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Crónica

Despachos desde la frontera (3): La ayuda en llamas

por Raylí Luján

Fotografía de Schneyder Mendoza | AFP

24/02/2019

“No necesito la ayuda y tampoco nadie de mi familia, gracias a Dios, pero aquí estoy. Vine por quienes sí la necesitan, por mi país, porque salga adelante”, comentaba un hombre de cabello largo, bigotes y lentes oscuros desde el lugar que eligió para sentarse sobre uno de los cargamentos de ayuda humanitaria y trasladarse con otro grupo de ciudadanos en uno de los camiones que salió desde el puente binacional Tienditas hacia Ureña, el sábado 23 de febrero de 2019.

César Vargas, de 43 años, viajó desde Anzoátegui luego de conversar con su esposa y tomar la decisión de escoltar el ingreso de la ayuda humanitaria. Sus hijos están fuera del país y él sabe que no será tan fácil que regresen pronto, aunque lo desea. Estar ahí era su granito de arena para acelerarlo.

Eran las 11:45 de la mañana en Villa del Rosario, Norte de Santander y el sol era inclemente. Aún así, venezolanos y colombianos que llegaron al único cruce fronterizo entre Venezuela y Colombia que no ha sido inaugurado, se mantenían fuertes y esperanzados para escoltar y hacer llegar las más de 280 mil toneladas en alimentos y medicinas para Venezuela.

“Esta ayuda entra hoy. Tengo la plena confianza”, decía Elizabeth Salazar, paciente con metástasis. Temía que de no pasar, el pueblo de Venezuela sufriría mucho, así como ella lo hizo hasta hace poco por no haber recibido el tratamiento adecuado a tiempo.

Una hora atrás, Juan Guaidó junto a los presidentes Iván Duque (Colombia), Sebastián Piñera (Chile), Mario Abdo Benítez (Paraguay) y el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, declaraban desde el punto de salida de los diez camiones con ayuda humanitaria, que luego serían divididos entre dos pasos colombo-venezolanos.

El Puente Internacional Simón Bolívar era uno de los puntos elegidos para el traslado del cargamento. Desde las 6:30 de la mañana había sido noticia: tres guardias nacionales venezolanos habían derribado las barreras en el paso fronterizo con dos tanquetas oficiales para solicitar apoyo a las autoridades de Migración Colombia tras haber desertado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, comandada por Vladimir Padrino López.

Algunos de los guardias nacionales venezolanos que derribaron las barreras en el paso fronterizo con dos tanquetas oficiales. Fotografía de Schneyder Mendoza | AFP

No fueron los únicos en todo el día. Más de 60 miembros de las fuerzas de seguridad del Estado venezolano cruzaron a Colombia huyendo de Venezuela. La mayoría de ellos eran GNB, otros de la Armada, el Ejército, las FAES y la PNB. Llegaban cansados, casi desmayados, pero con la voz en alto se les escuchaba su disposición de ponerse a orden de Juan Guaidó, en rechazo al último mandato recibido de “masacrar al pueblo”, según refirió uno de ellos.

Del otro lado, otros funcionarios parecían no tener otra opción que seguir las órdenes y reprimir. No eran muchos, y se evidenciaba con la combinación de fuerzas, incluso paramilitares, para disparar perdigones, lacrimógenas y hasta balas contra quien se atreviera a cruzar así fuese una caja de la ayuda humanitaria. Usaban escudos de la PNB pero los uniformes variaban de color en los dos puentes entre Colombia y Venezuela elegidos para transportar las gandolas.

Mientras en el Puente Simón Bolívar se desarrollaba una batalla campal entre PNB, acompañados de colectivos contra manifestantes del lado colombiano, en el cruce Francisco de Paula Santander, en Ureña, agotaban todos los recursos para cruzar. Mujeres policías lloraban al escuchar a los voluntarios que les rogaban dejar pasar la ayuda, la que finalmente cruzó con autorización de varios policías. 40 minutos después, dos de los camiones fueron incendiados en el puente. Los que acompañaban a la ayuda rescataron lo poco que quedaba de las cajas a través de una cadena humana.

Los presentes habían calificado el hecho como una emboscada. También ocurría en el Simón Bolívar. Efectivos que reprimían alzaban las manos en señal de paz, venezolanos y colombianos al otro lado también lo hacían y luego recibían piedras, gases de bombas lacrimógenas y perdigones. Hubo 286 heridos, de los que 255 eran venezolanos y 31 colombianos.

Ante lo que constituía un hecho inédito en la historia del Puente Simón Bolívar, el Ejército colombiano tomaba posición y se desplegada en zonas estratégicas de Cúcuta, como el Templo Histórico. Colombianos en comercios ubicados en principales avenidas seguían la información a través de canales nacionales. “La gonorrea de Maduro tiene que irse. ¿Cómo no insultarlo si está mandando a quemar los camiones”, hablaban entre ellos.

A las 3:00 de la tarde, Maduro rompía relaciones con Colombia, país que no reconoce el nuevo mandato de Maduro. “La paciencia se agotó. No podemos seguir soportando que se presente el territorio de Colombia para una agresión contra Venezuela”, dijo Maduro.

Cayó la noche y la policía colombiana coordinaba el retiro de manifestantes del Puente Simón Bolívar por orden presidencial. Se esperaba el pronunciamiento de Guaidó desde Tienditas.

“No le deben ningún tipo de obediencia a quien quema comida delante de los hambrientos”, dijo Guaidó a la Fuerza Armada venezolana. Aseguró que la presión interna y externa son piezas fundamentales. Anunció que se reuniría con el Grupo de Lima y con el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, el próximo lunes para definir las medidas a aplicar.

Durante el discurso, otra información grave circulaba en redes sociales. El diputado a la Asamblea Nacional, Freddy Superlano, y su equipo habían sufrido una intoxicación por supuesto envenenamiento en la ciudad de Cúcuta. Carlos Salinas, asistente y primo del parlamentario había muerto. Las alertas se disparaban entre la dirigencia política en el departamento colombiano, que además comenzaban a prepararse de cara a los últimos acontecimientos y próximas acciones.


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