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ENTREVISTAEconomía y derechos de las mujeres

Magdalena García Hernández: “La economía del cuidado puede crear sociedades en paz”

por Indira Rojas

Magdalena García Hernández retratada por Natacha Trebucq | RMTF

04/12/2019

La economista mexicana Magdalena García Hernández inauguró el lunes 25 de noviembre de 2019 la Concertación Feminista en Venezuela, encuentro de investigadores y activistas del proyecto Por Nosotras. El encuentro duró tres días y ofreció 29 conferencias sobre la situación de las mujeres en la crisis económica y la vinculación de este tema con las violencias de género y la migración forzada. Cuando la invitaron, García no estaba segura sobre qué decir porque las noticias que llegaban a México sobre Venezuela dibujaban un país destruido. Sus amigas activistas mexicanas le dijeron que venir era peligroso. Decidió presentar sus dos propuestas para construir ciudades productivas y seguras: la economía del cuidado y la economía social y solidaria. 

“Soy feminista, pero no soy una teórica. Soy una mujer que trabaja en políticas públicas”, dice. Cuenta que llegó tarde al movimiento, al final de la década de los noventa, cuando participó en la Asamblea Nacional de Mujeres para la Transición a la Democracia en México. Desde entonces, se dedica a crear proyectos con perspectiva de género. García dirige desde 2010 la red de mujeres MIRA, especializada en temas presupuestales para la reducción de las desigualdades entre hombres y mujeres. En esta ONG lidera el proyecto Pensadoras Urbanas, que forma parte de la Campaña Urbano Mundial del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos. Ha sido asesora y consultora del Sistema de las Naciones Unidas en México y de la Unidad de Desarrollo Social de la Sede Subregional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). García apuesta por un cambio en el enfoque de la economía. 

—¿Qué es la economía del cuidado? Las tareas del cuidado, como la crianza de los hijos, suelen asociarse solo a las mujeres.

—La economía del cuidado busca la inclusión para el desarrollo. Me refiero a la inclusión de la responsabilidad de los hombres en las tareas del cuidado, del gobierno y de las empresas, la inclusión de los niños, es decir, que no sean abandonados; y la inclusión de las mujeres, que a su vez deben revisar sus cargas de trabajo. Lo que se tiene que pensar es que las tareas asociadas al cuidado no son solo para las mujeres, porque, de lo contrario, vas a reproducir los viejos patrones. Y que el derecho a decidir debe ser completo. No tengo por qué estar justificando si quiero o no ser mamá y estar en casa. Eso no me hace menos ni más. El problema es que las mujeres no tenemos esa opción. No tenemos ese derecho a decidir «me quiero quedar con mis hijos», así te colabore tu esposo o tu esposa, o no te colabore, o no te cases. La precarización laboral es muy fuerte, porque es una de las fuentes del no tiempo para la crianza. Y la sociedad que no cuida no puede ser una sociedad en paz, no puede ser una sociedad productiva ni feliz. Porque, de verdad, ¿a qué hora estás dedicándote a la convivencia, si andas como loquita o loquito buscando varias chambas para sobrevivir, para no morirte de hambre? No estoy exagerando. En mi país, después de todas las modificaciones que le hacen a las estadísticas, pues tenemos 80% de pobres. Y debajo de la línea de pobreza, pobreza extrema, tenemos el porcentaje cercano al 10%. Por eso la economía del cuidado es crucial para ciudades seguras, en el corto, mediano y largo plazo.

—Hay publicaciones, libros maravillosos, de la importancia del cuidado en los primeros años de vida para lograr sociedades en paz. Son estudios sociológicos, neurológicos, antropológicos. Uno de ellos, sobre los perfiles de criminales seriales, encontró que los hijos abandonados y maltratados generan un odio hacia los otros. ¿Por qué? Porque en el período de la sociabilidad inconsciente del ser humano, cuando somos bebés, si no recibes ese afecto no vas a generar conexiones neuronales relacionadas con el amor. No tienes que generar algo que nunca has recibido. Claro, eso no significa que sea absolutamente irreversible. ¿Qué es lo que quisiéramos que sucediera? Por lo menos en mi caso, como economista y feminista, que la política o que los servicios de cuidado fuesen una política universal. Seguramente va a haber personas que no lo van a usar, como sucede en muchos casos, pero la idea es que todos tengan la opción de hacerlo. Si hacemos un estudio de costo beneficio de este tipo de servicios creo que nos vamos a ir de espaldas por lo que significa en términos de generaciones sanas, productivas, empáticas, finalmente, de generaciones felices. La economía del cuidado puede crear sociedades en paz.

¿Pero qué implica crear una política del cuidado?

—Tener servicios de cuidado no necesariamente significa crear más guarderías. Significa tiempo para la crianza, que es diferente. Claro que puede implicar la intensificación de la jornada laboral de las mujeres, pero para empezar, cuando estamos en situación de muchísima austeridad económica, puede significar horarios flexibles, trabajo en casa y permisos parentales para hombres y mujeres, no solo para ir a las reuniones de la escuela o el médico, también para pasar tiempo en casa con sus hijos e hijas. Es un pensamiento de cuidado integral, que definitivamente tiene que ser compartido en los hogares biparentales. Lo que tenemos que hacer es una estrategia muy poderosa para reeducar a nuestros hijos en este contexto. Educar a los hijos en condiciones de igualdad. Nada de que la hermanita se ponga a hacer lo que necesite el hermanito, ni a tenderle su cama, ni a hacerle la comida. El niño puede hacerlo y no va a pasar nada. Así vas cambiando los patrones de distribución sexual del trabajo en la familia, para después cambiarlo en la sociedad. Tú no puedes pensar que vas a tener una generación consecuente si no la formas desde la familia, desde el hogar. Lo ideal es que cuando son hogares biparentales se distribuya el trabajo en casa. Lo que se llama trabajo reproductivo. El otro se llama empleo porque se paga. Hay que empezar por la básico, que es la educación. 

Natacha Trebucq

Fotografía de Natacha Trebucq | RMTF

¿Cuál es el papel de las escuelas en la economía del cuidado?

—Nos tienen que educar para poder ser buenos padres. Vayamos o no a tener hijos, no importa lo que decidamos después, yo creo que es parte de la formación de cómo ser sociedad. He insistido mucho en que dentro de la malla curricular, desde la educación inicial, deben estar los derechos humanos, la perspectiva de género y los temas medioambientales. Pero hay unas resistencias terroríficas. Nosotros tenemos modelos de educación en México que son maravillosos, pero no todos funcionan así. Fui la Encargada de Educación en la Ciudad de México durante un tiempo corto, cuando  fui directora general de desarrollo social del Gobierno del Distrito Federal. Estuve allí tres años, entre 1997 y 1999. Visitaba las escuelas y trataba de hacer muchas aulas cocina para que se convirtieran al plan de horario prolongado. Había una de hijos de mujeres prostitutas de La Merced, que es una zona muy populosa, muy aguerrida, muy difícil. Las maestras me platicaban que los niños le llegaban todos sucios y solo comían papas fritas y Coca-Cola. Había que cambiar todo el patrón, y aplicarles el Manual de Carreño. Se trataba de un proceso de culturización, de integración a la sociedad desde otro lugar más positivo, sin que esto sea elitista. Es saber vivir, es aspirar a algo superior. Esto además se convierte en un saldo pedagógico, porque los niños llevan estos aprendizajes a su casa. En las escuelas había unos carritos de colores con separadores, que se usaban para que los niños y niñas votaran por el que mejor se había portado entre ellos. A ese le tocaba hacer el quehacer. Levantaba los trastes de sus amiguitos y los llevaba a la cocina. Así se convertía el trabajo doméstico en un premio. De verdad, aplicar esto no es tan difícil. Claro, hay que presionar a los gobiernos para que se haga en todos lados y que no salgan siempre con que no hay dinero. Porque tiene que haber dinero para lo importante, lo que pasa es que se gasta mal. Y ese es otro de los ámbitos en el que las economistas feministas tenemos mucho que decir.

—El presupuesto se mira de manera sesgada. Les digo a las compañeras feministas ¿por qué siempre están mirando el gasto? El presupuesto implica ingresos y gastos. Los gobernadores en México han estado insistiendo que cuando el precio del crudo sube sobre lo que se había planeado, hay una parte del diferencial que le toca a los gobiernos de los estados. Entonces, los gobernadores reciben recursos por ese concepto. Yo decía, ¿qué tal que por ese concepto nos den el uno por ciento para proyectos para la mujer? Nunca lo hemos logrado, menos ahora por cómo están las cosas. En México, la política de ingresos a partir de la política tributaria solo tiene que ver con que hayan registros administrativos para ver quién paga los impuestos. Podemos decir que el IVA afecta más a los pobres, porque ese lo pagas o lo pagas independientemente de tu ingreso. Las mujeres, con todo lo que necesitamos de toallas sanitarias y toda la parte de los cosméticos, pagamos mucho más que los hombres. Llevar la planeación, programación y presupuestación a las comunidades no es difícil, pero tampoco es «llego y ya entendí». Creemos que algunas de las técnicas que se utilizan en la presupuestación, que además son técnicas globales porque todo el mundo usa gestión por resultados, debería ser una materia en las universidades y en la preparatoria [bachillerato]. 

¿Y qué pasa con la población de adultos mayores? No entrarían en este proyecto de formación y muchos ya no están en edad productiva. 

—Las personas mayores tienen sus propias etapas y las condiciones de cada momento son diferentes. Hay personas que requieren cuidado integral, que necesitan pañales, atención médica. Así como se implementan sistemas de cuidado para niños, también lo hay para personas con discapacidad y mayores. Sin embargo, en los proyectos que hemos hecho tratamos, en la medida de lo posible, que las personas mayores se integren de una manera activa. Cuando estás ilusionado por proyectos de esta naturaleza, la salud retoña. En Chihuahua aplicamos la economía social y solidaria, que busca la reconstitución de los mercados locales. Había una viejita a la que la esposa del gobernador le había regalado unos pollitos. Había logrado que sobrevivieran, y se convirtieron en gallinas ponedoras. Entonces, ella decía: “voy a producir uno o dos cartones a la semana. ¿Quién me los compra?”. ¡Ya los tenía vendidos! Hubo otra que nos dijo que ella no tenía nada, que qué podía hacer. Le dimos un librito. Le dijimos: “vaya a la tienda, siéntese allí, y a todas las señoras que quieran venir a decirle sus penas usted les da consejo con este libro”. El folleto era un protocolo de atención a mujeres en situación de violencia. 

¿Cuál es la participación del Gobierno?

—En México lo que ha estado haciendo este presidente son transferencias monetarias directas para todos. Con las que estoy absolutamente de acuerdo son las pensiones para personas mayores. Se las merecen. Pero para los jóvenes no puede haber una prestación así sin una contraprestación. O estudias, o trabajas. De lo contrario, da la idea de que es algo clientelar. Y no creo que sea razonable que los recursos de todos y todas se usen para ello. También hay una ley sobre economía social y solidaria, y un fondo, pero no se ha aterrizado bien. 

—Entonces, ¿cuál sería el contexto político y social ideal para que las propuestas aterricen adecuadamente?

—Necesitas gente honesta en el gobierno. Porque si tienes gente deshonesta no hay manera de que las cosas salgan. Las personas corruptas que están en puestos de decisiones, ¿se van a interesar por los derechos humanos, por la mejora de la calidad de vida de las poblaciones? No. Lo que debe hacer la sociedad civil y los activistas, desde mi punto de vista, es prepararnos. Aunque parezca que somos unos espadachines en el aire, seguimos tanto felicitando al gobierno como criticándolo. Nos escuche o no, nos vale. Lo que estamos haciendo es formando ciudadanía. No se trata de enfrentarse al gobierno, porque creo que esa sería la última instancia. Pero sí se trata de no dejar de hablar. Siempre estar en la disidencia si es que se justifica, sin tratar de erosionar. Nosotros no somos el enemigo. ¿Qué necesitamos? Necesitamos educación para crear condiciones para la democracia, porque si no la gente se va a creer cualquier cosa.

***

Sobre Magdalena García Hernández

Fue Directora de Agencias de Desarrollo de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano del Gobierno Federal entre 2004 y 2005, cuando diseñó los primeros proyectos para observatorios de violencia social y de género. Fue Secretaria Técnica de la Presidencia del Grupo Interagencial de Género del Sistema de las Naciones Unidas en México entre 2010 y 2012. El mismo año que obtuvo el cargo, también asumió la dirección de la red de mujeres MIRA, que se especializa en temas presupuestales para la reducción de las desigualdades. En esta ONG lidera el proyecto Pensadoras Urbanas, que forma parte de la Campaña Urbano Mundial del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos. Su trabajo la condujo a la copresidencia del Grupo de Mujeres Socias Constituyente de la Asamblea General de Socios de ONU Hábitat a partir de 2017. García dirige el Bufete de Estudios Interdisciplinarios A.C., que tiene estatus consultivo en el Sistema de Naciones Unidas. También es consultora de la Unidad de Desarrollo Social de la Sede Subregional de la CEPAL en México y forma parte del Comité de Seguimiento y Evaluación del Consejo Nacional de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Presidencia de México desde 2018.


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