Perspectivas

“Días Perfectos”: la belleza de lo ínfimo

07/04/2024

Me parece incluso pertinente afirmar
que el retrete es el punto más refinado de la arquitectura japonesa

Junichiro Tanizaki

Fotograma de «Días perfectos». 2023. Wim Wenders

I

El último largometraje de Win Wenders (Düsseldorf, 1945), Perfect Days (2023), tiene un origen inspirado. El director alemán recibió una invitación para realizar un documental sobre los baños públicos japoneses y sus notables arquitectos. Pero no encontró allí la motivación que necesitaba. La recibió, en cambio, cuando visitó ese país, apenas se abrieron las fronteras que la pandemia había cerrado, y observó con asombro cómo los ciudadanos tokiotas habían cuidado sus ciudades durante este desolador período que globalmente vivimos: todo estaba limpio y ordenado. En contraste, lo que veía en otras ciudades de Europa y, particularmente, en Berlín, donde él reside, era suciedad y desorden ¡Sintió que esa forma japonesa de cuidar el entorno, en medio de lo que ocurría alrededor, era algo que había que mostrarle al mundo! Entonces, ya inspirado por esta visión, se unió al poeta japonés Takasaki Takasaki, quien también funge aquí como productor, y en cuatro semanas escribieron una historia no para un documental, sino para un largometraje. Sin dudarlo, Wenders le pidió al actor Koji Yakusho –quien, como preparación de su personaje, pasó dos días aprendiendo a limpiar baños junto a empleados reales- que fuera su protagonista. El famoso y querido actor de 68 años, que recibiría la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2023 por este trabajo, aceptó enseguida. Él, como muchísimos japoneses, siente gran admiración por la obra de este autor de más de 20 largos (El Amigo Americano, 1977; París, Texas,1984; El Cielo sobre Berlín, 1987; ¡Tan lejos, tan cerca!, 1993) y más de 15 documentales (Buena Vista Social Club, 1998, Pina, 2011).

La cinta filmada durante dieciséis días en Tokyo y que recibió una nominación a Mejor Película Internacional en los Premios Oscar, tiene como personaje central a Hirayama, quien tiene el mismo nombre del protagonista de Una tarde de otoño, (1962) el último trabajo fílmico de su admirado maestro, Yasujiro Ozu, a quien Wenders dedicó su documental del 1985, Tokyo-Ga.

II

Hirayama es un hombre maduro que durante el día limpia sanitarios públicos en el distrito de Shibuya, en Tokio, y por la noche lee Las Palmeras Salvajes, de William Faulkner, Once, de Patricia Highsmith o El Árbol, de Aya Coda (entre los muchos otros libros que reposan ordenados en sus estanterías y que seguramente ya ha leído). Coda (1904-1990), miembro de la Academia Japonesa de las Artes, en sus libros habla de La luz del sol que se filtra a través de las hojas de un árbol, que es lo que significa la palabra japonesa komorebi. Quizás por eso Hirayama la lee: para prolongar ese placer diario de dejarse acariciar la mirada y el rostro por esa luz única, irrepetible, que se cuela entre las copas de los árboles.

Las rutinas, convertidas en ceremonias, son la estructura en su vida. Cada madrugada, al despertar sobre su sencillo tatami, lo observamos celebrando su primer ritual: se asea meticulosamente, recorta su bigote y luego se dirige a regar las pequeñas plantas que cultiva en su minúsculo hogar; después se viste con el uniforme azul, que lleva impresas en letras blancas las palabras The Tokyo Toilet.  Cuando sale a la calle las ceremonias continúan. La primera es, por supuesto, elevar la mirada hacia el cielo y contemplar la luz y los árboles, que le instala una sonrisa en el rostro como si estuviera escuchando la estrofa Let the morning time drop all its petals on me, de la canción The 59th Street Bridge Song, de Simon & Garfunkel. Después, solo después, camina hacia la máquina expendedora, ubicada justo frente a su vivienda, a comprar su dosis matutina de café, envasado en lata. Se sube a su furgoneta, e imbuido de actitud shoshin –renovado entusiasmo y mente de principiante–, empieza el recorrido hacia esos baños que dejará impolutos, no sin antes haber escogido el cassette que reproducirá las canciones que acompañarán su trayecto y su ánimo. Su banda sonora incluye a The Velvet Underground, The Animals, Patti Smith, The Kinks, Van Morrison, los Stones y, claro está, a Lou Reed (artista admirado por Wenders, cuya música ya había usado, y que apareció en su película ¡Tan lejos, tan cerca!), cantando su canción Perfect Day, de 1972. Pero, otra parte central de esa banda sonora de su vida incluye, cómo no, el canto de los pájaros, el ulular del viento y mucho, mucho silencio.

En esta cinta el director alemán nos presenta casi en tono documental –filma una y otra vez, repite las veces que haga falta, la habitualidad de Hirayama, mientras algunos espectadores inadvertidos empiezan a moverse incómodos en sus sillas- dos elementos escasos, aunque más que necesarios en el vivir actual: los rituales y la contemplación. En los rituales hay repetición, y repetir es lo que otorga estabilidad a nuestra vida. Repetimos lo antiguo, lo que ya existe, lo que ha sido valorado en nuestra cultura, en nuestras tradiciones, o en nuestras vidas particulares. Por lo tanto, hacerlo nos aleja del furor actual por lo nuevo, lo efímero, lo excitante pero desechable. La intensidad, en cambio, podemos derivarla de lo pequeño, de lo discreto, de lo que conocemos y repetimos. Eso es exactamente lo que hace Hirayama, -y Wenders- sea mientras limpia los baños exactamente con la misma rutina, sea mientras repite su ceremonia diaria de sentarse a no hacer nada sino mirar el cielo, sea cuando visita el mismo restaurant y disfruta el mismo platillo que el dueño del lugar le prepara apenas lo ve llegar, porque lo conoce, es un cliente que repite sus visitas. Es un hombre solitario, silencioso, pero establece conexiones.

Para que un vivir incluya la contemplación es indispensable ejercer la inactividad, entendida como tiempo no dedicado a actividades productivas. Comprendamos, y recuperemos su importancia, deteniéndonos en los planteamientos de Byung-Chul Han, el filósofo sur-coreano, que escribe, enseña y vive en Alemania, en su libro La Vida Contemplativa. Elogio de la Inactividad.

La inactividad tiene su lógica propia, su propio lenguaje, su propia temporalidad, su propia arquitectura, su propio esplendor, incluso su propia magia. No es una forma de debilidad, ni una falta, sino una forma de intensidad que, sin embargo, no es percibida ni reconocida en nuestra sociedad de la actividad y el rendimiento… La inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana.

Siglos atrás, en otras palabras, e implicando algo aún más trascendente, Franz Kafka, en Consideraciones acerca del pecado, había escrito:

No es necesario que abandones tu habitación. Permanece sentado junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera nada más. Ni siquiera esperes, permanece tranquilo, silencioso y solitario. El mundo se te ofrecerá de buena gana para que lo desenmascares, porque no puede hacer otra cosa y se rendirá en éxtasis a tus pies.

III

El protagonista de Perfect Days es un ser cuya sensibilidad y sentido estético (puede que también sus pesares) lo llevan a ejercer su humilde oficio como si realizara un ritual. Esta disposición casi reverente lo conecta con una antigua tradición nipona, que nos es revelada en estas palabras del escritor, ensayista y poeta japonés Junichiro Tanizaki (1886-1965), de su ensayo El elogio de la sombra,

Cada vez que me conducen, cuando estoy de visita en un templo de Kyoto o Nara, a un retrete penumbroso e impecablemente limpio al estilo tradicional, renuevo mi afecto de todo corazón hacia la arquitectura japonesa… Insisto en que son indispensables cierto grado de penumbra, una limpieza impecable y un silencio absoluto que haría resaltar incluso el zumbido de un mosquito ¡Cómo me agrada permanecer atento al sonido pausado de la lluvia en esos retretes!… Para mí, el retrete es un sitio ideal para apreciar la belleza de las estaciones, ya sea el canto de grillos y de pájaros o la luna llena, y sospecho que en aquel lugar era donde se inspiraban los antiguos poetas del haiku.

Teniendo, pues, el sitial de honor que les ha asignado la tradición, en la actualidad se pueden apreciar baños públicos que son joyas arquitectónicas, resultado de la convocatoria conjunta que hicieron el distrito de Shibuya y la Fundación Nippon para el llamado Tokyo Toiles Proyect, a los mejores arquitectos, nacionales e internacionales, a reimaginar los baños públicos. A lo largo de sus recorridos diarios por la ciudad, Hirayama nos va mostrando 5 de estas obras, de un grupo de 17 en total. Conocemos, entre otros, una caseta con paredes de vidrio -diseñada por Shigeru Ban-, que al cerrarse desde adentro torna opacas sus paredes para brindar privacidad a su ocupante; o uno circular, donde “Los visitantes pueden moverse dentro de una pared cilíndrica de persianas verticales para sentir la comodidad del viento y la luz del entorno circundante”, como lo describió su arquitecto, Tadao Ando; o un baño cero contacto, especialmente diseñado para las exigencias de los tiempos de COVID. Entendemos, entonces, porqué el conocido fotógrafo Daidō Moriyama publicó en 2023 un libro de fotografías dedicado exclusivamente a los baños públicos de Japón.

Fotograma de «Días Perfectos». 2023. Wim Wenders

¿Puede haber actitud más poética que hacer de los retretes, de su diseño, mantenimiento, uso y aprecio algo central en el vivir? Y es que, precisamente, poesía es lo que exuda la manera de estar en el mundo, en su pequeño mundo cotidiano, de Hirayama. ¿O no es pura belleza poética lo que hay en el juego (la vieja, llamado también cero y cruz o tres en raya, en otros países) que acepta entablar subrepticiamente con un pordiosero –a cargo del galardonado bailarín y actor Tanaka Min- que frecuenta el santuario Yoyogi Hachimangū, donde está ubicado uno de los baños a su cargo, y que es una comunicación silenciosa con ese otro despreciado por la sociedad productiva? Su atento y cálido cuidado a los detalles, y la parsimonia que despliega en su hacer -como la delicadeza con la cual recoge un pequeño brote que ve al pie de un árbol y deposita en una bolsita hecha de papel periódico que guarda doblada en su cartera para trasladarlo a su casa y cuidarlo-, muestran a un alma que eligió a la lentitud y la presencia como los candiles que alumbraran esos oscuros lugares donde también anida la belleza.

A pesar de que Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial, junto a muchísimos otros, enfatiza la necesidad de vivir frenéticamente, Estamos pasando de un mundo donde el grande se come al pequeño a un mundo donde los rápidos se comen a los lentos -aseveración que tristemente es cierta en gran parte del modos corporativos actuales y que, por ahora, parece ser la forma única que el homo oeconomicus ha encontrado globalmente de producir-, Hirayama prefirió auto-excluirse de esa carrera, lo cual no le impide ser altamente eficiente en su labor diaria, y, en cambio, elige  la intensidad de la contemplación y el esplendor de habitar en su mundo analógico, como la cámara que usa para fotografiar sus preciados momentos komorebi.

La otra razón, simbólica quizás, por la cual este hombre eligió dedicarse a limpiar retretes fue la ruptura con su familia, particularmente con el padre. Se aleja de una vida anterior privilegiada y conflictiva, y desciende al refugio de un quehacer diminuto, pero catártico ¿Algo expurga? ¿Algo dentro de él y de su historia necesita ser limpiado una y otra vez? ¿Dejar de hacerlo haría que manchas insoportables regresaran? También Niko, su sobrina (Arisa Nakano), escapa temporalmente de su acomodada vida para buscar amparo en la sencilla vida de su tío, tan diferente, como si fuera de otro mundo, como la califica su madre. Hay algo más que nos habla del alma de Hirayama. Cada día, el sonido que lo despierta no es la alarma de un reloj; es la escoba de la mujer que barre las calles cercanas: el sonido de otro oficio destinado a limpiar es lo primero que escucha cada madrugada.

Fotograma de «Días Perfectos». 2023. Wim Wenders

Hay rutinas convertidas en rituales y hay gozo sensorial en cada uno de los días y las noches de Hirayama. Y mucha sencillez. La misma bella sencillez que define la estética de esta obra necesaria -en medio del frenesí que impera en la maquinaria hollywoodense desde hace ya demasiado tiempo-, que realiza Wenders a sus 78 años, acentuada por las instalaciones fotográficas de Donata Wenders, su esposa, responsable de plasmar algunas de las imágenes más sublimes que nos ofrece este exquisito film: los sueños. En una vida como la de Hirayama, y en un film como el de Wenders, no podían dejar de tener un lugar primerísimo las imágenes oníricas: Estamos hechos de la misma materia que los sueños, y nuestra pequeña vida cierra su círculo con un sueño, como nos dejó dicho William Shakespeare. Esa materia nos es presentada, en imágenes texturizadas, en blanco y negro, donde se entremezclan personajes de la cotidianidad de Hirayama con esos otros protagonistas de su vida, los árboles mecidos por la brisa.

La última escena nos regala el momento actoral más entrañable de Koji Yakusho, y uno de los más sublimes de toda la película: la cámara muestra, en primer plano, sus gestos que pasan, como pequeñas olas que van de la alegría, que le dibuja una breve y discreta sonrisa, a la tristeza, que le humedece los ojos… mientras él, con toda la hermosura que lo habita, y nosotros, escuchamos a Nina Simone arropándonos con las notas de Feeling good. Entre tanto, a su lado, el camarógrafo lloraba.

***

Ficha Técnica

Días perfectos (Perfect Days, Japón-Alemania/2023).

Dirección: Win Wenders

Guión: Wim Wenders y Takuma Takasaki

Fotografía: Franz Lustig

Edición: Toni Froschhammer

Elenco: Koji Yakusho,Tokio Emoto, Arisa Nakano, Aoi Yamada, Yumi Aso, Sayuri Ishikawa, Tomokazu Miura

Duración: 124 minutos


ARTÍCULOS MÁS RECIENTES DEL AUTOR

Suscríbete al boletín

No te pierdas la información más importante de PRODAVINCI en tu buzón de correo