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Perspectivas

Izquierdas, derechas y Psique

por Freddy Javier Guevara

19/09/2019

Extracción de la piedra de la locura. El Bosco. 1480

En 1979, por curiosidad, crucé el llamado Telón de acero. Tomé un tren que me llevó a Praga desde Paris. El tren se detuvo en una zona boscosa en los linderos de la entonces Checoslovaquia. Ingresó una oficial de inmigración, una mujer fornida, quien me preguntó cuántos días duraría mi estadía en Praga.

–Tres –le contesté.

A continuación me pidió mis documentos y el dinero exacto para el cambio en moneda checa. Se me ocurrió preguntar qué haría si quería prolongar un poco más mi estadía. Su respuesta fue simple: “No puede. Este es el único lugar en el que es posible cambiar moneda”.

La estación de la capital era de un rojo rutilante. Tanto, que aunque era de noche, hería los ojos. Al salir me hallé en la noche cerrada. No había avisos. Ninguna manera de orientarse al estilo occidental. Eso es lo que conservo en mi memoria.

Praga es una ciudad hermosa y melancólica. Para aquel momento, lúgubre. Comí en comedores comunitarios. La gente cabizbaja, casi con la misma vestimenta, ingería lo mismo todos los días. Había muy pocos restaurantes.

Al salir me sentí aliviado. Nada me hacía pensar que dos décadas después, mi propio país comenzaría un proceso que lo conduciría a un estado similar, aunque con características tropicales, aderezado con una sociopatía menos organizada.

Luego de la caída del muro de Berlín, en 1989, algunos pensadores, como Todorov, acariciaron la idea de que “las guerras serían reemplazadas por el comercio… un nuevo orden mundial”1. Esta ilusión dejaba de lado los apetitos humanos: el poder y el dinero.

En la actualidad, en Europa del este, comienzan a aparecer facciones de ideologías de extrema derecha mezcladas con populismo. Pero no solo allí. En países como Francia y España también lo hemos visto. Eso sin hablar del preocupante Brexit. Al interior de los Estados Unidos, los enfrentamientos son feroces contra políticas que podrían favorecer el bienestar social, como la atención médica para los menos favorecidos. Los de derecha las consideran de izquierdas.

La poca equidad en la economía de los ciudadanos a nivel global es un llamado a consciencia.   La valorización de las profesiones y oficios parece estar sustentada por la moda que produce más ingresos, y no por el servicio calificado que se puede prestar a la población. Por los momentos parece no haber manera de equilibrar esa situación.

El sentido común dice que un maestro debería ser una persona bien remunerada en cualquier lugar del mundo. No es un tema de justica social sino de necesidad, cultura y educación; es decir, de valorización.

El dinero, ejerce un influjo importante sobre la fonction du réel* del hombre contemporáneo, un término sobre el cual reflexionaron Pierre Janet y Sigmund Freud. Para Henri Bergson significaba “atención a la vida presente”. Las necesidades básicas del ser humano no se pueden obtener sin ella. El público crítico y no tan crítico comienza a caer en cuenta de que la deficiente distribución de la riqueza toca extremos. Se buscan responsables a priori: migraciones, globalización, neoliberalismo. Estos excesos se traducen en extremos psíquicos en el inconsciente colectivo, como los que aparecen en las nuevas agrupaciones de corte “tribal” que surgen al calor de los procesos sociales. Es el caso de los nuevos populismos, nacionalismos, socialismos.

Cuarenta años más tarde, las ideologías siguen dando qué hacer, y al día de hoy insisten en modelar el drama humano según sus dogmas. Sus facultades para ajustar los destinos de la sociedad no han evolucionado a tono con la realidad. Es como si los lentes que utilizan no tuvieran la graduación suficiente. Sin embargo, parece que volvieran a imponerse.

Así se encuentra individuos que militan de un lado o del otro, intentando explicar los acontecimientos. El resultado: una realidad paralela que se ajusta a la visión de las estructuras de pensamiento, las cuales se defienden y justifican, mientras la realidad  sigue su curso y el drama humano persiste profundizando las tragedias.

La Realidad

A medida que ha transcurrido la historia, el ser humano ha creado estructuras de pensamiento que ubican la realidad en distintos marcos de ideas, logrando identificarla,  reconocerla, pero también perderla. La realidad es lo que se ve, por lo tanto termina siendo subjetiva. Es lo que ha hecho que por movimiento propio de la psique, surja la identificación: “se me parece a algo que ya he registrado” y si se ha colocado en un marco de ideas es más rápido encajarlo en un orden.

Cuando ocurre la identificación, la psique trabaja para ella, sufre para ajustarse al espejismo, tiene premura en elaborar un diagnóstico. Es así como petrifica y se petrifica en una creencia dogmática. Por ejemplo: un grupo de amigos botánicos se adentra en una selva para clasificar cierto tipo de plantas. En el camino, uno prueba un fruto anaranjado y cae enfermo; de inmediato se activa el miedo en el grupo, pero sin tomar precaución, otro come otro fruto de similar color, cae enfermo y muere. El resto comenzará a temer a la muerte, a generalizar y a elaborar teorías con base en lo empírico. “Los frutos de color anaranjado son venenosos”, pensarán, aunque no sea cierto. Así sucede con los fenómenos sociales y la psique. Un inmigrante comete un homicidio, y por identificación colectiva de aquellos que pertenecen al pueblo de acogida, todos los inmigrantes, o todos los ciudadanos de esa procedencia lo son. Corroborar que tal afirmación no es cierta resulta complejo, ya que las investigaciones en torno a los movimientos humanos no conceden la ventaja de lo concreto, como en el caso del pigmento venenoso.

En los estudios junguianos, el término identificación refiere a “una proyección inconsciente de la propia personalidad sobre la de otro, ya sea una persona, causa, lugar o figura, capaz de proveer una razón de ser o una manera de ser. La identificación es parte importante del desarrollo normal. En su forma extrema, la identificación toma la forma de identidad o puede llevar a la “inflación”. La identificación con otra persona, por ejemplo, con un analista, por definición, ciertamente imposibilita la individuación”.2

Ocurre con las ideologías. Han perdido flexibilidad al tratar de generalizar con teoría, observaciones que hacen de los acontecimientos, y se han petrificado en la creencia, que es intangible, pero forma parte de la realidad de la psique colectiva e individual. Se han identificado de tal forma con aquello que creen que significan los sucesos, que han perdido el foco de la realidad.

Los ideólogos han llegado a la identidad con las ideas, con la intención de obtener la masa; que no exista el individuo ni tampoco la individuación, en función del poder.

El rédito no es negativo supuestamente, pero ha conducido a las sociedades a un empobrecimiento emocional y crítico en torno a la realidad. El ciudadano se ha desvanecido.

El analista junguiano Rafael López Pedraza refería: “Para la Psiquiatría junguiana, la identidad y la identificación son dos nociones centrales en el estudio de los estados mentales y la locura”3. Es posible que toda identificación forme parte del proceso de la locura. Decir que uno no se puede identificar ni con uno mismo puede ser una forma de  rayar en el extremo o una manera de defenderse de la inflación del fenómeno identificatorio. Que lo diga Ulises, que se salvó al decirle al cíclope Polifemo: “Nadie es mi nombre”.

Por fortuna, la feminidad ha sido la intermediaria en la valorización de las emociones y los instintos: en lugar de generalizarlos los ha hecho distintos para transformarlos en cultura, pero personal, de cada quien. Dice Romain Gary: “Jamás ha habido un valor de la civilización que no implicara la idea de feminidad, de ternura, de compasión, de no violencia, de respeto a la debilidad”. Y reforzando esta idea, “uno todavía debe reconocer que en nuestra civilización, cualquiera sea la explicación, el sentimiento (valorización) está en manos de lo femenino para moldearlo”.4

El ser humano pareciera haber perdido la referencia de su propia condición: las emociones, lo que se siente y se sufre, lo que es susceptible de corromperse, lo material, lo femenino. Eso quizá sea lo único que nos pudiera hacer despertar del abismo de lo irreal  de las ideologías.

***

  1. Todorov, Tzvetan, El miedo a los bárbaros. Ed. Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores.
  2. Andrews, S.; B. Shorter, and F. Plaut. 1986. A Critical Dictionary of Juhgian Analysis. Londres y Nueva York: Routledge & Kegan Paul.
  3. López-Pedraza Rafael. 2002. Sobre Héroes y Poetas. Caracas: Festina Lente.
  4. Von Franz Marie-Louise; Hillman James.1998. Lectures on Jung’s Typology.. Part Two. The Feeling Function. Hillman Woodstock, Connecticut: Spring Publications, Inc.

* Ellemberguer Henri F. 1970. The Discovery of the Unconscious, The History and Evolution of Dynamic Psychiatry: BasicBooks.

“La manifestación más notable de la función de la realidad es la capacidad de actuar sobre objetos exteriores y cambiar la realidad…  cuando la acción debe coordinarse tanto con los requisitos del mundo exterior como con toda nuestra personalidad.. es decir, la formación en la mente del momento presente.”


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