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Entrevista

David Sosa: “No vamos a ceder al chantaje”

por Hugo Prieto

David Sosa retratado por Carolina Cabral | RMTF

03/11/2019

La sentencia 0324 del Tribunal Supremo de Justicia le pone fecha de caducidad a la autonomía universitaria: 28 de febrero de 2020. Marca, además, “la intervención, la liquidación de la universidad”, dice David Sosa, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y estudiante del tercer semestre de la Escuela de Ciencias Políticas.

Ese día finaliza el lapso que el TSJ estableció para que se realice la elección de autoridades, no ya según las pautas dispuestas en la ley de universidades y la Constitución Nacional, sino en lo que se ordena, como en el mundo militar, en esa sentencia. “En este momento se están dando las discusiones para que la comunidad universitaria, todos sus integrantes —profesores, estudiantes, empleados y obreros— le demos una respuesta al régimen”, dice Sosa. “Si las medidas del régimen son ilegales, nuestra respuesta tiene que ser legal”. El conflicto asoma a la vuelta de la esquina.

¿En qué estado se encuentra la Universidad Central de Venezuela?

Probablemente la universidad atraviesa por una de sus más grandes crisis. Ha habido momentos en que fue cerrada, bajo los gobiernos de Guzmán Blanco o Juan Vicente Gómez, momentos en que fue allanada (Rafael Caldera). Pero actualmente, su infraestructura, por ejemplo, se encuentra deteriorada como nunca antes se había visto en el campus universitario, lo que afecta, incluso, su patrimonio cultural. Las condiciones laborales de empleados y profesores, cuyos sueldos y salarios son de miserias, empeoran cada vez más. Las condiciones de los estudiantes están en el piso. El comedor cerrado, vandalizado por el hampa en varias ocasiones. Sólo algunas rutas de transporte funcionan, por problemas de mantenimiento de las unidades. Tenemos becas de 720 bolívares que no alcanzan ni para dos fotocopias. Esa es la universidad que a mi generación le ha tocado vivir.

La Ciudad Universitaria fue declarada Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Humanidad, por la Unesco. ¿Esta organización de Naciones Unidas se ha pronunciado sobre el deterioro de su infraestructura y de las obras de arte? ¿La universidad cumple con las pautas que la Unesco ha establecido?

Hasta el momento, y con mucho esfuerzo, se ha hecho el mínimo necesario para mantener el complejo de la Ciudad Universitaria reconocido por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad. Cada vez se hace más cuesta arriba, más difícil. La universidad ha tenido que hacer alianzas, convenios, con empresas privadas, mediante los cuales la universidad presta algunos servicios y esas empresas aportan recursos para mantener ciertos espacios. Recientemente, a través de esta figura, se recuperaron ciertos camerinos y la iluminación en el Aula Magna, de acuerdo a los parámetros de la Copre. En ese sentido se ha podido mantener el estatus, pero como universidad y como país, en un contexto como este, podríamos perder ese reconocimiento.

Hay un malestar social en todo el mundo, no siempre damos con las razones de la protesta. Parece que la política perdió la brújula. No hay una conexión entre la política y la gente. ¿Eso se está viviendo en la universidad?

Ciertamente, es un momento de agitación. Pero hay una diferencia en la respuesta que dan los distintos gobiernos a las protestas y manifestaciones que se dan en determinados contextos. Hay gobiernos que escuchan a sus pueblos y dan una respuesta. Pero también hay gobiernos, dirigidos por irresponsables, que no escuchan ni ofrecen respuestas. Es el caso de Venezuela. A lo largo de 20 años se han realizado gestiones, se han introducido cartas, se han solicitado audiencias, se ha intentado el diálogo, en fin, se ha intentado todo tipo de métodos para que los que hoy nos gobiernan de forma ilegitima, respondan a las necesidades de la población. Sí, la gente no ve a los políticos como un interlocutor válido. Y eso genera un sentimiento anti político, al que no escapa la universidad.

La universidad era una especie de laboratorio de lo que ocurría en el país o todo lo que ocurría en el país se reflejaba en la universidad. Quizás ambas cosas. En ese sentido, la universidad hoy es un témpano a la deriva, porque no hay conexión con el gobierno del señor Maduro, ni con fuerzas de la oposición política que, además, no tienen capacidad ni para procesar ni para gestionar demandas. ¿Usted qué cree?

Creo que actualmente hay muchas demandas, muchas razones, que nos unen a los distintos sectores de la sociedad venezolana. Esas razones no son necesariamente de índole ideológico o de intereses políticos. Como representante de un movimiento social, lo digo con claridad: A nosotros lo que nos interesa es generar cambios de abajo hacia arriba, no la toma del poder. Ojalá hubiese actores, me refiero a los partidos políticos, que desde el poder hicieran las cosas distintas. Pero más allá del sector, organización o grupo al que usted pertenezca hay cosas que nos unen, que nos unen… ¡a todos! Esas razones son el hambre, la miseria, la corrupción, la represión, que todos estamos padeciendo. Esas razones son las que están llevando a la gestación de un movimiento, alrededor del cual se están congregando las distintas fuerzas sociales y políticas del país. A lo largo de este año, en Venezuela ha habido más de 10 mil protestas. ¿Por qué no se han traducido en la presión para que se produzcan los cambios que ellas demandan? Entre otras cosas, porque no están concentradas en un mismo momento, en un mismo espacio.

David Sosa retratado por Carolina Cabral | RMTF

Esa desconexión entre las protestas y la política viene incluso antes del chavismo. Son protestas aisladas. Acaba de mencionar un número, más de 10 mil. ¿Qué tendría que pasar para que se dé esa conexión entre la política y la protesta? Digamos, para que la protesta encuentre masa crítica y sea no un foco sino un movimiento, un vehículo de cambio.

Lo que hace falta es la articulación política. Esas son protestas sociales, totalmente legítimas, protestas que son la expresión de los ciudadanos por falta de servicios, por falta de alimentos, de medicinas, por mejores condiciones laborales, por becas, por transporte, por un sinfín de necesidades y problemas. En este momento estamos gestando la articulación política para darle a ese malestar social un objetivo político. Puedo hablar por el movimiento estudiantil, entre otras cosas, porque lo hemos discutido y prácticamente hay un consenso entre todos los dirigentes estudiantiles a nivel nacional.

¿Cuál sería ese objetivo político?

El único objetivo político que puede traducirse, que puede alcanzar, una mejora de nuestras vidas, me refiero a mejoras de las condiciones laborales de nuestros trabajadores, de la infraestructura de la universidad y del bienestar estudiantil, es el cambio político en Venezuela. Que este país tenga la oportunidad de escoger libremente y que las mayorías decidan cuál sea el destino de nuestra nación. Oportunidad que hoy está totalmente secuestrada y restringida por una pequeña minoría, a través del uso de la fuerza, de la represión y del miedo. Solamente hace falta que esa pequeña minoría que detenta el poder del Estado salga de allí y permita una transición para que en Venezuela haya un proceso electoral justo y, en definitiva, el país pueda avanzar y tener a servidores públicos en los puestos de gobierno y que las universidad, realmente, pueda tener a un ministro que nos escuche. Hoy, eso no existe.

La dirigencia estudiantil tomó la iniciativa política en 2004, sus iniciativas y propuestas encontraron eco en los partidos políticos y en la sociedad. Incluso, varios de ellos fueron electos a la Asamblea Nacional y siendo diputados tuvieron que exiliarse. Ahí está el caso de Juan Requesens, secuestrado y torturado por la policía política. ¿Cómo se ubica David Sosa, digamos, generacionalmente y qué balance hace?

Si vamos a evaluar la acción del movimiento estudiantil, eso nos sitúa claramente en una línea histórica. ¿Qué ha significado el chavismo como proceso político? Ellos fueron acumulando poder. 2002, toma de PDVSA —el poder económico— que, a su vez, aportó recursos para corromper a las Fuerzas Armadas —toma del poder militar, del poder fáctico—, con el cual puedes controlar las instituciones, sin el riesgo de que alguien te detenga —toma del poder institucional—, empiezas a corromper al TSJ, a la AN, a los órganos de gobierno. Apruebas leyes, como la ley Resorte, para aplicar la censura y crear un poder mediático, un aparato de propaganda, cuando vienes a ver, te conviertes en un Hegemón político. Ese Hegemón muere y su sucesor, paulatinamente, va perdiendo cada vez más poder. Quebraron PDVSA, perdieron el respaldo internacional, se han dividido —Luisa Ortega Díaz, Cristopher Figuera, Rodríguez Torres, entre otros—, pierden instituciones del Estado como la Asamblea Nacional, único poder legítimo reconocido por las democracias del mundo. Hoy han devenido en una tiranía.

¿Pero cuál ha sido el papel que ha jugado el movimiento estudiantil?

Dentro de ese contexto jugamos un papel clave. En 2007, le infligimos su primera derrota electoral a Hugo Chávez y representamos la esperanza para muchas personas. En 2014, las protestas estudiantiles, que se iniciaron en Táchira, contribuyeron a quitarle la careta al régimen y en 2017 contribuimos para que perdieran el respaldo internacional. Es decir, la generación de la cual me toca ser dirigente estudiantil es producto de los aciertos y desaciertos de generaciones anteriores. Pareciera que en este momento tenemos muy claro el objetivo que nos unifique, que no es otro que el cambio político y un proceso de transición que culmine en unas elecciones, en las que podamos, todos los venezolanos, elegir el destino que queremos. Y muchísimas razones tenemos para unirnos, para no quedarnos en nuestras casas: Hambre, miseria y corrupción.

¿Qué crítica, que reproche, le haría a la clase política?, porque esa dirigencia estudiantil adscribió a los partidos políticos, algunos fueron electos a la Asamblea Nacional, institución del Estado que no ha sido precisamente asertiva en la conducción del proceso al que hace referencia.

La falta de unión, claramente la falta de unión. Yo le pido a la dirigencia política del país que se una, que las diferencias ideológicas, no pueden estar por encima. Que si usted, sea de derecha o de izquierda, pero cree y comparte los valores de la democracia, tal como la conocemos en Occidente —es decir, elecciones libres, separación de poderes, forma republicana de gobierno— usted es mi aliado para luchar contra la dictadura, para luchar contra la tiranía. Las diferencias ideológicas no pueden ser la razón que desuna a la oposición venezolana.

David Sosa retratado por Carolina Cabral | RMTF

Usted ha dicho que le han pedido audiencias, que le han enviado petitorios, al ministro de Educación Superior.

No a un ministro en particular sino a los sopotocientos ministros que han desfilado por el gobierno en estos 20 años. En cada una de esas comunicaciones, lo que hemos pedido es respeto a la autonomía universitaria, a la autonomía administrativa, organizacional, pero también a la autonomía financiera. He ahí el mecanismo que ha utilizado el régimen para tratar de asfixiar y arrodillar a la universidad. Se supone que la Zona Rental, por ejemplo, debería producir una renta para la universidad. Se la han quitado. Hoy en día, lo que era un mercado Bicentenario, se convirtió en depósito del Sebin y de las fuerzas represivas del régimen. Si quienes diseñan las políticas públicas ven a la universidad como un enemigo, no nos dejan otra posibilidad que cambiarlos a ellos. Ya no creemos en un régimen que vaya a cambiar o dar un viraje. Durante 20 años nos han demostrado que eso no es posible.

En distintas oportunidades, el gobierno del señor Maduro ha tratado, digámoslo así, de poner en cintura a la universidad. Esas acciones, por lo general, se toman cuando las protestas pacíficas y legítimas de los ciudadanos decaen en las calles.

Ciertamente ellos aprovechan las vacaciones, en los que no hay afluencia estudiantil, que en sí misma es la principal fuerza de defensa de la universidad, para agredirla o violentarla. Precisamente, durante el más reciente período vacacional, el TSJ emitió la sentencia 0324, una sentencia ilegítima, anticonstitucional, porque ese tribunal no es quién para decirnos a nosotros cómo organizar nuestros procesos electorales.

Los estudiantes eligieron a sus representantes, pese a las disposiciones del TSJ.

Sí, pero son sentencias distintas.

¿Por qué los profesores no hicieron lo propio?

Precisamente la sentencia 0324 propició el debate sobre la necesidad de realizar elecciones. Pero no como lo dice el TSJ, sino como lo dice la ley de universidades y nuestra Constitución. Si las medidas del régimen son anticonstitucionales, nuestra respuesta debe ser constitucional; si las medidas del régimen son ilegales, nuestra respuesta debe ser legal. Si ellos se empecinan en seguir adelante, encontrarán la respuesta de la comunidad universitaria, movilizada en la defensa de su autonomía, en la defensa de sus procesos de elección de autoridades para que esta universidad siga siendo Academia; y que ello se convierta en un hito político para decirle al régimen que no tenemos miedo, que no vamos a ceder a su chantaje.

¿Qué otros retos tiene el movimiento estudiantil?

Tenemos tres objetivos. Uno, la organización del movimiento estudiantil a nivel nacional. Actualmente, estamos trabajando en la creación de la Confederación de Estudiantes de Venezuela (Confev), que nos permita tener tesis nacionales, que a su vez nos permitan desarrollar acciones, igualmente nacionales, en cada uno de los estados donde haya una universidad púbica nacional autónoma, una universidad pública experimental o una universidad privada. Dos. La realización de elecciones de autoridades y representantes estudiantiles en la mayor cantidad de universidades posibles. Sólo mediante el respeto a nuestros derechos de asociación política podemos avanzar en la consecución de nuestros objetivos, no ya como un movimiento estudiantil sino como un movimiento social. Tres. Nosotros queremos renovar la ley de universidades para fortalecer el concepto de autonomía, sobre todo en su aspecto financiero, para que la universidad más nunca sea dependiente de ningún gobierno.

La cuerda se ha tensado y la violencia podría estallar a la vuelta de la esquina. ¿Usted qué piensa?

Nosotros no hemos renunciado ni renunciaremos a nuestro derecho a la protesta pacífica. Nos reconocemos, además, como un movimiento no violento y la no violencia tiene sus lógicas, que te permiten generar masa crítica y, a partir de ahí, cambios. Pero tiene que haber condiciones. ¿Cuáles? Unidad de objetivos, tenemos que tener un objetivo político claro; organización para que eso suceda en el mismo lugar y en el mismo momento, disciplina para cumplir con nuestros planes y nuestra estrategia. En el marco de esas tres condiciones, vamos a trabajar conjuntamente con todos los sectores de la sociedad venezolana para generar el cambio político que todos necesitamos.


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