Francisco Coello: “Una campaña canallesca”

Francisco Coello retratado por Alfredo Lasry | RMTF

15/05/2022

En esta ocasión, le sugiero al lector que haga clic en este enlace si quiere tener una mayor comprensión del análisis que hace Francisco Coello* de una campaña publicitaria que navega por Internet.

Venezuela se arregló y los jóvenes que se fueron a pie a las capitales del vecindario se están perdiendo la rumba y el desnalgue en el paradisíaco archipiélago de Los Roques. El mensaje toca la fibra de un individualismo radical, desconectado del entorno. No cabe duda, el sálvese quien pueda llegó a la publicidad.

El contenido de esta campaña básicamente asombra porque es una mentira. Forma parte de esa idea de que “Venezuela se arregló” y, por tanto, “regresa, aquí te estamos esperando con los brazos abiertos”. ¿Qué diría alrededor de esta primera impresión?

Efectivamente. Agregaría, además, que toca una fibra emocional: uno siente que es una canallada. Es lo primero que te impacta, porque juega con los sentimientos de la gente, con las frustraciones. Uno entiende que toda lógica totalitaria opera bajo un escenario de guerra. Y aquí conviene citar a Carlos Rangel quien, en su libro Del buen salvaje al buen revolucionario, cita, a su vez, la famosa frase dicha por Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Pero, en la lectura que hace Lenin de Clausewitz, tacha esa frase y escribe: “No, la política es la continuación de la guerra por otros medios”. Es decir, desde el inicio del régimen soviético, el leninismo y todas sus variantes -hasta el día de hoy- ven al sujeto político como una guerra y a la sociedad como un territorio a conquistar. Un campo de batalla. Nosotros somos Ucrania las 24 horas del día. Uno entiende que el campo comunicacional es parte de la guerra. En Venezuela, lo han aplicado muy bien. Sobre todo, en promover lo que es la desesperanza aprendida. No por casualidad, uno o varios representantes del régimen, emprenden todas las semanas una campaña, cuyo mensaje, en resumidas cuentas, se puede leer como “aquí no hay nada que hacer… el chavismo llegó para quedarse”, una y otra vez. 

El chavismo es un régimen que se dio el lujo de vaciar el país de dos generaciones que han egresado de las universidades venezolanas. Esas personas tenían más oportunidades de trabajo en otros países. Pero esos venezolanos no merecen un solo espacio publicitario, informativo o de reseña en la plataforma comunicacional del chavismo. ¿A qué atribuye esa omisión deliberada?

Esa gente hace ruido. Tú no quieres individuos que aspiren a tener una vida autónoma, ciudadanos que conozcan y exijan sus derechos, pero que también cumplan sus deberes. El blanco de la campaña son los jóvenes más vulnerables, que, efectivamente, son los que más palo han llevado. En el fondo no interesa si regresan o no al país. Es la campaña por la campaña. Recientemente, el régimen montó una alharaca porque en Maiquetía aterrizó un avioncito con 100 o 120 personas. Y, según cifras oficiales, van 28.000 personas repatriadas. Yo les escribí un tuit: «Ahora te faltan 5.972.000 venezolanos». Y, además, tienes que parar la sangría de 3.000 personas que se van a diario por el puente Simón Bolívar. Entonces, la verdad no importa jamás, así como los fines que te presentan. Realmente, ellos no quieren que se regrese nadie. Y si se regresa, que sea el muchacho que es motorizado en Lima y que ahora será delivery en Caracas. Es decir, la gente que no les cause ruido. A mí todo esto se me parece a la película el Mago de Oz: tienes a unos tipos infelices, detrás de una cortina, sembrando el miedo y el único objetivo es controlar el poder y el sistema de castas que han creado. Más nada.

En esa campaña no vamos a ver una mención de la venezolana Luisaelena Rodríguez, quien acaba de ganar la Competencia Nacional de Gimnasia de Estados Unidos. ¿No resulta llamativa esa omisión?

El Instituto Tecnológico de Massachusetts es la mejor universidad del mundo, ¿no? El rector es un venezolano (Rafael Rief), y me llama la atención que (en su momento y a posteriori) el Ministerio de Educación Superior no le haya enviado un mensaje de reconocimiento. Unas pocas palabras: “Nos sentimos orgullosos”. ¿Te imaginas que a un japonés lo hubiesen nombrado rector del MIT? Hasta el emperador se hubiese enorgullecido. Rief, en una entrevista, dijo: “el MIT está a la orden de Venezuela”. Sigue esperando a que las autoridades venezolanas le digan en qué áreas puede contribuir.

28.000 personas ni siquiera son una gota en este océano que es la diáspora venezolana. Y la pregunta es ¿qué es lo que te está esperando aquí? No es la sociedad del conocimiento, no es la posibilidad de que tú te capacites y dejes de tener empleos precarios. No, lo que te ofrecen es la rumba y el desnalgue con todos sus juguetes. 

¿Cuántos de estos jóvenes humildes van a terminar bailando y echándose palos en Los Roques? ¿O cuántos van a tener 200 dólares para pagar el ticket y escuchar al grupito tal o cual? Por eso digo que la campaña es canallesca. Hay una parte que pareciera propagandística y hay otra parte que pareciera una vulgar humillación. Es lo más parecido a un regodeo frente a una persona que, efectivamente, la está pasando muy difícil en Bogotá, en Lima, en Santiago, y, al mismo tiempo, le ofreces una estadía en Los Roques, un concierto de rock, cosas a las que difícilmente tengan acceso. Al final, lo que importa es crear un manto de ocultamiento, de ofender a la gente, de indignarla, porque es una propuesta irracional. Es muy perversa, pero eso es lo que siempre está detrás de toda lógica totalitaria. Sí, no hemos llegado al modelo totalitario, pero hay cosas que apuntan en esa dirección. 

La UCAB y el Centro Gumilla han hecho estudios sobre el daño antropológico en Venezuela. Justamente, es la idea de que el Estado es proveedor de todo, de que tú no eres un ciudadano, sino un zombie, incapaz de pensar con tu propia cabeza, de que la política se reduce a un intercambio mercantil entre una bolsa de comida y la fidelidad política a un régimen autoritario. La campaña lo refuerza sin rubor. En eso no ha mentido.

No, no. Para nada. Es propaganda en el sentido totalitario de la palabra. Es ocultamiento, engaño, manipulación, con un fin estrictamente instrumental. ¿Qué ocurre cuando viajas al exterior? Tú caminas por las calles de Madrid o Barcelona y escuchas el acento venezolano. Quizás a las oleadas de migrantes más recientes les ha ido mal. ¿Por qué? Porque son sociedades competitivas, muy cerradas, pero, aún sin trabajar en tu área profesional, tú puedes conseguir un empleo que pudiera satisfacer los parámetros de una vida normal. Algo que es imposible en Venezuela. Son ciudades donde todo lo puedes hacer en la calle, donde, a pesar de todas las dificultades, puedes tener calidad de vida. Por eso la gente prefiere quedarse allá. Entonces, ¿a quién pretenden convencer con esta campaña? Sencillamente es mentira. 

Hay gente que se pregunta ¿por qué fulano, que es fotógrafo profesional, está pintando casas en Londres? ¿Por qué no lo hace aquí? ¿Cuál es el problema? Pero quizás la pregunta sea ¿no será que fulano valora la libertad?

O un lugar donde puedas salir de noche sin que lo asesinen en la calle, donde puedas hacer actividad política y pueda manifestar sus opiniones, sin ser perseguido. 

¿Por qué no se valora la libertad en ciertos sectores de la sociedad venezolana y en la esfera gubernamental?

¿En la esfera gubernamental? Porque como te digo, y esto puede sonar muy duro, a ellos les importa un carajo lo que pase en la sociedad. Entonces, la gente entendió claramente que el Gobierno abandonó todas sus funciones de Estado, entendió el mensaje. Yo estoy aquí y controlo políticamente esta carcaza llamada Estado venezolano, con fines estrictamente policiales, exploto el Arco Minero y un margen muy reducido del petróleo, me convierto en un ente distribuidor del dinero y le digo al ciudadano común todo lo que pase en adelante es problema suyo. A mí no me llame ni por la salud ni por la educación. Eso no es mi problema. La única señal de que el mundo funciona nos llega del sector privado. Lo otro es la gente que se queda aquí. No se va por distintas razones… por la edad, porque les da miedo. Ese paso no es fácil. 

¿Acaso Venezuela no se convirtió en un país de viejos y de niños? 

Un dato. La oficina de clínica jurídica de la UCAB, en la cual los estudiantes de derecho cumplen con su trabajo comunitario, asegura que más del 70 por ciento de los documentos legales que pide la gente (de Antímano y La Vega) son para temas de custodia. Custodia para los abuelos, unos tíos, unos primos e incluso para unos vecinos. De allí la cifra que ellos manejan: más de 700.000 niños dejados atrás. Es una cosa realmente insólita, una población completamente abandonada. Entonces, no es gente que subestime o no le interese el valor de la libertad. Simplemente, no tienen de dónde agarrarse. En el Gobierno, esto no está en su radar de intereses. 

Francisco Coello retratado por Alfredo Lasry | RMTF

Algo que llama la atención es que esta campaña se haya hecho como un cómic. En un cómic tú no tienes que dar la cara. Simplemente, escribes un guion y el muñeco habla y se desenvuelve bajo el estado de ánimo que tú le asignas. En ese sentido, se trata de un mensaje instrumentalizado. ¿Cuál es la intencionalidad del mensaje? 

Además del formato (el cómic), se utiliza un lenguaje muy básico. La campaña está dirigida a un público muy específico. No apunta a países con economías desarrolladas, sino a los países del vecindario que, si bien están mucho mejor que nosotros, siguen siendo sociedades latinoamericanas, con muchas limitaciones. Hay un proceso de saturación en esos países -Colombia, Perú, Argentina, Chile-, en consecuencia, a muchos de los migrantes venezolanos no les va a ir bien. Entonces, la campaña se dirige a esos jóvenes humildes. ¿Para qué? Para que de pronto capture a unos cuantos muchachos que me llenen el avioncito y yo pueda decir, con gran despliegue mediático, que han regresado cerca de 30.000 personas. Se sustituye la realidad, por otra narrativa. Por otro lado, como parte del trastorno que estamos viviendo, la campaña puede generar rabia, molestia, indignación. Humillar a la persona. 

Se degrada el lenguaje, se erosiona la capacidad de pensar y se desprecia al mundo popular. Emprendimientos, esfuerzos individuales, esfuerzos colectivos, prácticas de solidaridad y sobrevivencia… No. ¿Para qué?

Es la vieja práctica del totalitarismo: secuestrar causas nobles para después instrumentalizarlas y alcanzar el objetivo de siempre: destruir a la sociedad y copar el poder. Esa ha sido la práctica secular de la izquierda. ¿Cuál fue la primera causa noble? La defensa de la clase obrera. Pero ¿quién hizo más por la clase obrera? Los propios capitalistas, creando oportunidades y mejorando sustancialmente las condiciones de trabajo; los partidos socialdemócratas y hasta los propios partidos liberales. El marxismo leninismo lo que hizo fue instrumentalizar a la clase obrera para tomar el poder y crear una nueva forma de dictadura. Toman y secuestran las causas del feminismo, de la comunidad LGTBI y, además, imponen el lenguaje de la corrección política. Si vas a hablar de la homosexualidad, no lo puedes hacer bajo tus propios términos, tienes que hacerlo con la cartilla de la izquierda. 

El fin último de la campaña es despertar el deseo de la rumba y la urgencia de llegar al desnalgue en las playas de Venezuela. Es el paraíso en la tierra al alcance de cualquier joven que quiera regresar al país. El modelo a seguir y los estilos de vida son los del enchufado y el boliburgués.  

Un individualismo radical, desconectado del entorno. En el Estudio de la Pobreza (anterior a la encuesta Encovi) vimos cómo una parte de la población venezolana está inmersa en lo que un sociólogo estadounidense llamó “familismo amoral”. En ese esquema estás montado y “a mí me interesa es mi familia y yo”. Si le preguntas a un europeo o a un norteamericano, también te dirá que lo primero es la familia, pero en nuestro caso la familia está por encima de todo, incluso del planeta. Resolver a la familia y a mí y, como mucho, a los amigos más cercanos. El familismo amoral es un concepto muy extendido en el sur de Italia, muy vinculado a la estructura mafiosa. El otro tema es nuestra aversión a las normas. No diré mucho, porque sin normas no hay instituciones. 

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*Licenciado en Sociología, con especialización y maestría en Desarrollo Organizacional (UCAB). Docente de pregrado y postgrado en distintas materias (UCAB). Actualmente se desempeña como director de Servicios Comunitarios en esa casa de estudios. Coautor de “El lugar de la gente, Comunicación, Espacio Público y Democracia Deliberativa en Venezuela” y de “Ciencia Política Temas Fundamentales”.


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