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Perspectivas

Polémica de un hundimiento

por Adolfo Calero

18/09/2019

Fotograma de El hundimiento (2004)

La película alemana El hundimiento (Der Untergang, Oliver Hirschbiegel, 2004), una recreación de los últimos días de Adolf Hitler y el régimen nazi, se ha popularizado enormemente en los últimos diez años por ser fuente casi inagotable de memes políticos en todos los idiomas. Es frecuente ver en YouTube o WhatsApp al primer actor Bruno Ganz –quien interpreta a Hitler– fungir como artefacto paródico en la ya clásica escena en que el Führer se reúne con la cúpula militar para espetarle, desesperado, que la guerra está perdida por su culpa. No obstante, en su momento, esta película despertó una fuerte polémica en Alemania, en donde las heridas que provocó el nazismo aún no han cicatrizado del todo; en ese país, hablar de Hitler o, más aún, filmarlo, sigue constituyendo una cuestión social.

El guión de El hundimiento se compuso a partir de dos fuentes. La primera corresponde a las memorias de una de las secretarias privadas de Hitler, Traudl Junge, tituladas en español Hasta el último momento (2002), en las que relata su experiencia personal con el hombre más poderoso de Europa y su círculo íntimo. La otra fuente es el libro del ya fallecido historiador alemán Joachim Fest titulado El hundimiento. Hitler y el final del Tercer Reich (2003), en donde se realiza una descripción analítica de lo que fueron los últimos días del régimen nacionalsocialista y el significado que su derrumbe tuvo para Alemania. Ambos libros inspiraron al director alemán Oliver Hirschbiegel la atrevida y complicada idea de producir no un filme documental –algo lógico considerando la naturaleza de ambas fuentes– sino de ficción, y más aún, con el propio Führer como personaje estelar. De entrada, el principal obstáculo con el que se topó el director fue el de encontrar a “un Hitler” lo suficientemente convincente como para evitar la parodia –irónico– y expresar todo el amplio abanico de emociones y contradicciones que el Hitler histórico experimentó durante sus últimos días. Para solventar dicha exigencia, Hirschbiegel pensó en Bruno Ganz, veterano actor suizo de indiscutible trayectoria quien aceptó la gran responsabilidad de encarnar al hombre que simboliza, no sin controversia, la maldad absoluta del siglo XX. El siguiente reto era el guión, el cual debía armonizar la solidez histórica con el matiz subjetivo del testimonio de Junge; así, el guión corrió a cargo del productor y guionista Bernd Eichinger –fallecido en 2011– con la asesoría del propio Fest, quien se encargó de afinar los aspectos históricos del filme. La producción corrió a cargo de Constantin Films, con sede en Múnich –donde también se recreó el Búnker del Führer– y el rodaje de exteriores se realizó en San Petersburgo, Rusia.

Finalmente, El hundimiento se estrenó en Alemania el 16 de septiembre de 2004, desatando una marejada de polémicas y debates por lo que era el reencuentro de la sociedad alemana con sus abuelos fantasmas. Tal como estaba previsto, la interpretación de Ganz constituyó el epicentro de la crítica, la cual se dividió entre el elogio de “es Hitler” y la censura por los criterios con que se “humanizaba” al monstruo eterno. El más célebre enemigo de El hundimiento fue Wim Wenders, famoso director alemán de películas como El miedo del portero ante el penalti (1971), El cielo sobre Berlín (1987) o Buena Vista Social Club (1999). Wenders basó su rechazo hacia el filme de Hirschbiegel en una aparente falta de verdadero punto de vista narrativo. Según esto, la película, que se inicia y concluye con el testimonio de la verdadera Traudl Junge –ya anciana–  asumiendo sus errores de juventud, promete ser una visión subjetiva del personaje-testigo de la secretaria sobre los hechos finales del Búnker; sin embargo, Wenders señala que dicha promesa no se cumple: “Una cosa es segura, ese relato es el de la joven e ingenua Traudl, las reflexiones de la vieja señora Junge son dejadas para el final, en toda su brevedad. Sobre eso no habría nada que decir si El hundimiento fuera la película de ‘su historia’. Pero, justamente, no lo es. Es también la película de nuestro profesor de historia; otras escenas nos son mostradas desde su punto de vista, escenas en las que Traudl no tiene el derecho de participar”. Además, Wenders afirmó que era “injustificable” cómo la película eludía presentar el suicidio de Hitler y Goebbels después de mostrar decenas de personajes heridos y muertos: “¿qué narrador se oculta detrás de eso? ¿Qué visión da esta película? ¿Por qué no debemos ver morir a Hitler y a Goebbels? ¿No es ese escamoteo lo que hace que esas figuras sean inmortales, míticas? ¿Por qué esos monstruos han ganado el derecho de retirarse dignamente, mientras todos los otros alemanes, buenos y malos, son pura y simplemente masacrados? ¿A qué proceso de represión estamos asistiendo?”.

Fotograma de La Caída (2004)

Interrogado respecto a las duras críticas de Wenders, Joachim Fest explicó que no hay pruebas concluyentes sobre cómo ocurrieron las muertes de Hitler y Goebbels, por lo que recrearlas de una u otra manera podría resultar igualmente injustificado. Sobre la muerte del Führer, Fest explicó que no se sabe cómo fue porque, sencillamente, “nadie estuvo allí. No había nadie en la habitación y después llegaron algunos testigos. Uno dijo que Hitler estaba sentado en un sofá al lado de Eva Braun. Otro dijo que se disparó en la sien derecha, otro que en la izquierda. Como Hitler no era zurdo, parece difícil que se disparase en la sien izquierda. Otros dijeron que se pegó un tiro en la boca. Uno de los interrogados en Moscú [prisionero de guerra de la URSS] se dio cuenta muy pronto de lo que querían oír sus interrogadores y dijo lo que ellos querían oír. Por eso las declaraciones que se hicieron en Moscú no son del todo creíbles”; y agregó: “la mayor parte de la crítica viene de competidores como Wim Wenders, quien nunca hizo una película de éxito y ahora está molesto porque otra película u otro productor han tenido un éxito tan grande.”

Quince años después, tanto la actuación de Bruno Ganz, que debía convertirse en la imagen referencial de Hitler en el cine, como la propia película, cuya propuesta argumental prometía una duradera polémica en la sociedad alemana, se han convertido en carne de meme. La productora Constantin lleva años realizando denodados esfuerzos por retirar de la Web la ingente cantidad de parodias mediatizadas a través de El hundimiento, pero dicha labor parece quijotesca; nos tememos que este filme ha sucumbido irremediablemente a la vorágine de una era global híper-iconoclasta, de aburrimiento fácil y eficientemente industriosa con lo inútil.


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