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Crónica

Despachos desde la frontera (y 4): El regreso por la trocha

por Raylí Luján

Fotografía de Luis Robayo | AFP

01/03/2019

Cruzar o no la trocha ya no era un dilema entre mis compañeros y yo. Se había convertido en la única opción para salir juntos del territorio colombiano el pasado 25 de febrero, luego del cierre “temporal” de la frontera colombo-venezolana, dictado por Nicolás Maduro el día previo al fallido intento del ingreso de la ayuda humanitaria.

Eran las 12:40 del mediodía y nuestras miradas se encontraban cada vez que decíamos: “Es hora”. Habíamos parado en una cafetería dentro de un centro comercial en Cúcuta mientras nos confirmaban el punto de partida. A la 1:08 de la tarde decidimos tomar las maletas y empezar el trayecto hacia el encuentro con el guía, mientras enviábamos nuestras ubicaciones en tiempo real a una persona de confianza.

Llegando a La Parada, zona fronteriza de Colombia con Venezuela, ubicamos a nuestro “trochero”, un jovencito que no pasaba los 20 años de edad y quien con unos zapatos crocs de goma verde prometía pasarnos por la zona más tranquila de un camino informal que comunica a ambas naciones. El monto por persona estaba establecido, pero redondeamos un poco más para incluir el servicio de “carga de equipaje”: otro par de muchachos más que buscaban ganarse el día.

La persona que nos ayudó con el enlace nos acompañó hasta “la pared”, puerta de entrada hacia la trocha más cercana al Puente Internacional Simón Bolívar. Personas entraban y salían como si se tratase de un cruce regular. Vendedores ambulantes ofrecían caramelo y agua para aguantar el camino. “No hace falta”, decía el joven que nos acompañaba. Confiábamos plenamente en él y ninguno quería hablar de más. Nos habían dicho que preferiblemente estuviésemos en silencio todo el camino.

Nuestro trochero fue el primero en hablar cuando iniciamos el recorrido, sin un mínimo de sombra. Nos iba contando parte de lo que él hacía y cómo lo manejaba. Como periodistas, tuvimos que preguntar más.

Era de San Antonio del Táchira, y como a muchos otros le tocaba cruzar a diario la frontera en su trabajo de conducir gente por las vías ilegales y así obtener el sustento.

En el camino nos encontramos con funcionarios de la policía colombiana a gran distancia, así como a efectivos del Ejército de Colombia en los bordes del paso trazado.

Al pasar el río Táchira, donde nos pidieron acelerar el paso y a los hombres subirse la camisa a medio pecho, nos comunicaron que ya nos encontrábamos en territorio venezolano. Habían pasado 30 minutos de recorrido y faltaban otros 10 por caminar. Se veían unas cuantas viviendas humildes y otras a medio construir. En los alrededores de una de ellas detuvimos el paso. Cinco hombres con lentes oscuros, dos de ellos de pie, dos sentados en sillas de plástico y uno sobre una moto, conversaban con los trocheros.

“Dale rápido que tienes a la gente llevando sol”, indicó un sexto sujeto, el único que no portaba lentes. Estaban cobrando su parte del acuerdo. No podíamos dejar de mirarlos. Eran guerrilleros acompañados de un supuesto funcionario venezolano sin uniforme.

La tensión subió entre ellos. Le reclamaban a nuestro trochero que nos había cobrado de más. “La gente sufriendo y tú cobrando sobreprecio”. “Les devuelves el dinero y que ellos nos paguen desde cero”. “Has pasado ya varias veces y no pagas” “No vas a pasar más”. Nosotros volteamos las miradas para evitar ser parte de la escena.

Una mujer con lentes oscuros nos gritó: “¿Cuánto pagaron?”. No teníamos una respuesta ensayada y uno de nosotros contestó un monto menos de lo acordado. No les agradó y siguieron reclamando a nuestro trochero, quien no hacía más que contestar que él cobraba lo que quería porque ese era su trabajo.

El joven guía finalmente le dijo algo al oído al líder y nos dejaron continuar. En 8 minutos estábamos en la avenida principal de un sector señalizado.

En la frontera, nos comentaron que las trochas son controladas por el ELN, el Ejército colombiano, el Ejército venezolano, los Paracos, y estos jóvenes que se ganan la vida pasando pasajeros. Con ellos se coordina vía telefónica; otros simplemente llegan a La Parada o a zonas vecinas, a los cruces oficiales, para coordinar el paso. Se ha convertido en trámite obligatorio para la población pendular y para migrantes venezolanos que buscan a diario salir de Venezuela.

Así entramos. Así regresamos a Venezuela.


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