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El día que Juan Guaidó fue nombrado presidente

por Luisa Salomón

Juan Guaidó después de ser elegido presidente de la Asamblea Nacional. Fotografía de Federico Parra/AFP

06/01/2019

“¡Nicolás, el 10 de enero esta Asamblea no te va a juramentar!”.

La promesa con la que terminó el primer discurso el diputado Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional se convirtió en la primera en ser cumplida. Mientras el diputado opositor asumía la dirección del Parlamento, Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV, anunciaba a su partido que la juramentación de Nicolás Maduro para un segundo período presidencial –que no reconoce la oposición ni los gobiernos de 47 países– se realizaría ante el Tribunal Supremo de Justicia.

La jornada no resultó sencilla. En la madrugada, la Guardia Nacional reportó haber encontrado una granada fragmentaria dentro del Palacio Federal Legislativo. El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional tomó la sede para hacer una revisión, y pocas horas antes del acto había dudas sobre si dejarían entrar invitados y prensa al evento. Todas las calles alrededor del Palacio estaban cerradas. El paso estaba restringido. Una vez adentro, los encargados del protocolo tenían problemas para ubicar a los invitados especiales, los familiares de los diputados y los representantes de sociedad civil que acudieron. Se llenaron todos los puestos.

La ceremonia se inició a las 11:00 am. El presidente saliente, Omar Barboza, dirigió la votación ya acordada: desde que la oposición ganó la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional el 6 de diciembre de 2015, los partidos firmaron un acuerdo de alternabilidad que garantizaba la representación de todas las toldas en las cinco directivas que tendría el Parlamento en los cinco años de su período. Este cuarto año le correspondía la presidencia a Voluntad Popular. Por trayectoria y por descarte, Guaidó era la única opción. Freddy Guevara –coordinador nacional del partido y exvicepresidente de la AN– permanece refugiado en la residencia del embajador de Chile desde noviembre de 2017.

Juan Gerardo Guaidó Márquez es diputado por el circuito 1 del estado Vargas, donde creció –recordó durante su discurso–. Ha ocupado la jefatura de la fracción opositora en la AN y dirigió la Comisión de Contraloría, siguiendo los pasos de Guevara, quien investigó casos de corrupción que involucran a PDVSA y los contratos con la constructora brasileña Odebrecht. Está casado, tiene una hija nacida en 2017, y con 35 años es el presidente más joven de la Asamblea Nacional. Lo acompañarán como vicepresidentes los diputados Édgar Zambrano, de Acción Democrática, y Stalin González, de Un Nuevo Tiempo. Edinson Ferrer, secretario de organización de Primero Justicia, y José Luis Cartaya completan la directiva con los cargos de secretario y subsecretario.

Fotografía de Federico Parra/AFP

Aunque fue electo de forma unánime, no todos aplaudieron cuando Guaidó subía los escalones hacia el puesto para el que acababa de ser elegido. Media hora antes de la votación, la Fracción 16 de Julio decidió respaldar a Guaidó de forma “condicionada”. Los diputados que conforman este grupo piden que la AN resuelva el vacío de poder y restaure el orden constitucional nombrando un gobierno a partir del 10 de enero.

El nuevo presidente inicia su periodo con la ausencia de más de una decena de sus diputados y diversidad de posiciones en los diferentes grupos opositores. La AN ha pagado un alto costo por hacer oposición. Algunos de los parlamentarios están en el exilio: Julio Borges, Gaby Arellano, José Manuel Olivares y Rosmit Mantilla. Juan Requesens está encarcelado en un calabozo en el Helicoide, en la misma situación de presidio político en la que estuvieron los diputados Renzo Prieto y Gilber Caro. El camino que viene no será fácil, reconoce el nuevo presidente del Parlamento, quien se juramentó ante los diputados que pudieron asistir, representantes diplomáticos de 27 países, e integrantes de la sociedad civil y la Iglesia Católica. Los padres José Virtuoso y Luis Ugalde acudieron en representación del cardenal Baltazar Porras.

Guaidó afirmó estar consciente de la responsabilidad y el riesgo que asumía al presidir el Parlamento. También dijo estar consciente de los reproches a la Asamblea por haber generado expectativas que no pudieron cumplir. Su discurso, que duró 59 minutos, fue más un recuento de los problemas del país que un planteamiento claro de alternativas para la crisis de gobernabilidad que acecha.

Su reto –un reto que es de todos, acotó– será restituir el Estado de derecho, cuando se aproxima la juramentación de Nicolás Maduro. El artículo 233 de la Constitución establece que si hay falta absoluta de la Presidencia de la República, el presidente de la AN debe asumir el poder mientras realizan nuevas elecciones. “La Presidencia de la República no se encuentra vacante, sino usurpada”, explicó Guaidó. Aún no hay claridad sobre los pasos que tomará la AN en los próximos días.

Guaidó dijo que crearán un “órgano de transición” para restituir la Constitución, pero no explicó cómo va a operar, quiénes tendrán cabida, cómo aplicarán las decisiones. Propuso también designar representantes legítimos ante organismos internacionales. El diputado informó que crearán un fondo para recuperar los activos provenientes de la corrupción, pero no se podrá utilizar hasta que se haya concretado un cambio de poder y que aceptarán ayuda humanitaria, pero no especificó un mecanismo para ello. Para todas estas tareas comenzarán a crear una agenda legislativa que respalde el proceso de transición, a solo cinco días de la juramentación de Maduro.

La nueva directiva de la Asamblea Nacional: Edgar Zambrano, Juan Guaidó y Stalin González. Fotografía de Federico Parra/AFP

El nuevo presidente de la Asamblea manifestó así mismo que la unidad será fundamental para todos estos planes, la unidad de los partidos opositores –varios ilegalizados por el gobierno–, la unidad de la sociedad civil, la unidad con la Fuerza Armada, la presión internacional y el regreso a las calles. “Está suficientemente claro que Maduro es un dictador y, como tal no se va a dar cuenta mañana de manera alegre que vamos mal (…) Debe ser producto de la acción legislativa, del ejercicio de la mayoría, del ejercicio a protestar constitucionalmente. Tampoco nos chupamos el dedo, sabemos que no es el único elemento necesario. Debe ser complementado con todo lo necesario para aproximarnos a una solución política”, planteó Guaidó, quien también pidió el apoyo de los venezolanos. “Necesitamos su confianza, su respaldo, que nos apoyen”, insistió.

En una nota de prensa que envió Voluntad Popular a mitad de ceremonia, se le atribuye a Guaidó un llamado a presionar la salida de Maduro del poder si se niega a entregarlo, como instó el Grupo de Lima. “Si Maduro se niega a ello, tenemos que lograr la unificación y actuación conjunta de la movilización popular, la Asamblea Nacional, la comunidad internacional y la Fuerza Armada Nacional para que no tenga otra opción. Sólo así, podremos hacer viable y posible su salida del poder y la conformación de un Gobierno Provisional que convoque elecciones libres y atienda la emergencia humanitaria de manera inmediata”, dice la nota de prensa, citando un “gobierno provisional” que el parlamentario no pronunció en su discurso. Esta versión fue publicada en el sitio web del partido y reproducida por varios medios nacionales e internacionales.

Guaidó evadió las consultas de la prensa sobre el nombramiento de un gobierno de transición y si la AN tomará el poder el 10 de enero. Dijo que el lunes 7 de enero –a tres días de la juramentación– darían una rueda de prensa para informar “los detalles de todos estos elementos”. El 8 de enero habrá sesión ordinaria.

El embajador de Francia, Romain Nadal, confirmó en el Palacio Legislativo que no acudirá a la juramentación que se hará en el TSJ. Es la posición de toda la Unión Europea, dijo. El Grupo de Lima tampoco acudirá. Estados Unidos aplaudió la juramentación de Guaidó y dijo en un comunicado que todos los países deben tomar acciones para ayudar a la población a recuperar la democracia.

Al terminar la juramentación, alrededor del Palacio Federal, las calles seguían cerradas. La sede de la constituyente tenía la santamaría abajo. Tres ciclistas pedían a la Guardia Nacional que les dieran paso para cortar camino por detrás de la sede legislativa. Los banquitos de la plaza Bolívar los ocupaban ancianos que leían periódicos, conversaban o vigilaban a los pocos niños que corrían. Vendedores de cotufas se alternaban con vendedores de cigarrillos. Una cola de personas se atravesaba en el camino hacia la avenida Urdaneta: hacían fila frente a dos guardias del pueblo para comprar ropa a precios rebajados.

En la avenida Urdaneta, un comprador de oro se acercó a preguntar por las calles cerradas:

–¿Qué pasa allá abajo?

–Estaban juramentando a la nueva directiva de la Asamblea Nacional.

–¿Cuál asamblea? –preguntó.


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