Telón de fondo

El interrogatorio tonto de 1941

por Elías Pino Iturrieta

08/10/2018

Rómulo Betancourt con Eleazar López Contreras. Sin fecha | Leo Matiz ©ArchivoFotografíaUrbana

La amnistía dispuesta por el presidente López Contreras en 1937, anuncia posibilidades de democratización de la política venezolana. “Se ve claro que Gómez no manda de un modo absoluto”, escribe entonces Carlos Delgado Chalbaud al escritor José Rafael Pocaterra cuando se entera de la decisión. En efecto,  salen los presos de la anterior tiranía   y regresan los exiliados,  pero el matiz que introduce Delgado Chalbaud en su comentario pone las cosas en su lugar. La apertura iniciada no significa que se permita el libre juego de los partidos, la renovación de los cuerpos deliberantes, la absoluta libertad de prensa y el castigo de los funcionarios que ahora parecen en la orfandad.  La situación de incertidumbre solo aconseja que se abra un postigo, que apenas soplen un poco los aires nuevos, no vaya a ser que el edificio del gomecismo se derrumbe con sus herederos adentro por olvidar las precauciones del pasado.

Un primer vistazo de la escena que ahora trata de manejar el sucesor de don Juan Vicente advierte un dinamismo desacostumbrado. La familia del tirano ya no está en primer plano porque se le ha sugerido un protagonismo mínimo, o porque se la ha invitado a un discreto ostracismo. La gente ve a presos célebres caminando por primera vez en la calle, pero los saluda desde lejos. La llegada de unos jóvenes que se habían vuelto famosos en 1928, pero que son en realidad unos desconocidos, ofrecen  material para las tertulias. Los estudiantes que ahora hablan más de la cuenta despiertan simpatías, quizá porque todavía no proponen nada concreto sobre el cambio de la vida. De pronto aparece un periódico hablando de regeneración, pero con falta de énfasis y de  lectores. Un pueblo que pretende ensayar los primeros pasos de un sendero desconocido y el gobernante que debe atender el desafío, no están para riesgos capaces de llevarlos a un abismo. De allí la necesidad de hacer las cosas con calma.

En especial porque las figuras esenciales del gomecismo no desaparecen con la muerte de su jefe. Viajan ahora en el tren de López Contreras, quien se rodea de lo más presentable del pasado, es decir,  de gente que se le parece como gota de agua y cuya confianza es su principal soporte. Hay nuevos colaboradores, pero no son un montón. Si la mayoría de los presidentes de los estados permanece en funciones y los cuarteles no han recibido remozamiento, se está ante situaciones que no permiten la alternativa  de anunciar un viraje redondo. Entre las figuras emergentes de la política que entienden así la situación está el joven Rómulo Betancourt, quien desaconseja las aventuras armadas y los movimientos acelerados que encontrarán enormes escollos. En realidad mantiene tal posición desde 1931, cuando funda ORVE en el exilio para despedirse de los extremismos y de los desplantes revolucionarios que separan en lugar de unir. Desde su regreso, Betancourt ha buscado acercamientos que se multiplican cuando propone la candidatura  simbólica de Rómulo Gallegos, ya famoso por sus novelas y por sus prudentes actitudes,  y cuando se afana en diálogos que parecen interminables. Quiere fundar ahora un partido a escala nacional, Acción Democrática, sin saltarse las reglas impuestas por el gobierno.

El gobierno está dispuesto a permitir la fundación de nuevas banderías, si aceptan la fórmula que escoge para evitar sorpresas desagradables. El gobernador del Distrito Federal, Luis Gerónimo Pietri, ha redactado un cuestionario que deben rellenar los aspirantes a líderes, en caso de que se atrevan a entrar por un aro que se supone áspero. Betancourt sugiere a sus compañeros de formación que acepten el desafío, seguro como está de que no serán aplazados.  De seguidas se copia lo fundamental del interrogatorio a que son sometidos los promotores de Acción Democrática en 1941, según lo trascribe Ramón J. Velásquez (Venezuela moderna. 1926-1976, Caracas, Fundación Eugenio Mendoza, 1976):

1)En relación con el derecho de propiedad:

a) ¿Debe abolirse la propiedad privada?

b) ¿Debe abolirse la propiedad privada solo de los medios de producción?; ¿A qué limitaciones debe estar sometido el derecho de propiedad?

2) En relación con la libertad económica:

a) ¿A cuántas limitaciones debe estar sometido el ejercicio de la libertad económica?

3) En relación con la lucha de clases:

a) ¿La vida social es el campo de una lucha de clases?

b) ¿Debe llegarse al establecimiento de una sociedad sin clases?

Hay otras preguntas sobre la formación de la familia y sobre las posibilidades de que el estado intervenga en la vida hogareña, pero con las apuntadas sabemos el tipo de pesca que pretende hacer el gobernador para dar su aprobación. Una pesca de piezas marxistas-leninistas, en primera instancia, si nos guiamos por la orientación de las exploraciones. Pero nadie va a morder el anzuelo, por lo insípido de la carnada. Entre los solicitantes que se someten al examen hay figuras perspicaces y fogueadas como Andrés Eloy Blanco, Ricardo Montilla, Luis Lander, Juan Pablo Pérez Alfonso y Luis Beltrán Prieto Figueroa, hombres de libros revisados con asiduidad y de no pocas escaramuzas juveniles. Seguramente sonríen ante la candidez del inquisidor y contestan en atención a lo que quiere escuchar, para que Acción Democrática reciba la bendición oficial.

Si nos guiamos por el documento no  hay un Gómez que “manda de un modo absoluto”, como apunta Carlos Delgado Chalbaud durante el comienzo del proceso de apertura que observa desde la lejanía. Gómez no fue hombre de formularios.  Pero tampoco un conjunto de incautos en las filas de la naciente oposición. La lucha por la democracia, que  cuenta con un poco de abono más propicio,  pasa una de sus primeras pruebas.


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