Perspectivas

Éxodo: ¿martirio o liberación?

por Wolfgang Gil Lugo

"El paso del mar Rojo" (s. XVII), de Esteban March

14/09/2018
“Al borde de las aguas / cenagosas… una espada / y lejos… el éxodo, / un pueblo hambriento y perseguido que escapa”.
León Felipe: Allí no hay nadie ya.

 

¿Qué sucede cuando el país en que uno ha nacido se convierte en un lugar hostil?

En ocasiones, por una magia siniestra, lo familiar se trasforma en amenaza. La atmósfera se vuelve asfixiante. La existencia se hace insoportable. Nos vemos obligados a romper con el mundo familiar y a lanzarnos hacia horizontes desconocidos.

Es un salto al vacío. Como cuando se está en un incendio y el único modo de escapar a las llamas es lanzarse por la ventana de un décimo piso.

La experiencia adquiere otra dimensión cuando deja de ser individual y se hace colectiva. Hay desplazamiento de la población por miedo a la guerra, el hambre o la tiranía. A veces son los regímenes los que quieren deshacerse de grandes masas de la población. En ocasiones, necesitan esclavos. En muchos casos, la emigración se convierte en un desafío y hasta en una estrategia para debilitar a los opresores.

El peregrino indeseado

Aunque el lenguaje coloquial tiende a confundirlos, una cosa es migración forzada y otra éxodo. La migración forzada es una reacción de supervivencia, mientras que el éxodo es una respuesta que apuesta a una vida superior. Las migraciones forzadas son fenómenos de desplazamientos de poblaciones a nivel mundial. En gran parte del mundo, el inmigrante no solo es vulnerable, sino que también es objeto de discriminación desde distintos sectores de las sociedades que lo reciben.

Los prejuicios son la gasolina con la que combustionan los motores xenófobos en países que se han visto obligados a recibir migrantes. Máxime cuando se activan los políticos demagógicos. En muchas naciones, la falta de solidaridad se expresa en proyectos de ley para limitar la entrada de los que huyen de las terribles situaciones de sus países de origen.

Muchas veces, la xenofobia en los países receptores se exacerba y los procedimientos escalan en perversidad: desde protestas hasta incendios y saqueos de las viviendas de los refugiados. De ahí no es difícil pasar a las golpizas, las violaciones y hasta a los asesinatos.

El éxodo bíblico

El Éxodo es el segundo libro de la Biblia. Allí se narra el escape del pueblo de Israel de la tiranía del faraón de Egipto. Es apasionante el relato en el que los judíos, perseguidos por un destacamento de carros de guerra, logran salvarse a instancias de la supuesta intervención divina en el último momento. A la sazón se abre el mar para que pasen los judíos, y luego se cierra sobre sus perseguidores.

El Éxodo presenta a un Dios que libera a los hombres, tanto en lo individual como en lo social. Una verdadera novedad histórica. No solo Dios los libera del faraón, sino que establece un nuevo orden moral. En dicho orden, un esclavo posee el mismo valor intrínseco que su amo. Esto es posible porque, como muy pocas veces, el derecho vence al poder. Después del Éxodo, el fuerte no es el que subyuga al débil, sino el que lo defiende, operando una trasmutación original de los valores.

El Éxodo establece el sentido de una larga marcha de la humanidad hacia la libertad. Tras ese derrotero, Thomas Jefferson puede proclamar en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, que es “evidente por sí mismo que todos los hombres son creados iguales”.

Hay que reconocer que, desde el punto de vista empírico, no es realmente así. Todo lo contrario: nos enfrentamos constantemente con las diferencias entre las personas. No todos gozamos de los mismos privilegios ni de las mismas oportunidades. No obstante, este principio se convierte en evidente cuando no se trata de uniformidad social o política, sino de nuestra esencia humana. Esta no es una verdad para los sentidos, sino para el sistema de valores. Reconocer al otro como un semejante, con iguales derechos y similar dignidad, es producto de un elevado nivel de conciencia moral.

El éxodo contra la discriminación

Yo tengo un sueño es el discurso más conspicuo del reverendo Martin Luther King Jr. Es una pieza de oratoria inspirada en la que expresa la visión de un porvenir sin segregación racial. Tuvo lugar el 28 de agosto de 1963, delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, durante una histórica manifestación por los derechos civiles con la asistencia de más de 200.000 personas.

En dicho discurso, King invita a la comunidad afroamericana a rescatar su dignidad, sin odio y sin violencia. “No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”. Invita, así mismo, a convertir el dolor en libertad:Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador”.

Las claves de esas palabras las encontramos en su último discurso, “He estado en la cima de la montaña, del 3 de abril de 1968, en Memphis, Tennessee, donde el reverendo expresa su deseo de ver el Éxodo personalmente:

Yo abordaría mi vuelo mental hacia Egipto, y vería a los hijos de Dios en su magnífica travesía, desde los oscuros calabozos de Egipto cruzando el…, mejor dicho pasando a través del Mar Rojo, a través del desierto, hacia la tierra prometida.

El reverendo King les recuerda a sus seguidores que los israelitas sufrieron antes de obtener su libertad del sometimiento del faraón, al igual que ha sufrido el pueblo negro. Como su intención era animar a sus seguidores para que no desmayaran en sus esfuerzos, King destaca este punto para ayudarlos a entender que las pruebas difíciles son parte de su búsqueda de justicia.

¡Yo solo quiero hacer la voluntad de Dios! Y Él me ha permitido subir a la montaña. Y he mirado, y he visto la Tierra Prometida. Puede que no llegue allá con ustedes. Pero quiero que ustedes sepan esta noche, que nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida.

La narrativa del Éxodo ayudó a los seguidores de King a comprender el pasado, el presente y el futuro de su movimiento. Los llevó a establecer que si luchaban contra la sociedad discriminadora, su vida tendría un profundo significado.

El éxodo revolucionario

El término “éxodo”, para algunos sectores radicales, se refiere a la acción de desertar de una situación de opresión hacia otra humanamente mejor. Este concepto ha sido especialmente analizado por los pensadores posmarxistas Antonio Negri y Michael Hardt en su libro Multitud (2004).

Para Negri y Hardt, “imperio” ya no es un país poderoso, como las potencias europeas del siglo XIX, sino el capitalismo multinacional. En la nueva configuración mundial, el protagonismo no encarna en el Estado-nación. Ahora la escena está dominada por los organismos supranacionales y transnacionales, los cuales asumen el papel de grandes decisores mundiales en materia política y económica. Desde el punto de vista espacial, se rompe con el paradigma del poder centralizado. Emerge el poder descentralizado, es decir, la organización toma forma de red. Sobre la base de esta reconfiguración del espacio, la expansión del capital no encuentra límites.

Negri y Hardt, inspirados en la dialéctica histórica, plantean que la nueva fase imperial también trae implícitas las semillas de su propia destrucción. El desarrollo del capitalismo global genera su propia némesis: la “multitud”. Para Negri y Hardt, multitud es un novedoso concepto sociológico que se opone tanto a la idea de ‘pueblo’ como a la de ‘masa’.

Mientras el pueblo es uno la multitud es plural. También la multitud se opone al carácter indiferenciado de la idea de masa, y exalta la diferencia y la singularidad. Con respecto a la multitud, Negri y Hardt proponen organizar el éxodo, desarrollar un movimiento capaz de salirse por la tangente y proyectar novedosas relaciones de poder.

Como argumentaremos a lo largo de este libro, la resistencia, el éxodo, el vaciamiento del poder del enemigo y la construcción de una nueva sociedad por la multitud, constituye un único y mismo proceso. (Multitud, p. 96).

Lo peligroso de este concepto de éxodo es que se pone al servicio de una idea materialista de revolución, heredada del marxismo, y no pone contención al odio político, como hace el revendo King, y mucho menos cuestiona la tentación totalitaria.

Más allá de la supervivencia

La migración forzada y el éxodo coinciden en arriesgar todo por mejorar la vida. La migración forzada se reduce a la supervivencia, vale decir, a buscar mejores condiciones materiales de vida. El éxodo, en cambio, apuesta por valores superiores. Implica tomar partido por nuestra inalienable humanidad, por nuestra capacidad para discernir lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto.

El radicalismo político le ha brindado una nueva connotación: enfrentar al enemigo, paradójicamente, con la retirada. En otras palabras, huir de condiciones de opresión hacia alguna otra situación que se espera sea mejor, y, a la vez, debilitar al adversario. Esta connotación luce aconsejable desde el punto de visto estratégico, pero hay que agregarle los principios éticos elevados, y la defensa de la democracia. Además, el reverendo King nos ha enseñado que el auténtico éxodo impone asumir el más grande desafío: convertir el dolor en emancipación.


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