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Vinotinto Sub-20: una lección que todos debemos aprender

por Jován Pulgarín

Jugadores de la selección venezolana pierden frente a Colombia en el estadio El Teniente de Rancagua, Chile este 7 de febrero, 2019. Fotografía de Claudio Reyes / AFP

08/02/2019
“El fútbol es un juego de errores. Quien cometa el menor error, gana”
Johan Cruyff

Aunque no soy un fanático del fútbol americano, la figura de Tom Landry  me atrapó. Se trata de un exjugador que puso el ojo sobre una fase clave del juego: la defensa. Repensó cómo usar esa zona para detener a rivales que tenían un gran poderío de ataque. Así inventó el 4-3 (dos alas y dos tackles y luego el central, central izquierdo y central derecho).

Como dije, no soy un seguidor de este deporte, pero llegué a Landry por el documental “A Footbal Life: Tom Landry”. El entrenador, que por su sombrero y traje parecía un Tom Wolfe del deporte, tuvo un inicio tambaleante encargado de los Dallas Cowboys, pero su obsesión por los esquemas le llevó a cosechar muchos éxitos.

Landry fue un visionario. Guardando las distancias, le agregaría a la disciplina lo que Johan Cruyff, Pep Guardiola o Marcelo Bielsa al fútbol: estudio y más estudio. Una de sus citas memorables fue: “Ponerte un objetivo no es lo más importante. Decidir qué harás para alcanzarlo y apegarte al plan lo es”.

Es probable que al leer estas líneas te preguntes por qué empezamos hablando de un deporte que nos parece lejano. La realidad es que actualmente no hay nada ajeno al fútbol. Basta recordar lo que dijo Cruyff en su biografía (Johan Cruyff 14) sobre el béisbol, que practicó en la misma Holanda: “Era muy bueno y me enseñó a entender muchas cosas que puse en práctica en el fútbol, porque en el béisbol has de anticipar, aprendí a ir un paso por delante”. Por no hablar del aporte de Hockey al balompié y que Ariel Holan puede explicar mejor.

En una entrevista, a finales de los 90s, Francisco Maturana, técnico que llevó a Colombia al Mundial tras 16 años de ausencia, hablaba de los estilos y la necesidad de educar al futbolista. Hacía un balance entre lo bueno y lo malo. La memoria me falla al tratar de recordar contra cuál rival sucedió la anécdota que me contó, pero la historia iba más o menos así: “Estábamos perdiendo por un gol. Nos quedaba un minuto y nuestro jugador decidió pasar la pelota en el mediocampo en lugar de tirar el centro al área. Le pregunte por qué, si nos quedaba apenas un minuto, y me respondió: ‘profe porque usted nos enseñó que no debemos rifar la pelota’”.

Los espectadores nos acercamos a los partidos desde una postura muy cómoda. Reducimos nuestro análisis a lo que sucede durante 90 minutos. Olvidamos o desconocemos que detrás de esa puesta en escena hay cientos de entrenamientos y circunstancias internas.

Dos entrenadores diferentes de la selección nacional, palabras más, palabras menos, me lo explicaban de la siguiente manera: “Hay un defensa que tiene problemas para retroceder. Tiene condiciones, pero necesita trabajar el doble para que aprenda a anticipar, de manera que ensayamos y ensayamos y ensayamos. Cuando parecía que estaba listo, llegó el partido y volvió el error. ¿Qué haces?”

Alessandro Costacurta, figura del Milan contaba en una entrevista con El País, que la coordinación entre los defensas, hasta hacerse en apariencia automática, solo es consecuencia de los entrenamientos: “Se trabaja. No hay otra manera de conseguirlo que los entrenamientos. [Arrigo] Sacchi creía mucho en eso. En los cinco primeros meses nos tenía allí una hora más al día a los cuatro”.

Los cuatro eran: Paolo Madini, Mauro Tassotti, Franco Baresi y él. Nombres que infunden respeto al hablar de cualquier retaguardia de un equipo de fútbol. Cuando le preguntaron a Costacurta si esa obsesión del entrenador era muy “pesada”, dijo: “Sí. Sobre todo, al principio. Imagínese a jugadores de la calidad de Baresi y Maldini trabajando el más mínimo detalle día tras día. Era una situación difícil de entender para gente de ese calado. Estaban acostumbrados a parar al rival con la fuerza y el talento. No les hacía falta nada más. Vete tú a explicarle que hacían falta más cosas, como conseguir los automatismos. Llegó un momento en que lo entendimos… ¡Qué razón tenía!”.

Actualmente, basados en algunos planteamientos del pasado, renovados en el presente, y agregando el aporte que ha dado la ciencia, desde la sicología hasta los nuevos modelos de preparación física, se concluye que fútbol no es divisible. Es decir, ya no se entiende (trabaja), o no debería entenderse, la defensa y el ataque como parcelas. La manera como se busca el gol empieza con el portero, por ejemplo, cuando prefiere jugar con los pies en lugar de reventar el balón.

¿Pero qué pasa cuando desde la salida del arquero con un balón largo se genera una opción? Vimos esa jugada repetida una y otra vez en el pasado, con Renny Vega en el arco y César Farías al mando de la selección absoluta. Se intentaba aprovechar la fortaleza de Salomón Rondón por ejemplo. Algo muy parecido a lo que practica la Vinotinto sub-20, con Jan Hurtado.

Luego  del primer encuentro contra Colombia, que Venezuela ganó con 10 hombres en cancha, escribimos: “Dudamel tiene que agradecerle a Gimnasia de La Plata la evolución de Hurtado, un delantero que puede mover una pared si detrás está el arco. Pero de nuevo, como es regular con cualquier “9” que se ponga en las selecciones de Dudamel, sea de mayores o juveniles, su rendimiento se ve truncado por la poca tenencia del equipo. Siempre terminará extenuado por ir detrás de cohetes imposibles ‘a ver qué pasa’”.

Y acotamos: “Colombia finalizó 17 jugadas frente al arco. Venezuela 7. Una victoria así es el sueño de cualquier técnico que se agazapa y contragolpea. Pero hay un detalle que no es menor: la Vinotinto acumuló 29 módulos de trabajo. Tras esa cantidad de tiempo, se espera mucho más que el viejo ‘pásasela a Jordan’”.

No se necesita ser un genio para ver los problemas de elaboración que tiene la Vinotinto sub-20. La pelota parada encubrió esas deficiencias. Y el haber terminado primero en un grupo, sin ponderar la poca calidad de la llave, insufló las expecativas. Desde el fanatismo, la clasificación al Mundial mutó en un exitismo incontrolado. De repente, para muchos, Venezuela era candidata al título. El Hexagonal se encargó de colocar todo en su sitio.

Desconocemos cuánto tiempo pasó Dudamel en los módulos de trabajo supervisando personalmente, pues combina su labor de entrenador de la mayor con la Sub-20. Retomamos entoncs la idea de que no sabemos exactamente el behind the scenes de las selecciones. Solo podemos hablar por lo que sucede en el campo. ¿La ausencia de variables correponde a la falta de formación de los jugadores? ¿El juego de transición fue escogido porque el de posición no era posible con los elementos convocados? ¿Se desconfía tanto de la banca que el 11 base llegó extenuado a esta fase? Son infinitas las preguntas que nos podemos hacer a la distancia.

Cuando comenzó el Sudamericano Sub-20 analizamos que en estos torneos cualquiera le gana a cualquiera porque los jugadores aún no han llegado a su madurez. El mínimo detalle los saca de concentraición. Además, en los torneos cortos, un envión puede llevar al título y una caída iniciar una dinámica de resultados adversos. Las expulsiones de Hurtado son prueba de ello.

Cruyff, en su biografía, insistía en que no era muy buen estudiante y que le costaba adquirir conocimientos en las estructuras básicas. Para él, lo fundamental estaba en la calle. “Todo lo que sé lo he aprendido por experiencia”, escribió. Precisamente es lo que deberíamos sacar tras  lo sucedido en el Sub-20 Aprendamos de lo sucedido, desde el técnico y los jugadores, hasta los que nos sentamos a ver una realidad paracial por solo 90 minutos.


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