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Fútbol

Vinotinto en el preolímpico: Las generaciones perdidas

por Jován Pulgarín

Fotografía de Juan Barreto | AFP

28/01/2020

“Pensé que todas las generaciones se pierden por algo y siempre se han perdido y siempre se perderán”.

Ernest Hemingway

El fútbol se hizo industria cuando entendió su impacto en la juventud. Por eso sus dinámicas repiten la estrategia de Apple: se sustituye rápidamente lo obsoleto. Solo  Lionel Messi y Cristiano Ronaldo luchan por detener el tiempo; empecinados en perpetuar la discusión sobre quién es el mejor. Mientras tanto, los niños copian cortes de cabello y celebraciones. Las camisas ya no se hacen para panzones. Ahora todo es fit, muy moderno.

Probablemente por ese afán de la novedad, muchos fanáticos pierden la noción del tiempo. Olvidan que existieron buenos jugadores y esos buenos jugadores convivieron con mejores. La consecuencia es obvia: en un mundo tan competitivo, ganar es una excepción. Pero tan sencillo axioma se olvida fácilmente, de allí que se hable alegremente de “generaciones perdidas”. Le sucedió a España y Portugal, hasta que encontraron el camino a la victoria. Y hoy los sufre Messi, con Argentina.

Para los que vimos a “Socorrito” en los “mundialitos” que se jugaban en Venezuela o los destellos de Stalin Rivas en su ocaso, sabemos que Venezuela siempre ha gozado de grandes futbolistas. Otras generaciones pueden ir más hacia atrás. Solo me explayo en lo visto. No obstante, el periodista Esteban Rojas lo explica muy bien en este maravilloso hilo:

Incapaces de comprender que el fútbol no responde a un orden secuencial de trabajo (puedes hacer todo bien y perder o todo mal y ganar), muchas noticias, columnas, reportajes y programas de opinión, apuntan hacia  el individuo. Desde allí, se empieza a construir el análisis del discurso al revés y, peor aún, se construye el eco. En un deporte de conjunto, la responsabilidad de lo bueno y lo malo nunca es individual.

Señalar a un jugador o a un técnico, antes de analizar todas las variables, nos simplifica la vida. Sopesar las correlaciones en un deporte de 22 jugadores, 28 si sumamos los cambios y 31 con los árbitros (sin contar el VAR), por el contrario, nos lo complica. Pongamos un ejemplo reciente. La jauría tuitera devoró al defensa Williams Velásquez. Se apunta a su error como el inicio de la debacle de la Vinotinto ante Colombia. Es cierto que pierde el balón de manera imprudente. Pero si se detiene la jugada antes del pase de Nicolás Benedetti, se puede observar que hasta cuatro jugadores  de Venezuela están por delante de Jorge Carrascal, el hombre que termina por introducir la pelota. Absolutamente el resto, en el retroceso, mira al conductor sin percatarse del llegador.

Más contexto para la jugada: Benedetti es mediocampista del América de México, Carrascal juega como mediapunta en River Plate de Argentina. Después de un exitoso Sudamericano Sub-20, que le valió la firma con el Watford, Velásquez se apagó. Su carrera no despegó y tras deambular sin éxito en las menores de España, terminó en la segunda B de Japón, donde no vio casi minutos con el Jef United Chiba.

Quienes creen en la causa y efecto, toman el error de Velásquez como la explicación para la caída moral y física del resto. Una teoría del efecto dominó. Si esto fuera cierto en el fútbol, entonces Colombia se habría deprimido después de la pifia de sus dos centrales (que no fue la única durante el choque) en el gol de Jan Hurtado. Por el contrario, los neogranadinos volvieron rápidamente a la trama y pegaron un balón en el poste. La igualdad también debe analizarse como un mérito a la insistencia de Benedetti. En lo futbolístico es producto de un estado físico encomiable, que se evidenció en todo el equipo neogranadino en el segundo tiempo.

¿Era Velásquez el ideal para su posición dada su poca actividad? El técnico Amleto Bonacorso se extendió en una entrevista con el periodista Humberto Turinese sobre los problemas  para la convocatoria de Venezuela. Y añadió “Hubo jugadores que yo personalmente contacté y no se interesaron, miraron a otro lado. No me atendieron las llamadas y me dejaron en visto en los mensajes”.

En la declaración y en todo lo que rodea a la selección venezolana siempre está esa bendita neblina de Stephen King. Sucedió con este proceso y con los anteriores, independientemente de la categoría. La planificación, los amistosos, la manera de abordar a un talento no debería ser solo materia de un técnico sino de toda la FVF. Recordemos además que Bonaccorso fue escogido el 30 agosto de 2019, prácticamente 5 meses antes del preolímpico. Sin valorar su conocimiento, recordemos que no formaba parte de un combinado nacional desde 2007. ¿Quién seguía en comunicación con el talento? 

Colombia, por ejemplo, que pudo contar con todos sus jugadores, incluidos los que actúan en la primera división, tiene como estratega  a Arturo Reyes, quien ya había dirigido la sub 20 en el Sudamericano y Mundial de la categoría. Ganó la medalla de oro en los Centroamericanos con la sub 21 y obtuvo el tercer lugar del Sudamericano de 2018. Lleva tres años en las filas de las categorías menores y además es asistente del seleccionador mayor, Carlos Queiroz.

Pongamos otro nombre: Fernando Batista. En 2018 fue nombrado como técnico de la sub 20 y sub 23 de Argentina. Desde 2000 trabaja con juveniles: estuvo 5 años con San Lorenzo en divisiones diferentes. En Argentinos Jr, coordinó el trabajo de menores durante 10 años. Posteriormente fue ayudante de Claudio Úbeda en la selección sub 20 Albiceleste y viajó a Armenia, donde tuvo una breve pasantía con los seleccionados de este país. 

En Chile, Bernardo Redín, asistente de Reinaldo Rueda, tomó las riendas desde abril de 2019, Debido a que Rueda estaría con la Albirroja en la Copa América. La planificación comenzó con los juegos en el Torneo de Esperanzas de Toulon, 2019. Chile venció a Portugal (1-0); Inglaterra (1-0) y China (2-1). Tuvo un descalabro típico de estos campeonatos: 6-1 ante Japón. En todo caso, los resultados son lo de menos cuando adquieres esta experiencia. 

Decía el propio Bonaccorso en la entrevista: “Nos costó sacar provecho de la primera doble fecha FIFA de partidos amistosos que tuvimos. Porque hubo jugadores que estuvieron en el primer partido contra Brasil y luego no pudieron estar frente a Bolivia”. Es evidente que para la FVF, por más que nos venda que está negociando con Pep Guardiola, la proactividad no es sufuerte.

La FVF es reactiva. Por eso los técnicos se van cuando ellos quieren, no cuando se acaba el contrato o acumulan malos resultados. Si el órgano futbolístico muestra algún tipo de movimiento, es en las redes sociales, donde un nicho, que sigue el fútbol, pareciera una gran masa. Sin embargo, no es así. Si usted sale a la calle a preguntar quién es Jan Hurtado o Yeferson Soteldo en las calles, se encontraría con respuestas hilarantes, sobre todo ahora que la mayor preocupación de la población es alimentarse.

Se dice que la escritora Gertrude Stein le espetó a Ernest Hemingway: “Eso es lo que son ustedes. Todos ustedes son eso. Todos los jóvenes que sirvieron en la guerra son una generación perdida”. Posteriormente se convertiría en un epígrafe de la primera novela de Hemingway, “Muerte al atardecer” (“The Sun Also Rises”, 1926). Desde hace años en Venezuela se repite ese lamento. Pareciera que sin importar el campeonato o la categoría, los jugadores que visten  y vestirán la Vinotinto son una generación perdida. 


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