Deportes

Vinotinto contra Cataluña: una certeza y las mismas dudas

por Jován Pulgarín

26/03/2019

Fotografía de la Federación Catalana de Fútbol

La doble fecha FIFA se fue para la Vinotinto con una sola certeza: Roberto Rosales debe ser convocado hasta que se jubile. De resto, el rendimiento del equipo es una moneda. Igual te puede salir cara o cruz. Hasta la continuidad del técnico es una incertidumbre.

Así como después de los apagones los venezolanos no somos los mismos, las declaraciones de Rafael Dudamel demostraron que la Vinotinto es un Jenga en plena brisa. Y eso también aplica para el juego. Se pasa de la solidez a la incertidumbre cada noventa minutos. Lo que parece solido se vuelve líquido sin necesidad de aplicarle calor.

Sabemos que cualquier sistema es afectado por las variables. Lo estudiamos en bachillerato. En el fútbol, necesariamente no tiene que ser negativo. Un equipo de fútbol, un buen equipo de fútbol, es aquel en el que los jugadores consiguen respuestas en medio de la incertidumbre. Cada vez son más los técnicos que promueven más herramientas para enfrentar nuevos problemas que requieren de soluciones creativas.

A diferencia del pasado, cuando se priorizaba el entrenamiento físico y se ensayaba una misma jugada mil veces (lo que muchos definen como “automatismos”), actualmente se estimula el potencial para que cada individuo pueda resolver desde la creatividad. Al respecto dice el entrenador Miguel Fernández en la revista The Tactical Room: “Llegar a la excelencia en el deporte siendo creativo no es una cuestión exclusiva del talento, sino que se logra fundamentalmente con la práctica bien diseñada, variada y óptima”.

Un buen ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en el primer gol de Venezuela contra la selección de Argentina. Rosales acompaña una salida desde la defensa, recibe un balón y gira con intención de asociarse de nuevo con sus compañeros de la retaguardia. Sin embargo, nota que Salomón Rondón pica y allí pone el balón, a la espalda de los centrales albicelestes. Si el cerebro del jugador estuviera condicionado solo para defender, es poco probable que viera en esta salida defensiva una oportunidad para atacar. Pero además, no basta con “oler” el chance, también se requiere del talento para enviar el balón a donde lo “pide” la jugada. Es allí donde la mano del técnico puede establecer diferencias.

Se ratifica lo anterior en el empate momentáneo ante Cataluña. Es un error del rival, en un principio. No obstante, si vemos la acción completa, en la carrera de Rosales se nota que intuye la posibilidad del yerro del contario. Una vez que lo comprueba y se hace con la pelota, su inteligencia emocional y talento le permite concluir de la mejor manera la acción, en beneficio del equipo. Su remate no es a quemarropa, escoge un toque sutil entre las piernas del portero. Es un detalle que puede, en una competencia oficial, establecer la diferencia entre un pase de ronda o una eliminación.

Veamos el 11 de Venezuela contra Argentina: Wuilker Fariñez; Ronald Hernández; Mikel Villanueva; Yordan Osorio; Roberto Rosales; Jhon Murillo; Yangel Herrera; Tomás Rincón; Júnior Moreno; Darwin Machís y Salomón Rondón. Y ahora revisemos el que abrió ante Cataluña: Wuilker Faríñez; Alexander González; Jhon Chancellor; Yordan Osorio; Roberto Rosales; Jhon Murillo; Yangel Herrera; Tomás Rincón; Júnior Moreno; Yeferson Soteldo y Josef Martínez.

Como se puede observar, no se trata de un cambio radical, pero hasta la mínima alteración obliga a estudiar cómo se puede aprovechar a un determinado jugador. Martínez no es Rondón, a pesar de que puede hacer de “9” y Soteldo tampoco es Machís. Reitero, no establezco si uno es mejor que el otro. Resalto que estas modificaciones requieren también de un reordenamiento de procesos y metas. También de modificaciones en pleno desarrollo al constatar qué propone el rival. El fútbol no es solo lo que se planea antes de un partido sino también lo que se hace para enfrentar esas dinámicas.

Defender o atacar no son parcelas. Un equipo no pasa de una zona a otra de manera dinámica. Como saca el portero me indica lo que busca el delantero y el toque de un defensa puede reordenar el ataque.

Repasemos lo que sucedió con Argentina. El equipo de Lionel Scaloni nunca supo si defendía con una línea de tres o cinco. Si hay confusión, se beneficia el delantero y más si ese delantero está curtido en el fútbol inglés, en el que se tiene muy poco tiempo-espacio para aprovechar un balón. Diferente es el caso de la MLS. En la liga norteamericana los jugadores ofensivos tienen más capacidad de maniobra.

Una estadística sirve para darle contexto al párrafo anterior. En 2018, el promedio de goles en Estados Unidos era de 3,22 por partido, muy por encima de la Liga Premier (2,72). Y la meta es que ese número aumentara para 2019, porque allí está el negocio de la MLS y esa estadística explica la contratación de delanteros como David Villa, Zlatan Ibrahimović, Carlos Vela y el propio Martínez.

Volvamos al juego. Dudamel sacó provecho de cierta displicencia y hasta cierto punto, menosprecio de Argentina. Venezuela marcó en minutos que son lapidarios: al principio (minuto 6) y al final (m. 44). Un gancho al hígado y luego recto a la quijada. Deambularon Messi y sus compañeros por el Wanda Metropolitano, cuando intentaron meterse de nuevo en combate, el penal que cobró Josef Martínez decretó el KO.

La virtud de los dirigidos por Dudamel fue detectar la debilidad y encajar el diente. Pero aunque suene aguafiestas y aún con Messi en el campo (tampoco es que tengan un historial de éxito con él) Argentina es un equipo en construcción, mientras que Venezuela cuenta con el mismo cuerpo técnico desde 2016, con pleno conocimiento de los procesos juveniles. En teoría, no debería sorprender la diferencia entre algo que nace (Argentina busca los recambios para Javier Mascherano, Gonzalo Higuaín, Éver Banega, Marcos Rojo y compañía) y algo que en teoría debería estar conformado. La pregunta es, ¿realmente lo está?

Pero contra Cataluña regresaron las dudas. Estamos hablando de un rival que no jugaba desde 2016. Y lamentablemente ese sigue siendo el talón de aquiles de Dudamel. Sus equipos rinden de a ratos. Pasajes buenos se entrelazan con malos. No es solo con los mayores, también con las divisiones menores. Si el rival sabe qué hacer con la pelota, como sucedió este lunes, el sufrimiento es notable. No preocupa el resultado sino las interrupciones en la tendencia de crecimiento. Mañana se le puede ganar a Brasil y pasado perder con Panamá. Es obligatorio dejar esa irregularidad en el pasado. Sin un rendimiento parejo, estaremos repitiendo estas líneas en Prodavinci cada vez que juegue la selección. Y eso, obviamente, es muy aburrido para el lector, pero sobre todo para el espectador.


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