 30 módulos de trabajo previos, es hora de sacarle provecho a la idea que se repitió durante esos ensayos.

La necesidad de Colombia puede beneficiar a la propuesta que el técnico venezolano ha usado desde un principio: aglutinar hombres para defenderse y esperar que Hurtado aproveche los balones en el área o que el equipos saque oro de las segundas jugadas o faltas. No obstante, este plan también necesita de mejores rendimientos. Urge recuperar los balones lo más lejos posible del portero Carlos Olses. Dicho de otra forma: para que el arco rival no se haga tan lejano, las transiciones del equipo venezolano deben partir de posiciones que permitan una comunicación eficiente entre el emisor y el receptor. No es lo mismo, por ejemplo, tirar un balón hacia adelante desde el tiro de esquina que desde la primera zona de volantes.

Venezuela hiere cuando deja de ser previsible y sus individualidades se atreven. El recorrido de Pablo Bonilla, como lo hacían los viejos laterales brasileños, desordena al contrario. Si Jorge Yriarte y Cristian Casseres salen de su zona de confort y hacen algo más que cortar, los efectivos que emprenden al ataque quedan mejor posicionados. No es obligatorio que la Vinotinto toque mil veces el balón para conseguir una ocasión de gol, ni siquiera que sea superior en el porcentaje de posesión. Lo que exige su idea primigenia es tomar ventaja ubicándose mejor en la cancha.

Es imposible para Hurtado ganar un duelo si cada pase es rifado; se repite desde el mismo ángulo o es realizado por el mismo jugador una y otra vez. Una pausa para descolocar al rival puede causa un efecto mayor que una transición rápida. La razón para un centro no puede ser “tírasela al grande”, como habíamos analizado en la fase de grupos. Todo centro debe tener una intención.

Decíamos más arriba que no es el momento de inventar. Sería irresponsable decir que conocemos más a esta selección que su propio técnico. Es él quien convive con el grupo, los ha visto entrenar, sabe cómo piensan, cuáles son sus temores y esperanzas. Todos estos detalles definen las razones para alinear a un nombre u otro. Pero se entiende, por las formaciones que se han repetido una y otra vez, incluso los cambios, que no hay más material más allá de lo que hemos visto. Entonces serán ellos encargados de buscar la clasificación en los últimos juegos. La pregunta es: ¿alcanza el físico?

Ecuador, Argentina, Uruguay y Brasil, han cambiado hasta tres y cuatro nombres de un partido a otro. A los amazónicos no les ha ido bien hasta ahora, le quedan dos choques para cambiar su pobre rendimiento. Sin embargo, a los tres primeros sí les ha funcionado el refrescamiento de sus líneas y prueba de ello es que han ganado jugando muy bien. Muestran una línea ascendente en el rendimiento colectivo.

Visto los resultados, es evidente que Venezuela aprovechó el grupo más accesible. Hasta ahora no ha podido con ninguno de los rivales de la otra llave: Uruguay (empate) y Argentina (derrota). Le sacó los tres puntos a Brasil, selección a la que había superado desde la elaboración en la primera ronda, pero no desde el marcador.

Ahora toca Colombia, otro conocido de la fase inicial. El equipo de Arturo Reyes posee la peor ofensiva del torneo: dos goles en 630 minutos o si quiere, un tanto cada 365 minutos. Esas dos anotaciones fueron contra las dos selecciones que no accedieron al Hexagonal final, Bolivia y Chile. No se me ocurre un rival más idóneo y oportuno para encarrilar el pase al Mundial.


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