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Jacobo Borges: “La creatividad es un derecho” [+video]

19/08/2020

El artista venezolano Jacobo Borges desde Nueva York. Captura de pantalla.

El martes 18 de agosto de 2020, el maestro Jacobo Borges participó en la videoconferencia El arte en tiempos de pandemia, organizada por Prodavinci y moderada por Ángel Alayón. El artista venezolano conversó sobre la creatividad en la cuarentena y explicó sus experiencias en la realización de su diario visual y literario “Tiempos de pandemia”. Aquí podrá leer un resumen de la conversación.

El día más triste del artista venezolano Jacobo Borges empezó con una visita al liceo donde no podía estudiar. Tenía 12 años. Había terminado el sexto grado y debía trabajar para ayudar a su familia. Su papá quería que fuera carpintero. Sus amigos lo invitaron a conocer el liceo, un edificio nuevo construido en Catia. Borges nunca había visto un lugar tan imponente. Vio el suelo brillar bajo sus viejas alpargatas y pensó que estaba hecho de mármol. Se sentó junto a un grupo que jugaba ajedrez y notó que todos a su alrededor estaban contentos. Todos eran felices, menos él. Decidió regresar a casa. Borges sabía que quería ser pintor desde que tenía 4 años, pero desconocía el camino hacia las Bellas Artes. No podía continuar los estudios. Tampoco sabía qué trabajos buscar para formarse en la pintura y, a su vez, llevar dinero a casa. Se decía a sí mismo que debía existir un lugar en el que dibujar fuera un empleo. Mientras caminaba, vio pasar un camión de Maizina Americana y desvió la mirada hacia el logo de la marca: un águila con las alas desplegadas. Borges paró al conductor del camión y señaló el dibujo: “¿Dónde hacen eso?”. El hombre respondió que el responsable de los rótulos era la compañía Unión Gráfica, cuya sede quedaba en Propatria. Borges pasó cinco meses buscando la imprenta. Tocó cada puerta del barrio hasta que halló el lugar.

El artista compartió la anécdota en la videoconferencia El arte en tiempos de pandemia, organizada y transmitida por Prodavinci el martes 18 de agosto de 2020 y moderada por Ángel Alayón. Para Borges, esta experiencia de su infancia es una lección sobre la creatividad en tiempos de crisis: “Esos 40 minutos fueron de mucha tristeza, no veía mi camino. Ese límite es donde existe el proceso creativo (…) Yo inventé el futuro, todo ser humano tiene derecho de inventar el futuro. La creatividad es uno de los derechos que uno tiene”, dijo el artista. “Lo más importante para todo ser humano, sobre todo para nosotros [los venezolanos] que vivimos en una situación complejísima de doble pandemia, es confiar en ti mismo”.

Borges está ahora en un apartamento de 50 metros en Nueva York. Quedó atrapado en Estados Unidos a mediados de marzo, cuando los vuelos internacionales fueron cancelados como medida de contención contra la covid-19. Para finales de ese mes, Estados Unidos era el país con la mayor cantidad de casos confirmados en el mundo, con un total de 164.539 contagiados.

El pintor nunca había estado fuera de Venezuela por más de tres meses. “Esta vez tengo como 7, y no sé cuándo terminará esto aquí, no sé cuándo se abrirán las puertas para entrar a Venezuela. Añoro estar en Venezuela, sabiendo los conflictos que eso supone. Además de la pandemia, está otra pandemia montada encima que es terrible”.

El viaje a Nueva York no debía durar más de 15 días. Visitaría a sus nietos y también enviaría algunas de sus pinturas y materiales a Caracas. “Justo en ese proceso me agarró la pandemia. Me agarró sin nada. Nunca había estado así, ni siquiera cuando tenía 16 o 17 años. Nunca había estado sin nada de lo que es parte de mi vida. Y los primeros dos o tres días fueron de un vacío tremendo”. Borges solo tenía una mesa, una tijera, papeles viejos, reproducciones de sus trabajos, y una tableta. 

Sobre el proceso creativo: las tijeras y la libertad

Durante la mudanza de sus materiales a Caracas, el artista comenzó a cortar papeles para desechar. Al analizar el proceso, descubrió que generaba cambios. Los pedazos de hojas caían y creaban algo nuevo.  

“Los estoy cortando para botarlos, pero hay otra mirada que está viendo lo que está pasando allí. Me di cuenta de que se producían transformaciones en la caída y en la forma. Y cuando empecé a salir de la crisis, empecé cortando papeles que habían sobre la mesa. Hice como 300 obras, que no existen porque yo destruyo lo que cae en la mesa y con eso mismo hago otra (…). Lo que existe es la fotografía que hace el iPad. Además, me da una libertad tremenda. Lo digo en algún momento: la imaginación es vida”.

Así comenzó el diario Tiempos de pandemia, publicado en Prodavinci. Este registro literario y visual recoge una serie de trabajos realizados por el artista durante la cuarentena. Usa los pocos recursos que tiene a mano para aproximarse al vacío y a la soledad que experimenta en el encierro. A través de la imaginación y la creación, Borges está en constante combate contra la oscuridad de estos tiempos. La pandemia lo puso en una situación vulnerable:

“Si me descuido, me quedo como un viejo sentado viendo pasar la vida. Cuando quedé sin nada, eso fue lo que sentí. Yo vine de Caracas sin edad. Y de repente ¡plas!, tuve una edad: 89 años. Paralizado, inútil, viejo. Dos o tres días después, cuando empecé a cortar, descubrí el ‘dejarme llevar’. No me puse límites ni objetivos. En eso estoy. No estoy pensando en resultados, estoy viviendo los procesos”. 

Borges prefirió el diario como formato para su trabajo en cuarentena porque se ajustaba a una experiencia «sin límites».  Explicó que mientras las novelas, las películas y las canciones tienen estructuras cerradas, el diario no exige un clímax ni un final. No tiene un camino definido. “Se abre a todos los cambios que puedas tener. Puede haber una fiesta, o de repente una tragedia. Ese diario, en realidad, es un diario de los procesos creativos que van pasando en mí”.

Para el artista, hay dos formas de experimentar la libertad. Una en el contexto de los derechos civiles, que incluye la posibilidad de convivencia de diferentes opiniones, la garantía de que podamos defenderlas y la capacidad de elegir a quienes nos gobiernan. La otra, “es la libertad de uno mismo con uno mismo”, en la que nos desligamos de los prejuicios sociales o de la autocrítica destructiva porque “resulta que siempre hay posibilidad de que uno pueda ir más lejos”.

Borges dijo que durante el año que estudió pintura no fue el más brillante de su grupo ni el mejor dibujante. Entendió que, de no actuar para un cambio, debía dejar su formación o seguir como un fracasado. Entre sus profesores no había un Leonardo Da Vinci, un Miguel Ángel o un Monet. Tampoco creía que podría seguir los pasos de los grandes artistas a partir de las reproducciones de los libros. Pensó que los grabados de Rembrandt eran una opción más segura para aprender: tendría a un maestro directo a quien imitar. Durante dos años pasó 10 horas diarias copiando al pintor barroco. “En un momento dado, yo era dos personas. Era  Rembrandt y era Jacobo. Pero el Rembrandt que estaba en mí veía automóviles, aviones… Ahora, lo miraba todo con los ojos de Rembrandt. Y lentamente, hubo un proceso de cambio grandísimo”.

Ángel Alayón, director de Prodavinci, conversa con el maestro Jacobo Borges. Captura de pantalla.

Sobre reinventarse en pandemia: mirar en todas las direcciones

Esta capacidad de una mirada dual es constante en la obra de Borges. También en Tiempos de pandemia. “Solo… con unas tijeras, viendo ese cuadrado difuso, parado en el umbral de la puerta, estoy entre dos mundos, decido enfrentar ese vacío sólido”, escribió el 4 de junio de 2020.

Borges iba a las fiestas que se organizaban cerca de su casa para mostrar sus dibujos. Tenía seis o siete años. Sostenía su obra entre sus dos manos frente a los invitados, de pie. No se iba hasta que alguien pasaba a su lado, se detenía, y contemplaba lo que había pintado. “Mira lo que está haciendo este muchachito”, decían. Y él se iba feliz. Todo ese tiempo él también se dedicó a observar. Veía a la gente que pasaba por la calle asomarse a las ventanas de la casa. Querían saber qué pasa en esa fiesta a la que no fueron invitados. Borges se inventaba un nuevo juego: tener muchos ojos a la vez. Buscaba un sitio en el que pudiera ser omnipresente. “No estaba dentro de la casa, tampoco afuera. Yo miraba a los mirones que miraban cuando yo estaba dentro. Esa cosa de adentro y afuera, que era un problema filosófico importantísimo para los griegos, esa experiencia de lo real y no real, después se han convertido en conceptos”.

Aprendió de Carlos Cruz Diez a no desechar las creaciones que parecían malas o inservibles. Probablemente contenían una buena idea que no podía distinguir en ese momento. Así, Borges ha encontrado con notas que escribió hace más de 20 años en las que describe conceptos que ha desarrollado o cambiado luego. “Hay que estar alerta con uno mismo. Aprender a mirar en varias direcciones, mirar afuera y desde afuera mirar hacia adentro. Nunca vivas las cosas en un solo plano, porque las cosas no existen en un solo plano”. 

El niño que podía percibir la realidad dentro y fuera de la fiesta, también aprendió a mirarse dentro y fuera de sí. Borges recordó aquellos años en París. Transportaba 200 kilos de periódicos en un triciclo para ganar dinero, y cada noche debía decidir en qué lo gastaría. Podía ser una cena, ir a la ópera, o pagar la noche en un hotel. Solo podía escoger una de las tres opciones. Si comía o iba al teatro debía dormir en la calle. Un día, agotado y con hambre, se preguntó qué sentido tenía lo que estaba viviendo. “Entonces, yo mismo me miraba. Decía: ‘estás haciendo una cosa extraordinaria. Estás en una aventura y te estás quejando’. Me sonreía con esa doble visión”.

Sobre el proceso colectivo: todos somos artistas 

Para Borges, todas las personas son artistas que pueden reinventarse:

“Parte de mi familia en el exterior ha sobrevivido inventando platos, copiando platos venezolanos. Esto puede suceder con todo. Con el casabe, con la yuca… Depende de la actitud que tengas. Inmediatamente que pasó esto [la pandemia] se crearon empresas para llevarte la comida. Eso es creatividad. La misma organización familiar puede cambiar en positivo, y es un proceso creativo de mutuo apoyo. Otros pueden reconstruir su amor”.

Intervenir de forma indefinida sus obras fugaces es una forma de redimir su capacidad de asombro. Destruye, pero construye a la vez. Durante la cuarentena salta de la tragedia a lo romántico con su tijera y su mesa, mientras comparte con su familia el pequeño departamento neoyorquino. “La capacidad de sorprenderte es lo que hace que nosotros podamos conseguir la libertad. La libertad nace de los obstáculos, de los límites”. 

La pandemia y la nueva normalidad es el nuevo obstáculo. El ser humano debe actuar contra su naturaleza para poder estar “a salvo”. En una ocasión, Borges salió con su nieto Marcel a un parque cercano y el bebé preguntó dónde estaban los otros niños. “Él tiene 2 años y ya sabe que tiene que juntarse con otros, que necesitamos una relación con los otros. Eso es lo tremendo, que tenemos que aislarnos para sobrevivir. El otro puede ser un peligro. Allí hay un sufrimiento inmenso”. 

La covid-19 y la nueva normalidad imponen cambios que no pueden negarse. Unos viven la tragedia con mayor intensidad que otros, pero “puedes construir espacios dentro que te permitan ganarle a la pandemia. Dentro de la oscuridad, construyes la luz”. Borges usa la imaginación para reinventarse. “La imaginación es resolver problemas nuevos. No siempre uno lo puede hacer, pero el intentarlo, es decir, no quedarse en los límites, es demasiado importante. Puede que uno no tenga la capacidad para romper esos límites, pero se puede sentir la satisfacción de haber vivido tratando de romperlos. Por eso digo que lo imaginado es vida. Lo imaginado está incluso en el fracaso”.

Los procesos creativos “también son de los pueblos. Los cambios también se producen cuando muchas personas sienten que es necesaria una transformación. Hay una transformación interna, y otra externa”. La reconstrucción de Venezuela empezaría por “reinventar la unidad”. Nota que en los últimos 20 añose se han modificado los valores venzolanos. Hay una tendencia postiva a resalta el coraje y el amor al otro, “pero también hay un desconocimiento al otro, es una cierta falta de consideración. Uno va a debatir, y recibe insultos. Se piensa de una manera recta, y ningún proceso creador es recto. Ningún proceso se hace sin cambios, sin caídas, y sin levantadas”.

Vea aquí la conversación junto al maestro Jacobo Borges:


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