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Fútbol

Nunca sabremos quién es realmente Messi

por Jován Pulgarín

Fotografía de Josep LAGO | AFP

12/12/2019

Lionel Messi no fue convocado para la última jornada de Champions League. Era una buena noticia para el Inter. El equipo italiano necesitaba un resultado positivo para seguir en la competencia y la ausencia del argentino parecía una ventaja. Pero perdió. Entonces Messi, sin jugar, estuvo en todos los titulares del mundo. Porque la conclusión para los fanáticos y comentaristas era obvia: el equipo de Ernesto Valverde es tan vulnerable sin Lionel como la Estrella de la Muerte sin el escudo deflector.

Se entiende qué Messi sea asociado con la victoria. A principios del mes de diciembre ganó su sexto Balón de Oro, premio que entrega la revista France Football al jugador más destacado del año. Ningún otro futbolista ha ganado tantos como él. Cristiano Ronaldo, con 5, es el que más se le acerca. Sin embargo, las estadísticas dicen otra cosa. Según un estudio realizado por Mundo Deportivo, en mayo de este año, el equipo blaugrana solo había perdido 10 juegos sin La Pulga.

En ese estudio comparativo, queda en evidencia que Messi juega mucho y se lesiona poco. De 2008-2009 a mayo de 2019, se había ausentado apenas en 79 partidos. Y un dato revela su buen comportamiento en la cancha: por acumulación de tarjetas solo se perdió dos encuentros. Son números que denotan una vida saludable afuera y dentro del campo. A pesar de que los medios de comunicación le vigilan con celo, pocas veces ha protagonizado incidentes de primera página.

A esa vida ajena a las estridencias, de rendimiento regular y familiar, tan ajeno a las mega estrellas deportivas, se le ha buscado un giro por las veredas más extrañas. Porque la normalidad puede ser la novedad en esta disciplina. De Messi se dijo, por ejemplo, que tiene la condición Asperger. A falta de diagnóstico médico, los interesados encontraron pruebas en algunos gestos, en el ahorro de palabras durante las entrevistas. Incluso, como no corre sin sentido, se le acusa de frialdad en el campo si no persigue a un rival.

Como no se le puede acusar de fiestero, entonces se le dio el mote de “Pecho frío”. El juicio popular que premia a los “huevos” y que tiene a Diego Maradona como referente, vive desorientado con Messi. Como es capaz de hacerlo todo, se le lleva al estrado cuando sus equipos no pueden hacer nada. Es probable que Argentina nunca gane algo con él en el campo y así lo recordarán muchos en un país tan histérico, capaz de pasar en un chasquido de dedos de Cristina Kirchner a Mauricio Macri y regresar al kirchnerismo.

En discurso de agradecimiento por el Balón de Oro, Messi hizo un balance de su carrera: “Hace 10 años recibí mi primer Balón en París, me acuerdo que vine con mis tres hermanos y tenía 22 años. Era todo impensable lo que iba a pasar. Ahora es todo diferente, muy especial en mi vida personal, vengo con mis tres hijos y mi esposa. Como dice mi mujer: en todo este tiempo no dejé de soñar, de seguir queriendo crecer, mejorando día a día, disfrutando del fútbol».

También habló por primera vez de su retiro: «Soy consciente de la edad que tengo y estos momentos se disfrutan muchísimo más porque se va acercando el momento de la retirada y es difícil, si bien me quedan varios años más, en estos momentos el tiempo vuela y todo pasa muy rápido«.

Tan rápido que Messi nos dejará sin que tengamos respuestas de cómo logra lo que logra. Porque se entiende que esa capacidad de cobrar los tiros libres como lo hace hoy, y que no poseía al principio de su carrera, viene de una extensa repetición fuera de los entrenamientos. Pero nunca sabremos exactamente qué conexiones químicas suceden en su cerebro cuando se activa, como si fuera un avatar de un videojuego.

Messi, como sucedía con los superhéroes atiguos, que apenas se escondían detrás de unos lentes y un sombero, desarrolla otra personalidad una vez que se pone los shorts y la camiseta de fútbol. Por eso nos desconcierta, porque no comprendemos cómo pasa de ser un humano, que juega con sus hijos y le agradece a su esposa, a una máquina imparable, que conoce el destino del balón una vez que lo recibe.


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