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Perspectivas

El enamorado bipolar de Sócrates

por Wolfgang Gil Lugo

"La muerte de Sócrates". Jacques-Louis David, 1787

27/06/2019

“Siempre hay una pizca de locura en el amor. Sin embargo, igualmente hay en todo momento un poco de razón en la locura”. Friedrich Nietzsche: Así habló Zarathustra.

Para los pensadores de los siglos VII y VI a. C.,el concepto de filosofía tiene un valor sagrado. Según Diógenes Laercio (Vidas), Pitágoras mostraba un respeto religioso al afirmar que él no era sabio, atributo que solo le corresponde a la divinidad, sino un humilde amante de la sabiduría. Por eso, la tradición le atribuye a Pitágoras el haber acuñado el término ‘filosofía’, amor a la sabiduría, para designar a la nueva disciplina conceptual que estaba emergiendo a partir del pensamiento presocrático, y que consistía en la reflexión racional sobre el lugar del hombre en el universo, preocupación que antes era potestad del mito.

Al comienzo, el término era muy amplio y cubría todas las disciplinas,y ponía más énfasis en el cosmos que en los humanos. Con la aparición de la democracia en Atenas, siglo V a. C., surge una nueva clase de intelectuales, los sofistas, maestros de retórica y virtud política, quienes convierten a la filosofía en un bien mercadeable y, por tanto, profano. No es sagrado algo que pueda ser utilizado como un medio. Ante esa situación, responde Sócrates con la defensa de la filosofía, la cual reformula como una disciplina dedicada al hombre y su moral, más que al universo. Con eso espera que la filosofía recupere su carácter sagrado.

Platón nos da una magnifica ilustración de la vida y actividad de Sócrates a través de los diálogos. Es difícil no conmoverse con la Apología de Sócrates, donde el sabio ateniense se defiende ante una injusta acusación de impiedad y corrupción de la juventud. Aunque existen otras versiones del gran pensador, ni Los recuerdos de Sócrates de Jenofonte ni Las nubes de Aristófanes presentan a un personaje que esté a la altura del arquetipo creado por Platón.

En los diálogos platónicos siempre está en juego el concepto de amor a la sabiduría. El Banquete tiene al amor como tema central. En esa obra, el paradigma de amante de la filosofía es Sócrates, pero Platón también nos muestra, a través de la figura de Apolodoro, que hay otra forma legítima de amar la filosofía.

¿Quién es Apolodoro?

Sabemos que Apolodoro era uno de los más fervientes admiradores de Sócrates. En el Fedón, se menciona que fue el único que,en la prisión, cuando se va a cumplir la sentencia de pena capital, prorrumpió en sollozos incontenibles. Esa escena fue recreada por Jacques-Louis David, en el cuadro La muerte de Sócrates (1787), donde se registra el momento en que el filósofo mayéutico va a tomar la cicuta. En el extremo derecho de la obra pictórica, Apolodoro es representado como el personaje de espaldas a Sócrates con una mano en el rostro para contener el llanto.

Platón es un enigma hermenéutico. Es un misterio, porque Apolodoro, ese personaje tan sensible, tiene a su cargo narrar un diálogo tan importante como El Banquete. Los intérpretes no se han puesto de acuerdo sobre cuál es la razón de esa dignidad. Hay que tener en cuenta que Platón no se expresa exclusivamente en denotaciones y temas formales, sino que más bien hecha mano a muchas alusiones, metáforas y delicadas sugerencias. En tal sentido, Apolodoro es un ejemplo significativo. El mismo Platón nos lo muestra como un personaje secundario, tanto en el Fedón como en El banquete. Apolodoro aparece siempre como un entusiasta e irreflexivo seguidor.

El mismo discípulo confiesa, en El Banquete, que es un fanático en todo lo que respecta a su maestro. Desde hace años, ha tratado de registrar en su memoria todo cuantoSócrates ha dicho o hecho. Esta actividad le ha conferido propósito a su vida.

“Hasta entonces yo vagaba al azar de un lado para otro y, en la creencia de que hacia algo importante, era más digno de lástima que cualquier otro, y no menos que tú ahora, que crees que debes ocuparte de cualquier cosa antes que filosofar”. (Banquete, 173 b-e).

Apolodoro ha resuelto el problema del vacío existencial mediante la entrega exaltada a Sócrates y a la filosofía. Esa exaltación es la que provoca que lo llamen “maniático”. Cuando lo sacan de sus temas favoritos, se enfurece contra todos, incluso contra sí mismo. De esa furia tan solo exceptúa al incomparable Sócrates. Ingenuamente confiesa que se “regocija sobremanera” cuando puede conversar sobre la filosofía; pero después vuelve a sentirse nuevamente desgraciado porque no ha logrado todavía lo esencial: ser como Sócrates. En otras palabras, su carácter emocional está afectado por la oscilación, es bipolar.

Los mercaderes curiosos

En el prólogo de El Banquete, Apolodoro se encuentra, un día, con unos antiguos amigos, justamente aquellos que ahora le ven como un enajenado. Platón nosindicaque son mercaderes, hombres prácticos. A pesar de sus intereses terrenos, estos amigos le solicitan a Apolodoro que les reporte del discurso sobre el amor que se había pronunciado en cierto convite en casa del poeta Agatón.

Es evidente que estos ricos hombres de negocios, de almas prosaicas, no esperan ser formados en la filosofía socrática. En ellos no hay esa angustia por saber cuál es el sentido de la vida. Mucho menos parecen interesados en que el pintoresco Apolodoro fuese su maestro. Dichos personajes son diletantes de la cultura, que ponen su atención en los chismes del mundo intelectual ateniense, así como en las agudezas de los invitados a la reunión en casa de Agatón. Por su parte, Apolodoro no se hace ilusiones con los intereses filosóficos de estas amistades. Por el contrario, les tiene lástima y los increpa: “Vosotros, a la inversa, tal vez creeréis que yo soy un desdichado, y opino que vuestra creencia es verdadera; pero yo, sin embargo, no lo creo de vosotros, sino que lo sé de cierto”.

A pesar de ser considerado un chiflado, su conciencia le impone el deber de compartir la enseñanza filosófica, es decir, consignarles el relato del discurso sobre el amor: “Por lo tanto, si estoy en la obligación de repetiros a vosotros mi relato, hagámoslo así“. De esta forma, Apolodoro pasa a narrar los sucesos de El Banquete. Asombra que el contenido de una obra, tan representativa de la etapa de madurez de Platón, esté a cargo de ser referida por un personaje tan extravagante como Apolodoro, un adepto acrítico del socratismo, y que la alocución esté dirigida a un público tan profano.

Relato de segundo orden

Otro aspecto misterioso en la interpretación de El Banquete consiste en que la presentación del ágape en casa de Agatón no constituye una narración directa. Es una historia que fue contada por otra persona. Esto se debe a que el propio Apolodoro no había participado en el convite. Había obtenidoinformación de otro compañero del círculo socrático, Aristodemo, quien estuvo en la reunión como simple espectador.Nos encontramos ante un relato de segundo orden, es decir, unanarración de una narración.

Aristodemo es un gran admirador de Sócrates, siendo éste quien lo lleva al banquete aunque no estaba invitado; por tanto, resulta convincente como testigo directo calificado.Lo es por el siguiente motivo: Apolodoro, tras escuchar la narración de Aristodemo, logró que el mismo Sócrates le diese explicaciones sobre lo discutido en casa de Agatón. De esa forma, confirmó el contenido de la transmisión que había recibido. Todo esto nos conduce a preguntar: ¿Por qué Platón coloca a esta obra un prólogo dramático que nos hace dudar de la veracidad misma de la historia?

A las puertas del templo

¿Qué podemos inferir, desde el punto de vista hermenéutico, de la presencia de Aristodemo en la obertura de El Banquete? Tan solo podemos responder con conjeturas. Nuestra primera conjetura es que Platón nos quiere decir que estara las puertas del templo de la filosofíano significa poder entrar a su recinto. Por eso, Apolodoro, debido a su falta de talento, tiene que ver el espectáculo desde lejos, a pesar de su devoción genuina.

Nuestra segunda conjetura es que, aunque no esté dotado naturalmente para la filosofía, el carácter moral de Apolodoro no se ha corrompido. Es evidente que los bienes materiales no son su pasión, tal como lo muestra su polémica contra los mercaderes.

Finalmente, el carácter referido de los sucesos ocurridos durante el ágape en casa de Agatón, parece decirnos que Apolodoro no ha tenido acceso directo a la experiencia filosófica. Su experiencia es de segundo grado. De todas formas, cada quien puede gozar de la experiencia filosófica de acuerdo a lo que su naturaleza le permite.

Todo esto debe considerarse a la luz de lo que sucede en el momento más importante del dialogo, cuando Sócrates recuerda que la sacerdotisa Diotima le reveló el secreto de amor (201 b y ss.): Eros no es plenitud, sino una oscilación entre plenitud y carencia.Esto se explica con el lenguaje del mito, porque Eros es hijo de Poros, dios de los recursos, y Penía, la diosa de la pobreza. En consecuencia, el Eros filosófico es la oscilación entre conocimiento e ignorancia, entre exaltación y neurastenia. En otras palabras, el Eros filosófico, al igual que Apolodoro, es otro caso de bipolaridad.


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