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Ucrania: el costo compartido de una sangrienta y prolongada guerra

Fotografía de Anatolii STEPANOV | AFP

28/11/2022

Cuando Volodymyr Zelensky se dirigió al parlamento británico el 8 de marzo de 2022, solo 13 días después del inicio de la invasión rusa en Ucrania para pedir al Reino Unido que mantuviera las sanciones a Rusia y establecieran una zona de exclusión aérea, evocó la famosa alocución del primer ministro británico Winston Churchill el 4 de junio de 1940: “Lucharemos en las playas”.

Justo después del “Milagro de Dunkerque”, evento en el cual los aliados lograron rescatar a 338.000 mil soldados británicos, franceses y belgas acorralados por el ejército de la Alemania nazi y bajo el constante bombardeo de la Luftwaffe, el entonces primer ministro británico se comprometió a pelear en mares y océanos, en el aire y en la tierra, hasta el final y a cualquier costo.

En su discurso vió la necesidad de elevar la moral de su pueblo y advertir sobre los horrores que amenazaban a la nación, sin poner en duda la victoria pese a “lo largo y duro que fuera el camino”. Zelensky, al igual que el primer ministro británico, prometió no claudicar.

“No nos rendiremos y no perderemos. Lucharemos hasta el final, en el mar, en el aire. Seguiremos luchando por nuestra tierra, cueste lo que cueste”, resonaron las palabras de Zelensky en el parlamento inglés.

Desafiando todo pronóstico, las fuerzas de Ucrania no solo han logrado aguantar la invasión rusa y los constantes embates de su artillería por nueve meses, sino que ahora, las fuerzas ucranianas están a la ofensiva en un frente de guerra que se extiende por casi 1000 kilómetros.

Fotografía de Anatolii STEPANOV | AFP

Invasión rusa: la apuesta fallida por una victoria rápida

La invasión rusa al territorio de Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022, se ha extendido por nueve meses. Ha cobrado la vida de más de 200 mil soldados en ambos lados y la de cerca de 40 mil civiles en Ucrania, del mismo modo que ha costado 97 mil millones de dólares en daños.

Se esperaba que un ejército modernizado, con equipo de alta tecnología y de mayor tamaño como el de las fuerzas armadas rusas, fuera capaz de aplacar rápidamente al ejército de Ucrania.

De acuerdo con el International Institute for Strategic Studies, al inicio de la invasión rusa las fuerzas de Ucrania solo contaban con 196.600 soldados en su personal militar activo, mientras que Rusia tenía 900.000; 2 buques de guerra contra 74 del poderío naval ruso; 2.119 tanques ucranianos contra 13.367 rusos y solo 146 aviones de guerra contra 1.328.

La invasión orquestada desde el Kremlin esperaba que el gobierno ucraniano colapsara o que sus líderes optaran por exiliarse, dejando un vacío de poder que podría ser llenado por aliados elegidos desde Moscú.

A inicios de la guerra, cuando las fuerzas rusas avanzaban en febrero de 2022, el presidente Zelensky rechazó una oferta de evacuación de Estados Unidos, como lo reportó la Embajada de Ucrania en Londres, diciendo una frase que se volvió un grito de resistencia: “Necesito municiones, no un aventón”.

De hecho, los objetivos de Moscú no se materializaron. Rusia subestimó al ejército ucraniano y la guerra se extendió. Se formaron tres grandes frentes: el frente del Donbás, en el este, donde los rusos emplearon fuertes descargas de artillería. El frente alrededor de la ciudad de Járkov, donde el ejército ucraniano ha logrado mantener a los rusos fuera de la ciudad; y el frente de Jersón, el cual es de gran importancia por su salida al Mar Negro.

Para mediados de año, los frentes se habían mantenido sin cambios sustanciales, hasta que las fuerzas de Ucrania empezaron a recibir miles de millones en armamento, así como información táctica de sus aliados de la OTAN.

A partir de agosto se iniciaron eventos que produjeron un punto de quiebre en la guerra en Ucrania. Una ofensiva desde el frente de Jersón en el sur atacó almacenes y líneas de suministros rusas, haciendo retroceder a las fuerzas invasoras. En septiembre, una rápida ofensiva permitió a Ucrania recapturar buena parte del noreste en la región de Jersón, incluyendo la ciudad de Izium, que había sido un importante bastión logístico del ejército ruso.

En la actualidad, el ejército ucraniano ha logrado recuperar el 55% del territorio ocupado por Rusia. Sin embargo, Rusia aún tiene control sobre el 20% del territorio de Ucrania. Se mantiene fuerte en el Donbás, y el combate en el Jersón reporta muchas bajas para el ejército de Ucrania.

Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea. Fotografía de Firdia Lisnawati | POOL | AFP

Crisis energética en Europa

El sexto paquete de sanciones a Rusia, adoptado por la Unión Europea en junio, estableció la prohibición, a partir del 5 de diciembre de 2022, de las importaciones marítimas de petróleo crudo y productos petrolíferos rusos, que constituyen cerca del 90% de las importaciones de petróleo ruso en Europa.

Los países europeos enfrentan una disminución de suministros de gas natural ruso y buscan desesperadamente otras fuentes para suplir la demanda de energía en el continente. La escasez ha distorsionado el mercado, llevando los precios a máximos históricos.

Los jefes de estado de la Unión Europea buscan mitigar los efectos de la escasez de energía con urgencia ante la llegada del invierno. Sin una cantidad suficiente de energía almacenada para los próximos meses, las naciones europeas corren el riesgo de tener que enfrentar apagones generalizados y falta de calefacción para los habitantes de la región.

Tan solo un día después del inicio de la invasión rusa a Ucrania, Estados Unidos y Reino Unido, países miembros de la OTAN, anunciaron las primeras sanciones económicas contra Rusia. Poco después, la Unión Europea se sumó a la presión de las medidas económicas. Aunque las sanciones estaban originalmente enfocadas en el sector petrolero, la prohibición de acceso a créditos y restricciones de viaje, en cuestión de semanas se intensificaron, extendiéndose también a otros sectores de la economía rusa.

El quinto paquete de sanciones, anunciado en abril de 2022, incluyó la prohibición de compra de carbón ruso, así como una prohibición total de transacciones y congelación de activos en los bancos rusos. Rusia tomó represalias, reduciendo inicialmente el suministro de gas a Europa a través del gasoducto Nord Stream 1, hasta su cierre total en septiembre de este año.

La Unión Europea ha buscado disuadir a Rusia desde su posición como el mayor consumidor de energía proveniente de ese país. A su vez, el Kremlin ha presionado desde su estatus como el mayor proveedor de combustibles fósiles y gas del bloque de naciones europeas. Las tensiones continúan aumentando entre los dos bloques, llevando al mundo a una ineludible e inminente crisis energética y aumentando la inflación en alimentos y precios de combustibles hasta nuevos récords.

Con el prolongado conflicto en Ucrania y las sanciones a Rusia, las economías europeas buscan suplir su demanda a través de otros actores del mercado. Rusia ha logrado exportar crudo por vía marítima a India y China, mientras que la Unión Europea lo ha importado de países en el golfo pérsico y el oeste de África.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos y la Agencia Internacional de Energía de la OCDE, estiman que a Rusia le costará encontrar suficientes compradores para reemplazar las exportaciones que enviaban a Europa.

Los líderes europeos se reunieron a finales de octubre en Bruselas a fin de sortear la crisis energética. Una de las medidas claves es la compra conjunta de gas para evitar una competencia descontrolada entre países miembros de la Unión Europea.

Las propuestas son variadas. Algunos desean limitar el precio que los países de la Unión Europea deben pagar por el gas en el mercado internacional. Otros sostienen que es necesario comprar el gas de manera mancomunada, aunque existen desacuerdos sobre qué porcentaje debería comprarse en conjunto y cuánto de forma individual. Algunos países proponen subsidiar los pagos de gas a los ciudadanos europeos, por encima de un precio determinado. Pese a la variedad de las propuestas, el consenso parece estar todavía lejos.

“La mejor respuesta al chantaje de Putin por el gas es la solidaridad y la unidad europea. En lugar de que unos pujen más que otros, los europeos deberíamos comprar el gas juntos”, dijo Ursula von der Leyen, la actual presidenta de la Comisión Europea.


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