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PoesíaLiteratura

¿Es mi cuerpo un recuerdo de todo lo perdido?

por Sara Uribe

Pierre Bonnard. "Mujer joven escribiendo" ("Jeune femme écrivant"), 1908

29/10/2019

«¿Es mi cuerpo un recuerdo de todo lo perdido?» es un texto de la escritora mexicana Sara Uribe, publicado en su reciente libro Abroche su cinturón mientras esté sentado. Uribe visitará Caracas y desde el lunes 4 al viernes 8 de noviembre tendrá encuentros con la prensa, escritores y público en general en La Poeteca. Hablará sobre la poesía mexicana contemporánea y leerá parte de su trabajo poético.

 

Para Mónica Nepote 

¿Escuchas de verdad el diminuto mecanismo de las máquinas que sueñan? 

La imaginación pública, Cristina Rivera Garza.

 Se supone que es hermoso 

repetir un tema 

en otro formato. 

Necromancia, Rae Armantrout 

Cuando era niña recuerdo haber escuchado a mi tía Josefina decir que los muertos le dictaban cartas. Nunca pensé que aquello fuera falso. [Lo falso era entonces una puerta prohibida apenas entreabierta (: mi monedita fantasma : mi cigarrillo invisible : mi cajita del diablo)]. Nunca me pregunté cómo sería la voz de los muertos. Ignoraba si las voces estaban sólo en su cabeza o también en su mano obediente que transcribía lo que los muertos querían decir. Sólo sabía que, por las noches, una de las manos de mi tía Josefina dejaba de pertenecerle.

Las paredes estaban cubiertas de palabras. Transcribíamos durante las madrugadas sobre los muros y las superficies de los objetos. No había electricidad, nos iluminábamos con lámparas caseras elaboradas con frascos, petróleo y pequeñas mechas [se trataba de una arqueología empírica de la luz, en todo caso, una manera de susurrar nuestra imposibilidad, nuestra impericia]. Estábamos destinados a transcribir. Nuestras manos solamente podían reproducir los signos por otros escritos, los vocablos ajenos. Los textos nos eran incomprensibles, repetíamos sus bordes como quien recupera algo que no tiene y que no sabe que ha perdido.

[Debemos conseguir que el texto que leemos nos lea] ¿Era a esto a lo que se refería Alejandra? [es una artesanía, un gesto de trabajadora] ¿Hacer con el cuerpo el cuerpo del poema? [respiren profundo] ¿Hacer del cuerpo un texto? [vuelvan a respirar hasta sentir que hay un ritmo] ¿Textificar el cuerpo? [h-a-s-t-a s-e-n-t-i-r q-u-e h-a-y u-n r-i-t-m-o] El cuerpo testigo textificado: t e x t i f i c a b l e [cuando escriban, respiren profundo]. El cuerpo testigo que trafica con el tráfago de su propio decirse [es una artesanía, el texto-ritmo, el texto-texto] No, probablemente era otra cosa lo que quiso decir [un gesto profundo, un cuando vuelvan]. Porque mi cuerpo no escribe [debemos conseguir], porque cuál texto me ha dictado jamás [debemos respirar], porque más goma de borrar que punta de grafito [debemos bailar debemos bailar debemos bailar]: mi cuerpo escribe en formas que no entiendo.

 

Estoy en el fondo de una alberca y no sé nadar.

[Esta historia comienza con nuestros cuerpos en el piso]

No sabemos nadar ni transcribir. Algo nos lo impide.

[Pienso ahora en presionar con ambas manos cada una de tus coyunturas: hombros, codos, muñecas, cadera, rodillas, tobillos]

[Pienso ahora en una escritura con los pies, telegráfica, hecha de puntos de apoyo, de titubeos, pasos en firme y pasos en falso]

Voy sobre las aguas. No caminar sobre las aguas, sino este vértigo. El vértigo que soy sobre las aguas.

 

En esta escritura hay un hombre ahogándose.

 

Hay, también, un hombre transcribiéndolo todo.

La sala de cine de mi infancia está semivacía. En la pantalla, Katy La Oruga inicia un viaje para recobrar algo que le ha sido arrebatado. Mi padre está en el asiento a mi izquierda y duerme. Me veo mirar la película y, entre escena y escena, de reojo, observarlo. Me veo mirar a un hombre que ronca y huele a esa colonia cuya etiqueta tiene una pintura renacentista. Su mandíbula cae y el resplandor lo alumbra de forma intermitente. Es un desconocido que no espero, no deseo que despierte. Prefiero verlo así. Dormido, aún en el sueño, es más real. Pero el hombre abre los ojos y se incorpora. El hombre soy yo. Yo llevo una pequeña valija en la mano y estoy siempre listo para partir.

Me marcho entonces en un barco chiquito, chiquito, chiquito. Tan minúsculo que es sólo desaparición.

***

Notas

1. La primera versión de este texto fue escrita durante el taller Escribir con las manos, con el cuerpo, con la respiración, impartido en Tampico, Tamaulipas, por Mónica Nepote.

2. Debemos conseguir que el texto nos lea es un verso de Roberto Juarroz.

3. Cuando escriban, respiren profundo. Es una artesanía, es un gesto de trabajadora. Y cuando lean lo que escribieron, vuelvan a respirar hasta sentir que hay un ritmo. Los textos tienen que aprender a bailar. Lo anterior es una cita de Silvia Rivera Cusicanqui.


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