EntrevistaVisiones de Coexistencia

Dita Cohen: “Mientras exista la coexistencia, existe la esperanza”

por Johanna Pérez Daza

16/06/2019

Fotografía de Elizabeth Schummer

Finalizamos esta serie de entrevistas con la visión de la organización que ha hecho suya la tarea de promover la coexistencia en el país, Espacio Anna Frank. Conversamos con Dita Cohen, una de sus fundadoras, quien reconoce enfáticamente la labor de Marianne Kohn Beker, su hermana, en la creación de esta institución hace ya 12 años. Entre anécdotas, preocupaciones y ocupaciones estableció una vinculación entre coexistencia y esperanza que recuerda la frase de John Berger, quien al reflexionar sobre las posibilidades del arte para la transformación social, sostenía que “muy a menudo lo que el arte ofrece a la gente es esperanza. Y cuando las personas tienen esperanza surge en ellas el coraje necesario para resistir y para luchar por una vida mejor”.

¿Cómo surge la idea de crear una organización en Venezuela dedicada al tema de la coexistencia, entendiendo que suele ser un término de difícil comprensión? ¿Cuál fue la necesidad inicial que quisieron atender a través de Espacio Anna Frank?

Vivimos en un país donde tenemos gran diversidad, tenemos indígenas, negros, zambos, mestizos. Hay tanta gente aquí que nuestra población es totalmente mestiza. Creíamos que para el país era conveniente que hubiera una institución que reconociera esta diversidad. Al principio, no teníamos la fuerza, pero empezamos a acercarnos a las embajadas y, poco a poco, creamos programas educativos centrados en esta maravillosa palabra: coexistencia.

Empezamos a preguntarnos cómo unimos las cosas. Se nos fue sumando gente y conseguimos un grupo de personas que querían participar y resultó ser que eran totalmente profesionales en sus áreas. Luego, yo enfermé y no pude estar mucho tiempo, pero Marianne (Kohn Beker) empezó a trabajar duro y con su estilo hizo una cosa totalmente distinta a la que yo pensaba. Pero me encantó lo que ella empezó a difundir y a crear. Ella creó algo diferente y eso me parece maravilloso. Eso también es coexistir.

Ahora quisiera que siguiéramos formando personas en todas partes de Venezuela. No solamente en Caracas. Ir a Valencia, a Guayana, al interior del país, porque allí también hay mucha necesidad. Hay que aprovechar la experiencia que hemos logrado en estos años para llegar a otros lugares. Necesitamos embajadores de la coexistencia en todas partes. Formar grupos y acercarnos a las instituciones que ya existen, seguir trabajando con las universidades, liceos, colegios pequeños.

¿Hay algún caso en particular que haya servido de ejemplo o inspiración para este proyecto?

En Israel, por ejemplo, se busca el crecimiento y el mejoramiento de cada uno de los habitantes del país. Ellos saben lo que es la coexistencia, aunque no conozcan la palabra exactamente. No sé si hay en hebreo una palabra equivalente. Israel está progresando de una manera que demuestra que son los maestros de la coexistencia. Ahí tú entras en un colegio y ves caritas de todos los colores: pelo rojo, pelo negro, pelo chicha, pelo liso, de todo. Hay chinos, japoneses, negros, rusos.

Los judíos tenemos unos valores y una cultura muy antiguos. Tenemos 5.700 y tantos años de cultura escrita. Somos un pueblo en el que todo padre está obligado a enseñarle escribir al hijo. Si no hay un colegio donde él vive o si vive en la selva, él está obligado a enseñarle lo que su padre le enseñó. Y aunque no lo llamamos así, para nosotros estar juntos es coexistir. Si hay algún pueblo que tiene de todo tipo de sangre y de colores, es el pueblo judío. No es una raza, es un pueblo que no tenía tierra hasta que el Estado de Israel nos dio la tierra, pero hay más de 55 países que tienen comunidades judías. ¿Por qué? Porque nosotros somos coexistentes por naturaleza. Ahora nos toca explicar y compartir esto. Quienes puedan aprender eso van a ser mejores, porque van a poder ayudarse unos a los otros. No es que yo te ayude a ti nada más. Si yo te ayudo a ti, por ejemplo, con dinero, en el fondo tú tienes muchas cosas que darme a mí: tu sabiduría, tu agradecimiento. Me quieres, me cuidas cuando esté enferma. Saber que yo puedo contar contigo y nos vamos ayudar, vamos a lograr coexistir porque tú sabes una cosa y yo sé otra. Si nos perdiéramos en una selva, yo sé cuáles plantas son venenosas y tú sabes las que son buenas para consumir. Eso es coexistencia.

En la historia reciente de la humanidad hay episodios muy trágicos que nos interpelan sobre la aplicabilidad de este término. ¿Es realmente posible la coexistencia en nuestra vida diaria?

Claro, mientras exista la coexistencia, existe la esperanza. Hay que luchar para que esto se entienda y se aplique, sin obligarte, sino a través de la enseñanza. Si alguna vez este mundo va a ser feliz, va a ser cuando la generación de esa época pueda coexistir. Estoy segura de eso. Habría entonces un mundo en el que a nadie le faltaría nada y nadie tendría hambre. Lo otro es el valor de luchar por lo que se quiere, con disciplina, y no esperar que todo sea un regalo, porque si yo te regalo todo estoy creando una pobreza total.

Es en la familia, como núcleo de la sociedad, donde empieza la coexistencia; por eso es muy importante que los niños desde chiquitos aprendan que tienen que estar muy pendientes de sus primos, de su familia, que no se alejen.

La familia tiene que reunirse y apoyarse. En estos días por WhatsApp vimos que un amigo que estaba en un grupo se salió, se alejó porque le dio una depresión y se quedó solo. El que manejaba el grupo –siempre hay un líder– lo fue a visitar a su casa. Allí había una chimenea con un fuego muy fuerte, él agarró las tenazas y tomó la leña con la llama más fuerte. Luego la apartó, la puso a un lado y se fue apagando. Entonces le dijo al dueño de la casa: “¿Te das cuenta cómo se está apagando? Es porque se apartó. Ahora, vamos a volver a ponerla a ver qué pasa”.

Así pasa en los grupos humanos, en la amistad, la familia: hay que mantenerse juntos para no apagarse. Saber que se puede contar con un familiar. Nosotros aprendimos mucho eso porque nos llegaban primos segundos que se habían salvado del Holocausto. Éramos felices cuando llegaban. Mi papá ni los conocía, no los había visto, pero eran primos segundos, terceros. Uno venía de Polonia, el otro de Rumanía. Primos hermanos de mi papá, primos segundos de nosotros. Toda la familia se metió en la casa. Mi mamá los invitaba al shabat aunque nunca los había visto.

Escuchando sus reflexiones, recuerdo esta frase de Anna Frank: “No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda”. Este año ella estaría cumpliendo 90 años. Sin embargo, murió a los 15 en un campo de exterminio, luego de ocultarse de los nazis durante dos años. ¿Qué rescata del legado de Anna Frank?

Fue una figura importante que marcó la historia. Afortunadamente se salvó lo que ella escribió. Es increíble que una niña de esa edad haya podido manifestar sentimientos tan profundos. Su diario es puro sentimiento. Pienso que lo más difícil de describir es un sentimiento. Cuando la lees, tú sientes los sentimientos de ella, la entiendes. Con toda seguridad, si hubiera vivido más años habría sido una gran escritora.

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Johanna Pérez Daza es periodista y curadora independiente. Investigadora y docente universitaria (UCV, UCAB).

Elizabeth Schummer es fotógrafa y coordinadora de proyectos fotográficos del Espacio Anna Frank

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Visiones de Coexistencia

Serie de 10 entrevistas producidas por Espacio Anna Frank, con el propósito de presentar el concepto de coexistencia desde distintos enfoques y facilitar su comprensión, permitiendo el intercambio de ideas y experiencias. Para ello se utilizan analogías, metáforas y relatos de áreas como historia, arte, biología, deportes, comunicación, diplomacia, psicología, educación, entre otras, que permiten un acercamiento amplio y diverso al tema de la coexistencia mediante ejemplos concretos orientados a su entendimiento.


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