Academia Prodavinci

Julio Villanueva Chang: “Considero que todas las historias deberían ensayar lo inesperado necesario”

03/01/2024

Julio Villanueva Chang en Academia Prodavinci

El cronista Julio Villanueva Chang conversó con Ángel Alayón, director y fundador de Prodavinci, sobre la selección y la escritura de perfiles y relatos de no ficción en la videoconferencia Cualquier insecto es una explicación [una conversación sobre el detalle en las crónicas], parte del Programa de Formación para Periodistas de Academia Prodavinci, el martes 12 de diciembre de 2023. El título de este encuentro digital es un guiño a una traducción de Jorge Luis Borges de un extracto de Hojas de hierba, del poeta estadounidense Walt Whitman, y a la vez es una invitación a elegir los elementos que parecen fútiles para convertirlos, a través de la escritura, en una vía hacia la puesta en escena de ideas de interés colectivo. Dice Villanueva Chang: 

“Mi forma de ver el mundo se trata de asomarme a esas criaturas aparentemente invisibles, aparentemente inaudibles, aparentemente difíciles de tocar, difíciles de atrapar. De eso se trata el uso de esta metáfora. Tiene que ver con que el oficio, tal como yo lo veo y lo quisiera ver, es atrapar esos instantes que son momentos mínimos, aparentemente triviales.” 

Villanueva Chang, escritor, fundador de las revistas Etiqueta Negra y Etiqueta Verde, maestro de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo y miembro del Comité Consultivo de Radio Ambulante, considera que la crónica es el ejercicio de la elección. Estos son los cimientos de su método, si podemos llamarlo de este modo, para aproximarse a una historia, idear un título, y crear unas primeras líneas capaces de capturar al lector: 

“Más que narrar, a mí me encanta el verbo elegir. Creo que elegir, además, no discrimina entre la gente que no tiene el don de la narración o el instinto verbal para ocuparse de aquello. Quiero decir que una elección está al alcance de todos y todas. El verbo elegir supera, para mí, al verbo narrar.”

¿Cómo escoger una historia?

Villanueva Chang combina el placer de la búsqueda y el conocimiento con el deber público del periodista. Siente que la historia complace su curiosidad, pero también permite plantear ideas: 

  • Convertir la ignorancia en motor. “El pozo de ignorancia es lo que determina que yo me vaya fascinando sobre el acertijo de una persona que encarna una visión del mundo, una forma de estar en el mundo, una forma de comportarse en él, con patrones, accidentes, contradicciones. Mi motor para elegir una historia es mi propia ignorancia y la fascinación que me produce el enigma de una persona que representa algo que a mí me gustaría debatir.”
  • Encontrar gozo al ocupar los vacíos. “Creo que esa fascinación, esa curiosidad, esa atención tiene que producirse desde un placer, desde el gusto. Si ese placer personal convive con el sentido del deber, con una necesidad pública de debatir una idea, un prejuicio, una ignorancia, yo escojo esa historia”. 
  • Escudarse contra el olvido. “Lo peor para alguien que quiere ejercer un oficio de servicio público, y ese servicio público no excluye el gozo, es producir olvido e indiferencia.”  
  • Comprender que no todo es predecible. A veces en nombre de la búsqueda de la verdad, de la rigurosidad, del registro notarial y documental, nos olvidamos de la impredictibilidad del ser humano, o sea, de lo que la razón no puede explicar. Me fascina la posibilidad de buscar una explicación a través de la historia de una persona, o de una comunidad de personas, sobre qué sentido puede tener para el resto del mundo o para mí.” 

El gozo que describió Villanueva Chang, el placer de perseguir una historia y nuestra curiosidad, no implica que los periodistas asuman la búsqueda de historias y enfoques en su propio ombligo, expuestos a sus sesgos. Tampoco quiso decir que las audiencias marcan la pauta por completo. Villanueva Chang propuso un equilibrio: 

“Un gran editor literario decía yo quiero que una historia que me guste le guste a todo el mundo. Yo le cambiaría el verbo gustar por importar. Yo quiero que una historia que a mí me importe le importe a todo el mundo. En ese sentido, creo que publicar es un verbo transitivo, igual que cocinar, que es un acto más esencial en la vida. Quiero decir, nos debemos a una audiencia y sin embargo buscamos pensar por cuenta propia.”

El propósito es conmover a los lectores “con algo que no sabían que les interesaba hasta el momento en que lo hemos publicado” y producir conocimiento. Como ejemplo de ello, Villanueva Chang expuso la historia de John Laroche, un hombre que fue acusado de robar especies protegidas de orquídeas en Florida. Es el protagonista de El ladrón de orquídeas, un libro de Susan Orlean. “El subtítulo del libro es Una historia verdadera de belleza y obsesión. A eso me refiero: que una persona encarna una excusa, un pretexto para debatir una verdad mayor, para debatir asuntos abstractos, metafóricos, simbólicos, fenómenos que no sabemos dónde empiezan y dónde terminan.”

Ángel Alayón conversa con Julio Villanueva Chang

¿Cómo atrapar la atención del lector y las audiencias? 

Una escultura de Adán, del Renacimiento italiano, que era uno de los primeros desnudos tras los hechos por los griegos, se cayó en el Museo Metropolitano de Nueva York. Se rompió en 28 pedazos y cientos de astillas y a la institución no le quedó otra que restaurar la obra. Este hecho se instaló en los pensamientos de Villanueva Chang, creando una posible historia que no se ha publicado –aunque tenían intenciones de hacerlo en Etiqueta Negra–, porque la conversación sobre el tema y el enfoque sigue abierta. Adán hecho pedazos, el primer hombre hecho pedazos, proponía una versión más allá de la noticia o del hecho. “Desde mi experiencia como editor y como cronista, las historias deberían ensayar la idea de lo inesperado necesario”, dijo Villanueva Chang. Eso supone que a partir de la caída de una estatua, que puede ser una historia museística que provoque bostezos en algunos, se genere una trama o un asunto que no es esperado por el lector, que le cause interés y que esté mucho más cerca de sus experiencias.

Que no se confunda su sugerencia con ser más creativos. El cronista limeño no es partidario de usar la palabra creatividad para describir el desarrollo de un relato. Prefiere hablar de precisión, porque “lo genérico espanta a la gente.”  

  • Trabajar lo inesperado necesario:Una historia como la de la estatua del Museo Metropolitano de Nueva York se puede convertir en una historia universal del pegamento. Nosotros siempre usamos pegamento, desde niños, y nunca nos hemos preguntado cómo alguien lo fabrica, por ejemplo. Una historia en apariencia museística es una excusa para, en lo posible, buscar un asombro. Desde lo impredecible pero necesario nos permite discutir nuestra capacidad de destruir las cosas.”
  • Huir de los lugares comunes. “Lo que tenemos que hacer es buscar, por ejemplo, transmitir un misterio sin decir la palabra misterio, sin decir, ella era misteriosa. Creo que lo peor es rondar los lugares comunes, palabras muy orales y muy inmediatas. Cuando no sabemos muy bien qué decir decimos interesante, extraño, genial.”
  • Transmitir una experiencia. “La experiencia siempre se acerca a lo indecible, a lo difícil de explicar. Por lo tanto, el trabajo para transmitir una experiencia es un trabajo atlético, intelectual, sudoroso, digamos, un cortocircuito mental. Conversar con docenas de personas, con algunas de ellas horas, y con algunas de ellas, además de horas, cinco veces durante un mes, tres meses, un año y medio, etcétera. Las historias que a mí me interesan intentan transmitir una experiencia y no solamente reconstruir unos sucesos.” 
  • Apostar por la simplicidad. “Nosotros nos enamoramos de la singularidad de la gente. La única manera de singularizarla es describirla con la menor cantidad de palabras y que estas sean expresivas, vigorosas y emocionantes, y reveladoras.” 

¿Qué hace de un título un buen título? 

Cuando Julio Villanueva Chang escribió el perfil de Juan Diego Flores, un cantante peruano de 32 años que Pavarotti señaló como su sucesor, habló con uno de sus amigos de la adolescencia. Este le contó que al salir a jugar al barrio todos se llamaban con un silbido, con excepción de Juan Diego Flores: no sabía hacerlo. “Me pareció que el oficio pulmonar de un tenor que de adolescente no sabía silbar contenía una idea paradójica”, dijo Chang, quien conservó esta idea para dar forma al título: “El tenor que no sabía silbar”. Esto le recordó la intención que también concentraba “El último hombre muere primero”, un perfil escrito por Juan Villoro sobre Robert Enke, el portero de la selección alemana de fútbol para 2009. “Son títulos que te inquietan, te hacen voltear, y yo creo que ese primer mandamiento tiene que estar encarnado en un título.” 

Durante la videoconferencia, Villanueva Chang señaló tres claves sobre el arte de titular:

  1. El título es una hipótesis. “Si la realidad me demuestra que yo estuve equivocado en mi hipótesis, probablemente yo abandone esa historia o le dé la vuelta a la tortilla.”
  2. Nos ayuda a seleccionar qué debe quedarse y qué no. “El título es como un faro cuya luz aparece y desaparece en el horizonte para recordar hacia dónde estamos yendo, cuán centrados estamos en una dirección o cuán desviados, distraídos e incontrolables estamos en no poder decidir qué contamos y qué no contamos. No puedes contarlo todo y tienes el tiempo en contra y un espacio que en general quieres respetar para que te lean.” 
  3. “Es una promesa que hay que cumplir. (…) Debería aparecer lo más pronto posible, no esperar hasta el final, porque esa es la idea y la hipótesis y el sentido que queremos demostrar en la historia”. 

 

 

Julio Villanueva Chang expone su perfil sobre Dudamel, en el que utiliza el detalle del cabello para hablar de su carisma

¿Cómo emocionar al lector y a las audiencias? 

Las últimas reflexiones de la conversación se concentraron en el reto de transmitir emociones como periodistas y escritores de no ficción. Villanueva Chang apuesta por la sencillez e insiste en ser conscientes de lo que sentimos como personas, más allá de convertir la rigurosidad en la única meta periodística. 

Para el cronista y editor peruano una de las mayores faltas éticas, si no la peor, es el olvido. “Si estamos más cerca de producir olvido e indiferencia creo que es una falta ética, es decir, el no preocuparse por encontrar en las formas del lenguaje, en esta desesperación que es un estado vital, volver común un acontecimiento ajeno, remoto o lejano”. Para ello, lo esencial es ser más que “un recaudador primario de los sucesos”. Aunque es obvio que es parte del proceso y es necesario, y que además debe hacerse de forma minuciosa y con rigor, “debemos apuntar a que lo que me importa le importe a todo el mundo.”   

“No hay más ciencia que preguntarnos qué cosa sentimos cuando conocemos por primera vez a una persona, de qué nos acordamos, qué olvidamos más pronto”. Y una vez que procesamos lo que sentimos ante una persona o posible historia, “nuestro criterio debería ser detener el exceso de detalles, porque nos estamos yendo fuera de lo que queremos al decir más allá de contar. En otros casos somos deudores de esa experiencia emotiva que solamente se puede transmitir con imágenes.”

“Tenemos que buscar una sencillez elocuente, afirmativa, precisa, que sea tanto verificable y que al mismo tiempo transmita una personalidad, una verdad mayor, a partir de una nimiedad, de una trivialidad, de un detalle”, dijo Villanueva Chang en la discusión final. “Creo que esa es la forma de hacer preguntas, de observar y tomar notas, de empezar a escribir digresiones.” 

Vea la videoconferencia completa aquí: 


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