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Deportes

Vinotinto vs. Bolivia: lo común y lo extraordinario

por Jován Pulgarín

Fotografía de Yuri Cortez | AFP

12/10/2019

Que una selección golee a otra, no es extraordinario. Que lo haga la Vinotinto, sí. La imagen de la Vinotinto pasa por el filtro del consumo de información deportiva. El lector ajeno al fútbol regularmente la menosprecia; por el contrario, el fanático acérrimo le encuentra virtudes hasta por el solo hecho de presentarse en el campo. Aún así, para ambos, en sus límites geográficos, una goleada es un suceso atípico.

La oncena que dirige Rafael Dudamel derrotó 4-1 a una Bolivia bisoña. Fue la consecuencia de enfrentar a un equipo recién armado con otro que ya ha recorrido cierto camino. Además, cada individualidad de la Vinotinto está curtida con partidos en el exterior, no así el rival que presentó jugadores del patio. Errores en el área, que permitieron tres de los cuatro tantos, son la evidencia. El primer gol, que debe estar en el podio de la historia universal de las malas salidas de un portero, abrió el camino.

Como se señaló hasta la saciedad, Dudamel presentó un equipo acorde al presente de lo que tiene a disposición Venezuela. El 4-3-3 dio paso al 4-3-2-1. ¿Consecuencias? Más orden y menos pelotazos. Sin embargo, si se observa con cuidado varios pasajes del partido, veremos los problemas reiterativos que rivales curtidos aprovechan. Bolivia, por deficiencias e inexperiencia, pasó de largo.

Venezuela gustó porque goleó. Desde el dominio del marcador, se hizo evidente que el visitante vino a cumplir. Fue como si 11 amigos de la cuadra se hubieran reunido para jugar un partido el primero de enero. A esa improvisación, la selección local respondió con un juego muy físico. Es en la lucha de balones dentro del área donde se evidenció las virtudes y carencias de uno y otro equipo.

En el primer gol, además de la enorme falla del portero Jorge Araúz, el defensa más cercano a Yangel Herrera está casi a un metro de distancia de la acción. Por ese mismo costado ingresa Darwin Machís para el 2-0 y en el malabarismo de Salomón Rondón, antes de la gran definición de chilena, priva el poderío del venezolano para pivotear en cámara lenta, en pleno corazón del área pequeña.

La victoria pues no se explica desde la presencia de los jugadores que muchos queremos ver, como Rómulo Otero, Jefferson Savarino o Darwin Machís, ni de una superioridad en el mediocampo. La goleada nace de capitalizar los errores infantiles de Bolivia. Eso sería un gran logro si se tratara de una competencia, pero en un juego de preparación, llama la atención la imposibilidad de generar fútbol tomando en cuenta las características del esquema y los jugadores posicionados para ello.

Si nos quedamos con la impresión de que Otero es un apellido necesario en el 11 inicial, es porque lo intenta más que nadie. A su buen regate le suma un cambio dirigido balón que solo puede repetir Roberto Rosales. Eso permite salir de embotellamientos que incluso el propio Rómulo genera a raíz de amarrar mucho el balón. Su genialidad, sin embargo, solo puede ser posible si detrás de él están Tomás Rincón y Herrera. Ese es el verdadero aporte del 4-3-2-1: centrar a Rincón como guardaespaldas y cederle el balón a los que mejor saben trasladarlo.

La idea de tener a un solo delantero, en este caso Rondón, no debería ser para que se bata a duelo con el resto de defensas. Ese es un ejercicio arcaico. Actualmente, se supone que en el 4-3-2-1, al menos los dos jugadores que están detrás del “9” pueden llegar al área por cualquier costado. Fue el caso de Machís en el segundo tanto, aunque no fue una opción limpia en elaboración. Incluso se supone que los tres mediocampistas que se sitúan adelante de la línea de “4” también pueden pisar el área. De hecho, el balón que define Machís proviene de un rebote involuntario en la pierna de Rincón, en la frontal del área.

Ahora, esa misma jugada devela los problemas de Venezuela. Ronald Hernández recibe y se ensucia la jugada en el segundo toque, afortunadamente a favor de Venezuela. Si observamos bien, el equipo está completamente partido. Para que estas jugadas no deriven en una contra, se necesita que el equipo presione la salida de inmediato y se haga corto, no obstante los jugadores no están dispuestos posicionalmente para ello, como se puede ver al inicio de la acción:

En el único gol de Bolivia, se evidencia lo fácil que resulta ganarle la espalda al bloque defensivo de Venezuela y la ausencia de un plan para presionar al rival cuando se pierde la pelota en fase ofensiva. Independientemente de si se usa el 4-3-3 o el 4-3-2-1, o cualquier otro sistema, la pasividad recurrente en los partidos de la Vinotinto es lo que permite a los rivales recomponerse, igualar o imponerse en el resultado. De nuevo, observemos el video:

¿Por qué nos centramos en las dificultades de Venezuela y no en sus virtudes? Por lo señalado al principio. Porque estos son los nombres que Venezuela tiene para disputar la eliminatoria. No hay más para mejorar. Es tan precario el equipo, que Roberto Rosales sigue siendo la opción de lateral a pierna cambiada. Bolivia, en cambio, tendrá a otros jugadores en La Paz y es el peor equipo de la eliminatoria.

El meollo del asunto no es agradar a la grada o a la prensa. Poner a los jugadores que gozan de popularidad, como Otero, Yeferson Soteldo, Jefferson Savarino o Juanpi Añor, no resuelve nada. Es irrelevante si Josef Martínez volverá o si Rafael Dudamel reaccionó de manera exagerada frente a las cámaras. Lo que realmente importa es si el entrenador es capaz de pulir esta idea que se vio en el Olímpico de Caracas. A diferencia de los candidatos políticos, los técnicos se sostienen en base a resultados. El 4-1 fue extraordinario porque no es lo común. Pero si no se mejora en lo colectivo, el resultado será una simple anécdota camino a Catar 2022.


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