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Ortega da marcha atrás a las reformas, pero las protestas y la represión siguen en Nicaragua

por Lorena Arroyo, Tim Rogers y Wilfredo Miranda Aburto

Fotografía de INTI OCON / AFP

23/04/2018

El anuncio del presidente Ortega de que revocará las reformas al sistema de seguridad social no frenó las manifestaciones pero sí hizo que los empresarios aceptaran sumarse a la mesa de diálogo. A última hora de la noche, surgieron reportes de muertos y heridos en la represión a estudiantes.

MANAGUA, Nicaragua. – No habían pasado ni tres horas de que el presidente Daniel Ortega saliera en televisión nacional a anunciar que daba marcha atrás a las reformas al sistema de la seguridad social que provocaron intensas protestas en Nicaragua y cientos de personas abarratoban un sector de la Carretera a Masaya, en Managua, gritando consignas en su contra.

“No tenemos miedo”, cantaban a coro. “Los muertos no dialogan”, se leía en algunas pancartas en respuesta a la propuesta del presidente, mientras que otros optaron por escribir en sus carteles los nombres de los fallecidos en las protestas, al menos 27, según el último recuento oficial del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), además de más de cien heridos y más de cien arrestados y desaparecidos.

El intento de reconciliación, un gesto inédito en los once años de su presidencia, le sirvió a Ortega para recuperar cierta confianza de los empresarios que aceptaron reanudar el diálogo para encontrar soluciones para financiar el Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS).

Sin embargo, pese a que volvió a hablar de paz, el presidente dejó claro a los manifestantes, a los que volvió a llamar “pandilleros” que si no abandonaban las calles, respondería con medidas más drásticas para “restablecer el orden”.

La respuesta no se hizo esperar. Horas más tarde de su intervención, cerca de las 9 de la noche, surgieron reportes de heridos e incluso muertos entre los estudiantes permanecían atrincherados en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), en Managua.

Más tarde, se confirmó que hubo un muerto y decenas de heridos después de que las antimotines atacaron por sorpresa la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) cuando los universitarios que estaban dentro del centro de estudios realizaban una vigilia en honor a sus compañeros asesinados por la represión oficial durante la última semana.

“Ortega dijo que iba a usar todos los insumos para acabar con nosotros, con los estudiantes a los que nos llama criminales. Somos estudiantes que estamos aquí por el futuro de Nicaragua”, le dijo a Univision Noticias Fernando Sánchez, un alumno de Comunicación de la Universidad Centroamericana.

“Demasiado tarde”

El joven participaba en una protesta en la tarde del domingo en la que exhibía una pancarta con dos casquillos de balas que asegura recogió la semana pasada después de que la policía reprimiera a los estudiantes que se manifestaban en la catedral de Managua. Para él, la marcha atrás de Ortega en su plan para aumentar las contribuciones de empleados y empresas y poner un impuesto a los pensionistas llega demasiado tarde.

“Él pudo detener esto a tiempo. Nosotros estábamos luchando por los ancianos que se les iba a cobrar un 5% después de que han pasado toda su vida pagando y era el momento de que ellos solo recibieran. En el momento antes de que murieran jóvenes pudo haber arreglado esto y no quiso. Nos mandó a reprimir a todos los estudiantes que nos tomábamos las calles pacíficamente”, apuntó.

Para muchos manifestantes, la reforma a la seguridad social fue solo la chispa que encendió el descontento de una población cansada de los tintes autoritarios del gobierno de Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

“Lo indignante es un presidente irresponsable que dijo que los muertos fueron entre pandilleros y ni siquiera expresó un sentimiento para las familias que perdieron a sus seres queridos. Esos muertos son directa responsabilidad del presidente y de su esposa porque ellos subordinan a la policía nacional que fue la que reprimió la manifestación”, lamentó Gonzalo Carrión Maradiaga, el director jurídico del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) que también se sumó a las protestas.

Ecos de la dictadura de Somoza

A juicio de Carrión Mandariaga, el presidente dio marcha atrás en las reformas “casi a regañadientes” por las muertes de manifestantes. “La reacción que hoy miramos es porque la gente está harta de este régimen porque nosotros hemos sufrido una dictadura durante 11 años y la gente se hartó. No basta ni siquiera que él haya anunciado que va para atrás con el tema de la seguridad social porque la gente está reclamando una serie de abusos a los derechos humanos por parte de esta dinastía que nos está gobernando en Nicaragua”, sentenció.

Pero para un país que aún lucha con los fantasmas de un pasado violento, incluida una revolución con una guerra civil que se extendió por una década, las imágenes de muertes y represión policial, muchas de las cuales han vencido la censura a los medios oficiales gracias a las redes sociales, han indignado al país.

De hecho, muchos en Nicaragua comparan estos días las cargas actuales a los estudiantes con los días más oscuros de la dictadura de Anastasio Somoza, al que los sandinistas derrocaron en 1979. “¡Ortega, Somoza, son la misma cosa!”, repiten los manifestantes en las protestas.

Los estudiantes han encontrado un apoyo firme en los líderes de la iglesia católica y la población en general que ayuda a los manifestantes con agua, comida y otros insumos en un país que vive cada día con más tensión las protestas.

Este domingo, mientras los medios oficiales mostraban imágenes de saqueos a supermercados, cientos de vecinos y comerciantes se pusieron delante de los negocios armados con palos y piedras para defenderlos de actos vandálicos.

Por su parte, el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la principal cámara de comercio del país también ha mostrado su apoyo a los estudiantes, pese a contar con más de una década de alianzas con el gobierno de Ortega que se rompió esta semana con el decreto de la seguridad social.

Pero pese a que en la víspera la Cosep condicionó el diálogo al cumplimiento de tres requisitos, entre ellos el fin de la represión y a la censura, este domingo dijeron querer entrar en conversaciones con el gobierno.

Pero con el ascenso de la violencia, no está claro cuándo o cómo se desarrollarán las conversaciones y quién participará.

Cuando comenzaron a surgir los reportes de los ataques a los estudiantes de la Upoli, el obispo auxiliar de la diócesis de Managua, Silvio Báez, escribió en su cuenta de Twitter que no hay condiciones para el diálogo, pese a que Ortega pidió que la iglesia católica actuara de garante.

Con varias manifestaciones convocadas para este lunes, no parece que nadie esté listo para comenzar el diálogo.

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Este texto fue publicado originalmente en Univisión Noticias.

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