Perspectivas

El Guti, el que no se rinde

por Mari Montes

27/01/2019

Fotografía de leones.com

“El flaquito que da los jonrones y es tremendo jardinero”, mi papá lo describía así, cuando Franklin Gutiérrez despachó 13 jonrones en la temporada 2004-2005.  Aunque a las pocas semanas de comenzada la temporada, ya lo llamaba por su nombre.

Temprano mostró Franklin Gutiérrez sus habilidades con el madero y su talento a la defensiva en el outfield. Es capaz de cubrir más allá del promedio de los jardineros, su velocidad, instinto e inteligencia para leer los batazos y colocarse para atrapar la pelota, lo hicieron merecedor de un Guante de Oro en 2010, cuando brillaba con los Marineros de Seattle.

Ha sido un gusto para  la afición venezolana haberlo visto crecer en nuestra pelota, en la pradera central del estadio Universitario, llegándole a pelotas a las que solo él es capaz de llegar.

“El Guti” estuvo en sólo 10 juegos en la suspendida temporada 2002-2003, en la campaña siguiente comenzó a sobresalir, pero fue en la 2005-2006, cuando se ganó el puesto en el álbum de barajitas de los héroes del Caracas.

En la temporada regular bateó .337 y fue con su guante una de las piezas clave en aquella campaña extraordinaria que culminó en los estadios de Valencia y Maracay en la Serie del Caribe, invictos.

La quinta y última carrera del juego que coronó a los Leones ante los aguerridos Tigres, la impulsó Franklin Gutiérrez en el séptimo tramo, se fue esa noche de 3-2 incluyendo un toque de bola que le permitió anclar en primera. En la Serie Final dejó promedio de .429, de 21-9 con cuatro anotadas y dos empujadas.

Después de ausentarse de nuestra liga desde la 2008-2009, regresó en la 2012-2013, veintidós juegos en los que bateó para .349. En la 2014-2015 participó en diez juegos, dio dos jonrones y bateó .222 y en la campaña regular de 2018-2019 bateó para .282 con tres jonrones, uno de ellos conectado el primer día que vio acción, anunciando a todos que estaba de regreso.

El 4 de enero, en el segundo juego de postemporada, salió de la banca para dejar en el terreno a los Tigres, Mike Rojas confío en él y no lo defraudó.

El Universitario se vino abajo, además de la victoria sobre los aragüeños, era también la victoria de la perseverancia, de la tenacidad, de la paciencia, de la resistencia, del arresto. Franklin Gutiérrez es todo eso, no se rinde, no claudica.

Padece una enfermedad que se llama “espondinitis anquilosante”, según la definición del portal “Midline News “es una forma crónica de artritis. Afecta mayormente los huesos y las articulaciones en la base de la columna, donde esta se conecta con la pelvis. Estas articulaciones resultan inflamadas e hinchadas. Con el tiempo, las vértebras afectadas se pueden unir.

El dolor puede comenzar en el medio entre la pelvis y la columna (articulaciones sacroilíacas). Puede comprometer toda o parte de la columna. La parte inferior de la columna vertebral se vuelve menos flexible.

Provoca dolores muy fuertes en las articulaciones de los hombros, rodillas y tobillos”.

Esta enfermedad es la que le ha entorpecido su recorrido. Sin embargo sumó 12 años en las Mayores, jugando muchas veces con dolores y malestares.

Lo diagnosticaron en 2014, año en el cual tenía asegurado un contrato por una temporada con los Marineros, pero él decidió renunciar a ese contrato, consciente de que no podía estar a la altura. Tal vez otro se habría presentado a los entrenamientos. Se dedicó a mejorar su condición.

El pronóstico médico era que no podría jugar más nunca, pero la decisión de Franklin Gutiérrez era seguir, y así lo hizo, aunque no fue el mismo, regresó a las Grandes Ligas, de nuevo se había ganado un lugar en eso que se conoce como “el mejor beisbol del mundo”.

El Guti se ha dedicado disciplinadamente a hacer ejercicios para mejorar y tener su cuerpo fuerte, en la mejor forma posible, eso lo ayuda. Es parte de lo que él puede hacer para sobreponerse.

Su temporada fue épica, comparable a las hazañas de esos guerreros que se imponen a la adversidad.

La de El Guti es una historia que inspira.

Él no desmaya, por encima del dolor, su voluntad de ganar, de hacerlo bien, de responder al equipo cuando hace falta un batazo o que se zambulla en la grama para atrapar una pelota que quería convertirse en hit. Él es un ejemplo y un mensaje de esperanza.

Los esposos Gutiérrez siempre están en la tribuna del estadio, en todos los juegos. Leyda, la mamá, parece que estuviera en la tribuna del campo de preinfantil, aupándolo desde que llega al círculo de espera, ligando que lleve la pelota a terreno de nadie. Es una rutina en la que todos los caraquistas la acompañan.

El “flaquito que da jonrones” está inscrito para siempre en el roster de las leyendas de los Leones del Caracas.


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