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Fútbol

Se fue Rafael Dudamel, ¿y ahora qué?

por Jován Pulgarín

Rafael Dudamel retratado por Andrés Kerese

02/01/2020

La despedida se alargó demasiado. Probablemente un año. Desde hace tiempo las partes se miraban con desconfianza, como los matrimonios rotos, que esperan una última discusión para firmar el divorcio. Rafael Dudamel y la Federación Venezolana de Fútbol se separan cuando en menos de tres meses comienzan las eliminatorias para el Mundial Catar 2022.

Fue el propio Dudamel quien impulsó el lema #Qatar2022ObjetivodeTodos, una estrategia que ya antes había dado sus frutos con el conocido #Venezuelaesporti. Pero no hay hashtag que pueda con las disputas que existen en la FVF, y de las que el propio estratega se benefició en su momento.

Comprender lo que sucede puertas adentro de las oficinas de Sabana Grande es complicado. Hasta este fin de semana, las decisiones o acciones se tomaban con base en lo solicitado por cuatro nombres: Laureano González (presidente de la FVF), Pedro Infante (vicepresidente 1), Jesús Berardinelli (vicepresidente 2) y Dudamel. Como si fuera un capítulo de Game of Thrones, estos líderes se asociaban o separaban, dependiendo de la batalla.

Detrás de estos nombres existen otras batallas paralelas: la reelección de González; las disputas por el control de las federaciones (que deciden el futuro de la FVF); la aspiración de Infante por la presidencia del órgano futbolístico y los deseos totalitarios de Berardinelli. Puertas abajo siguen otros combates internos, por el manejo de la primera división, sin embargo, para no complicar más el relato, solo nos quedaremos con la lucha por el trono Vinotinto.

En medio del juego de intereses, Dudamel claudicó. La atractiva oferta del club brasileño Atlético Mineiro facilitó las cosas. Es una gran oportunidad para un técnico que mostró su talento para pacificar una selección prendida en fuego tras la disputa entre los jugadores y la FVF, y los terribles resultados del cuerpo técnico que dirigía Noel Sanvicente.

Dudamel tiene muchísimas cosas por pulir, el manejo de los cambios y la selección de nombres según el rival, por ejemplo. Una liga competitiva como la brasileña, le brinda el espacio para el crecimiento, si bien una racha de resultados negativos se puede llevar por el medio al estratega más probado, como ya le sucedió a Mano Menezes en Palmeiras (11 triunfos, cinco empates y apenas cuatro derrotas). Ojalá no sea su caso.

Está claro, sin embargo, que los técnicos terminan agotados por la indiferencia o poca profesionalidad de la FVF. Richard Páez, César Farías y Noel Sanvicente lo vivieron en menor o mayor medida. Ahora que existen menos recursos económicos, y más pujas internas, la situación es, por decir lo menos, exasperante. Basta un ejemplo para graficarlo: el pobre espectáculo de los uniformes Givova, patrocinio que llevó adelante Berardinelli.

Sin embargo, el propio técnico tampoco se encargó de cimentar una credibilidad que pudiera inclinar la balanza a su favor de cara a la opinión pública, una carta que podría haberle ayudado en el futuro. Cada quien puede interpretar los resultados a su manera. Al final, los puestos de la FIFA no deciden un nivel de juego sino un promedio tras un resultado que puede haber sido conseguido contra la selección B de Argentina, Brasil, Japón o Trinidad y Tobago.

La convocatoria de jugadores lesionados (especialmente el caso de Adalberto Peñaranda); el manejo de los titulares y suplentes (que llevó a la renuncia de Josef Martínez); la inexistencia de un plan B una vez que el rival cedía la pelota o el resultado era adverso, mermaron la cartera crediticia de un técnico que tomó al combinado nacional de mayores en 2016, pero que inició su camino como estratega de selecciones menores en 2012, con la sub 17. Tiempo considerable para desarrollar un estilo, un lenguaje comprensible y comprobable en las imágenes. Venezuela nunca lo tuvo.

Rafael Dudamel retratado por Andrés Kerese

No deja de ser una paradoja que ahora Dudamel se traslade a Brasil, donde juega un talento que al principio descartó: Yeferson Soteldo y donde manejará a otro que casi jubila: Rómulo Otero.  En una selección que se reconoce por su tendencia a agruparse en dos líneas de cuatro, pegadas al portero, Dudamel la deja sin un lateral izquierdo definido ni una pareja de centrales consolidada. El lateral derecho, Roberto Rosales, fue excluido por años por el propio estratega. Si se mira con lupa, la ejecución del técnico no ha sido tan exitosa como dice la FIFA. Obviamente, tras lo dejado por Sanvicente, lo logrado parece enorme.

El relevo

En este contexto, ¿quién se encargará el próximo 26 de marzo ante Colombia? Nombres suenan. Si seguimos la tendencia de la FVF (Páez-Farías-Chita-Dudamel), es probable que se trate de un técnico del patio. Primero, porque suelen ser los más baratos. Segundo, porque es poco probable que un profesional con experiencia acepte las condiciones del país y del Centro de Alto Rendimiento, sede de las selecciones, que ha desmejorado sus condiciones, por los problemas de luz y agua que enfrenta Margarita. En este contexto, es muy optimista pensar en un Jorge Luis Pinto, por ejemplo, estratega que, independietemente de los gustos, supervisa hasta el agua que beben sus jugadores, una obsesión que dinamitó su estadía en Millonarios de Bogotá y cerró sus puertas en Costa Rica.

Trabajar con la actual FVF solo podría ser aceptado por alguien que comprenda el propio caos de Venezuela, donde, como hemos señalado en otras columnas sobre la Vinotinto, impera el “como vaya viniendo, vamos viendo”; una realidad que Dudamel creyó modificar, como cualquier enamorado que busca enderezar el camino de su pareja, pero que al final le cuesta la estabilidad emocional.

Paradójicamente, la renuncia llega después de una vuelta de tuerca al 4-3-3, esquema que limitaba el accionar de la selección nacional y la inclusión de nombres adecuados para el potencial del país. Sería injusto no reconocer los ajustes del estratega, que incidieron en tres victorias seguidas tras un infame partido ante Colombia (0-0). Bolivia (4-1), Trinidad y Tobago (2-0) y Japón (4-1), fueron las víctimas de una Vinotinto más alegre y ofensiva, que se asociaba y rendía con el talento disponible. La inclusión de Darwin Machís, Soteldo, Otero, Jefferson Savarino y otros jugadores de buen pie, blindados por una línea de acero que dirige Tomás Rincón, rindió el fruto que se esperaba hace mucho tiempo.

Para la especulación, no obstante, quedará si ese colofón fue un regalo a la afición luego de una decisión ya tomada. Una apuesta “all-in”, cuando las cartas estaban echadas. Como fuere, he allí una semilla, una esperanza para el fanático y un regalo para el sucesor, que no quiera hacer borrón y cuenta nueva ahora que las eliminatorias están a la vuelta de la esquina.


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