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La paradoja croata: entre la ilusión y las sombras de la corrupción

por Mili Zupan

Fotografía de Patrick Hertzog / AFP

04/07/2018

Una generación que creció a la sombra de la guerra tiene en sus manos —o pies— la oportunidad de superar a aquel equipo que deslumbró a todos en 1998 y llevarse la Copa del Mundo a casa. Mas justo ahora, cuando el sueño parece tan cercano, varias de sus grandes figuras, como Davor Šuker y Luka Modrić, son cuestionadas por ser parte de una trama de corrupción

El 14 de junio de 1998 salió al campo de Lens una selección que representaba a un país de nombre casi desconocido y lucía un uniforme extraño: cuadros blancos y rojos que parecían salidos del mantel de algún restaurante italiano. Ese día los de las camisetas a cuadros ganaron a Jamaica por 3 a 1, luego superaron a Argentina y a Japón, en octavos eliminaron a Rumania y en cuartos ocurrió lo impensable, cuando golearon a Alemania 3 por 0.

Se jugaba la Copa Mundial de Francia y la selección era la de Croacia, un equipo debutante que tenía jugadores que habían estado en el Mundial: Robert Prosinečki, Davor Šuker y Robert Jarni participaron en Italia 90 con la camiseta de Yugoslavia, el gran país del cual era parte la pequeña Croacia.

Dirigidos por el bosnio Miroslav Blažević, deslumbraron al mundo en cada partido; Prosinečki, Jarni, Zvonimir Boban o Petar Krpan se hicieron nombres habituales en los medios y Šuker anotó tantos goles que se llevó la Bota de Oro del torneo. El sueño terminó el 8 de julio en un encuentro contra los anfitriones y los balcánicos tuvieron que conformarse con el tercer lugar, tras vencer a Holanda en la semifinal.

En los veinte años que pasaron desde entonces, la selección croata no pasó de la primera ronda en los mundiales —al de Sudáfrica 2010 ni siquiera fue—, hasta que llegó Rusia y la posibilidad de superar la hazaña del 98. El nuevo equipo no luce avasallante como el de los héroes de Francia, su rendimiento es irregular, se mueve entre momentos asombrosos y juegos desarticulados, pero ha logrado llegar hasta cuartos de final.

A la par de esta emocionante historia de sueños y esperanzas que renacen, corre otra llena de asuntos turbios. En Croacia se destapó una trama de corrupción en la que están implicados desde el legendario Šuker hasta el mismísimo Luka Modrić.

Fraudes, sobornos y perjurio

Zdravko Mamić, quien fuera vicepresidente de la Federación de Fútbol de Croacia y director del Dinamo Zagreb, el club más exitoso del país, fue acusado de malversar fondos, sobornos y evasión fiscal. Mamić es algo así como El Padrino en el fútbol croata por sus influencias y su capacidad de mover los “hilos” a su conveniencia.

Se estima que son unos 15 millones de euros los que se llevó gracias a los traspasos internacionales de varios jugadores del Dinamo y más de un millón y medio por evasión fiscal. En estos traspasos fraudulentos aparecen los nombres de Luka Modrić, Dejan Lovren y Mateo Kovačić.

Modrić se marchó del Dinamo al Tottenham Hotspur de Inglaterra en 2008 por 21 millones de euros; Lovren se fue en 2010 al Olympique Lyonnais, Francia, por ocho millones. Se dice que Mamić pactó con ellos para quedarse con el 20%. Ambos jugadores tuvieron que testificar, se enredaron, se contradijeron y ahora son investigados por perjurio. Una vez que termine el Mundial se sabrá su destino: podrían ir a la cárcel.

“Gran jugador, pequeño perjuro”, llaman a Modrić en el diario francés Le Monde, en una de las tantas notas que se han publicado en medios europeos sobre el caso. Las redes sociales han sido los espacios donde la gente común y corriente manifiesta su descontento hacia el jugador del Real Madrid.

Sin embargo, lo de Modrić no se ha demostrado y muchos lo siguen apoyando y apostando a que se trate de un malentendido.

El poderoso Mamić —y su hermano Zoran, quien fue parte de la selección del 98— fue condenado a seis años y medio de prisión justo antes de comenzar el torneo en Rusia, huyó a Bosnia-Herzegovina para evitar la cárcel y el 14 de junio fue arrestado y puesto a la orden de un tribunal. Mientras tanto, la Federación de Fútbol permanece pasiva frente al escándalo y aquí es donde entra Davor Šuker en el juego.

El otrora goleador de la selección croata y del Real Madrid preside la Federación desde julio de 2012. Dicen que Mamic lo ayudó y que sigue mandando a través de él. No hay una acusación formal contra Šuker, pero su imagen ha sufrido las consecuencias: en medios locales lo atacan continuamente y perdió el respeto que ganó hace tantos años.

La condena de Zdravko Mamić la dictaron el 6 de junio, pero sus negocios turbios son de vieja data, al igual que el descontento de la población. Los hinchas radicales lo han manifestado de las formas más diversas: en la Eurocopa de 2016 se dedicaron a interrumpir los juegos arrojando petardos al césped y en ciudades como Split o Dalmacia han desplegado letreros gigantes con fuertes críticas. La gente exige un cambio en la Federación.

Dalić, ¿el héroe?

Hasta hace menos de un año la selección croata era un completo desastre. Llevaban derrotas en seguidilla, los jugadores estaban desmotivados y la clasificación al Mundial lucía imposible. En octubre de 2017, en medio del caos, la Federación decidió despedir al director técnico, Ante Čačić, y contratar a Zlatko Dalić, quien venía de dirigir a un club de los Emiratos Árabes y, al parecer, era ajeno a todo el thriller de intrigas y corrupción.

La entrada de Dalić significó un giro de tuerca. Aunque llegó a punto de finalizar las eliminatorias, articuló a los jugadores, ganaron y llegaron a Rusia. La apuesta del bosnio es a hacer un equipo que juegue sin depender de los estelares y, a pesar de los altibajos —como el desencuentro durante casi todo el partido contra Dinamarca—, ha dado resultados.

Es un hombre de conversar, de escuchar y también de tomar decisiones arriesgadas. Nombró como asistente al seleccionador de la Sub-21, Dražen Ladić, sin importarle que lo hayan vinculado a la corrupción; apoyó a Modrić como capitán, a pesar de las críticas contra el jugador; y después del partido contra Nigeria, se quedó con 21 hombres en Rusia al devolver a casa al delantero del Milan Nikola Kalinić por no haber querido jugar como suplente —aunque el director lo niega y dice que fue por una lesión—.

El sentimiento croata ahora parece dividido entre el malestar y la rabia, que llevan a cuestionar cualquier decisión de Dalić, y la alegría y la esperanza tras cada victoria —el director hasta se ha lanzado a las gradas a celebrar junto a los hinchas—. El periodista local Juraj Vrdoljak, quien ahora está en Rusia cubriendo el evento, ha calificado la situación como una suerte de “guerra civil fría”.

El seleccionador también ha sabido sacar lo mejor de esta generación, esa que creció admirando a Prosinečki, a la sombra de la guerra de los Balcanes —al abuelo de Modrić lo ejecutó un grupo de rebeldes serbios y él creció en un refugio, las familias de Lovren y Ćorluka tuvieron que huir de Bosnia y las historias se repiten—. Los jugadores han declarado que el ambiente cambió para bien desde que entró Dalić.

La mirada de todos está ahora en el encuentro del sábado, cuando Croacia se juegue el pase a la semifinal contra la selección rusa y el 95% del público del estadio. Y la ilusión sigue viva, a pesar de Malić, del fraude y de todo lo malo.

Las buenas historias necesitan un héroe y en esta parece ser Zlatko Dalić. Después de rescatar a una selección en crisis, él y los suyos cada vez se acercan más a un sueño que se ha demorado más de 20 años en hacerse realidad.


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